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Cuadrado

La última vez que escribí fue una carta.
A veces pienso que entonces cuando logro contar mi vida cotidiana a alguien que quiere escuchar, entonces escribo mejor, me suelto, ya no es un trabajo, ni un intento de perfección, es solo fluir, ya sabes dejar fluir.

La gente que me conoce suele decir que es mejor cuando no escribo mis berrinches de siempre, es cierto, pero creo que ni siquiera las personas que han vivido a mi lado me conocen realmente, ni saben mucho menos de lo que siento, de lo que quiero y menos de lo que espero cuando escribo.

Antes de dormir me di cuenta que poca era la gente que me quería así como soy, no como quieren que sea, no como soy en sus sueños, en su creación de mí como la pieza faltante de su rompecabezas de tragedias diarias; no como la heroína que pretenden que sea, ni como la niña, mucho menos como la mujer que vive intensamente el sexo. Tal vez eso sea lo menos cercano a mi realidad. Me entristece las personas que puedan ver un cuadrado cuando lo que hay es un cubo, me entristece ser un retrato plano a quien no se busca conocer suficiente.

Me entristece.


Me entristece haberlo escuchado y saber que sus palabras de admiración ya no eran para mí ni esa mirada larga de cuando un hombre habla enamorado.
Me entristece que no me vean así y haberme conformado. Como desearía hablar de las cosas que sé, de esas que he aprendido, no callarme nada, es un trabajo absurdo hacerse la tonta, mostrar solo un cuadrado cuando una es un cubo, mostrarse plana para que no se devanen los sesos pensando que soy mas de lo que muestro.

Sin embargo, no estoy triste.

Estos días han sido de profunda serenidad, de una gran alegría, siento una canción que vive en mí y me hace tararear cositas todo el día, siento mucho, muchísimo. El día es mas vital que antes, los colores, los olores y la comida, mas sabrosa que antes. Siento la vida palpitar dentro mío como solo creí poder hacerlo cuando volviera a enamorarme y sin embargo, no lo estoy.

Qué pena admitirlo, pero mi corazón está quieto sin que nadie haya logrado levantar su mortaja. Está silente en en el sótano de mi ser esperando que lo despierten de su letargo. Los disfraces del amor han sido sólo eso, disfraces, pasajeros. No los culpo, ni me culpo. Cada quien elige sus compañeros de viaje para cada momento de la vida, pero mi camino es aún largo y no me he rendido en la búsqueda.

De qué o de quién?

No busco el amor, pero si un sentido. Podría creer que este es el estado de equilibrio ideal, pero justo en este punto puedo reconocer que apenas estoy en la orilla de la montaña, que no he caminado nada, que todo lo vivido ha sido solo un entrenamiento para lo que viene luego.

La alegría.

Debo agradecer a los fármacos? A mi amigo psiquiaqtra? a la clarividencia de la madurez? O simplemente debo entender que un pequeño empujón químico puede solucionar varias cosas que tenía metidas en la cabeza, toda esa ansiedad por hallar algo o alguien que me devuelva el sentido a las cosas y a los sueños.

Ya no pienso en escribir.

Esa idea se ha esfumado de mí, desde que comencé a leer de nuevo. No merezco escribir mas que diarios y no merezco imprimirlos siquiera. En un mundo poblado por literatura fruto de innumerables posts con figuritas, que sería yo? Nadie, apenas la impopular protagonista de una vida cotidiana. Yo no busco novio y nadie me busca a mí. Qué de interesante podría relatar yo? Qué de entretenido?

En mi última no-date, apenas si pude mencionar que había hecho. Él hablaba del diseñador de modas que conoció, de la fundación, de un holandés hippie, de la mejor trucha de su vida y yo no tenía nada, nada para contar. No había conocido a nadie, ni había hablado en inglés toda la noche y lo mas exquisito que había comido era pan con leche y vainilla remojados.
Debería contarle que ya no me hace daño la lactosa? Que salgo temprano y cocino tarde? Que adoro llegar a casa y darme un clavado a mi reciente cama de 2 plazas? Que la disfruto mas cuando no la utilizo para tener sexo?


Yo no tengo nada que contar.

Se murieron 2 pacientes y hay una abuelita que me suplica le diga a sus hijos que la saquen al parque al menos una vez al mes. Tengo caminatas interminables por el hospital mirando las copas de las palmeras cuando cae la tarde y tengo el recuerdo de un gato amarillo que se puso en celo cuando comencé a imitarlo.

No hay muchas cosas en mi vida que contar y a pesar de ello mi vida interna está mas rica que nunca. Todo lo insignificante me produce tremendas sensaciones, toda la comida me parece deliciosa, toda la gente parece buena.

Yo no soy heroína porque nunca he luchado suficiente, me dejo ser igual que a mis sueños. Pienso con trsiteza que nunca sembraré un árbol, ni escribiré un libro ni tendré un hijo. Pienso que llevo fotos mentales de todos los árboles que he visto, de todos los libros que he leído, de todos los hombres que he acunado como niños.
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