martes, junio 04, 2024

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me acaba de quedar sola en aquel lugar extraño. Yo y mi pesada maleta en una vereda vieja cerca a lotes baldíos, en donde el único predio decente tenia que ser el hotel que acababa de reservar a toda prisa hace una hora. 

-¿Ya sabes donde quedarte? - Me había preguntado el. Y yo le habia respondido con rabia, que si, que todo estaba resuelto. Aunque no tuviera nada claro. 


Toda esa rabia sin embargo, acababa de convertirse en miedo y pesar. Entré como pude al lugar que no tenia letreros ni ningún aviso exterior de que fuera un hospedaje, pero del cual Ivan se había encargado hacerme muchas reseñas. “Yo he diseñado todo el lugar, me había dicho,  es nuevo pero allí estarás segura, nena. Si supieras las veces que me han roto el corazón a mi”  me escribió consolándome. Hice un amago de sonrisa al recepcionista y esperé con paciencia a que limpiaran la mejor habitación del lugar, mientras frenaba mis ganas de deshacerme en lagrimas. Cuando por fin estuve a solas, el sollozo profundo que había durado tres horas de carretera, retornó a mi, con mas fuerza. No era una pesadilla, era completamente cierto. Mi historia de amor se había terminado. 


Pocas veces me han dejado en una relación, por mi ansiedad y paranoia he terminado yo alejándolos primero para sentirme a salvo,  mas esta era la única vez en mi vida que alguien abría la puerta de la habitación con las maletas listas y el aviso de que se iba. 

-Me voy de aquí, había mencionado secamente. Como si temiera que yo quisiera acompañarlo en ese viaje. Pensé que no había entendido bien la frase. 

-¿Te vas? ¿A dónde ? A San Juan ?

-Si y de allí y a casa. No tiene caso quedarse una semana mas.

Yo me sentía mareada, la noche había sido horrible pero al levantarme tenía la firme idea de que se podían solucionar las cosas hablando. Estábamos al fin del mundo, ya era Domingo ¿que le quedan a dos amantes que ya no se aman si no hablar como amigos? Ingenua de mi.

-Puedes quedarte aquí, me dijo. Y yo pensé ¿quedarme en donde y a qué? Ni siquiera estaba muy segura como habíamos llegado hasta allí, después de tantas curvas y colinas. Solo ayer los turistas fotografiaban con grandes objetivos el atardecer mas largo del mundo y yo sentía que hasta hace solo unas horas mi cuerpo se había abrazado al suyo viendo el sol caer desde un balcón casi vacío, intentando encender un poco mi deseo por el ¿Tan rápido se esfumaba cualquier tipo de afecto?


-¿Podrías llevarme hasta San Juan? No sé como salir de aquí. Le confesé. Y el asintió a mi pedido sin mucha convicción. Al quedarme a solas en el baño comprobé que el mundo se acababa de partir en dos. No anoche, no cuando supe todo lo que no quería saber. No cuando pregunté a la nada, un airado ¿por qué? ¿Por qué a mi? Como si se necesitaran explicaciones para hacer doler a unos y no a otros en este mundo injusto. Mi corazón había sobrevivido a esa noche, pero se acababa de romper como galleta en la mañana. El hombre que me miraba con cariño no estaría nunca mas para mi. 


-Recoge tus cosas mientras voy a recepción al check out. A solas allí, armando la maleta a toda prisa, fue la primera vez que lloré. Toda la comida vegetariana que cocinamos en nuestro casa anterior y que guardamos en el minibar, toda esa pequeña cotidianeidad que habíamos construido los últimos días, se quedaría pudriéndose allí sin ningún significado. Y ese abandono de lo material que ya era nuestro, me pareció de un patetismo inexplicable. No éramos mas que unos cuantos bultos de ropa, cacharros de comida y protector solar, arrastrándonos juntos en un roadtrip que había comenzado idílico y terminaba caótico y sin esperanza de reconciliación.


Lo que pasa es que confías rápidamente en personas a las que conoces poco, me diría años después la psicóloga. Te pones en el filo, te arriesgas por nada. ¿Qué hacías tan lejos con alguien así ? ¿Ves que pudo haber resultado peor ? A veces incluso temo por tu vida. 


