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Mostrando las entradas de agosto, 2012

JUNIO

La puerta esta junta y yo finjo dormir, oculta entre mil mantas, almohadas pequeñas y extrañas fragancias; allí estoy acostada respirando quedito, pero no duermo, en realidad lo espero. Es el año 2007 y me he acostumbrado a que a mitad de la noche, un cuerpo helado busque abrigo con el mío. Sigiloso como un gato, dulce cuando calla y brutal cuando pide que lo ame de piel para adentro.
El amor no se pide- me digo. Nace, tiene que nacer. Pero nuestro amor ha nacido casi muerto, con fallas múltiples; a lo mejor y nos une la esperanza de recomponerlo en el camino. Nos une la soledad, le he dicho, pero quién sabe si ha oído. A mitad de la madrugada el llega cansado y yo espero cansada también que su figura borrosa se amolde a la mía. Con suaves movimientos que estremecen la piel más tibia.

Junio ha llegado con miserias varias a llenar de frio esa ciudad. Junio es su nombre también y dormimos juntos, sin citas previas. Como dos personajes ocultos en un cuarto del tamaño de una caja de zapato…

La mala hora

Me preguntas si el insomnio es una enfermedad.
Quiza es un vicio, me quedo pensando.
Quiza es que la hora en la que los astros ascienden hasta hacerse  inalcanzables  sea la mejor para escribir. No porque la ciudad calle, sino porque hay una hora pasada la cual, se desvanenecen todas las esperanzas y mueren las oportunidades de ser buscada o encontrada. Quedan libres entonces, los pensamientos mas profanos, crueles dictadores de dedos agiles y verborrea honesta.

Hay una hora a mitad de la madrugada, en que cualquier persona puede ser sincera, puede volverse poeta o pitonisa de los hechos mas escabrosos. Me agrada esa hora como tambien me aniquila, es la hora en que se abandona toda esperanza y ya hemos hablado bastante de la esperanza, verdad?

Me preguntas si tengo terapeuta y como se llama?
Mi terapeuta es negro y solo se recibe en pequenas dosis, va metido en una tacita pequena invadiendo con su fragancia cualquier melancolia reciente. Es el que me hace hablar a gusto cuando lo que …

EL PACTO

La primera cita sería en la verdulería, justo en la sección de las frutas. Recordaría luego el olor a piña cayena, duraznos maduros y manzanas chilenas, mientras lo esperaba. La idea de encontrarse por primera vez en el supermercado había sido suya;  era un lugar iluminado y seguro, donde estarían rodeados por mucha gente. De darse el caso podría huir o excusarse sin salir lastimada. Más allá de esa lógica de paranoia y protección la razón era mucho más casera: Era por los olores; en un futuro si algún sentimiento traicionaba su lógica usual de autoprotección,  apenas si podría evocar su recuerdo si estaba disipado su aroma entre las mil fragancias de las frutas importadas de aquel exclusivo supermercado.
Llegó temprano, contando los minutos, los pasos peatonales, las señales de los semáforos. El pacto era simple, ninguna palabra de contacto previo, no saludos ni gestos vanos,  irían directo a la acción de lo que les naciera hacer en ese momento. Un abrazo, un beso, un empujón si fuera…

Las estaciones

Mi vida había sido marcada de cierta forma por las estaciones, así como por las fechas importantes. La publicidad influyó en mi crecimiento, de tal forma que cuando llegaba Setiembre, yo realmente esperaba ver nacer la primavera. Las temporadas lluviosas me recordaban que debía escapar a un lugar cálido en donde vacacionar, incluso de mentira, incluso si ese año no había trabajado nada. Y llegado Febrero me preguntaba si de verdad el amor debía festejarse  en público.
Rompí antes de cada catorce de Febrero, intencionalmente o no. Había pasado la secundaria con la presión social de que debía conseguir un novio y me había opuesto radicalmente a tener relaciones con cualquiera a quien no amara lo suficiente… pero vamos eran los noventas, ha pasado un siglo de eso y me sigo preguntando ¿qué saben las niñas del amor a los 15, a los 25…a los 30?
Con el tiempo, me di cuenta que me había pasado la vida sintiéndome mal por no hacer las cosas que debía hacer en el momento en que debía hacerlas. …

La Culpa

El punto es que no es mi naturaleza de misantropía eterna la que ha salido a flote. No. Esta vez la culpa no la tengo yo ¿Qué culpa tendría yo de que me cruce con colegas hablando sandeces? ¿Qué culpa tengo yo de que a modo de conquista un tío me diga te quiero tirar? ¿Qué culpa tengo yo?


