Mujer de pechos breves
Que desapareces con el día,
Labios que se parten
Con el agua de mar
A dónde ves mujer que no puedan buscarte?
A dónde vas que no te pueda hallar?
Mujer que ocultas entre los muslos universos,
Destellos de una oscuridad tan próxima
Como la verdad que temes mostrar,
Te encoges,
Te desplazas,
Te niegas a ti misma,
Placeres que otros días te hicieron despertar.
Mujer de besos breves y mejillas rosas,
Tus pasos huidizos van por el salón,
Envuelta en sábanas prestadas,
A limpiarse unas caricias ásperas,
Carentes de todo amor
Mujer de pechos breves,
Largo el camino hacia tu perdón.
La Ingenua Ingeniosa
De Paranoia, Soledad, Amor y otras cosas que perfuman a la mujer hasta hacerla apetecible, abominable y unica....por suerte.
miércoles, mayo 15, 2013
sábado, marzo 30, 2013
Sabado de gloria
Hoy volveré a
escribir, pues he dormido todo el día. Miento, tal vez haya dormido toda mi
vida. Un sueño tras otro he repetido, camino a su casa y de vuelta a la mía…
Pero que tonta me he vuelto, apenas vuelvo y
ya deseo hablar de él.
De él que habrá dejado
en mí una huella imborrable al despuntar esa mañana, nuestra última mañana
juntos- ahora sé que lo fue.
Nunca llegue a
despedirme como debía, quizá porque temía volver. Temía que como siempre me
flaqueara el orgullo y en una noche cualquiera, le llamara, le escribiera, me
acercara y suplicara con tintes de voz cínica que solo quiere sexo: Amor, quiero pasar una noche contigo.
Y puede ser que él
dijera que sí, que aceptara el reto, que respondiera a mi enredo de quiero pero no quiero, con una
respuesta corta al estilo: Ven, que te
espero. A su estilo, ven rápido que
me duermo, a mi estilo: Ven rápido o
me muero…
Porque entonces -y
este entonces no es tan lejano- cada frase suya era traducida por mi según mis
caprichos más urgentes y tejida así con hilos de amor y deseo; cada silencio,
cada pausa entre frases era para mí un retazo de poesía inconclusa que yo sabía
llenar con mi ansiedad por él.
Yo urdí con su
cuerpo, con su cara, con su casa, un universo entero de cosas imaginarias en
las que yo me arrulle hasta sentirme de nuevo chiquita, dócil, entregada y de
esa forma sentirme cómoda.
Eso era él para mí,
lo confortable del amor imposible, fácil de torcer, de amoldar a mi realidad
virtual en donde todo podía ser perfecto,
precisamente porque jamás ocurriría…Y si ocurría alguna vez, ser feliz
por lo corto que seria.
Es tan corto el amor, al fin y al cabo…
Y ahora estoy aquí
como si nada hubiera pasado, con los huesos intactos y la piel tersa sobre mis pómulos
canela, con esta nueva realidad mojando mi boca, metiéndose en el fondo de mi
paladar, haciendo brotar palabras nuevas, como nuevas sensaciones nacidas después
de él solo para demostrarme que la vida sigue y el amor se transforma de
persona a persona.
Nuevas
sensaciones que debo volver a clasificar, a renombrar, a mezclar y comparar con
otras y meterlas así en cajitas de colores, en el enorme estante que guarda los
amores que no han sido, ni serán, pero que buenos eran mientras los inventábamos…
Yo lo quise, debo
aceptarlo. No sé de qué forma se puede querer lo que no se puede asir con las
dos manos, ni con el pensamiento, ni siquiera con la carne. Pero yo lo quise.
Ay la carne! Mi vehículo hacia él, mi cuerpo
el camino para que ingrese en mí y me posea toda. Cada vez más, con los ojos
cerrados, entrando de memoria, en la que sabía, era su casa. Ese camino
placentero y doloroso, de cogernos, de descubrirlo humano, de descubrirme
humana robando para nosotros un pedazo de eternidad. Era tan poco el tiempo que
estuvimos juntos, mas fue el tiempo de desearnos que el de tocarnos. Fue tan
corto todo, que da miedo saber que haya sido real toda esa entrega.
