miércoles, mayo 15, 2013

Mujer de besos breves

Mujer de pechos breves
Que desapareces con el día,
Labios que se parten
Con el agua de mar
A dónde ves mujer que no puedan buscarte?
A dónde vas que no te pueda hallar?

Mujer que ocultas entre los muslos universos,
Destellos de una oscuridad tan próxima
Como la verdad que temes mostrar,
Te encoges,
Te desplazas,
Te niegas a ti misma,
Placeres que otros días te hicieron despertar.

Mujer de besos breves y mejillas rosas,
Tus pasos huidizos van por el salón,
Envuelta en sábanas prestadas,
A limpiarse unas caricias ásperas,
Carentes de todo amor

Mujer de pechos breves,
Largo el camino hacia tu perdón.

sábado, marzo 30, 2013

Sabado de gloria


Hoy volveré a escribir, pues he dormido todo el día. Miento, tal vez haya dormido toda mi vida. Un sueño tras otro he repetido, camino a su casa y de vuelta a la mía…
 Pero que tonta me he vuelto, apenas vuelvo y ya deseo hablar de él.
De él que habrá dejado en mí una huella imborrable al despuntar esa mañana, nuestra última mañana juntos- ahora sé que lo fue.
Nunca llegue a despedirme como debía, quizá porque temía volver. Temía que como siempre me flaqueara el orgullo y en una noche cualquiera, le llamara, le escribiera, me acercara y suplicara con tintes de voz cínica que solo quiere sexo: Amor, quiero pasar una noche contigo.
Y puede ser que él dijera que sí, que aceptara el reto, que respondiera a mi enredo de quiero pero no quiero, con una respuesta corta al estilo: Ven, que te espero. A su estilo, ven rápido que me duermo, a mi estilo: Ven rápido o me muero…
Porque entonces -y este entonces no es tan lejano- cada frase suya era traducida por mi según mis caprichos más urgentes y tejida así con hilos de amor y deseo; cada silencio, cada pausa entre frases era para mí un retazo de poesía inconclusa que yo sabía llenar con mi ansiedad por él.
Yo urdí con su cuerpo, con su cara, con su casa, un universo entero de cosas imaginarias en las que yo me arrulle hasta sentirme de nuevo chiquita, dócil, entregada y de esa forma sentirme  cómoda.
Eso era él para mí, lo confortable del amor imposible, fácil de torcer, de amoldar a mi realidad virtual en donde todo podía ser perfecto,  precisamente porque jamás ocurriría…Y si ocurría alguna vez, ser feliz por lo corto que seria.
Es tan corto el amor, al fin y al cabo…
Y ahora estoy aquí como si nada hubiera pasado, con los huesos intactos y la piel tersa sobre mis pómulos canela, con esta nueva realidad mojando mi boca, metiéndose en el fondo de mi paladar, haciendo brotar palabras nuevas, como nuevas sensaciones nacidas después de él solo para demostrarme que la vida sigue y el amor se transforma de persona a persona.
Nuevas sensaciones que debo volver a clasificar, a renombrar, a mezclar y comparar con otras y meterlas así en cajitas de colores, en el enorme estante que guarda los amores que no han sido, ni serán, pero que buenos eran mientras los inventábamos…

Yo lo quise, debo aceptarlo. No sé de qué forma se puede querer lo que no se puede asir con las dos manos, ni con el pensamiento, ni siquiera con la carne. Pero yo lo quise.
 Ay la carne! Mi vehículo hacia él, mi cuerpo el camino para que ingrese en mí y me posea toda. Cada vez más, con los ojos cerrados, entrando de memoria, en la que sabía, era su casa. Ese camino placentero y doloroso, de cogernos, de descubrirlo humano, de descubrirme humana robando para nosotros un pedazo de eternidad. Era tan poco el tiempo que estuvimos juntos, mas fue el tiempo de desearnos que el de tocarnos. Fue tan corto todo, que da miedo saber que haya sido real toda esa entrega.
Ha terminado ese viaje, puedo hablar de eso sin que me acongoje volver a hallarlo, ni me despierte el deseo de buscarlo, de llamarle, de escribirle o seducirle. Ha terminado y mi corazón como tierra nueva ha vuelto a ser arada para un nuevo amor, un nuevo hombre, otra ilusión que albergue con otros sabores y sensaciones lo poco que yo viví con él.

