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Irina

Casi al final del amor, Irina se mira en el espejo del ropero y no puede evitar decir lo que ha pensado toda la tarde:
-Ven mejor en las mañanas, cuando no tengo panza y me siento bonita. De qué panza hablas, mujer? Ni siquiera la he visto.
  Es mentira, pero Luciano lo dice con cierta dulzura. Le gusta bajar la cabeza hasta sus muslos y  arrastrar la cara sobre su vientre sintiendo el rumor de sus tripas. Eso le conforta, hay una sensación de realidad que le da piso después de haber estado todo el día mareado pensando en ella.
Irina hace un mohín incrédulo, se tuerce en la cama como un gato y se acurruca  frente a el junto a su pecho.
-A dónde viajarás hoy?
El le dice su itinerario de la semana con voz calmada, mientras pasa su dedo índice por esa cara ovalada y el perfil lleno de pecas. No hay nadie mas en quien pensar que en ella mientras está de viaje.  Abre y cierra los ojos  adormitado frente a la ventanilla del tren y piensa en ella a gusto, sin que nadie lo moleste. Sin que vengan l…
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Aunque no sea conmigo

Sabes? Estoy en ese momento de la vida en que al sentir que haz perdido repentinamente a alguien no haces nada mas que recordarlo. Hoy por ejemplo, leí un cuento que me sobrecogió por su final y quise correr a contártelo. No sé, como si te importara. Como si alguna vez hubiéramos hablado de los libros que me conmovían, de algún autor mío que a ti te hubiera dado tanta curiosidad, que al pasear solo por ahí te habría dado la imperiosa necesidad de leerlo para saber que sentía.
Bobadas mías, lo sé. Estoy en ese momento del tiempo, ese en el que cada frase que hubieras dicho cobrara importancia y significados que antes no tuvo. Y siento, como ninguna otra noche que debimos haber hablado mas y pasado mas tiempo juntos …Ja, Como si hubiera un momento del día en que no hubiéramos hablado, no? Es que esa era la droga pues, la que te hace ir cada día por mas, la curiosidad, una historia a la mitad, un cuento mas de las mil y una noches  de esos que hablan de sitios distantes como Samarkhanda y…

Two strangers

Al caer la tarde el cielo en la costa me pareció del mismo color tornasol que la primera vez que me despedí de Sao Paulo creyendo que podría volver cada vez que quisiera. Allí había crecido como persona, por dentro. Fueron horas de conversaciones sobre la vida, pegados a una cerveza y a pizza barata. Entonces el olor paulista se me quedaría para siempre en la nariz, porque por aquellos días sentí esa ciudad como un invernadero gigante que me hacía florecer por dentro.
Esta tarde en Lima al comprobar que el verano se había ido para siempre y que ahora necesitaba vestirme para poder fumar en el balcón aguzando la vista en busca de los parapentes de colores sentí en medio de una lágrima que se coagulaba con el viento, que era el mismo cielo de aquella vez y que una nunca deja de crecer. Se marchitan algunas hojas y flores, el camino hacia el corazón se llena de espinas, pero siempre hay nuevos frutos por recoger.
Acababa de despedirme de el, pero sabía que no le haría un cuento como le hab…

Un sombrero para la noche

Ahora yo tengo la misma edad que el aparentaba en ese entonces. A pesar de ser mucho mas joven que yo y mas infantil en muchos aspectos, su calvicie incipiente y sus maneras de viejo lo hacían aparentar la edad que yo cargo ahora. Mis amigos solían compadecerme, pero yo era una novia feliz hasta el día que dejé de serlo para cuestionarme por todo. Por la decisión que iba a tomar, por la vida que pretendía llevar a cabo, por mi paso inexorable de su mano a la vida convencional y de buenas costumbres de la que había huido desde mi primer noviazgo. Nunca estuve lista y quizá nunca lo estaré, pero he dejado de culparme. Ahora, él está casado y la sociedad lo aplaude, yo sigo sola y soltera. No hay público para mi. El telón ha caído y yo estoy en el escenario sola, cantando en voz baja.

Mientras camino por San Isidro casi a la media noche con el sombrero de ala blanca y las manos llenas de bolsas y libros sin importarme nada, pienso si yo también aparentaré esa edad en que las mujeres solas…

El Guerrero Azul

Las calles de aquel triste país dirigíanse todas al mar. No, no es que venían de la orla costera  y se derramaban entre plazas, mercados y casitas grises hacia las montañas,  sino que dirigían a todos sus habitantes en algún momento de sus vidas al mar. Unos irían a matarse de amor y otros para volver a nacer.
Ese mar era mágico y taciturno, de un azul tan oscuro que no permitía saber si habría peces en su interior. La arena era también negra y fina bajo los pies y se quedaba entre los dedos al volver a casa. Los granos de arena solían ser tan finos que no importaba cuantas veces volvieras a la ducha siempre había alguno que se quedaba en la raíz del cabello, en los oídos o en alguna ropa y te acompañaba por el resto de la vida, en todos los viajes cercanos o lejanos. Los que te sacaban del continente o los que irremediablemente te devolvían a el.
En ese país de eventos lejanos y pasados había nacido un mes de Mayo un guerrero sin lanzas ni armadura, que se debatía en estrepitosas batal…

Animales

Saben lo que mas me gustaba de ver Californication? Las canciones de Bob Dylan. Y claro ver a un hombre eternamente cachondo porque no puede estar con el amor de su vida. Un desastre de hombre, por momentos conflictuado, de humor negro y pocas esperanzas de salir a flote. Que más seductor que eso? Pero esa es la ficción, en la vida real nos vamos detrás de los hombres correctos y aburridos con capacidad de cagarla sin mucho escándalo. No siempre es así. Esta tarde me hallo algo mareada y con el estómago destrozado, que es mi modo usual de llegar al borde de la desesperación y volver a escribir algo, cualquier cosa. Ultimamente me dan miedo los teclados y la introspección, tengo suficiente con las veces que debo verme al espejo de la realidad, un espejo de agua quieta y oscura en donde no habrá muchas sorpresas.  Vaya, que mal debo sonar ahora, es increíble que las imágenes que comparto sean imágenes felices de risas y pechos generosos. Disfrazarse de persona feliz hasta que te la creas,…

Los Justos

Extraño todo y me duele todo.Quise escribir mis 200 palabras de hoy, pero me siento decepcionada, sin ánimos. Como si lo hubiera perdido todo. Ahora tendré que evitar todos los comentarios indeseables y asentir solamente. Vivo en un mundo en donde a todo el mundo le parecen bien cosas que de por si hieden a viciado y corrupto. Nada va a cambiar y aquí moriremos los idealistas de las causas perdidas, sin nadie  con quien quejarnos, odiándonos entre nosotros, sin poder avanzar ni un ápice. Hay momentos fugaces en donde alguien comprende, pero se le olvida el por qué de las cosas y sigue de largo. Al final del día todos reclaman tumbarse en el sueño de los justos, aunque nadie lo sea.