Ha terminado ese
viaje, puedo hablar de eso sin que me acongoje volver a hallarlo, ni me
despierte el deseo de buscarlo, de llamarle, de escribirle o seducirle. Ha
terminado y mi corazón como tierra nueva ha vuelto a ser arada para un nuevo
amor, un nuevo hombre, otra ilusión que albergue con otros sabores y
sensaciones lo poco que yo viví con él.
No sé si él me
amaba, eso es casi imposible, tratar de pensarlo, es un esfuerzo inútil. No era
para mí ni yo para él y así fue desde un inicio, no sé si saberlo encendió
mucho más el deseo. Debo reconocer que no he deseado a nadie con la fuerza
testaruda y animal con la que yo desee tenerlo solo para mi. Libré una lucha
larga conmigo misma para aceptar ese deseo y finalmente, ese deseo como tantos
otros, acabó.
Si, acabado está,
como mis dibujos a lápiz sobre su casa o mis fotos de desnudez a media luz. Como esas escasas veces en que a mitad del
amor, febril y despiadada le confesé al oído: Yo te quiero, te quiero…
lunes, febrero 04, 2013
Oficio conocido: Ser Medico
Ayer mientras
caminaba, me perdí en una librería- Si, es verdad que yo siempre me pierdo y más
aun en las librerías- pero ayer andaba mas perdida que nunca, sin saber qué
libro coger o que exactamente comprar- si después de todo, yo casi nunca compro
nada de lo que realmente deseo. Terminee así en un estante de libros de gerencia
y liderazgo en donde los simples títulos ya lo decían todo y en los que aun acercándome
a leerlos yo no entendía nada.
Me pregunté
entonces porque todas esas reglas de éxito y liderazgo nos salían tan mal a los que trabajamos día a día en los
hospitales. ¿Es otro tipo de lógica la que nos maneja? Después de todo, se puede explicar cómo
despedir adecuadamente a un subalterno, pero no existen libros que te expliquen
como despedir adecuadamente a alguien que ha muerto, o como enfrentar a la
familia que espera tu informe en ese tipo de noticias.
Salir, bajarse la mascarilla y decir: “Hicimos todo lo que se pudo” es algo que solo ocurre en las telenovelas y por supuesto, jamás esa frase sería suficiente.
A diferencia de otros
empleos en que se miden valores y cifras, sin tener conciencia real de las
consecuencias o los afectados directos de lo que hacemos o decidimos, en este trabajo
día a día debes poner la cara ante esas decisiones que una vez tomadas marcarán
la vida de otra gente. Gente que te da la cara, te estrecha la mano, de la cual
por unos minutos te hace formar parte de su vida o del declinar de esta. Gente
real con problemas reales.
“ Has visto mucha
gente morir?”- Es la pregunta que suelen hacerme. “Algunos”- Respondo, sin
ganas. Cuando en verdad debería responder: “Cientos, he visto morir a cientos”,
pero en cambio sonrío y trato de no pensar en eso.
La siguiente
pregunta suele ser “Que se siente?” a lo que respondo cínicamente: “Casi nada”-
Aunque eso tampoco sea cierto. Porque en ese momento, la verdad la muerte no
significa mucho.
Los muertos pasan
a segundo plano cuando a quien debes enfrentar es a los que quedan vivos.
Lo que más importa es como informarles, así, das la noticia lo mejor que puedes, la gente
solloza, los consuelas , te agradecen o te maldicen y sigues tu vida. Vas a
almorzar, conversas con alguien, te ríes de un chiste. Hablas por teléfono, que al fin y al cabo dar
ese tipo de noticias es parte del trabajo ¿Y tú estudiaste para eso o no?
Pero no es
cierto.
Aunque la muerte
parezca un evento olvidado cuando llegas a casa y abrazas a los tuyos y bromeas
de algo cotidiano para omitir realmente como fue tu dia, toda esa pugna de
sentimientos bloqueados aflorará tarde o temprano.