No sé si él me amaba, eso es casi imposible, tratar de pensarlo, es un esfuerzo inútil. No era para mí ni yo para él y así fue desde un inicio, no sé si saberlo encendió mucho más el deseo. Debo reconocer que no he deseado a nadie con la fuerza testaruda y animal con la que yo desee tenerlo solo para mi. Libré una lucha larga conmigo misma para aceptar ese deseo y finalmente, ese deseo como tantos otros, acabó.
Si, acabado está, como mis dibujos a lápiz sobre su casa o mis fotos de desnudez a media luz.  Como esas escasas veces en que a mitad del amor, febril y despiadada le confesé al oído: Yo te quiero, te quiero…

lunes, febrero 04, 2013

Oficio conocido: Ser Medico




Ayer mientras caminaba, me perdí en una librería- Si, es verdad que yo siempre me pierdo y más aun en las librerías- pero ayer andaba mas perdida que nunca, sin saber qué libro coger o que exactamente comprar- si después de todo, yo casi nunca compro nada de lo que realmente deseo. Terminee así en un estante de libros de gerencia y liderazgo en donde los simples títulos ya lo decían todo y en los que aun acercándome  a leerlos yo no entendía nada.

Me pregunté entonces porque todas esas reglas de éxito y liderazgo nos salían tan mal  a los que trabajamos día a día en los hospitales. ¿Es otro tipo de lógica la que nos maneja?  Después de todo, se puede explicar cómo despedir adecuadamente a un subalterno, pero no existen libros que te expliquen como despedir adecuadamente a alguien que ha muerto, o como enfrentar a la familia que espera tu informe en ese tipo de noticias.

Salir, bajarse la mascarilla y decir: “Hicimos todo lo que se pudo” es algo que solo ocurre en las telenovelas y por supuesto, jamás esa frase sería suficiente.

A diferencia de otros empleos en que se miden valores y cifras, sin tener conciencia real de las consecuencias o los afectados directos de lo que hacemos o decidimos, en este trabajo día a día debes poner la cara ante esas decisiones que una vez tomadas marcarán la vida de otra gente. Gente que te da la cara, te estrecha la mano, de la cual por unos minutos te hace formar parte de su vida o del declinar de esta. Gente real con problemas reales.

“ Has visto mucha gente morir?”- Es la pregunta que suelen hacerme. “Algunos”- Respondo, sin ganas. Cuando en verdad debería responder: “Cientos, he visto morir a cientos”, pero en cambio sonrío y trato de no pensar en eso.

La siguiente pregunta suele ser “Que se siente?” a lo que respondo cínicamente: “Casi nada”- Aunque eso tampoco sea cierto. Porque en ese momento, la verdad la muerte no significa mucho.
Los muertos pasan a segundo plano cuando a quien debes enfrentar es a los que quedan vivos.
 Lo que más importa es como informarles, así,  das la noticia lo mejor que puedes, la gente solloza, los consuelas , te agradecen o te maldicen y sigues tu vida. Vas a almorzar, conversas con alguien, te ríes de un chiste.  Hablas por teléfono, que al fin y al cabo dar ese tipo de noticias es parte del trabajo ¿Y tú estudiaste para eso o no?
Pero no es cierto.
Aunque la muerte parezca un evento olvidado cuando llegas a casa y abrazas a los tuyos y bromeas de algo cotidiano para omitir realmente como fue tu dia, toda esa pugna de sentimientos bloqueados aflorará tarde o temprano.
Porque hay momentos en que nadie te ve, en que solo estás tú y tú conciencia y no puedes evitar recordar a alguien que se ha ido y por el que no pudiste hacer nada. Recuerdas cada detalle, el rostro de los familiares, la última frase. Todo como en una película hecha solo para tus ojos.

Surgen entonces una variedad de sentimientos ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Enojo? ¿El ego herido del hombre que no puede ser Dios y tampoco puede ser verdaderamente humano?

Porque ¿Qué clase de cyborg puede dar ese tipo de noticias a diario sin sentirse afectado? Sin derramar jamás una lagrima. Decidir lo que otros médicos no quieren decidir, lo que la propia familia se niega a decidir, lo que una misma no quisiera decidir. ¿Prolongar unos días más la agonía de alguien o evitar más esfuerzos y dejarlo partir? ¿Cómo saber si no surgirá un milagro inoportuno que te hará ver como el farsante que desprecia la vida en lugar de protegerla?

