sábado, agosto 05, 2006

Durmiendo Sola

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Vivir en libertad no es un enojo, pero a veces jode.

Ayer desperté con una pesadilla de asfixia, después de muchos años. Recuerdo que la última vez con una pesadilla de ese estilo fue a los 8 años, por una hemorragia nasal mientras dormía. Esta vez no hubo ninguna hemorragia, solo fue que no podía respirar, el sueño no tiene nada de espectacular, solo recuerdo la sensación de ahogo y despertar con mucha angustia y un llanto que no llegaba a despabilarse totalmente.

Entonces pensé en él y en lo agradable que era compartir la pequeña cama. Porque ya no está cuando lo necesito?

Después del incidente asfíctico, dormí un poco mas. Me levanté a darme una larga ducha para poder empezar bien el día y mientras enjabonaba mis tobillos y restregaba mis pantorrillas, levanté la cabeza y ¡plum! Algo sonó en mi cráneo. Acaba de chocar mi cabeza contra los grifos y sentía mi hueso occipital incrustado por una manija de metal.
Me tomé de la cabeza y esperé que no sangrara, pues tendrían que raparme el pelo para suturarme y no quería imaginarme como la versión morena de Sydney O´Connor.

De pronto, pasé a extrañarlo. No por su buen papel enjabonando mis piernas. No porque él tuviera una puta idea de cómo suturar el cuero cabelludo de alguien, sino porque pensé que si el golpe hubiera sido un poco mas fuerte, tal vez habría perdido el sentido en la ducha y cuando despertara horas después, iba a estar mas arrugada que una lechuga y mas endeble que un ratón.

De pronto pensé que no sería gracioso morir sola en una ducha. Que no sería gracioso simplemente morir.

El resto de la mañana me la pasaría escribiendo e intentando leer un poco. El único lugar agradable de la casa, pasó entonces a ser mi cama con sus lindas sábanas de color mantequilla y las almohadas coloridas en el espaldar. Me di cuenta entonces que mi habitación de verdad olía bien como me lo dijo él, pues eran fragancias de mango en el ropero y de esencias diversas junto al cobertor, por las velas de colores que dejo junto a la cama. La mayoría de frascos de loción estaban abiertos y yo podía disfrutar el paso del sol por la ventana a las 2 de la tarde iluminando todo el desorden de zapatos y ropa revuelta. Mi pequeño rincón olía deliciosamente aunque ya no hubiera nadie para compartir eso conmigo.

Entonces por tercera vez en el día lo extrañé un poco más. Extrañé pararme en la esquina entre el ropero y la pared y esperar que el rayo de luz perfecto diera en mis hombros y mi cabello y el hiciera el clic exacto que recordara mi rostro para los próximos años. Posar para él, sonreír a contraluz. Callar con el sol entre los labios.

La tarde prosiguió sin mas melancolías que el maullido del gato del cuidante a lo lejos y la música filtrándose desde el restaurante vecino. Al llegar la noche, no había salido a ninguna parte, pero había escrito como enajenada, tratando de no parecer triste. La verdad solo estaba algo melancólica, pero no era por él, ni por mi. Ni por las fotografías que no tomamos de ese tiempo juntos. Fue porque por un día en mi vida, me di cuenta que ya no era tan gracioso, vivir sola, estar libre, dormir sin compañía. Que vivir en completa libertad a veces JODE.

Por suerte cuando llegó la noche, todos mis sueños se alinearon detrás de mis ojos y pude volver a sentirme acompañada con los personajes que mi imaginación ha ido creando desde que era niña y temía despertar sin nadie. Entonces todos los duendes que duermen entre los frascos de perfume pusieron su dedito sobre los labios y esperaron a que esta vez ninguna pesadilla me asfixiara mientras dormía.
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Dan Griggs/"Dulces Sueños"

jueves, agosto 03, 2006

Salsa!