Porque hay
momentos en que nadie te ve, en que solo estás tú y tú conciencia y no puedes
evitar recordar a alguien que se ha ido y por el que no pudiste hacer nada. Recuerdas
cada detalle, el rostro de los familiares, la última frase. Todo como en una película
hecha solo para tus ojos.
Surgen entonces
una variedad de sentimientos ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Enojo? ¿El ego herido
del hombre que no puede ser Dios y tampoco puede ser verdaderamente humano?
Porque ¿Qué clase
de cyborg puede dar ese tipo de noticias a diario sin sentirse afectado? Sin
derramar jamás una lagrima. Decidir lo que otros médicos no quieren decidir, lo
que la propia familia se niega a decidir, lo que una misma no quisiera decidir.
¿Prolongar unos días más la agonía de alguien o evitar más esfuerzos y dejarlo
partir? ¿Cómo saber si no surgirá un milagro inoportuno que te hará ver como el
farsante que desprecia la vida en lugar de protegerla?
He visto muchas
cosas que los religiosos podrían llamar milagros. Todo lo que la ciencia no
puede explicar aun de una manera categórica, la gente termina por denominarles
milagros. Hechos inoportunos como decía, interfiriendo con la lógica de la
ciencia que avisa muy cauta: “Ojo que se nos muere si no hacemos nada” y claro,
aun sin que nosotros hagamos nada el paciente milagrosamente vive.
Pero hablaba de lo inoportuno y ¿no es acaso más inoportuna la propia muerte? No he conocido a alguien que estuviera listo para marcharse. Incluso aquellos cadáveres en vida a los que nadie visita abandonados en los hospitales, se mueren en días soleados, opulentos, de brisa perfecta. Certificas una muerte, mientras vas viendo por los ventanales como cae el sol mansamente sobre el perfil de la ciudad.
“Que injusto es tener
que llorar en un día así”- te quedas pensando.
No, la muerte jamás
es oportuna, ni siquiera cuando es provocada ni cuando somos el vehículo hacia
ella, como usualmente pasa. Cada decisión, cada movimiento nuestro definirá más
tarde el que podamos dar a la familia del paciente una buena o una mala
noticia.
Yo usualmente,
soy la mensajera de las malas.
“Abandonad toda
esperanza”- es el eco que anticipa mi llegada.
Mi discurso es simple
y corto, finaliza con un: “Haremos todo lo que esté en nuestras manos”. Y aunque
no hay verdad más pura que esa, se que jamás será suficiente. De nuestras manos
se escaparan vidas, sin que podamos hacer nada para remediarlo.
Veo mis manos
ahora, que inútiles parecen cuando no tocan a alguien.
“Ninguna mujer
que haya elegido esta profesión ha de ser muy normal” – dice en tono de burla,
el médico más viejo del lugar. Y me pongo a pensar a que se refiere con
normalidad y si ese concepto no se basa más que en una estadística de
popularidad. Luego, agrega “O al menos nadie se salva de esto y vuelve a ser
como antes de entrar a un hospital”. Esta última frase le sale casi como en un
susurro para sí mismo.
“Nadie puede
seguir siendo normal después de ver morir a tanta gente” dice alguien y yo
pienso en los militares, en los guerrilleros, en esa gente para la cual el
sentido de la vida ya no será jamás el mismo, pero en cambio la muerte pasa
casi desapercibida.
“Es que morirse es un juego de niños cuando en vivir esta lo difícil” diría uno de mis personajes.Me pierdo en la librería como un niño que busca inútilmente respuestas, me pierdo entre estantes repletos de libros, con pasos cansados y solos. Por un momento desearía meterme en uno y que la vida sea solo un cuento con final feliz, en donde la única frase que yo tenga que decir fuera: ”Colorín…Colorado…”
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sábado, febrero 02, 2013
Mujer del espejo
Al terminar de
leer sobre ella me pregunto cuantas veces antes he escrito sobre mujeres, las
he descrito a veces perfectas, la mayoría frágiles o al borde de la locura. Que
insanidad hablar tanto de mujeres, si al cabo soy una de ellas. Me veo a mi
misma como un fotógrafo de animales en extinción, tratando de acaparar hasta el
último detalle.