He visto muchas cosas que los religiosos podrían llamar milagros. Todo lo que la ciencia no puede explicar aun de una manera categórica, la gente termina por denominarles milagros. Hechos inoportunos como decía, interfiriendo con la lógica de la ciencia que avisa muy cauta: “Ojo que se nos muere si no hacemos nada” y claro, aun sin que nosotros hagamos nada el paciente milagrosamente vive.


Pero hablaba de lo inoportuno y ¿no es acaso más inoportuna la propia muerte? No he conocido a alguien que estuviera listo para marcharse. Incluso aquellos cadáveres en vida a los que nadie visita abandonados en los hospitales, se mueren en días soleados, opulentos, de brisa perfecta. Certificas una muerte, mientras vas viendo por los ventanales como cae el sol mansamente sobre el perfil de la ciudad.
“Que injusto es tener que llorar en un día así”- te quedas pensando.
No, la muerte jamás es oportuna, ni siquiera cuando es provocada ni cuando somos el vehículo hacia ella, como usualmente pasa. Cada decisión, cada movimiento nuestro definirá más tarde el que podamos dar a la familia del paciente una buena o una mala noticia.
Yo usualmente, soy la mensajera de las malas.

“Abandonad toda esperanza”- es el eco que anticipa mi llegada.

Mi discurso es simple y corto, finaliza con un: “Haremos todo lo que esté en nuestras manos”. Y aunque no hay verdad más pura que esa, se que jamás será suficiente. De nuestras manos se escaparan vidas, sin que podamos hacer nada para remediarlo.
Veo mis manos ahora, que inútiles parecen cuando no tocan a alguien.

“Ninguna mujer que haya elegido esta profesión ha de ser muy normal” – dice en tono de burla, el médico más viejo del lugar. Y me pongo a pensar a que se refiere con normalidad y si ese concepto no se basa más que en una estadística de popularidad. Luego, agrega “O al menos nadie se salva de esto y vuelve a ser como antes de entrar a un hospital”. Esta última frase le sale casi como en un susurro para sí mismo.

“Nadie puede seguir siendo normal después de ver morir a tanta gente” dice alguien y yo pienso en los militares, en los guerrilleros, en esa gente para la cual el sentido de la vida ya no será jamás el mismo, pero en cambio la muerte pasa casi desapercibida.

“Es que morirse es un juego de niños cuando en vivir esta lo difícil” diría uno de mis personajes.
Me pierdo en la librería como un niño que busca inútilmente respuestas, me pierdo entre estantes repletos de libros,  con pasos cansados y solos. Por un momento desearía meterme en uno y que la vida sea solo un cuento con final feliz, en  donde la única frase que yo tenga que decir fuera: ”Colorín…Colorado…”

sábado, febrero 02, 2013

Mujer del espejo


Al terminar de leer sobre ella me pregunto cuantas veces antes he escrito sobre mujeres, las he descrito a veces perfectas, la mayoría frágiles o al borde de la locura. Que insanidad hablar tanto de mujeres, si al cabo soy una de ellas. Me veo a mi misma como un fotógrafo de animales en extinción, tratando de acaparar hasta el último detalle.
Mis primeros dibujos también eran de formas femeninas, mucho más fáciles. La curva y el círculo son acaso más fáciles para cualquier niño. La curva, si. Lo curvado de una sonrisa, lo curvado del perfil de una cadera, una mejilla, una cabeza erguida.
Mi relación con las mujeres ha sido como de aquel artista que se observa a si mismo frente al espejo y se queda admirado que sea el mismo su propia obra. “Hecho a su imagen y semejanza” dice alguien por ahí.
Me he visto innumerables veces y me he odiado y amado. He hecho fotos de mí, desde el cabello hasta la posición más bizarra. Han hecho fotos de mí, desde la curva de mis cabellos, hasta la posición mas extraña en que me quedo dormida. Que lujo el ser fotografiada, acaso sea una forma de exploración, de adoración. Ser deseada a través del lente de una cámara. Transponerse a la imagen propia y verse a través de otros ojos, que te pueden hacer ver más o menos bella. Resignarse a la mirada del otro, buscando la propia mirada.
Una vez leí que una manera de aceptarse era hacer ese ejercicio diario de mirarse en el espejo más de 5 minutos, mirarse, estudiarse, aceptarse, reconocerse. Intento hacerlo a veces, pero mi mirada no busca mis ojos, solo recorre las imperfecciones. No hay la mirada serena de quien se acepta y se conoce, sino la mirada huidiza, de vergüenza, de pudor ante sí misma.
Debo admitir que yo no resisto ver mi rostro cansado en el espejo. Por eso las múltiples fotos de mi cuerpo, fotos en todos los ángulos y con todos los colores. Que vanidad la mía! Mi sentido estético me impide sentirme bonita, pero la continua educación me ha hecho aceptarme y saber que lo que tengo es suficiente, que puedo ser la mejor versión de mi misma. Que mi competidor más cercano e implacable, solo será el espejo.
Competidor! Vaya palabra. Alrededor de estos años, cada vez que he conocido a un hombre siempre se ha interesado en saber si experimentaría el sexo con otra mujer, el morbo no termina ahí por supuesto, las preguntas surgen a borbotones. Es entonces cuando me pongo triste. Yo en una cama con otra mujer solo para satisfacer la curiosidad de alguien más. Yo, compitiendo con otra mujer, como si yo no fuera suficiente. Yo teniendo que mirarme ante un espejo en el cual no me reconozco.
He terminado de leer sobre ella y me pregunto qué tanto sabe describir un hombre a una mujer. Todos los libros e historias sobre mujeres fueron escritos por hombres; su visión idealizada y perfecta, pero cuanto de real hay en eso? Mirar a una mujer a través de los ojos de un hombre, eso es todo.
¿Y quién me mirara a mí? ¿Quien describirá el momento en que me consumo frente a un espejo o bajo el lente de una cámara? ¿Quién amara suficiente como para mantener ese deseo a pesar de lo que vea?