-¿Por mi vida? Yo creo que esa noche el temió por la suya. Le sonrío cínica tratando de no mostrar dolor y ella me escucha en silencio intentando no compadecerme.

 

El hombre estaba aterrado. Toda esa cultura gringa de paranoias y violencia estaba presente en sus ojos cuando me abalancé sobre su cuerpo dormido y le pregunté ¿Por qué? No lo entiendo. ¿por qué a mi? Mis uñas clavadas en sus brazos. Mis manos diciendo, despierta ¡Despierta! Estoy sufriendo ¿Cómo puedes seguir dormido después de lo que acababas de contarme? ¿Cómo puedes pretender que yo duerma?  Nada de eso saldría de mi boca, solo una frase sin saliva: 


-No lo entiendo L,  dime por qué?


El me quitó de encima con rapidez y firmeza y me pidió enérgicamente que no hubiera violencia. Fue ahí cuando me di cuenta, lo que pasaba por su cabeza. ¿En realidad ese hombre grande y fuerte pensaba que yo podía hacerle algún tipo de daño? Intenté burlarme de su afirmación, pero ya era tarde. 


Vuelve a tu cama. No violencia. No más violencia, repetía.


Yo me acuné en esa cama sin sueños pensando en que momento pasas de víctima a victimario. Hacía solo unas horas en medio de un preambulo del amor el se ofendió por la acidez de mis palabras y habíamos dejado de intentarlo. Al volver del baño alguien resoplaba en la oscuridad como una criatura nueva y rabiosa que hubiera entrado sin permiso,  mi sobresalto fue mayúsculo cuando al encender las luces vi su cuerpo desnudo, de pie, apoyado en la blanca pared y bufando como un animal salvaje para intentar calmarse. Me pregunté a mi misma, si debía salir corriendo o si ese era solo parte de su acto de histrionismo para inhalar y exhalar.  La salida estaba bloqueada por el cuando empezó a insultarme, primero en español y luego en su idioma. Era la primera vez que lo hacía, que alguien lo hacía. Las palabras estaban cargadas de odio y de continuos Fuck you. Me quedé de piedra tratando de entender. Lanzaba improperios sobre mi conducta infantil, sobre mi poca tolerancia a la falta de sexo. Sobre mi falta de respeto a su intimidad haciendo uso de recursos y lenguaje médicos. Lo dejé gritar hasta que se calmó y con voz calmada le pedí disculpas por mi actuar. Si, así empezó esa noche de locos, pidiéndole  disculpas. 

-¿Ahora podemos hablar honestamente? le dije . El sonrió como si el hombre poseído de la pared se hubiera desvanecido con mis disculpas contritas. 

-Después de lo de hoy, creo que podemos hablar de todo, dijo sonriendo . Ahora su voz era de nuevo suave y su cara sin crispar.

Entonces comencé a preguntar como si no fuera yo. Como si fuera la calmada interrogadora de un evento sin importancia.

A preguntarle sobre la intimidad.

Cuanta intimidad estaba teniendo. Intimidad con quienes. ¿En cuanto tiempo? ¿A la vez? ¿De ambos sexos? ¿Cual es la mas reciente? ¿Hablaba con ellas como conmigo? ¿Hablaba en este momento con alguien en especial?

El respondió todo y yo diseccionaba la verdad que había intuido pero que no había querido aceptar cuando el mencionó meses atrás algo sobre el poliamor.

Su nueva relación mas reciente era hace un mes. Su última conversación mientras nos abrazábamos viendo el sunset. 