Mis primeros
dibujos también eran de formas femeninas, mucho más fáciles. La curva y el círculo
son acaso más fáciles para cualquier niño. La curva, si. Lo curvado de una
sonrisa, lo curvado del perfil de una cadera, una mejilla, una cabeza erguida.
Mi relación con
las mujeres ha sido como de aquel artista que se observa a si mismo frente al
espejo y se queda admirado que sea el mismo su propia obra. “Hecho a su imagen
y semejanza” dice alguien por ahí.
Me he visto
innumerables veces y me he odiado y amado. He hecho fotos de mí, desde el
cabello hasta la posición más bizarra. Han hecho fotos de mí, desde la curva de
mis cabellos, hasta la posición mas extraña en que me quedo dormida. Que lujo
el ser fotografiada, acaso sea una forma de exploración, de adoración. Ser
deseada a través del lente de una cámara. Transponerse a la imagen propia y
verse a través de otros ojos, que te pueden hacer ver más o menos bella.
Resignarse a la mirada del otro, buscando la propia mirada.
Una vez leí que
una manera de aceptarse era hacer ese ejercicio diario de mirarse en el espejo más
de 5 minutos, mirarse, estudiarse, aceptarse, reconocerse. Intento hacerlo a
veces, pero mi mirada no busca mis ojos, solo recorre las imperfecciones. No
hay la mirada serena de quien se acepta y se conoce, sino la mirada huidiza, de
vergüenza, de pudor ante sí misma.
Debo admitir que
yo no resisto ver mi rostro cansado en el espejo. Por eso las múltiples fotos
de mi cuerpo, fotos en todos los ángulos y con todos los colores. Que vanidad
la mía! Mi sentido estético me impide sentirme bonita, pero la continua educación
me ha hecho aceptarme y saber que lo que tengo es suficiente, que puedo ser la
mejor versión de mi misma. Que mi competidor más cercano e implacable, solo será
el espejo.
Competidor! Vaya
palabra. Alrededor de estos años, cada vez que he conocido a un hombre siempre
se ha interesado en saber si experimentaría el sexo con otra mujer, el morbo no
termina ahí por supuesto, las preguntas surgen a borbotones. Es entonces cuando
me pongo triste. Yo en una cama con otra mujer solo para satisfacer la
curiosidad de alguien más. Yo, compitiendo con otra mujer, como si yo no fuera
suficiente. Yo teniendo que mirarme ante un espejo en el cual no me reconozco.
He terminado de
leer sobre ella y me pregunto qué tanto sabe describir un hombre a una mujer. Todos
los libros e historias sobre mujeres fueron escritos por hombres; su visión idealizada
y perfecta, pero cuanto de real hay en eso? Mirar a una mujer a través de los
ojos de un hombre, eso es todo.
¿Y quién me mirara
a mí? ¿Quien describirá el momento en que me consumo frente a un espejo o bajo
el lente de una cámara? ¿Quién amara suficiente como para mantener ese deseo a
pesar de lo que vea?
#Hoy con musica de Patty Smith
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martes, enero 29, 2013
Antes del trabajo
Estoy procastinando antes de ir a trabajar a esa Clinica en donde los pacientes no tienen ninguna dolencia que no sea "Tengo demasiado dinero y no se en que gastarlo", realmente cada minuto de esta tarde me he preguntado si de verdad quiero ir a trabajar hoy, si no estaria mejor saliendo o simplemente durmiendo. Pero mi turno es hoy y nadie quiere cambiarlo, me pregunto entonces, en que puto momento me volvi esclava de los horarios? Ah, si! Cuando volvi aqui!
Y por que volvi aqui? -Ah si! La Casa de los lapices...
Porque a todo el mundo le decia que necesitaba cambiar de hospital, de gente, de trabajo, pero lo que mas me hacia falta era venir y entrar en esa casa.