#Hoy con musica de Patty Smith

martes, enero 29, 2013

Antes del trabajo

Estoy procastinando antes de ir a trabajar a esa Clinica en donde los pacientes no tienen ninguna dolencia que no sea "Tengo demasiado dinero y no se en que gastarlo", realmente cada minuto de esta tarde me he preguntado si de verdad quiero ir a trabajar hoy, si no estaria mejor saliendo o simplemente durmiendo. Pero mi turno es hoy y nadie quiere cambiarlo, me pregunto entonces, en que puto momento me volvi esclava de los horarios? Ah, si! Cuando volvi aqui!
Y por que volvi aqui? -Ah si! La Casa de los lapices...

Porque a todo el mundo le decia que necesitaba cambiar de hospital, de gente, de trabajo, pero lo que mas me hacia falta era venir y entrar en esa casa.

Ahora que ya no tengo sexo, ni charlas, ni hay ninguna Casa de los Lapices a la que me inviten volver, solo me queda el trabajo y la agenda de mil actividades diarias que cambio por un buen rato en cama mirando TV con el pijama mojado (Lima que calor de infierno tienes!)

Y si, Nacho, el blog sigue vivo, porque siempre habra algo o alguien de que hablar, o a quien hablar. Y siempre habra alguien enviando alguna cartita al correo, preguntando: Lau aun sigues viva?

Por supuesto, yo no me llamo Lau. Pero si, sigo viva :)

viernes, enero 25, 2013


Hay algo curioso en eso de escribir, últimamente me da miedo. Porque cuando escribo ( escribía) yo abría puertas a mundos en los que ahora no quiero entrar, tal vez porque ya no quepo. Me siento como una especie de Peter Pan viejo y patético que ya no entra en los mundos que hace tiempo le habían pertenecido, los creados por el y en lso que había creído.
Siempre dije que escribir me liberaba, pero ahora, puedo decir que mientras escribo siento miedo de soltarme y ser la persona que era. La que buscaba. Y la verdad no se bien que buscaba o a quien buscaba. Ahora vivo en esa agradable comodidad de quien acepta las cosas como son y es feliz con casi todo. Un buen trabajo, unos buenos amigos (llegas a tener amigos realmente?) Una casa confortable y un guardarropa divertido. Se me va la vida en eso. Me regalan libros que no termino de leer y que cuando inicio, me siento de alguna forma avergonzada por haber dejado de soñar y creer y escribir…No es cierto lo que dicen, que el leer es suficiente. Cada vez que alguien lee, quiere escribir y cada vez que se escribe se quiere leer mas, a mas gente, a gente que diga cosas que levanten la piel de su sitio. No sencillos cuentos, sino esas frases que te levantan de la silla y te hacen coger el teléfono buscando a una operadora inexistente, para preguntarle: Donde es que vive el o ella? Donde puedo ir a buscarla?

