Era sencillo, planear el resto del fin de semana. Del resto de las vacaciones inesperadas. Lo había hecho cientas de veces. Planes en papel y en la pantalla, planes que a veces seguía o que dejaba a medias pero que la tranquilizaban por las noches. Esos planes eran como una hoja de ruta, similar a la que hacía antes de viajar, que lugares, cuantos dias, a que hora comer y a que hora moverse. Ahora en cama, casi paralizada de la cintura para abajo seguía trazando esos planes con el mismo entusiasmo de siempre, para que el día dure mas tiempo, para asirlo de alguna forma. Podía llamar a alguien para compartir el almuerzo o para el paseo de la tarde pero a menudo quitaba esas opciones del plan, no era aco mas satisfactorio ahogarse en pensamientos del pasado cuando recorría aquellas calles? Cada una escondía un secreto, una anécdota con alguien y una primera vez. Había hecho la ciudad suya tanto como le fue posible. Ahora vivía en lo alto de una torre desde la que se divisaba el mar cuando el cielo se despejaba. No era una mala vida, excepto que extrañaba, correr y a veces bailar. tener la libertad de su cuerpo ahora pegado parcialmente a esa silla que no le gustaba nada pero que a los demás les decía que era su córcel de aventuras.
Cuántas aventuras se habría perdido ya? Le daba a veces el antojo de ir a esa gran tienda de paneles verde claros y comprarse aquel anillo caro con los hermosos brillantes que la impresionaron la primera vez. Por qué había esperado tanto tiempo para que se lo regalara un hombre ? Para hacer el cuento perfecto y que sea tal como en las películas, ella podía haber sido su príncipe rescatador hace mucho tiempo, pero no se había dado cuenta. Andaba esperando, incluso mientras caminaba o corría seguía esperando, la sorpresa, la aventura, algo que la ilusionara hasta las lágrimas al doblar la esquina, algo que su mente no pudiera imaginar ni siquiera en los sueños cuando el subconsciente se desataba a hilar todas aquellas historias de locura que le consumían las noches.
Hay algo en todo esto que le resultaba dulce y a la vez triste, la vida se estaba pasando demasiado rápido y no podía detenerla. En su nueva condición debía depender de los demás en muchas cosas que antes ni se lo hubiera imaginado. No podía ni pensar en planear en viajes largo ni los safaris que esperaba hacer cuando tuviera mas tiempo. La vida se había encargado de jugarle sucio e inmovilizarla allí con sus lñibros y sus sueños de fuga.
Pero basta de lamentarse, se dijo, lo importante era tener un plan bajo el brazo. Un día a la vez como le había dicho la doctora, no podía correr el riesgo de querer desaparecer otra vez de la vida de todos. Ay de ella si tuviera el valor de tirarme por aquella terraza tan llena de flores. Cuanto dolor innecesario a los demás, le habían hecho reflexionar. Solo por eso se habia quedado, para planear esos dias, la casa limpia, la ropa doblada, el piso perfumado, los álbumes acomodados en pila cerca al tocador. Todo su mundo al alcance y sin embargo era tan apremiante irse, volver a caminar y salir ya de todo eso.
Han dado las diez, cuantos dias igual a estos ha vivido antes. Unos viajando, otros llorando y otros en cenas costosas con flores en el salón. Todos y cada uno han sido diferentes. Pero nunca hubo un anillo como el que ella esperaba, como el que ella deseaba y podía comprarse, justo al tamaño de sus caprichos de niña mimada. Justo como lo había soñado, solo réplicas tantas y pedidas de mano vacilantes y torpes. Cuantas vidas diferentes pudo haber vivido, quizá una familia la acompañaría o cuidaría de ella. O quizá simplemente sentiría el dolor del despojó y el abandono. Acaso no había visto eso cientos de veces en los corredores del hospital mientras buscaban su diagnóstico final? Pocos son los que se quedan contigo y no hay anillo ni sentimiento suficientemente grande que los retenga. El honor la lealtad, son de siglos pasados, donde nadie habita. Mira el océano desde la ventana con el alféizar adornado de flores. Es una mujer adulta viviendo inmóvil en una pequeña casa de muñecas. Vuelve a coger la agenda de anotar los planes, debajo del Lunes anota, salir a comprar el anillo que deseo.