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A medio Enero

Hoy no es un viernes de café, es sábado y es de mañana en Lima, una mañana clara sin mucho calor, el mar se ve azul desde mi balcón y la música de Maria Rita se abre paso entre el ruido del tráfico golpeando la mamapara de vidrio de mi casa. Que extraña y orgullosa me pone decir mi casa, es mi mayor lujo creo, aunque nadie lo sepa,
aunque si camino por la calle con ropa que no está de muy de moda,
nadie pueda pensar que yo, yo, la pequeña Laura haya comprado su propio lecho de rosas,
desde donde mirar el mar,
en días como éstos en donde me siento a disfrutar de no hacer realmente nada.


Estaba tan feliz con las gafas puestas, tomando café y baños de sol en el pequeño balcón que luce más fresco que cualquier lugar de casa, que por un momento pensé que todo lo que se avecinaba sería muy difícil.
Qué difícil es dejar la comodidad de lo seguro por lo que uno anhela que pase.

Me encantaría invitarte a casa, poner una web cam y hacerte muecas mientras tomo el café con toques de vainilla y jugueteo con la pierna al aire en el ya oxidado balcón.

Me encantaría tenerte siempre cerca, mientras no puedas tocarme- ese es el mensaje.

Hoy decidí volver a escribir, así que dejé los libros con el marcador puesto, el periódico que promociona su nueva suscripción, las revistas de fotografías coloridas con rostros bellos de gente que no conozco, la vajilla sin lavar que me espera en la cocina, la cama terriblemente destendida, la ropa lista para la fiesta de esta noche. Dejé todo y me puse a escribir,
cerré la conexión a internet y abrí todas las puertas.
Así en esta corriente de aire deliciosa, con toques de mar y música agradable te escribo,
aunque la verdad no sé bien de qué.

Saudade- suena- qué oportuno pienso yo.

No soy buena para escribir de actualidad, a decir verdad no sé en que día estamos, solo aproximadamente adivino que son mediados de Enero, que hoy es sábado que quisiera estar en casa de mis padres, que quisiera ir a la playa con ellos y acostar mi cabeza en pequeñas almohaditas confeccionadas para las tardes de Enero en la  playa.
Quisiera dormir en la arena tapada en el pareo celeste, con un sombrero en la cara, mientras el mar me adormece y acaricia con su brisa mi cabeza despeinda,
despertar y ver a mi familia cerca a mí.

Yo no sé, no sé casi nada,

Sólo sé que hoy no había pacientes programados y de no saber que hacer,
de pronto hasta sentí tristeza y quise llamar a mucha gente para que me acompañara a desayunar
a hacer algo, a pasear,
porque tenía pereza de regresar tan linda a casa y tener que cocinar... porque..

Dios! Acaso no es de lo mejor desayunarse unos huevos revueltos con jamón para empezar la mañana?
¿Y un jugo de melón? Y un café?

Pero no quería hacerlo yo,
 era más fácil llamar,
salir a tomar desayuno en algún sitio donde se pudiera hablar largamente mientras me servían cosas a la mesa.

Luego reparé que tengo pocos amigos con quienes podría darme ese lujo- me refiero a tener una conversación entretenida, larga, perfecta en donde las horas se pasan como suaves páginas de un libro muy querido. Atención a la mesa lo puede pagar cualquiera, que sea placentero, no.

Es media mañana, no quiero seguir hablando de mí, es momento de entregarse a placeres más inmediatos e intensos…

Pan ciabatta hojaldre con jamón, aceitunas verdes, queso y tomate. Té de durazno y sandía en trozos
( Ese será mi desayuno de hoy)

Buena mañana!
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