Por ejemplo ahora, se acaba de activar mi mecanismo de escape: Volar a las redes sociales, pasarme horas viendo fotos de gente que no conozco realmente, intentando adivinar por sus expresiones, sus inclinaciones y gustos. Gente a la que dedico minutos y olvido rápidamente. Luego la música, luego la tele, siempre hay algo que me haga olvidar que es lo que quiero y que es lo que siento, es como cubrirse de mucha ropa delgada para taparse del frio. Nunca nada es suficiente y necesitas mas y mas, hasta quedarte dormida.
No ocurre eso cuando pongo la cabeza en la almohada, volteo mi cara a la izquierda, encojo mis brazos y mis piernas y pienso inmediatamente en el. Un personaje, alguien que me he inventado, un perfecto desconocido y sin embargo, que cercanos son sus cabellos y la temperatura de su piel, que natural es decir antes de dormir: hasta mañana carinno. Como si el al otro aldo de la ciudad pudiera sentir ese saludo.

 El, que suenna con chicas jóvenes de blancos muslos y humor desenfadado o con mujeres adultas de opiniones inteligentes y charlas fluidas. Yo pienso en el y me crea un dolor profundo, no ser su suenno como el ha podido ser el mio. Me causa desazon pensar en su casa llena de lápices, en ese extranno nexo que me une a el como si fuera un “ello” un alterego, alguien a quien detestaría porque muestra partes de mi que yo deseo ocultarle a todos, que expresa esa parte del ser humano que yo usualmente rechazaría. Nunca podre explicarle mis teorías de porque me gustaba, porque quise quererlo. Estas son cosas que suceden en mi cabeza. Yo estoy decidida a olvidarme de ese capítulo, pero llega la noche y no puedo evitar despedirme de el con un: “Hasta mañana cariño” como si el y yo hubiéramos pasado días y días juntos, noches y noches juntos. Sera porque su casa y ese orden de las cosas tienen el extraño olor de lo cotidiano? Sera porque después de tanto tiempo alguien me puso trabas y me puso el hecho de quererlo aun mas difícil?
Me da risa y tristeza pensar que he rechazado a varios jóvenes de mi edad ( aun somos jóvenes nosotros?) por completar una cita con el. Una cita que se aplazaba tanto que ya no era cita, era un explotar de ansiedades, de rumores, de susurros…Como si nos hubiéramos estado buscando, deseando, evitando…Puede el deseo permanecer tanto tiempo? Un deseo que trasciende lo físico y te pone asi, completamente frágil y necia? Es obvio, que ahora te das cuenta el por que no escribo ni volveré a escribir, todas mis cartas, el ultimo de mis cuentos tendrán algo de el, de esa casa de lápices, de esa sensación de lo inasible, de ansiedad extrema, de melancolía no compartida. Me apena pensar que poco me deje conocer, cuantas personas fui para que no me descubriera. Deje de escribir por el, porque el era mi mejor libro, verlo era un escrito completo y perfecto.  A veces pienso que no podre escribir de otra cosa, sino hasta que mate ese recuerdo o ese recuerdo acabe conmigo.

viernes, septiembre 21, 2012

El Hombre Finito 3: Laura, el Vasco y los 3 huevos


Apenas enterados de la noticia, mis padres por insistencia de la familia me enviaron por ayuda psiquiátrica. De todas maneras, no todos los días se le avisa que Se va a morir uno, dijeron,  Allá seguro que te ayudan y te dan una forma de enfrentarlo de forma lógica.
¡Claro! ¿Como si fuera cosa de pedir instrucciones no?: “¿Doctor que hago si me revienta la bomba en la cabeza? Ah pues protéjase bien los huevos que ahora tenemos vivos a muchos descerebrados, pero lo del trasplante de huevos sigue saliéndonos muy caro”.

Fue al salir de esa clínica que curaba desmoralizaciones varias que conocí al Vasco. El iba por una terapia que le ayudara a bajar de peso y  esperaba su turno en el jardín exterior comiéndose una hamburguesa doble que había sacado de su gordo maletín, en el momento que yo  me senté a su lado.
-¿Pero qué cara es esa?- me dijo- Parece que te hubieran dicho que te ibas a morir.
-Como que es cierto, porque la verdad es que me estoy muriendo. Hasta me han dado la fecha, que es entre hoy y el día de mi velorio- le solté yo bien habituado a lograr lastima con pequeñas dosis de humor negro. El Vasco me echo una larga mirada, mientras daba un sorbo a una lata de coca-cola que sacó del mismo maletín del que sacara la hamburguesa.