Yo me derrumbé por dentro, hacia solo 4 semanas estábamos de viaje en Mexico y yo me había disculpado, si, disculpado por haberme enamorado de el  a pesar que sabía que el odiaba las relaciones a distancia. Habían pasado 2 años, estaba sintiendo cada vez mas cosas, era necesario aclararlo porque esta incertidumbre mataba. En Mexico ambos habíamos sincerado sentimientos y me sentí libre por primera vez porque ya no era ninguna suposición mía. El sentimiento era compartido. No queríamos ninguno de los dos, dijo, pero somos lo que somos, un amor a distancia. O eso parecía. Pregunté por si había alguna idea a futuro. Nos imagino empezando de cero en Brasil,  me dijo con Holbox atardeciendo como escenario de nuestras confesiones mas tórridas. Y yo me lo había creído todo, de la forma literal en la que solo creen los niños. Los dos allá con un idioma nuevo. ¿Por qué en Brasil ? Porque allá siempre eres feliz, había agregado. Yo lo habia mirado con ojos de cordero enamorado. Si, vaya que me conocía bien…o eso parecía.  


-La foto de hoy al Sunset …era para alguien especial? 

-Si, dijo el. Mirándome directo a los ojos sin una pizca de vergüenza. Pero yo ya lo sabía. Como sé cada vez que han ido mal las cosas con alguien, como se sienten las cosas cuando no son contigo. Al atardecer el abrazaba mi cuerpo semidesnudo y pensaba en alguien mas. ¿No era un cuento repetido? Después la falta de ganas para el sexo, era solo el broche de oro a esa bomba molotov que se me estaba cocinando en el pecho. El rechazo. Cuantas veces. No importa como. El rechazo a la intimidad conmigo era algo que había que tomárselo en serio.


-Es mejor que durmamos, dijo de repente, pero yo ya no pude dormir mas. Salí a la piscina, a serenarme. A tratar de no sentirme, estúpida, usada, burlada. Adelantando mis vacaciones para viajar con el y darme la oportunidad de conocerlo a fondo,  cuestionándome sobre la maternidad e ideas que jamás se me hubieran pasado por la cabeza, porque eran temas que le preocupaban a el. Tanto esfuerzo por alguien para quien yo solo era una pieza intercambiable mas, una novedad pasada.


Tirada en la cama del Hotel Boutique, pensaba en que momento debimos parar esa conversación anoche. Si hubiera sido mejor no enterarme nunca, si al verlo transformado en la pared había intuido lo malo en el y como en la atracción por el abismo, quería ver hasta el fondo, cuan malo podía llegar a ser?  Por eso pregunté todo. 


“Cualquier mujer con dignidad lo hubiera abofeteado” me escribía mi hermana por el móvil mientras yo mecía mi pena en la hamaca de la piscina para no volver a la habitación.


“Cualquier mujer con dignidad”  Y claro, que tipo de persona era yo, que le dicen que su hombre se acuesta con un harem en simultáneo y no reacciona. Hasta pide disculpas por haber preguntado tanto.  Se queda en shock, pensando que hizo mal para no gustarle tanto.


¿Por que a mi? Era la pregunta mas certera. ¿Por qué a mi ? Y mis manos intentando sacudirlo de su sueño plácido. No era suficiente con haberle hecho borrar todos nuestros textos y fotos. Necesitaba preguntar por qué. Y ese por qué fue el mismo de todo el camino de retorno a San Juan, a veces entre sollozos, a veces solo murmurado para intentar romper el silencio asfixiante.


Lo último que recuerdo de el, es un grito  para ¡Que me callara la puta boca de una buena vez!  Y fue tan certero, que pensé que me dejaría en medio de la carretera si no lo hacia. No conocía a ese hombre, era un extraño para mi, como probablemente el moco de persona que se diluía en el asiento era una extraña y patética persona para el.

Me dejó allí, en esa vereda  al llegar a San Juan y yo estuve semanas pensando todo el tiempo si era mi culpa. Por haber preguntado. Si debí callarme todo lo que sentía y no llorar en el auto mientras me ocultaba debajo de mi inmenso sombrero. Si como decían mis amigos gays, las mujeres nos hacemos mucho drama con poseer y ser poseída por alguien. Por la exclusividad, como si eso fuera la gran cosa por la que pelear en la vida. Si hubiera sido preferible quedarme allí en Rincón, aunque sea sola. Sola y sin auto en un lugar en donde solo podías salir con un maldito auto, así fuera a la orilla de la playa.  Y ahora pienso, todos los meses que me sentí atada a el  dos años antes, porque fue la única persona que preguntaba por mi cuando pasó lo del covid en donde nuestras almas y nuestros cuerpos no le importaban a nadie. Nuestros viajes juntos recién vacunados.  Y ahora estaba tirada allí, en esa cama  de hotel, como un despojo, sin amigos, ni familia. Sin poder volver a casa pronto. Llorando no como si fuera la primera vez que me rompían el corazón, sino como la primera vez que perdía la inocencia. 