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Estos días estaba todo bien y ¡CATAPLUM! Llegaron las hormonas…

Pero ese es otro tema, pequeñas melancolías pasajeras aunadas a cambios químicos que no puedo evitar. Ya me habían dicho que ser mujer lo determina más el influjo químico que el querer o no querer decir bobadas. Estoy a mitad de ciclo, ag!

Encima, oigo salsa por todos lados.

No se que ocurre, pero por aquí la salsa está invadiéndolo todo. Me di cuenta mientras leía algunas cosas sobre gerencia que me estaban dando sueño, mareos, vómitos y mal humor. En eso sonó una salsa.
Yo no soy fanática, es más cuando era adolescente la odiaba. Escuchar determinado tipo de música es elitista y a esa edad en donde todos tratan de marcar su territorio, el oír salsa era como decir solo soy del montón.

Luego, no se que pasó. Es decir, ya tenía mis gustos por la música bien perfilados, así que no había riesgo en probar nuevas corrientes. La salsa per se jamás me gustó, pero si otros ritmos caribeños, o las fusiones con ellos. Como yo en parte soy una bailarina frustrada, la salsa llegó a liberar varios movimientos que yo no sabía que se podían dar en forma vertical.

El hecho es que jamás llegó quien bailara bien. La pareja de baile ideal no llegó a mi vida, pues siempre he tenido compañeros de baile “normalillos”. Solo una vez a los quince años bailé casi oda la noche con dos hermanos que eran bailarines profesionales y me hicieron dar más volteretas que un trompo y olvidarme de todo. Incluso de mis zapatos, que por algun lugar de allí debieron perderse.

Definitivamente bailar es una de mis aficiones mas queridas, aparte de leer o escribir. Nadie podría decir que la chica que baila como enajenada, a veces incluso sobre las mesas, podría escribir esos serios informes sobre gerencia en salud, que podrían dormir al más cafeínico de los intelectuales en medicina. Supongo que es otra de klas cosas que mas vale la pena guardar bajo sombra.

En fin, hoy estaba leyendo esas crónicas de sueño y en eso prendí la TV y allí estaba un campeonato mundial de salsa. Me quedé mirando todos esos pasos y lamenté no haberme podido dedicar por entero a bailar como se debe. Tal vez necesitaba pesar un poco menos y unos muslos mas fuertes, no sé, tal vez simplemente decisión.
Hace algunos meses estando en una disco, me sacó a bailar un chico mas bajo que yo, hablaba como idiota diciendo que era un chef francés y tomando fotos hasta de las patas de las sillas, cuando estaba a punto de dejarlo parado como estaca en medio del bar, sonó una salsa y allí mismo el tipo comenzó a bailar como poseído.
Esa noche fuimos la sensación, por todos los pasos inventados y no tanto que hacíamos en aquel bar. Finalemnete había hallado mi "parejo" ideal. Lástima que cuando paramos de bailar, no teníamos nada que decirnos. Creo que ni nos dijimos Chao, solo desaparecimos. La magia acabó cuando cesó la música.

El mundo no es perfecto, señores. Menos para una mujer con ciclos hormonales explosivos y caprichos intelectuales que no coinciden con los ritmos de su cadera.

Los dos saltos

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Hay dos puntos de inflexión en mi vida:
Dos saltos al vacío. pero no hablo de mi vida desde siempre, sino de mi vida después de él.
El primer salto fue Rafa, a quien le abrí el manantial de mis llantos y me confesé en todas las formas, hasta quedarme seca y libre de culpa.
El segundo salto fue hace una semana. Me atreví a saltar al vacío y al igula que en un juego de video heme aquí, en otro nivel. Dispuesta a vivir de nuevo, no porque crea en la felicidad, sino porque empiezo a creer en mí y eso es genial.
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Manuel Hurtado/Sola

De camino

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Ayer salí a caminar. Fue a la mejor hora de la tarde, cuando las tiendas están abriendo de nuevo y no hay demasiada gente en las calles. El sol entonces cae lenta y tibiamente por toda la ciudad, pero sin colores granates. Solo una luz dorada, que hace ver las cúpulas de las iglesias mas limpias, los balcones más antiguos, los jardines más verdes.