-Pues tienes muy buena pinta para ser un casi muerto- dijo al fin- Lo que es yo, mira, a mí nadie me ha dicho que día exacto me voy a morir, pero cada vez que alguien me ve comer así- y se agarró la panza con cariño- dice que no me debe quedar poco. Y la verdad tampoco mentirían, llevo a cuestas una diabetes galopante, el colesterol ultra malo tapando todas mis cañerías cerebrales y para más inri mi cardiólogo me acaba de decir que he desarrollado un soplo que no me lo cura ni Dios sino bajo por lo menos 30 kilos de peso…Así que como la ves ¿Ahora quien esta mas muerto, chico?
Le sonreí sin ganas con vergüenza por mi actitud estúpida de suicida sin vocación; eran tiempos en que yo andaba deprimido y furioso contra el mundo. Odiaba a mi familia, a mis amigos, a mis ex novias que me habían negado algún polvete por dárselas de importantes. A todo aquel que me había negado algo en este mundo, incluyendo doctores, banqueros y burócratas. No quería causar lástima a nadie y a la vez me jodía que no les condoliera saber que alguien tan joven y con gran futuro- ¿No es eso lo que te dicen en la escuela? “Sois dueños de un gran futuro…” laquetepario…- tenia ahora los días contados.  
Me jodía todo, lo admito, hasta el día en que conocí al Vasco.

Él media 1, 75 m y pesaba 140 kg. con la textura y el color del pan recién amasado, de ojos verdes y mansos, poseedor de un aroma de bebe gigante y de un apetito pantagruélico. Él me haría entender entre otras cosas, que a diferencia suya que llevaba el amargo sino de su destino puesto encima bajo la forma de generosos filetes de pura gordura, yo tenía la ventaja de que nadie tenía que darse por enterado si estaba o no muriéndome si  es que yo les resultaba simpático por fuera y tenía siempre una sonrisa para regalarles;  de esa forma tan simple ellos jamás se enterarían de mi miedo y rencor y yo mismo quizá lo terminaría olvidando.
-O en otras palabras compañero, me dijo  “Acá la procesión se lleva por dentro “y haciendo una pausa agrego tocándose los mofletes “el problema es que en mi caso, yo ya no tenía más espacio” y se rió con esa carcajada suya que hacia vibrar la banca, la coca-cola  y todas las cosas alrededor suyo, incluso a un alma tan resentida como era la mía en ese momento.


Desde aquella  visita al psicólogo han pasado 8 larguísimos años y mi vida se ha vuelto desde que conocí a Laura una especie de carnaval prolongado,  donde no olvido jamás ser el hombre simpático y alegre que me propuse ser. No debo preocuparme si ella me ama o no me ama, si se quedará el tiempo suficiente conmigo o si tendremos un par de hijos bonitos o ninguno en absoluto. Ella no tiene un plan fijo de que nos pasará luego, no me comenta que hará mañana, o si espera un mañana. Tiene tan poca curiosidad por mi trabajo o mis sueños, que he terminado por creer que es ella quien me quiere a mí como el último espectador de su vida y no al revés. A veces he pensado que es ella la que lleva la fijación por desaparecer y no yo,  y que por eso me confiesa desesperadamente cosas que jamás le he preguntado, para luego cerrarse en un silencio acorazado que ni durante las horas del amor o con las caricias más dulces logro romper.

Después de casi un año juntos, conozco palmo a palmo cada centímetro de su anatomía, desde su cuello sin lunares  hasta la punta de sus pies tatuados con flores pequeñísimas a las que pone nombres diferentes, diciendo que son en honor a hermanas que ha imaginado tener en otras vidas. Conozco sus cabellos que son casi una masa viva que me envuelve cuando hacemos el amor, la mancha café con leche junto a su ombligo que ella tapa avergonzada pues dice que por ahí la ha lamido una vez el diablo. Y sus mil olores, uno diferente para cada área de su cuerpo.
Pero de su vida nada. En un año, apenas si se un par de cosas de su vida intima; todas las historias que me cuenta son sobre un pasado difuso, sin fechas fijas en donde ha amado a hombres de extrañas cualidades  que no se si en verdad existen,  y en donde no podría definir si ella, los ha amado siendo solo una niña, como adolescente o ya como una mujer adulta.
He llegado a contarle una docena de amantes diferentes entre nombres extranjeros y apodos, tantos que  algunas veces he considerado que su pasado en el amor podría extenderse a un regimiento entero de hombres a los que ha atraído con sus maneras raras de bailar y de aceptar el primer contacto sexual, dócil y suave como si fuera una resignada víctima, cuando en realidad es ella la única cazadora.