domingo, mayo 26, 2024

Historias de Misoginia 1

El local era acogedor y cálido a pesar del frio reinante. Los faroles en los arboles le daban ese toque encantador de los lugares románticos, que ella lamentó de no poder compartir con el y en cambio si, con el Niño. Habían dejado el auto cerca y llegado allí caminando mientras hablaban de temas sin importancia, riendo con la familiaridad de dos hermanos traviesos que se cuentan las aventuras que les ha dejado el verano;  al cruzar la pista aun insegura por el accidente reciente intentó tomar  de la manga de su abrigo pero se contuvo, en realidad no necesitaba aferrarse ya al brazo de ningún hombre para caminar. El Niño tampoco le ofreció la mano, así de amigos eran. “Eres un chico mas” siempre se lo decían, no importaba cuanta falda ni vestido coqueto utilizara con ellos. “Tu eres uno mas, contigo se puede hablar de lo que sea…” Los autos pasaban veloces y la conversación se había detenido mientras esperaban el cambio de luz del semáforo. 


Otra vez pensaba en el ¿que estaría haciendo a esa hora? De caminar con el seguramente se aferraría a su brazo buscando abrigo, el giraría su cara y ella espiaría su hermoso perfil, como si no fuera una novedad entera y feliz poder caminar o hablar juntos sin necesidad de una pantalla de intermedio.  Sus botas de tacón resonaban ahora en el asfalto y las bromas de su amigo hacían eco en todas las casas. Las calles estaban vacías cuando llegaron al restaurante y su mesa esperándolos. Los adobitos de la huaca cercana se iluminaban de luces ambarinas volviendo complice la noche fría.  Todo el lugar era hermoso, el Niño siempre sabia elegir los mejores lugares para reunirse.

-Y bien, cuéntame mas, dijo el cuando trajeron la primera sangría, ¿estás enganchada o no con este tipo ? 

Ella no estaba para confesiones, se había educado en al arte cínico de contar anécdotas graciosas sin importancia y de hablar con desparpajo de gente sin importancia. Como iba a entender el, que esto se le había ido de las manos. Sabía que en su boca todo se reducía a sexo casual o a seres utilitarios. ¿No hablaban de eso a menudo? ¿No le había enseñado ella misma a mantener distancia de las personas con las que no quieres tener una relación mas que puramente fisica?  No dejes que las mujeres se aprovechen de ti , le aconsejaba, cada vez que el Niño, se acercaba a contarle alguno de sus lances sexuales y ella solo podía repetirle como una hermana mayor: Estás jugando a una relación cuando tu no quieres ninguna. Esas pobres chicas quieren una relación estable, un matrimonio a futuro y tu ahí con tus jueguitos de fingir ser un caballero.

El se reía fuerte. No son jueguitos, yo nunca les miento, allá ellas que esperan.

¿Tan predecibles podíamos ser las mujeres? 


El lugar estaba rodeado de botellas de vino vacías, ya ni siquiera se preocupaban en poner una cava hermosa. Todo es vidrio de colores y botellas sin contenido se lamentó ella. Volvió a pensar en el de forma masoquista ¿Habría desaparecido realmente o era otra de sus paranoias con los hombres? Cada vez que comenzaban a aflorar sentimientos, venían en tropel también los traumas de abandono.

  • Pero ¡quién se desaparece un sábado, mujer !- soltó el, como si acabara de leerle los pensamientos. Nadie que quiera tirar desaparece un sábado a no ser que esta follándose a otra.

