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Mostrando las entradas de enero, 2011

A medio Enero

Hoy no es un viernes de café, es sábado y es de mañana en Lima, una mañana clara sin mucho calor, el mar se ve azul desde mi balcón y la música de Maria Rita se abre paso entre el ruido del tráfico golpeando la mamapara de vidrio de mi casa. Que extraña y orgullosa me pone decir mi casa, es mi mayor lujo creo, aunque nadie lo sepa,
aunque si camino por la calle con ropa que no está de muy de moda,
nadie pueda pensar que yo, yo, la pequeña Laura haya comprado su propio lecho de rosas,
desde donde mirar el mar,
en días como éstos en donde me siento a disfrutar de no hacer realmente nada.


Estaba tan feliz con las gafas puestas, tomando café y baños de sol en el pequeño balcón que luce más fresco que cualquier lugar de casa, que por un momento pensé que todo lo que se avecinaba sería muy difícil.
Qué difícil es dejar la comodidad de lo seguro por lo que uno anhela que pase.

Me encantaría invitarte a casa, poner una web cam y hacerte muecas mientras tomo el café con toques de vainilla…

Tarde de Promesas

¡El cielo hoy ha sido de color rosa!

Sí, yo lo he visto mientras atardecía y entonces recordaba mi último amanecer en Sao Paulo,
 atravesando la ciudad aun en silencio, los rieles, los puentes, la vegetación que rodea al aeropuerto y la sala de espera.
 Esa sala de espera en donde nadie tiene nacionalidad y sólo se dedica a volver.

¡Que tristes son los aeropuertos cuando no te quieres ir!



Ha llovido al caer la noche, pequeñas gotas al inicio, luego grandes cuerpos hídricos rodando hasta descarrilarse en los parabrisas de los autos.
Yo he salido de mi consulta sin guardapolvo y queriendo esbozar una sonrisa.
Cada vez que recibo dinero quisiera comprarle algo a mi madre, siempre lo pienso, pero nunca lo hago.

No me cubro, voy lentamente al paradero pensando que debo seguir despierta muy despierta para que en esta ciudad sin ley ni orden, no me pase nada.
ara que el regalo a mis padres sea permanecer viva. Eso me ha mantenido hasta ahora libre de mí,
de mis ansias de mandarlo todo …

De mañana

El cielo es claro allá afuera, la luz del sol va entibiando las ventanas vacías de los edificios abandonados por toda esa masa que trabaja temprano en la mañana.

Yo me quedo en casa,
 me siento enferma, a menudo me siento enferma y con dolores varios que prefiero no contarle a nadie. ¿Quién entendería, sin dar una piadosa mirada que sólo agradece no ser las víctimas de ese tipo de dolor?
Es mejor así. A ella no le importa nada- suelen decir. Si pues, tal vez no me importa nada.


¿Te duele menos? Me preguntó él ayer.
Bah, ¿Menos qué cuándo?- pienso, si yo siempre llevo un poco de dolor encima.

El día es claro y el año ha comenzado con una repentina pereza y sensación de soledad.
Más gente alrededor y más soledad, eso es lo que ocurre siempre.
No hay ningún momento para pensar en uno misma.
La gente hace bulla, canta, baila y cuando no tienes un poco de alcohol en la sangre todo eso, simplemente cansa.
Entre ellos y yo se abre entonces un abismo, una llanura lunar que no quiero cruzar…