Y claro, esta semana deberemos trabajar nuevamente el tema de la culpa. La única manera de tener silente a una persona, a una sociedad o a un grupo específico de gente, ha sido siempre la culpa. Y en este párrafo me acuerdo de las mil veces que hemos hablado de esto con Rafa. Obviamente él lo sabe sazonar mejor y despotricar contra el capitalismo y la religión; pero yo no sé. Yo la única culpa que hallo continuamente es la mía. Una culpa que no es factible de traslado, una culpa agravada al ver la ineficiencia de los demás. Pero vamos! ¿Quién quiero ser yo? La salvadora de algo? Me he cruzado con héroes, soñadores y locos, con gente dispuesta a cambiar el mundo y yo… Yo aquí, mi única meta salvar a a…

REGRESO AL BLOG

Hoy...estos días, quisiera ser solo Laura Hammer, mi alterego-yo misma. La Hammer, como algunos prefieren llamarme, dotandome asì de una dureza de la que en verdad carezco.

Quisiera desaparecer un poco. No ocultarme, mas bien mostrarme. Mostrar un poco de lo que siento día a día, hoy... Quizá éstos meses el personaje no ha sido Laura Hammer, sino yo. Ideas, actitudes,  bùsquedas.
Quizá el personaje sea mas duro que mi alterego, quizá LH solo precise descansar del día a día, refugiándose en su viejo blog de absurdas melancolías. Quizá deba elaborar un cuento, un poema, transcribir una anécdota que haya dado vuelta muchos años dentro de mi cabeza...Quizá...

Pero no es eso, tal vez es solo que al pasar página a página lo que he vivido y he escrito, haya comenzado a extrañar rabiosamente a los amigos que perdí,  incluso a mis detractores, o a los fans. A esa gente por la que yo escribía y em animaba a dar uno y otro y otro...tal vez fue el tiempo en que mas permeable estuve, en el que ma…

Cortos: La pregunta

Me preguntaba…Y es que todo problema inicia siempre con una pregunta, ¿si es que algún día volveríamos a vernos? No era una pregunta cualquiera, no. Era una de esas pesadas puertas frente a las que uno pasa a diario antes de irse al trabajo y teme abrir, porque la respuesta no se limita a un sí o a un no, sino a ese “quizá” al que temía tanto. Porque, ¿Acaso no había sido siempre la presencia de ese quizá, de ese tal vez de esa probabilidad lo que había tornado los días un poco más difíciles de digerir que de costumbre? La esperanza, si, la esperanza,  de que al ser contestada la pregunta, estuvieran con ella todas las respuestas y piezas faltantes en el rompecabezas y que con eso la vida se hiciera un poco más simple. Ese, simple “algún día” era todo un paisaje de posibilidades, de tiempo, de situaciones, a las que usualmente, yo cerraba los ojos pronto. ¿Cuánto de mi había aun en el y cuanto de el yo tenía aun por todo el cuerpo? Las cosas que habíamos hecho, los trazos mentales de id…

Cortos: La chica que volaba

“No me da miedo el volar, me da miedo el lanzarme al vacio”- me dijo. Era una confesión bastante seria la que me hacía en ese momento. Yo asentí con la cabeza y me quedé callada, solidarizándome con su miedo. En ese momento de silencio, yo sentí miedo también. Pude sentir su vértigo, la boca seca, su nuca erizada, su espalda cubierta por sudor frio. Por un momento cedí a la gravedad de su miedo y abandoné esa valentía que te da la ignorancia, dejándome sentir  tan frágil como ella.
Encaramada en esa rama, su cuerpo delgado y pálido parecía el de un ave que acaba de nacer. Los faldones de su blusa blanca, se levantaron por el viento y ella los bajo rápidamente dejando un rastro húmedo en su ropa impecable.  Yo la contemplé sin decir nada, la verdad yo también tenía miedo. Tuve miedo y duda desde que partimos. Me aferraba al viejo árbol como si de él dependiera mi vida. Odiaba estar ahí, el dolor, el viento helado, su fragilidad y mi torpeza para trepar.
-Bajemos ya- intenté decir…intenté…