Ella alzó la copa y brindó porque no podía negarse a esa posibilidad, aunque hasta ese momento no la había pensando. Durante las largas horas en que le laceraron el cabello, le pintaron las uñas y se ajustó las panties invernales que combinaran con el atuendo perfecto, lo único que se la había dado por pensar, no era ya que la podría llamar de última hora, sino, que tan malo había pasado en su vida como para que no pudiera detenerse a enviarle un mensaje diciendo que no se verían hoy. Que naive, pensaba ahora, la posibilidad de otra amante ni se le había pasado por la cabeza. Se sentía tan poderosa, tan sexy, tan suya y tan perfecto el sexo que estaban construyendo que no le hubiera ocurrido que pudiera existir alguien mas en ese momento. 


-Pero siempre es una posibilidad, no?  Los hombres siempre tiramos y si no lo hacemos estamos pensando en tirar. No puedo creer que te deje esperando una semana. Yo con una mujer que tiene casa sola, que está como tu, ni me la pienso dos veces. Pero eliges cada gente…Igualito al otro huevon, que se llamaba…El que era Project Manager … 


Ni ella misma se acordaba, así de vano había sido su paso por su memoria reciente. Un tacaño para los taxis y para su tiempo, de eso si se acordaba. Un motivo mas para no salir con hombres de este lado del mundo. Pero el Niño si se acordaba, porque con el hablaba en los entretiempos del trabajo duro con la mascarilla puesta  o en el lavado de manos y hablaban de la gente que los motivaba, que los enamoraba. De las citas, de los que no llegaban a citas. El Niño le sabía todo y de todos le hablaba mal. Ningún hombre era bueno. O para cuando le contaba de ellos habian dejado de ser buenos. Su vida ante los ojos del Niño debía ser un álbum de fracasos sentimentales y experiencias que nunca terminaban bien. Su frase siempre era la misma, “Mándalo a la mierda, no sabe lo que tiene” 

La pasta se le pegó en el esófago, cuando el nuevo elegido para mandar al infierno era el. Se negaba a pensar que tan pronto se le viera la hilacha. Le dolía que el Niño lo viera antes que ella. ¿Podíamos hablar de otra cosa? ¿De ti por ejemplo? ¿De tu divorcio ?


El Niño comenzó a extenderse y a despotricar contra las mujeres. Mientras ella se distraía con el decorado del lugar, las palabras italianas dejadas por doquier en los muros, la mujer que comía sola con la espalda recta en un sillón cómodo. Recordó el sillón verde en el que se sentó con el en la primera cita formal, su mirada traviesa que iba de los ojos a su escote. El coqueteo y la insinuación. Aun parecía verano y los cuerpos paseaban su candor y su fuego ante cada movimiento y roce de piel. La primera cita, otra estación, otro tiempo. Cierta inocencia en la espera de que ocurriera  el beso o ese algo que abriera todas las cerraduras y los llevara por fin al momento que habían esperado desde las primeras conversaciones con pantalla de por medio, cuando ambos eran unos desconocidos que ya querían desvestirse el alma y el cuerpo.


-¿Te ha escrito? Interrumpió el Niño abruptamente, sus recuerdos más azucarados. 

-¿Perdón?

-Que estás evitando ver el móvil y quizá el tipo te ha escrito. La mirada de ella se fijó en la hora, casi las diez de la noche. O se ha muerto, agregó con risas. 

-Idiota bromeó ella devastada, al comprobar que el si se había conectado pero no le había escrito. Otro sábado perdido pensó con tristeza y después agregó, pues  parece que sigue vivo.


-Y tirando rico con otra, agregó el Niño, poniendo mas sal en la herida, mientras volvía a llenar su copa. Ya no gastes energía pensando en alguien que no es, ustedes no son nada, nunca lo fueron y lo sabes. Pequeñas agujas se clavaban en el pecho de ella en ese momento. Era un dolor imperceptible. Ahora el Niño era el maestro y ella la ilusa que no sabe que posición tomar.


-Es como yo con la enfermera de la que te conté en Diciembre, tirábamos, yo quería trato de pareja, ella me lo daba porque quería follar, pero le dejé claro que jamás tendríamos nada serio y ella aceptó. El te está tratando como yo a ella, porque así hacemos cuando la mujer no nos interesa para nada. Lo que le faltó a tu amante bandido, fue tener huevos y decírtelo desde el inicio, si tu eres inteligente, hubieras entendido, no? Las cosas claras siempre, para que ellas no se quejen, el Niño parecía feliz con su argumentación.