Yo paseo por la ciudad, sin mucho arreglo en la cara. Solo con una cola y ropa de deporte. A decir verdad, no entré a la ducha ayer. Me vengué el hecho de haberme tenido que bañar y despertar temprano el domingo. Salí con el buzo negro y las zapatillas azules, tan planas que parecen de ballet.

Eso me agrada, me agradan esas zapatillas, que me hacen sentir todos los detalles del suelo. Que me hacen deslizar por las veredas enlucidas, como si fueran patines, como si viajara sobre agua. Me agrada eso, también dar pequeños saltos mientras camino, al principio sin darme cuenta, luego conscientemente. Ayer hice una imitación de pasos de baile. Dos o tres saltos como bailarina de ballet en una ancha vereda. Unas chicas se me quedaron viendo con cara de horror. A mí me hizo reír su expresión, yo también me hubiera visto con cara de horror, pero ya deje de verme desde fuera.

Caminé cuadras de cuadras y hasta hice una curva para volver a casa, compré baratijas y pensé mucho. Fueron en su mayoría recuerdos, ideas dispersas y canciones. Esta vez no caminaba con el discman, quería oír el ruido de la ciudad, de los gritos de la gente, del llanto de los niños, de las bocinas de los autos, de la música estridente saliendo de las tiendas, del murmullo creciente de una ciudad que está viva. Esa es la música que oía ayer y le iba poniendo letras, notas musicales, coreografía. Cada persona era parte de eso y yo tenía el lujo de poder verlos desde mis ojos. Como si viajara en un caballo de Troya y solo fisgoneara a través de los ojos. Esperando la noche para descubrirme sin ropajes. Esperando la noche para atacar la ciudad.

Volví a casa y crucé el puente cuando ya era de noche, el viento se coló por todos mis rincones. Yo seguía con la gorrita de deportes caminando, esperando llegar a casa y preparar algo rico. M eencanta cocinar cuando estoy feliz, puse esa música de Peruvian Waltz Chill Out y me lancé a cantar un poco.
Me puse las pantuflas de osito, esas que él dice que no son nada sexy y me dispuse a preparar esos huevos revueltos con jamón que solo como en las mañanas. Al sacar los huevos estaban congelados. No podía creerlo, los trataba de romper y el cascarón no se quebraba solo se abollaba como la cubierta de un auto. Los huevos eran pesados, había solo hielo por dentro. En unos días se habían congelado y yo no podía romperlos. Pensé que se parecían a las personas que conocía, tan frágiles por naturaleza y de pronto en un medio preciso se hacían duras, irrompibles, de hielo. Ahora ya no podía quebrar un simple huevo, esos que protegía contra mi pecho al venir del mercado, ahora solo eran pedazos de hielo con una corteza irrompible.

Las personas que he conocido son iguales. Un momento piensas que puedes romper la cáscara, llegar a conocerlos, eres feliz de saber que podrás saborearlos, pero no. El medio en algún momento los volvió duros, aun estrellándolos contra el suelo, el cascarón apenas si se romperá, su naturaleza frágil es solo un recuerdo. Es preferible negarse la posibilidad de un huevo irrompible, de una persona insensible. Es mejor tirarlos a la basura, al fin y al cabo no sirven.

Ayer cogí otros huevos, me hice una tortilla con jamón y orégano. Preparé un milkshake de fresa. Me senté a ver una película hasta media noche y dejé los huevos en la mesa.
Tal vez sean como las personas que conozco, bajo el medio adecuado puede que vuelvan a ser las de antes. Sin embargo, eso es solo una esperanza.
*
"En el parque"/Taure

miércoles, agosto 02, 2006

Ser Mujer ¿bella o boba?

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A mi me gustan las mujeres. Pero no me acostaría con ninguna. Aun no.

¿Por qué de pronto confesar algo, que a cualquier tonto sin una comprensión de lectura mínima podría hacerle comentar que soy lesbiana o mínimo bisexual?

