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Mostrando las entradas de junio, 2006

Charlas Feas y café

¿Sabes? esto me viene rondando la cabeza hace varios días, pero hoy lo confirmé del todo. Soy…soy …!soy fea!
No pues, con esto no espero que me digas que me veo bien, que soy simpática, atractiva, lo del buen cuerpo (que ya no tengo, por cierto) y otras estupideces que se les dice a las chicas que no son del todo agraciadas. Me siento fea. Si pues, primera vez que lo digo y hasta me asusta. Es lo mas duro de confesar desde que dije que ya no era virgen, no, mas bien desde que dije que ya no quería ejercer la medicina…no joder!
¡Es peor! aceptar que me considero fea es como abrir un agujero negro de toda clase de decepciones y recuerdos lastimeros. Es como confesar que no tengo valor para creerme la mentira que soy bonita o que me veo bien.

No me mires con esa cara, se que la belleza es un valor cultural. Que en algunos sitios de África las mujeres bellas son las de cuello monstruosamente largo, o que en China las más bonitas son las de pies pequeñitos a pesar de la tortura que tengan que…

El camino a tu casa

El camino a tu casa está cerrado por un jardín de flores y espinos. Tu puerta tapiada con maderos ásperos. Tus ventanas cerradas todas para el mundo. El camino a tu casa, es tan largo amor, que no consigo llegar nunca, siempre me voy perdiendo.

Caminaría bajo dos soles y una luna plateada para llegar a tu casa y que dejes descansar mis plantas, quitarme la ropa y soltarme el cabello, para que me dejes caminar a oscuras y llegar a ti cuando estés aun dormido.

El camino a tu casa es tan largo, que me pierdo en paisajes de rosa y magenta, entretenida en los recovecos del camino, me quedo allí afuera saltando entre obstáculos diversos, grandes unos y otros pequeños. Me cuesta entonces llegar temprano, antes que cierres del todo y me dejes para siempre afuera.

Ese es mi gran temor. No llegar a tiempo.

Caminaría entonces, bajo palmeras y álamos, entre jardines salvajes y en selvas oscuras, para poder llegar temprano a tu puerta y tocar antes que nadie toque; para que sepas que soy yo, la que h…

Soñando aquí y ahora

Los días son claros, tibios, tranquilos. Mis pasos seguros, mi sonrisa ancha, mi cabello va atado. Y los días siguen siendo blancos, límpidos, sin miedos. Yo camino entonces como si hubiera vuelto a la vida, aunque no sepa bien por que. Antes soñaba siempre de noche, jamás amanecía, en mis sueños el mundo era nocturno y las calles vacías. Mis sueños siempre han sido dramáticos, algunos torturantes, siempre corriendo en pos de algo. Siempre corro en mis sueños porque el tiempo se acaba. Los lugares son conocidos, es mi ciudad pero se ve como la debí ver a los 5 años, enorme y con escenarios de terror a la vuelta de la esquina. Siempre salgo de la ciudad y ya no hay nadie, entonces se que estoy al margen de todo y que es momento de correr, pues toda calle es desconocida y la noche va envolviendolo todo. En mis sueños siempre es de noche o hay agua. Ir en pos del agua tambien es una constante en mi. Sueño con el mar a menudo o con lagos y piscinas. Mis sueños son tan reales y nítidos …

Bonjour ma vie

Ayer tuve esa extraña sensación de ser dueña de mi destino nuevamente, que nada de lo ocurrido era fruto del azar, que mi vida no es ese sentimiento de desolación a cada instante, por momentos grises que ya no se pueden atrapar. De que mi vida es una hilera de eventos tragicómicos que solo quieren hundirme, como un gran pulgar que aplasta un insecto contra el pavimento. Ayer supe que nada de eso era cierto. Que estaba viva otra vez.

Durante meses mi vida fue de un discurrir entre lagrimas y caras tiesas, tratando de entrar en un personaje que no era yo, mas dura, menos creyente en las cosas simples, menos esperanzada en un futuro; porque vivía haciendo de cada minuto una despedida. Como si al minuto siguiente ya fuera el final definitivo. Mi vida fueran escenas truncas que necesitaban acabar. Caminaba y me despedía, porque ya no esperaba nada de nadie. Era fácil amar de esa forma, donde no hay un recuerdo doloroso, donde alguna de ambas partes desaparece de la escena sin pedir perdón, …

Caminatas

Hace tiempo que llevo caminando, pero hoy lo he disfrutado más que nunca. Esta mañana de domingo es soleada y pacifica y yo me animé a caminar por el parque saltando entre las piedras del caminito de la izquierda, pensando en mí, en todo este tiempo a solas. En todo el tiempo que espera allí afuera. Caminé pisando las hojas secas de los árboles y a cada crepitar de hoja muerta, sentía que no estaba completamente sola, que te mostraba el camino, como siempre.

