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Mostrando las entradas de marzo, 2009
Aquarela

Al abrir los ojos me parecíó ver el cielo azul esfumándose hasta besar la tierra, ese cambio de colores en el mundo me hizo recordar una acuarela, una de esas en las que me esforzaba porque mi padre viera que había mejorado mi técnica y ya no se notaban rayas en el papel blanco.

En esos tiempos chupaba el pincel para que no chorrearan los restos de color en el cuadro y porque comerme la pintura me daba ánimos de creerme artista, como mi viejo, como alguien más quien sea.

En esos tiempos mis padres me habían dicho que yo podía ser cualquier cosa que yo deseara y por supuesto les había creído. Sabía que mi voz no era para soprano ni mi cuerpo para bailarina, que mi cabeza no resistiría la voltereta de un astronauta en el espacio, pero podía creer en cosas mas normales como dibujar o escribir cosas.

Odiaba la poesía, he odiado siempre la rima, el verso, la métrica, ese ejercicio de hacer que todo sea un equilibrio de palabritas cantarinas tratando de decir algo, pero aún si hablaban…
En la ciudad en donde vivo la gente camina a prisa. Me pisan y los piso, caminamos casi a tientas pero apurados en pos de no se qué.

Hoy estaba pensando que en esta ciudad pocas veces se puede caminar lento o despreocupado. A uno le enseñan que hay que estar a la defensiva, cuidándose, esquivando, si es posible golpeando primero.

Mi ciudad, que en realidad no es mía, es un escenario circunstancial de mi vida bordeando los 30, parece sacada de algún libro de ficciones. Debería aprovecharla lo sé, pero la verdad no me interesa.

Me niego a pertenecer, a echar raíces a comprar algo propio a hacer migas con los vecinos, a embarazarme o a enamorarme. He huído toda mi vida de ciudades como ésta, he huído de la gente, porque es mi naturaleza querer quedarme inmóvil en algún sitio, pero es mas violento mi impulso, de vencer esa naturaleza débil que me hace dependiente, una planta triste, una tierra árida de esperanza en el mañana. Que me vuelve como todos.

Detesto la idea de que mañana tenga que p…

Cuadrado

La última vez que escribí fue una carta.
A veces pienso que entonces cuando logro contar mi vida cotidiana a alguien que quiere escuchar, entonces escribo mejor, me suelto, ya no es un trabajo, ni un intento de perfección, es solo fluir, ya sabes dejar fluir.

La gente que me conoce suele decir que es mejor cuando no escribo mis berrinches de siempre, es cierto, pero creo que ni siquiera las personas que han vivido a mi lado me conocen realmente, ni saben mucho menos de lo que siento, de lo que quiero y menos de lo que espero cuando escribo.

Antes de dormir me di cuenta que poca era la gente que me quería así como soy, no como quieren que sea, no como soy en sus sueños, en su creación de mí como la pieza faltante de su rompecabezas de tragedias diarias; no como la heroína que pretenden que sea, ni como la niña, mucho menos como la mujer que vive intensamente el sexo. Tal vez eso sea lo menos cercano a mi realidad. Me entristece las personas que puedan ver un cuadrado cuando lo que hay es …