Ahora que ya no tengo sexo, ni charlas, ni hay ninguna Casa de los Lapices a la que me inviten volver, solo me queda el trabajo y la agenda de mil actividades diarias que cambio por un buen rato en cama mirando TV con el pijama mojado (Lima que calor de infierno tienes!)
Y si, Nacho, el blog sigue vivo, porque siempre habra algo o alguien de que hablar, o a quien hablar. Y siempre habra alguien enviando alguna cartita al correo, preguntando: Lau aun sigues viva?
Por supuesto, yo no me llamo Lau. Pero si, sigo viva :)
Y por que volvi aqui? -Ah si! La Casa de los lapices...
Porque a todo el mundo le decia que necesitaba cambiar de hospital, de gente, de trabajo, pero lo que mas me hacia falta era venir y entrar en esa casa.
Ahora que ya no tengo sexo, ni charlas, ni hay ninguna Casa de los Lapices a la que me inviten volver, solo me queda el trabajo y la agenda de mil actividades diarias que cambio por un buen rato en cama mirando TV con el pijama mojado (Lima que calor de infierno tienes!)
Y si, Nacho, el blog sigue vivo, porque siempre habra algo o alguien de que hablar, o a quien hablar. Y siempre habra alguien enviando alguna cartita al correo, preguntando: Lau aun sigues viva?
Por supuesto, yo no me llamo Lau. Pero si, sigo viva :)
viernes, enero 25, 2013
Hay algo curioso
en eso de escribir, últimamente me da miedo. Porque cuando escribo ( escribía)
yo abría puertas a mundos en los que ahora no quiero entrar, tal vez porque ya
no quepo. Me siento como una especie de Peter Pan viejo y patético que ya no
entra en los mundos que hace tiempo le habían pertenecido, los creados por el y
en lso que había creído.
Siempre dije que
escribir me liberaba, pero ahora, puedo decir que mientras escribo siento miedo
de soltarme y ser la persona que era. La que buscaba. Y la verdad no se bien
que buscaba o a quien buscaba. Ahora vivo en esa agradable comodidad de quien
acepta las cosas como son y es feliz con casi todo. Un buen trabajo, unos
buenos amigos (llegas a tener amigos realmente?) Una casa confortable y un guardarropa
divertido. Se me va la vida en eso. Me regalan libros que no termino de leer y
que cuando inicio, me siento de alguna forma avergonzada por haber dejado de soñar
y creer y escribir…No es cierto lo que dicen, que el leer es suficiente. Cada
vez que alguien lee, quiere escribir y cada vez que se escribe se quiere leer
mas, a mas gente, a gente que diga cosas que levanten la piel de su sitio. No
sencillos cuentos, sino esas frases que te levantan de la silla y te hacen
coger el teléfono buscando a una operadora inexistente, para preguntarle: Donde
es que vive el o ella? Donde puedo ir a buscarla?
Por ejemplo
ahora, se acaba de activar mi mecanismo de escape: Volar a las redes sociales,
pasarme horas viendo fotos de gente que no conozco realmente, intentando
adivinar por sus expresiones, sus inclinaciones y gustos. Gente a la que dedico
minutos y olvido rápidamente. Luego la música, luego la tele, siempre hay algo
que me haga olvidar que es lo que quiero y que es lo que siento, es como
cubrirse de mucha ropa delgada para taparse del frio. Nunca nada es suficiente
y necesitas mas y mas, hasta quedarte dormida.
No ocurre eso
cuando pongo la cabeza en la almohada, volteo mi cara a la izquierda, encojo
mis brazos y mis piernas y pienso inmediatamente en el. Un personaje, alguien
que me he inventado, un perfecto desconocido y sin embargo, que cercanos son
sus cabellos y la temperatura de su piel, que natural es decir antes de dormir:
hasta mañana carinno. Como si el al otro aldo de la ciudad pudiera sentir ese
saludo.
El, que suenna con chicas jóvenes de blancos muslos y humor desenfadado
o con mujeres adultas de opiniones inteligentes y charlas fluidas. Yo pienso en
el y me crea un dolor profundo, no ser su suenno como el ha podido ser el mio.