Porque es necesario. Necesario decir que para mi los seres mas bellos del mundo serán siempre las mujeres. Lástima que casi siempre digan bobadas.

Como yo.

Una mujer es bella en si misma, pero su boca puede llevar a convertir su belleza en una fealdad absoluta. Su gesto podría llevar a saberla abominable, algunas veces, digna solo de ser dejada de lado.

¿Por qué las mujeres decimos esas cosas bobas? ¿Por qué empañamos el rastro de belleza con nuestra ignorancia? ¿Con esas frases huecas?

No, esta vez no vale compararse con los hombres. Ese es un asunto aparte. La comparación con un hombre no me hace mas buena ni mas mala. No me hace sentir mejor. Cada ser debe aspirar a ser el mejor de su especie. Acercarse a la perfección de su género. Entonces repito, siendo las mujeres seres bellos ¿Por qué seguimos diciendo cosas bobas?

¿No sería genial acercarnos al ideal de nosotras mismas? No al ideal de otro hombre, ni de otra mujer. Solo acercarnos lo mas posible al ideal de belleza de nosotras mismas. Una belleza que puede estar desperdigada en las formas físicas, en las fragancias, en la palabra perfecta, en una idea claramente expresada.

No solo mujer, por tener una vagina. Sino el concepto perfecto: MUJER.

No creo que alguien nazca al mundo y decida o se sienta contenta con ser una boba. Con saber la mitad de la verdad. Con creerse el cuento de lo que dicen otros: Eres bella, eres inteligente, eres chistosa. Ese es el concepto de los otros. Una idea preconcebida. Puedo parecerle inteligente a alguien mas tonto que yo. Puedo parecerle interesante a alguien que no haya vivido lo que yo. En fin, puedo ser tantas cosas; pero siempre será en relación a la definición del otro.

Ser mujer, es eso? ¿Ser feliz con el concepto del otro? ¿Creerme la patraña de ser ideal solo para la mente de alguien? ¿por qué alguien más lo dice? ¿No sería mejor acercarme lo mas posible a mi propio concepto de idoneidad? ¿A lo que yo ansío ser?

Aunque, claro, eso sería contraproducente, dado que si alguien se acerca lo mas posible a su concepto de idoneidad, también buscará alguien en las mismas circunstancias. Alguien que se ame a si mismo, que está feliz con lo que es. Que haya hallado la cercanía a su concepto de ser ideal.

Mas,

¿Cómo saberlo?

¿Cómo sabes cuándo una persona es feliz consigo misma? ¿

¿Acaso no nos pasamos la vida, jugando a ser buenos actores, a creernos el libreto, a decirnos a nosotros mismos, bellos, tontos, inteligentes, feos, según la conveniencia de la situación? ¿Según la partitura de la vida que hemos elegido?

Oh! Es verdad, la vida no la elegimos nosotros!

También he de creerme esa parte del guión, que todo es una circunstancia. Que no elegí mi sexo al nacer, que fui una semilla ciega brotando a la vida y que cada día alguien mas supremo elige por mi. Que soy mujer, porque fue un hecho al azar, ffruto solo de un juego de probabilidades. Que me tocó ser así que no lo puedo cambiar. Que a lo mejor soy una boba y eso es intangible, que soy una materia incapaz de ascender de nivel a su propio escalón de belleza o conocimiento.

Que solo soy mujer y si ALGUIEN mas dice que soy perfecta, con eso debo sentirme bien, sentirme feliz. Que si los otros dicen que soy bella, debo creérmelo. Que si yo misma me repito a diario la farsa de ser bella, entonces eso será suficiente. Que si yo vendo a otros la idea de que soy feliz con lo que ven, eso es éxito.

¿Por qué no acercarnos lo mas posible a nuestro ideal de belleza?

¿Por qué no aspirar a amarnos a nosotras mismas, antes que alguien diga que lo hace por nosotras?

