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Mostrando las entradas de marzo, 2018

Irina

Casi al final del amor, Irina se mira en el espejo del ropero y no puede evitar decir lo que ha pensado toda la tarde:
-Ven mejor en las mañanas, cuando no tengo panza y me siento bonita. De qué panza hablas, mujer? Ni siquiera la he visto.
  Es mentira, pero Luciano lo dice con cierta dulzura. Le gusta bajar la cabeza hasta sus muslos y  arrastrar la cara sobre su vientre sintiendo el rumor de sus tripas. Eso le conforta, hay una sensación de realidad que le da piso después de haber estado todo el día mareado pensando en ella.
Irina hace un mohín incrédulo, se tuerce en la cama como un gato y se acurruca  frente a el junto a su pecho.
-A dónde viajarás hoy?
El le dice su itinerario de la semana con voz calmada, mientras pasa su dedo índice por esa cara ovalada y el perfil lleno de pecas. No hay nadie mas en quien pensar que en ella mientras está de viaje.  Abre y cierra los ojos  adormitado frente a la ventanilla del tren y piensa en ella a gusto, sin que nadie lo moleste. Sin que vengan l…

Aunque no sea conmigo

Sabes? Estoy en ese momento de la vida en que al sentir que haz perdido repentinamente a alguien no haces nada mas que recordarlo. Hoy por ejemplo, leí un cuento que me sobrecogió por su final y quise correr a contártelo. No sé, como si te importara. Como si alguna vez hubiéramos hablado de los libros que me conmovían, de algún autor mío que a ti te hubiera dado tanta curiosidad, que al pasear solo por ahí te habría dado la imperiosa necesidad de leerlo para saber que sentía.
Bobadas mías, lo sé. Estoy en ese momento del tiempo, ese en el que cada frase que hubieras dicho cobrara importancia y significados que antes no tuvo. Y siento, como ninguna otra noche que debimos haber hablado mas y pasado mas tiempo juntos …Ja, Como si hubiera un momento del día en que no hubiéramos hablado, no? Es que esa era la droga pues, la que te hace ir cada día por mas, la curiosidad, una historia a la mitad, un cuento mas de las mil y una noches  de esos que hablan de sitios distantes como Samarkhanda y…

Two strangers

Al caer la tarde el cielo en la costa me pareció del mismo color tornasol que la primera vez que me despedí de Sao Paulo creyendo que podría volver cada vez que quisiera. Allí había crecido como persona, por dentro. Fueron horas de conversaciones sobre la vida, pegados a una cerveza y a pizza barata. Entonces el olor paulista se me quedaría para siempre en la nariz, porque por aquellos días sentí esa ciudad como un invernadero gigante que me hacía florecer por dentro.
Esta tarde en Lima al comprobar que el verano se había ido para siempre y que ahora necesitaba vestirme para poder fumar en el balcón aguzando la vista en busca de los parapentes de colores sentí en medio de una lágrima que se coagulaba con el viento, que era el mismo cielo de aquella vez y que una nunca deja de crecer. Se marchitan algunas hojas y flores, el camino hacia el corazón se llena de espinas, pero siempre hay nuevos frutos por recoger.
Acababa de despedirme de el, pero sabía que no le haría un cuento como le hab…