Me causa desazon pensar en su casa llena de lápices, en ese extranno nexo que
me une a el como si fuera un “ello” un alterego, alguien a quien detestaría porque
muestra partes de mi que yo deseo ocultarle a todos, que expresa esa parte del
ser humano que yo usualmente rechazaría. Nunca podre explicarle mis teorías de
porque me gustaba, porque quise quererlo. Estas son cosas que suceden en mi
cabeza. Yo estoy decidida a olvidarme de ese capítulo, pero llega la noche y no
puedo evitar despedirme de el con un: “Hasta mañana cariño” como si el y yo hubiéramos
pasado días y días juntos, noches y noches juntos. Sera porque su casa y ese
orden de las cosas tienen el extraño olor de lo cotidiano? Sera porque después
de tanto tiempo alguien me puso trabas y me puso el hecho de quererlo aun mas difícil?
Me da risa y
tristeza pensar que he rechazado a varios jóvenes de mi edad ( aun somos jóvenes
nosotros?) por completar una cita con el. Una cita que se aplazaba tanto que ya
no era cita, era un explotar de ansiedades, de rumores, de susurros…Como si nos
hubiéramos estado buscando, deseando, evitando…Puede el deseo permanecer tanto
tiempo? Un deseo que trasciende lo físico y te pone asi, completamente frágil y
necia? Es obvio, que ahora te das cuenta el por que no escribo ni volveré a
escribir, todas mis cartas, el ultimo de mis cuentos tendrán algo de el, de esa
casa de lápices, de esa sensación de lo inasible, de ansiedad extrema, de melancolía
no compartida. Me apena pensar que poco me deje conocer, cuantas personas fui
para que no me descubriera. Deje de escribir por el, porque el era mi mejor
libro, verlo era un escrito completo y perfecto. A veces pienso que no podre escribir de otra
cosa, sino hasta que mate ese recuerdo o ese recuerdo acabe conmigo.
viernes, septiembre 21, 2012
El Hombre Finito 3: Laura, el Vasco y los 3 huevos
Apenas enterados
de la noticia, mis padres por insistencia de la familia me enviaron por ayuda psiquiátrica.
De todas maneras, no todos los días se le avisa que Se va a morir uno,
dijeron, Allá seguro que te ayudan y te
dan una forma de enfrentarlo de forma lógica.
¡Claro! ¿Como si
fuera cosa de pedir instrucciones no?: “¿Doctor que hago si me revienta la
bomba en la cabeza? Ah pues protéjase bien los huevos que ahora tenemos vivos a
muchos descerebrados, pero lo del trasplante de huevos sigue saliéndonos muy
caro”.
Fue al salir de
esa clínica que curaba desmoralizaciones varias que conocí al Vasco. El iba por
una terapia que le ayudara a bajar de peso y esperaba su turno en el jardín exterior comiéndose
una hamburguesa doble que había sacado de su gordo maletín, en el momento que yo
me senté a su lado.
-¿Pero qué cara
es esa?- me dijo- Parece que te hubieran dicho que te ibas a morir.
-Como que es
cierto, porque la verdad es que me estoy muriendo. Hasta me han dado la fecha,
que es entre hoy y el día de mi velorio- le solté yo bien habituado a lograr
lastima con pequeñas dosis de humor negro. El Vasco me echo una larga mirada,
mientras daba un sorbo a una lata de coca-cola que sacó del mismo maletín del
que sacara la hamburguesa.
-Pues tienes muy
buena pinta para ser un casi muerto- dijo al fin- Lo que es yo, mira, a mí
nadie me ha dicho que día exacto me voy a morir, pero cada vez que alguien me
ve comer así- y se agarró la panza con cariño- dice que no me debe quedar poco.
Y la verdad tampoco mentirían, llevo a cuestas una diabetes galopante, el
colesterol ultra malo tapando todas mis cañerías cerebrales y para más inri mi cardiólogo
me acaba de decir que he desarrollado un soplo que no me lo cura ni Dios sino
bajo por lo menos 30 kilos de peso…Así que como la ves ¿Ahora quien esta mas
muerto, chico?