Finalmente

¿Por qué las mujeres siendo tan bellas, dejan que su vida continúe como una materia inerte amoldada a las palabras y gustos de alguien mas?

Me gustan mucho las mujeres.
Pero en general dicen solo bobadas.

Este escrito es prueba de ello.

Inútil escribir para quien no sabe leer.





***
"Afrodita"...La Borda

martes, agosto 01, 2006

Volver

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Escribiria cada hora de ser preciso. Ya me conoces yo soy así. Tal vez lo haga, me gusta hacerlo.
Me gusta escribir y tomar fotografías y comprar música rara y sentir.

Eso me gusta tanto, no puedo ya evitarlo. Una vez que comienzas a sentir, ya no puedas dejar de hacerlo. Ha sido un proceso difícil, pero ya voy volviendo a mi cuerpo.

Antes lo admito, tenía miedo. Miedo de volver a sentir y miedo de no ser la misma de antes.
Me sentía tan sucia, tan mal conmigo misma. Trataba inútilmente de volver a quererme, era imposible. Necesitaba de alguien que me empujara en el camino de retorno, alguien que no me diera una esperanza para volvermela a quitar, sino alguien para apoyarme, alguien para confiar.

Ahora pienso que la amistad es mejor que el amor, es mejor que la pasión. Es mejor que todo.
Es un sentimiento que continua, se transforma, te bota, te recoge, te tira al suelo y finalmente te acoge.

Si, Acoger es la palabra precisa. Ese sentimiento de ser aceptado, de poder dar sin miedos. De besar sin límites, de entregarse sin puntos fijos, soltar las amarras. Nada de resentimientos, nada de cosas que hagan doler. Dos barcas que se encuentran a mitad de todo. A mitad de lo azul.

Pero siguen su propio rumbo, ahora mejor, ahora sabiendo que hay alguien mas que cuida de ti, que cuida de mi. Sin exigencias, sin miedo a hacer doler.

Podría escribir el resto del día, tu lo sabes. Pero mejor vuelvo a caminar, ya me enseñaste el camino, es hora de volver a mí.

Que el telón suba Laura la Extraña ya volvió.



***Roble, cortesía del Chico Naniz

De Medio Cielo

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Yo no se como volví, pero estoy de vuelta. Es raro volver a estar sola ante un computador, volver a escribir a solas, desatarse en algún pensamiento obsceno y amoldarlo, chuparlo, exprimirlo, hasta hacerlo digerible sobre una página en blanco.

De hecho yo no se como estoy de vuelta, o si de verdad estuve en otra parte. Por momento sentí que lo estaba, me dije a mi misma: “Estas son las vacaciones en medio cielo”... y eso parecía.

He paseado bajo un cielo color azul tan intenso, antes de caer la tarde, viendo las banderas bicolores, sobre los techos claros, junto a los balcones de madera, moviendose bajo la caricia de un viento que tambien era el mio,
con el color blanco y rojo perfilando el trayecto de mis sueños.

Y yo he pensado que no estaba aquí, que estaba en cualquier parte, porque así ha sido.

Un viaje de retorno a mí, sin miedos ni presiones.

Un viaje para demostrarme que sigo viva, que puedo sentir, darlo todo y recibir.
Un viaje en el que todas las capas de piel caen disueltas por un baño de esperanza y solo quedo yo, aquí, como un tatuaje simbólico de la única tinta perenne que queda a pesar de todo y a pesar de todos.



Alguien podría decir que me siento feliz.



No se si ahora lo estoy, pero estos han sido días, para quedarse en la memoria, como una buena fotografía, de las cosas bellas que necesitan recordarse, sin hacer películas largas al respecto.

He vuelto, aunque nos e bien de donde. Probablemente solo estuve en medio cielo.

Y mientras tanto, beso, lamo y exprimo el jugo a los recuerdos, hasta quedarme con la savia de lo vivido, sin puntos suspensivos. Solo esperando que esta vez el viaje de retorno sea mas corto y mas ligero.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...