Ella se removió en la silla sin saber en cuantas maneras esa ultima frase la ofendía. 


Salieron de allí sin pedir el postre, de camino a recoger el auto ella iba mas callada que de costumbre. El frio se había acentuado y el viento le helaba la cara y las rodillas, pero a pesar de eso toda la terraza exterior antes vacía, lucía ahora llena de parejas que recién empezaban su sábado romántico a la luz de las velas. Ella se sentía repentinamente enferma y cansada, mas allá de la alegría fingida con las primeras copas de vino, ahora solo deseaba acurrucarse y ocultarse en casa.

Toda la cena y las palabras soeces en cada una de sus anécdotas sexuales la habían hecho sentirse mareada. ¿Cuándo iba a parar esto de que sus amigos la trataran como chico? Cuando iba a dejar de comportarse como un chico mas, sin sentimientos. Pensaba en la enfermera a la que el Niño había tirado al olvido y de pronto sentía una profunda empatía con ella, había escuchado como ridiculizaba sus sentimientos e incluso sus intentos de acercamiento posteriores. “Fuera mierda, decía el, yo le expliqué que solo íbamos a cachar, aunque de la puerta para adentro si le pedía relación de pareja y cariñitos y todo lo que ella quisiera darme”


¿Era una caricatura de esa enfermera, ella, con todos sus títulos y maestrías a cuestas? Estaría haciendo el mismo papel ridículo a pesar de todos los muros de contención que siempre trataba de poner con todas esas frases duras. No somos nada. ¿De que valía repetirlo tanto?  Ahora ella era realmente nada, para alguien, para ella, incluso para el Niño que ignoraba sus sentimientos y seguía echando sal en la herida.


-No te rompas la cabeza por alguien que solo te quería para sexo y ya ni sexo te quiere dar. 

Hizo una pausa larga.

Vamos, te llevo a tu casa?

Ella lo miro lejana, era otro sábado de mierda. No, definitivamente pediré mi taxi. 



martes, abril 16, 2024

Otoño en Lima

Es lo primero que escribo luego de una larga temporada. No era mi intención hacerlo, pero el café y este cielo nublado son malos consejeros. Al sentarme a la mesa por el gran ventanal lleno de flores, apenas se dibuja el perfil de los edificios vecinos, al fondo del paisaje tres palmeres solitarias intentan un triste protagonismo entre las nubes de bruma que arrastra el viento desde el océano. Ayer las ventanas temblaban y la ropa colgada en varios niveles desde una cadena vertical se movía a punto de arrancarse, dando al espectáculo la tristeza de algún ahorcado que balancea su cuerpo contra el vacío. Abajo, solo la avenida, que en el día es ruidosa y llena de autos en un trajín constante desde el centro de la ciudad al mar y viceversa. A donde irán todas esas almas conduciendo en desespero me pregunto, cuando me apoyo con el café en la mano al ventanal tan grande y observo los aviones pasar como si fuera mi primer día en esta ciudad de fauces grises y monstruosas. A donde irán tan rápido ? A las once de la noche en cambio hay un silencio cómplice, es la hora del televisor y las películas elegidas con sumo interés las semanas anteriores. Películas que no podré comentar con nadie o con muy pocos y de las cuales hasta olvidaré el nombre, así de traicionera es la memoria. Una hora mas tarde memorizo y escucho grabaciones en otro idioma, para ejercitar mi cerebro en un paciente ejercicio de lucha contra el envejecimiento prematuro. Al menos no me pasé la vida bebiendo o fumando, me digo, para no dejarme abatir por la idea de que mi memoria que de adolescente se prometía  asombrosa hoy se borra en sombras que no entiendo ni confieso.