Tengo pesadillas con Laura entregándose a hombres dueños de los atributos más raros haciendo cola por ella,  bajo el escenario donde mi mujer se distrae bailando tatuada de flores amarillas de la cabeza a los pies.
Yo estoy en esa multitud de hombres que esperan desnudos por ella, hombres blancos casi transparentes con enormes orejas de rosados espóndilos; hombres de un moreno aceituno que llevan cada ojo con iris de un color diferente;  enanos taciturnos de vergas monstruosas o  larguísimos gigantes de bocas mustias que en lugar de cabello llevan plumas donde anidan las aves canoras. Yo estoy relegado,  desnudo y pálido tapándome con torpes manos los tres huevos que me he puesto para poder conquistarla, con miedo mortal a que alguien descubra la farsa, que me diga que eso que llevo allá abajo no es un testículo mas sino “solo un tumorcito” una huevada sin importancia. Entonces  es que lo siento, siento a mi aneurisma que ha bajado en feroz  galope desde mi cabeza hasta el escroto y que pulsa  ahora iracundo como una bomba de tiempo a punto de matarme.
La colección de tullidos que esperan por ella murmuran enardecidos y el clamor se vuelve generalizado cuando Laura voltea hacia mí y abre los ojos, que no son de virgen ni son misericordiosos y violenta -como es ella cuando descubre que deseo causarle lastima en busca de un mimo- me toma el pobre tumor en su palma derecha que luce ahora enorme y lleva marcadas cientos de líneas en un arcoíris eléctrico con el destino de todos los hombres que se ha cogido y plaf! de un tajo que me lo arranca para siempre.
El dolor es infinito, me revuelco en el suelo ante la burla de todos esos fenómenos, la cola de hombres que esperan que Laura les regale una noche de baile se arremolina sobre mi dejándome asfixiado, casi muerto de vergüenza. Grito que son unos idiotas, que voy a morir, que quiero morir, que ya verán cómo me muero, les amenazo desde mi dolor mojado en la viscosidad de mi propio miedo, pero en mi agonía solo siento la voz suave de Laura diciéndome que me calle, que sigo vivo. Terriblemente vivo…Sus ojos antes llameantes, ahora tienen solo una lástima infinita hacia mí, un hombre ordinario.

Veo desde el suelo sus talones alejarse, tatuados con las florecitas amarillas de las que he aprendido el nombre para un día recitárselos a mitad del sexo y que sepa que si la escucho, que la escucho toda, que la escucho siempre. Pero se va y el dolor se queda, enorme, terebrante, insoportable dentro de mí.
Despierto así de mi pesadilla, sudando frio con ese enorme peso en la cabeza, con esa angustia de asfixia y de dolorosa palpitación dentro de mi cerebro y detrás de mis ojos. La jaqueca me deja inmóvil en la cama, sintiendo con más intensidad  que nunca el mapa de fragancias que Laura ha dejado en mi cama antes de irse por la madrugada. Es en ese momento que me vuelve aquel miedo inconfesable que me ataca desde que empezaron los episodios de dolor a hacerse más frecuentes.

Se hace presente no el miedo a sentir, sino a querer desaparecer, a tomar ya el valor de acabar con ese dolor con mis manos y para siempre. Es miedo y odio a la vez por mi destino triste sobre el que no me atrevo a tener poder. Solo el olor de ella sobre las sabanas lo detiene, me da la pobre ilusión de que quizá valga la pena vivir un día más, solo hasta averiguar por que ella sigue conmigo a pesar de saberme ordinario como cualquiera, por que se ha tatuado flores en los pies, por que busca siempre hombres de atributos raros, que la dejaran o a los que dejara si se enamoran.
A veces siento que el Vasco tuvo razón en todas sus predicciones desde la mañana en que nos conocimos al salir de la clínica.
-Tú dices que temes morir, pero todavía no temes lo suficiente, ya verás cómo se siente el miedo el día que te enamores, me dijo.  Y ese hijueputa no se equivocaba.