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Mostrando las entradas de octubre 4, 2009

4. De Hormigas y de Mantis

-A mí no me molestaría quedarme, es un lugar hermoso después de todo.

Vilma que sujetaba el espejo con la mano izquierda enfocó a la cara de Olivia al terminar de decir esto. El sol caía débilmente sobre los cabellos de Vilma rojos como un chorro de sangre sobre la mano casi transparente de Olivia. Era una hermosa primavera para contemplar Cuenca de lejos, pensó. Sobre el césped las dos mujeres dieron una larga mirada a la ciudad cortada por el mar llena de techos de de calamina y alguna que otra iglesia.

- Siempre sentiré que no pertenesco allí, refutó Olivia con esa voz bajita como de quien agoniza que ponía cada vez que las palabras se le iban estancando en la garganta.

- Si no perteneces allí, entonces a ninguna parte flaca.

Olivia paró un momento de hacer la trenza a su amiga. Su cabello perfumado le causaba la misma alergia que todas las cosas artificiales que pasaran por su nariz.
En los últimos años se había vuelto alérgica a la plata, al látex, a la ropa de encaje, a las frutas co…

Felipe y el fantasma

Felipe abrió la tapa del piano y corrió sus dedos delgados encima de cada una de las teclas hasta que el sonido agudo de la última lo hizo estremecerse de espanto. Llevaba años sin volver a esa casa y al entrar el olor a moho y humedad casi lo habían mareado. En el otrora amplio salón, la luz opaca de otra tarde otoñal dejó ver las miles de pertículas de polvo moviéndose lentas bajo el haz de luz. Se sintió un fantasma entonces y esa imagen de si mismo ya muerto y sin ninguna esperanza le causó el mismo desazón que ahora lo llevaba a cerrar rapidamente el piano alejándose hacia la puerta.

Las ventanas casi cubiertas por enredaderas de flores lilas dejaban ver del otro lado de la propiedad la nueva autopista en construcción erigiéndose como un límite entre la ciudad y su olvido. Hubiera sido grandioso remodelar la casa, el salón y la escalera casi destruida. Podía imaginar a su madre allí festejando sus primeros pasos de baile o a su hermana tocando el piano. La larga mesa llena de inv…

3. Liliana Sánchez, la actriz.

Al despertar ese viernes, Liliana Sánchez aun con los ojos cerrados buscó a tientas a Leonardo para contarle que nuevamente había soñado con el mar; pero esta vez no como siempre navegando o ahogándose en él, esa noche Liliana había soñado que lo veía desde un departamento nuevo a solo una calle de distancia, un mar brioso azul hasta el horizonte, con ese olor penetrante que ella recordaba de su natal Cuenca, iluminado por los rayos de sol. Un mar precioso y extenso.
Su mano buscó en vano a Leonardo a su lado, bajo las sábanas revueltas apenas su pijama impregnado de olor a cigarrillos quedaba como testigo de que su esposo aun pasaba las noches con ella. Se tapó la cara y quiso llorar un poco, como un ejercicio matinal diario que le ayudaba a soportar el resto del día, pero no pudo. Tal vez ya estaba seca, pensó.

Se puso la bata de felpa y abrió las cortinas con una mano delgada y llena de venas multicolores, así la había descrito él la primera vez, cuando aun estaban enamorados. Una m…