Levanto la cabeza y ya la bruma se ha tragado también las palmeras, solo se ve la baranda del balcón y mis flores. Que seria de mi sin las flores? El no entendería porque amo mas las flores que las plantas, una planta esta mas allá que sus órganos sexuales me diría y yo sin querer me reiría, porque reía con el al disfrutar sus rarezas y estar cerca suyo para observar sus manías. Quizá no he dejado de querer a los hombres como se les quiere a los pacientes, desde sus defectos y desde sus dolencias, no como una madre que quiere protegerlos, sino como alguien mas aséptico, la que desea ver hasta el final en que termina ese experimento, esa alquimia que transforma al hombre que conociste en el que luego dejarás o bloquearás de tu vida.  No es mi intención hablar de el, pero la página en blanco traiciona las mas cándidas intenciones y hace que cada linea se manche de franqueza. Acaso no hay cuerpo que pueda contener secretos para toda la vida? Que necesidad enfermiza tenemos de exponernos? De mostrarnos al otro, de forma completa y vulnerable. Examino esas emociones mías, como si fuera un curioso entomólogo que ha diseccionado mi corazón en partes y sin asco, tal cual fuera un insecto con una anatomía y forma particulares. Lo abro y lo espulgo, admirando su debilidad y su fuerza. Por que tantos ? Dice mi cabeza. Por que tan pocos? Me responde el tiempo.  Mi gran viaje permanece en secreto como los edificios entre la niebla, ocultando su verdadera profundidad, los matices de su claro- oscuro. No he vivido nada, me digo, y para los otros sin embargo, ya he vivido tanto! Cuánto me he permitido soñar en este viaje. He estado mas veces inmóvil ante una ventana, ante un libro, o ante una pantalla que las veces que he observado la vida  en movimiento desde la ventanilla indiferente de un tren o de un avión, como reza la nueva filosofía de jamás dejar de moverse. Yo me he quedado quieta mas veces de las que he ido de viaje y sin embargo, para ellos es lo único que cuenta, los kilómetros que he marcado, los números que he hecho. El viaje mas logrado ha sido este, el que he hecho hacia adentro  a través de los otros para poder conocerme un poco aunque sea consciente que voy perdiendo memoria de el a medida que avanzo. 


Tengo un poco de miedo, no como antes cuando era una niña que no sabia lo que quería. Temo por lo que quiero, por mis debilidades que me hacen repetir las mismas cosas, a veces huelo la felicidad y casi tan pronto puedo oler que desgracias trae consigo. Cuánto me tomara recuperarme de lo que casi se acercaba a la imagen de perfecto. Quizá ese es el engaño mas frecuente, cada cosa, cada hombre, que tomo la relleno con trozos de recuerdos y mejoro lo que antes estaba roto, todo lo que ignoro, lo compongo con lo que podría ser mejor. Escribo una película, el personaje debe ser creíble y sin embargo al final la realidad personal supera toda ficción en mi cabeza. Así de magnánima es la vida con sus regalos y sus desgracias. Casi ha oscurecido, este invierno será frio, hay alguien en el teléfono enviando mensajes que terminan con la palabra amor, ni el lo cree ni yo tampoco. Pero seriamos una bella estampa de lo imposible. En la otra pantalla alguien que no me dice palabras tiernas, me envía cataratas  de canciones melancólicas sobre el amor y la pérdida, en total disonancia con su actitud indiferente a lo que yo haga o diga.  Me pregunto quien me acompañará a pasar este invierno? Imagino una espalda a quien abrazar pero es como pensar en azúcar o en alguna droga que potencialmente me hará daño luego. Quisiera ser como J. Binoche en esa película en la que le preguntan: Y haz dormido con muchos hombres ? Ella responde serena y feliz: Desde que llegué a Paris hace tres meses solo puedo contar con los dedos las veces que he dormido sola.


Yo soy la del otro lado del espejo,  quien duerme sola, permanece inmóvil en la ventana, disfruta el café y hace listados de palabras raras. A veces me muestro triste de forma indecente, pero solo para los mas íntimos y lejanos desconocidos. En el mundo de las imágenes, soy la feliz portadora de un cuerpo que invita al deseo, de una sonrisa que no se curva nunca. Para los amigos, el molino constante de historias y de risas. Hay una repentina claridad en el horizonte, quizá es la hora de reconciliarnos todas y perdonarnos todos los secretos. 

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...