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Mostrando las entradas de julio, 2012

Cortos: No te cepilles los dientes

“No te cepilles los dientes aun”- me dijo. Era claro, que aun no habíamos terminado. Con esa media sonrisa, de caramelo envenenado me guió de la mano hasta el final del salón. Allí descansaban dos parejas más, apoyadas contra una pintura de un bosque oscuro,  hablando en un francés que de inicio se me hizo ininteligible. El se unió a la conversación con la copa de champagne en la mano, se acercó a la mujer y le susurró al oído como si fueran viejos conocidos, mientras me tenia  aún tomada por la cintura y su mano bajaba suave por el contorno de mi cadera. El humo de los cigarrillos inundaba el ambiente, como también la adrenalina. No sabía si reírme o echarme a correr. ¿Qué estábamos haciendo?   ¿Qué estaba haciendo él?

Tifon

No es que todas las veces el suelo haya estado mojado, ni que todas las veces hayamos caído, es solo ese afán que teníamos por entonces de salir a caminar cuando el cielo se ponía negro y alguien por ahí vislumbraba tormenta. Y es que como nos gustaban las tormentas! Con sus vientos azotando las ventanas y las puertas! Con  la playa que iba quedando vacía y las palmeras desencajadas al lado del camino, en un largo desfile de damas despeinadas tratando de mantener la postura. El barco abandonado en el centro de los manglares, el olor a lluvia, eso recuerdo.
Y no todos mis recuerdos son verdad, como tampoco todas tus cartas fueron mentiras. Las largas cartas al empezar noviembre, el mes de los tifones y mi ansiedad por esconderme en el lugar más apartado de la casa y leer una a una esas dulces mentiras: Volveré el mes próximo o el siguiente y el siguiente y así, se iba pasando la vida, pedaleando la bicicleta cuando la  lluvia caía, cuando la gente mayor decía que no saliéramos. Así se ib…

Julio 24

Si miro para atrás no podria reconocer el momento exacto en que me he perdido. A mí. A la palabra exacta para describirme;  tal vez es porque hay muchas- me dice alguien. Sin embargo en la juventud, hay un momento en que si se puede describir cada objeto o cada persona, con una sola palabra. Es la simpleza de la honestidad infantil: Padres= amor;  profesor= respeto; escuela=aburrido; libros=sueños; enamorado=pasión… De pronto una empieza a crecer y los límites entre esas palabras se van disolviendo.  ¿Amor, pasión, respeto, enamoramiento? Quién sabe realmente lo que es…Una persona pasa a desconocerse y a lentamente diluirse en palabras y conceptos que no son suyos, que son de alguien más, de muchas personas más que inventaron las palabras y los conceptos antes que nosotros, como si fueran leyes en los que debiéramos necesariamente encajar.
El pasado parece entonces más sereno, tranquilo y feliz, pero…!que agradable es descubrir la complejidad de las personas ahora! de los eventos, de la…

La mala idea

Y de pronto las palabras comienzan a caer del techo, como desprendidas estrellas de una noche que ha oscurecido demasiado pronto, caen aquí y allá, han inundado mi vaso de agua, mi café recién servido, salpicando de negro aroma los papeles en donde garabateo, sin ideas, sin ningún rumbo sobre lo que me depara la vida esta mente que vuelve de la lucidez al sueño como en una espiral incontenible de sentimientos, de ideas y ansiedades. Caen las palabras, son un torbellino de tinta platinada, invisible que solo ven los locos, los alucinados, los que creemos. Y se aplastan en mi sillón, en la pantalla de la teve, en los libros que ya no leo. Han caído mil palabras hasta inundar ese espacio en donde te pienso y no te encuentro, persona sin rostro, ni cuerpo; compañero de noches en vela y de amargas verdades. Tapan tu presencia melancólica, tu recuerdo y la añoranza por esa materialización que no llega. Son palabras, esas que no salvan, ni amortiguan el dolor de una caída. Apenas estrellas s…