Hace años que camino así, mostrándote el camino, comentando los paisajes que veo y explicándote el por qué de las aves, el por qué del clima, el por qué de todo; aunque yo ya ni pueda entenderlo. Hace años que me pierdo en calles y parques caminando a solas, porque la conversación vecina me cansa. Hace mucho que hago monólogos mentales de lo que siento y vivo y de vez en cuando, ya tú sabes, de vez en cuando también los escribo.

Pero ésta mañana caminé contigo y te hice creer que estaba feliz, aunque me sienta por momentos asfixia…

Amaneceres

Hoy amanecí y era tarde. Bajo las frazadas aun se olía esa fragancia a lo ajeno, al deleite de un sueño que se escapa en las puntas de los dedos y pasea frente a la nariz victorioso, como la raíz de un recuerdo. Ese olor a pintura fresca y a dedos de pincel. Ese aroma a nosotros.

Hoy amanecí y con los ojos cerrados busque el yogurt blanco de chirimoya y lo deje pasar helado por la garganta, antes de volver a la cama. No quería dejar de soñar. No quería vestirme e ir a la mesa a tomar el café a solas. Prefería quedarme así, soñando contigo. Bajo la sábana, había constelaciones dando vueltas, mariposas de color y de alas suaves, pétalos de flores azules y esencia de coco y canela.

Yo no quise despertar, me resultó demasiado placentero quedarme bajo las sábanas pensando y tejiendo sueños. Ignorando los rayos de luz de la ventana. Me siento cómoda en mi capullo de cobertores y almohaditas pequeñas. Yo no quiero despertar.

Por que cuando sueño lo hago contigo, con ese rostro que voy creando …

Charlas de Viernes

Me alegro que ya sea viernes, tenia muchas ganas de tomarme el café contigo. De hablar un poco, ya sabes. Volví al departamento y me llene de una ansiedad tremenda al ver el espacio vacío y recordar esos meses solo yo y mi mente. Pensé que no volvería, pero ya ves. Incluso la casa de mis padres me ha resultado incomoda, viviendo como vivo. Allí me la paso escribiendo y tomando el sol, pero ya era tiempo que volviera aquí. Es extraño, antes me sentía cómoda con mi soledad, ahora solo me aterra todo este tiempo perdido, este tiempo que no se comparte, un tiempo absurdo en donde no hago mas que escribir y oír música. Una de las ventajas de haber vuelto es que puedo oír la música que quiero a todo volumen y sin nadie chillando. Y puedo bailar, no sabes cuanta falta me hacia poder bailar sin ropa. Claro, aquí hace frío. Pero necesitaba soltar un poco el cuerpo. La ropa vuelve hurañas a las personas, las vuelve silentes, tristes.

Detesto no disponer de una bañera en este departamento, además…

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Lecturas de martes

Yo he vuelto a las viejas lecturas, a quedarme en la cama tapada por el cobertor azul, viendo atardecer en nubarrones grises por la cortina entreabierta, avanzando hoja a hoja por libros maravillosos, rodeada por paisajes de una Europa distante, de un Japón de post guerra, de un Marruecos agitado; soñando igual que cuando era mas chica, porque solo en un libro me permito soñar olvidándome de mi cuerpo, de mis ojos y mis manos frías. Solo dentro de un libro dejo de ser yo y desparece la gente, toda la gente que ya no está, que ya ha dejado de estar, entonces entierro mis fantasmas y avanzo sin miedo.