Le sonreí sin
ganas con vergüenza por mi actitud estúpida de suicida sin vocación; eran
tiempos en que yo andaba deprimido y furioso contra el mundo. Odiaba a mi
familia, a mis amigos, a mis ex novias que me habían negado algún polvete por dárselas
de importantes. A todo aquel que me había negado algo en este mundo, incluyendo
doctores, banqueros y burócratas. No quería causar lástima a nadie y a la vez
me jodía que no les condoliera saber que alguien tan joven y con gran futuro- ¿No
es eso lo que te dicen en la escuela? “Sois dueños de un gran futuro…” laquetepario…-
tenia ahora los días contados.
Me jodía todo, lo
admito, hasta el día en que conocí al Vasco.
Él media 1, 75 m
y pesaba 140 kg. con la textura y el color del pan recién amasado, de ojos
verdes y mansos, poseedor de un aroma de bebe gigante y de un apetito pantagruélico.
Él me haría entender entre otras cosas, que a diferencia suya que llevaba el
amargo sino de su destino puesto encima bajo la forma de generosos filetes de
pura gordura, yo tenía la ventaja de que nadie tenía que darse por enterado si
estaba o no muriéndome si es que yo les resultaba
simpático por fuera y tenía siempre una sonrisa para regalarles; de esa forma tan simple ellos jamás se enterarían
de mi miedo y rencor y yo mismo quizá lo terminaría olvidando.
-O en otras palabras compañero, me dijo “Acá la procesión
se lleva por dentro “y haciendo una pausa agrego tocándose los mofletes “el problema es que en mi caso, yo ya no tenía
más espacio” y se rió con esa carcajada suya que hacia vibrar la banca, la
coca-cola y todas las cosas alrededor
suyo, incluso a un alma tan resentida como era la mía en ese momento.
Desde aquella visita al psicólogo han pasado 8 larguísimos años
y mi vida se ha vuelto desde que conocí a Laura una especie de carnaval
prolongado, donde no olvido jamás ser el
hombre simpático y alegre que me propuse ser. No debo preocuparme si ella me
ama o no me ama, si se quedará el tiempo suficiente conmigo o si tendremos un
par de hijos bonitos o ninguno en absoluto. Ella no tiene un plan fijo de que nos
pasará luego, no me comenta que hará mañana, o si espera un mañana. Tiene tan poca
curiosidad por mi trabajo o mis sueños, que he terminado por creer que es ella
quien me quiere a mí como el último espectador de su vida y no al revés. A
veces he pensado que es ella la que lleva la fijación por desaparecer y no yo, y que por eso me confiesa desesperadamente
cosas que jamás le he preguntado, para luego cerrarse en un silencio acorazado que
ni durante las horas del amor o con las caricias más dulces logro romper.
Después de casi
un año juntos, conozco palmo a palmo cada centímetro de su anatomía, desde su
cuello sin lunares hasta la punta de sus
pies tatuados con flores pequeñísimas a las que pone nombres diferentes,
diciendo que son en honor a hermanas que ha imaginado tener en otras vidas.
Conozco sus cabellos que son casi una masa viva que me envuelve cuando hacemos
el amor, la mancha café con leche junto a su ombligo que ella tapa avergonzada
pues dice que por ahí la ha lamido una vez el diablo. Y sus mil olores, uno diferente
para cada área de su cuerpo.
Pero de su vida
nada. En un año, apenas si se un par de cosas de su vida intima; todas las
historias que me cuenta son sobre un pasado difuso, sin fechas fijas en donde ha
amado a hombres de extrañas cualidades que no se si en verdad existen, y en donde no podría definir si ella, los ha
amado siendo solo una niña, como adolescente o ya como una mujer adulta.
He llegado a
contarle una docena de amantes diferentes entre nombres extranjeros y apodos,
tantos que algunas veces he considerado
que su pasado en el amor podría extenderse a un regimiento entero de hombres a
los que ha atraído con sus maneras raras de bailar y de aceptar el primer
contacto sexual, dócil y suave como si fuera una resignada víctima, cuando en
realidad es ella la única cazadora.