Y me vuelvo a encontrar en algunos pasajes al inicio de las “Travesuras de la Niña mala”, en esos pasajes ocultos de “Rosario Tijeras” y me comienzo a preguntar porque me identifico solo con las mujeres que se acuestan con todos y que parecen no amar a nadie, solo siguen avanzando de vez en cuando con un cartelito en el pecho que diga “puta”; pero no es por el sexo que lo hacen como se pod…

Lunes a Solas

Esta tarde me he quedado a solas. Y he vuelto a mi placer de escribir así, sin saber nada de nada, a veces quisiera dejarlo, quisiera dejar de escribir, colocar un CHAO y no reaparecer nunca más; pero no puedo, parece que las historias no se acabarán, que cada día se fuera haciendo una nueva y yo necesitara contarlas todas, sacarlas de mí, escribirlas y así, de esta forma tonta, pensar que el día que me vaya no me habré ido del todo, que mis recuerdos se han quedado en otros ojos, en otras mentes y en otros labios, como una extraña forma de trascender, como tener un hijo o plantar un árbol, como dejar algo de mi, oculto en el espacio, un magma incandescente que desea ser descubierto.

Recuerdo cuando él me decía que yo era como un libro abierto que jamás se cansaba de leer, siempre con algo interesante para decirle, que podía leerme toda la vida y sentirse igual de complacido conmigo. Y yo sonreía feliz, sin nubes en los ojos.
Debí haberme dado cuenta que él dejaba sus libros interesan…

Acantilados

Cuando era niña, mi padre nos llevaba a pasear a playas lejanas. Recuerdo pasar mis veranos en playas sin gente, alejados del ruido, para oír solamente el mar si nos quedábamos a dormir la siesta. Pero recuerdo también los paseos a esas costas reservas de aves guaneras, y caminar por la orilla de los acantilados viendo la costa blanca llena de sal.
Yo era pequeña y caminaba de la mano de mi mamá, mientras mis hermanos saltaban entre las rocas agrietadas detrás de mi padre. Yo temía a las alturas, al vacío, a los barrancos. Mi madre temía al mar.

Y la voz del océano golpeaba la costa rocosa adentrándose a sus túneles ocultos, llenos de tesoros escondidos por piratas que nadie logró jamás ver. Golpeaba el murallón de rocas bajo nuestro, y el agua era empujada desde los laberintos submarinos hasta la superficie, pulverizada en chorros de blancura salada. En cientos de gotas de una lluvia violenta que interrumpía nuestro paso, en estelas de agua fría que no llegaba a herir los poros. “Como …

Charlas de Viernes sin café

Te tengo que contar una cosa, por eso no me pediré el café habitual, sino un matecito de coca, que por otros rumbos llaman té verde, pero a ese nombre por muy poético que suene no me acostumbro del todo. Te tengo que contar que odio al mundo… Pero ¡mira que ojos pones! Cada vez que le digo a alguien la palabra odio, se quieren poner a equilibrar el vaso diciendo que necesito mas cariño al prójimo, mas “amor” y mira que de sentir amor yo tengo las 24 horas, pero a veces me da ganas de odiar al mundo y ahí es cuando las cosas se ponen color de hormiga. Porque es igual que cuando le cuento a alguien que quise llorar hoy o que anduve deprimida y entonces me intentan callar como puedan, con historias peores, como para que me sienta bien con eso de que “mal de muchos consuelo de tontos”. Y mira que cuando pasa eso, se me acaban las ganas de contarle nada a nadie. ¡Porque ni la dejan llorar tranquila a una!

Siempre he dicho que aquellos que mostramos un perfil depresivo o que mas bien, amanec…

"UN BÚFALO LLAMADO AMOR"

Coralí despertó con el presentimiento de que ese martes 13 sucedería algo bueno. Que ese día ocurriría algo sorprendente, lo había soñado. Pisó con el pie izquierdo, bajó corriendo las escaleras de madera y le avisó a su madre que ese martes algo grande sucedería.

Su madre como siempre no la oyó, pero Coralí siguió cantando el resto de la mañana, esperando una señal de que su presentimiento nocturno se haría realidad ese Martes.

Durante meses Coralí había estado triste, yendo de la cama a la mesa y de la mesa a la hamaca del jardín para leer libros de Coetzee y llorar para adentro con esos recuerdos de Infancia. Coralí hace meses que no salía al mundo exterior, subía a lo alto de la azotea y suspiraba al ver el mar como una línea azul que rodeaba la isla donde vivía con su madre, alejada del país y de la civilidad que ahora detestaba. Coralí vivía pues, nadando en nostalgia.

Pero esa mañana el café tuvo mejor sabor que siempre, las galletas de avena sin azúcar acariciaron su paladar sin …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…