Tengo pesadillas
con Laura entregándose a hombres dueños de los atributos más raros haciendo
cola por ella, bajo el escenario donde
mi mujer se distrae bailando tatuada de flores amarillas de la cabeza a los
pies.
Yo estoy en esa
multitud de hombres que esperan desnudos por ella, hombres blancos casi
transparentes con enormes orejas de rosados espóndilos; hombres de un moreno
aceituno que llevan cada ojo con iris de un color diferente; enanos taciturnos de vergas monstruosas o larguísimos gigantes de bocas mustias que en
lugar de cabello llevan plumas donde anidan las aves canoras. Yo estoy relegado,
desnudo y pálido tapándome con torpes
manos los tres huevos que me he puesto para poder conquistarla, con miedo
mortal a que alguien descubra la farsa, que me diga que eso que llevo allá
abajo no es un testículo mas sino “solo
un tumorcito” una huevada sin
importancia. Entonces es que lo siento,
siento a mi aneurisma que ha bajado en feroz galope desde mi cabeza hasta el escroto y que
pulsa ahora iracundo como una bomba de
tiempo a punto de matarme.
La colección de
tullidos que esperan por ella murmuran enardecidos y el clamor se vuelve generalizado
cuando Laura voltea hacia mí y abre los ojos, que no son de virgen ni son
misericordiosos y violenta -como es ella cuando descubre que deseo causarle
lastima en busca de un mimo- me toma el pobre tumor en su palma derecha que
luce ahora enorme y lleva marcadas cientos de líneas en un arcoíris eléctrico con
el destino de todos los hombres que se ha cogido y plaf! de un tajo que me lo arranca
para siempre.
El dolor es
infinito, me revuelco en el suelo ante la burla de todos esos fenómenos, la
cola de hombres que esperan que Laura les regale una noche de baile se
arremolina sobre mi dejándome asfixiado, casi muerto de vergüenza. Grito que
son unos idiotas, que voy a morir, que quiero morir, que ya verán cómo me muero,
les amenazo desde mi dolor mojado en la viscosidad de mi propio miedo, pero en
mi agonía solo siento la voz suave de Laura diciéndome que me calle, que sigo vivo.
Terriblemente vivo…Sus ojos antes llameantes, ahora tienen solo una lástima
infinita hacia mí, un hombre ordinario.
Veo desde el
suelo sus talones alejarse, tatuados con las florecitas amarillas de las que he
aprendido el nombre para un día recitárselos a mitad del sexo y que sepa que si
la escucho, que la escucho toda, que la escucho siempre. Pero se va y el dolor
se queda, enorme, terebrante, insoportable dentro de mí.
Despierto así de
mi pesadilla, sudando frio con ese enorme peso en la cabeza, con esa angustia
de asfixia y de dolorosa palpitación dentro de mi cerebro y detrás de mis ojos.
La jaqueca me deja inmóvil en la cama, sintiendo con más intensidad que nunca el mapa de fragancias que Laura ha dejado
en mi cama antes de irse por la madrugada. Es en ese momento que me vuelve aquel
miedo inconfesable que me ataca desde que empezaron los episodios de dolor a
hacerse más frecuentes.
Se hace presente
no el miedo a sentir, sino a querer desaparecer, a tomar ya el valor de acabar
con ese dolor con mis manos y para siempre. Es miedo y odio a la vez por mi
destino triste sobre el que no me atrevo a tener poder. Solo el olor de ella
sobre las sabanas lo detiene, me da la pobre ilusión de que quizá valga la pena
vivir un día más, solo hasta averiguar por que ella sigue conmigo a pesar de
saberme ordinario como cualquiera, por que se ha tatuado flores en los pies,
por que busca siempre hombres de atributos raros, que la dejaran o a los que
dejara si se enamoran.
A veces siento
que el Vasco tuvo razón en todas sus predicciones desde la mañana en que nos
conocimos al salir de la clínica.
-Tú
dices que temes morir, pero todavía no temes lo suficiente, ya verás cómo se siente
el miedo el día que te enamores, me dijo. Y ese hijueputa no se equivocaba.
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