miércoles, marzo 25, 2026

Caiqueos

 Lima, 18 de Marzo


Me siento hoy enferma y débil, así que he acurrucado el cuerpo entre los almohadones soportando la tiritadera y el frío aunque afuera aun calienta el sol de verano en Marzo. Leo libros, y me alimento sin ganas preguntándome si es un virus o si se trata de ese absurdo del que hablan los viejos en mi pueblo  cuando el sopor llega y la debilidad invade el cuerpo sin causa aparente mas que el morir de alguien cercano.  Será que estoy “caiqueada” ? Me he enterado que alguien en la familia está muriendo, ya hasta han pedido oraciones y mi cuerpo no puede estar mas que debilitado. No podría ser mas sensible a esos hechos mundanos. A pesar de ver morir a diario tanta gente con la que no me une vínculo alguno, cuando llega a ocurrir una desgracia familiar, el malestar físico me suele invadir de repente. Quizá solo fabulo, mi yo racional explica los procesos de la enfermedad y los estados inflamatorios pasajeros, no haya nada que temer, ningún “caiqueo” o cosa similar está rodeando mi casa. Sin embargo me siento algo triste y cansada.


A veces no puedo evitar sentir el clamor de cosas que no me competen y de sueños que me perturban. Antes de iniciar la guerra, una de las tantas guerras de estos últimos años, tuve de nuevo uno de esos sueños en que mi habla era otra y saludaba en un lenguaje que desconocía pero en el cual los otros me entendían perfectamente. Había tanta tristeza a mi alrededor y corrí tantas veces por esos pasadizos, mientras gente me esperaba con armas diciéndome que era mi momento de huir, que a pesar de despertar e ir al baño volvía a dormir y a repetir el mismo sueño. A la mañana siguiente ya estaba en las noticias los misiles, las muertes, la desolación y los gritos.


No quisiera tener esos sueños, pero supongo que es otra de las cosas con las que tengo que vivir  y preguntarme el por qué de las coincidencias y mi estar y no estar en el mundo. No será una forma de enloquecer paulatinamente? A los veinte años pensé que si dejaba aflorar esos sueños y relatos en mi cabeza terminaría alguna vez en un brote psicótico donde acabaría por olvidar los límites de la realidad y el sueño. Todos estamos locos, me dijo mi mejor amigo, ahora vuelto un flamante psiquiatra, solo que somos locos funcionales. Después de aquella charla no me quedó mas que convivir con las rarezas de la gente, no lo que te cuentan en la primera consulta ni en la primera cita, sino lo que te cuentan en el silencio de la intimidad, cuando se sienten confiados y te dicen a qué temen y en qué creen. Acaso profesar una religion no es una suerte de locura extendida ? A dónde ha llevado el fanatismo en cada lugar del mundo? Hacia dónde nos han empujado nuestras creencias mas profundas?


Al final de la tarde se presenta por fin una migraña. Y parece que todo el malestar anterior solo hubiera sido el aura que la precede. Toda esa melancolía, ese deambular aquí y allá subrayando frases mentalmente de autores a los que antes he leído. No hay nadie con quien hablar, es un alivio. Hablar me aleja de mis pensamientos, la mayoría de los que me rodean hablan superficialmente de cosas que en realidad no nos interesan a ambos. Me gustan las charlas de los primeros amantes, de las amistades que nacen, de aquellos que se hacen promesas, esas charlas son sinceras y hasta viscerales. Lo demás, la rutina, el dar a entender con gestos, es el tonto mohín de quien pide comida a domicilio para no ver que contiene y hartarse en silencio con frituras y televisión. Nada elocuente que decirse, el fin del amor. Así lo veo yo, eso es peor que estar caiqueado, es como tener un amor muerto descomponiéndose en la habitación de al lado, mientras dos personas se miran sin nada que decirse. 

lunes, marzo 16, 2026

Desaparecer

Mi hermana resume toda mi queja en la nueva frase que ha acuñado a su vocabulario desde que cuida de mi padre: “Chapa”. Así le dice cuando le acerca un caramelo y mi padre se tarda en responder.  “Chapa, ya, chapa” Es como un símil a “cógelo rápido, antes que se den cuenta y te lo quiten”. Mi padre entonces con esa mirada vivaz de niño travieso que no ha perdido a pesar de todo, estira la mano como un ágil lagarto que despertara de su inamovilidad y coge el caramelo, o coge lo que sea y sonríe, sabiendo que lo ha logrado. Le ha ganado al tonto, al que le deja el caramelo a la vista pensando que el está con la cabeza en otro mundo.


Así andamos todos, reflexiona ella, el mundo te da cosas, te pone al lado de personas que saben mas cosas que tu y si no estás atento a recibir ese conocimiento, se te escapa y no vuelve. Por eso chapa, y quien no lo chapa se queda bruto. Me agrada su capacidad de resumir las cosas en forma practica, en frases cortas. Yo estoy allí con toda mi reflexión melancólica de por qué mi sobrina no lee los libros adecuados, los libros que a mi me gustaría que leyera. A esta edad ya deberíamos estar debatiendo sobre Camus y hablando en profundidad sobre el sufrimiento del mundo, pero a ella no parece interesarle. Esta mas absorta en sus libros de fantasía de princesas y dragones, como si la realidad la fastidiara y quien soy yo para mostrarle de qué va el mundo? Me ha servido de algo leer tanto? Mi generación ha hecho algo mas qué quejarse unos de otros? 

Quizá el problema somos nosotras, remato, quizá es que nos quejamos mucho y quisiéramos que todo el mundo fuera como uno y pues no. Ella tiene su propio camino, ya descubrirá el cine independiente, ya se dará cuenta del mensaje oculto de los libros supuestamente aburridos. Y se decantará por música que no repita siempre las mismas cosas, llegará su tiempo y si su padre no la supo guiar como el mio, no es mi problema. Si no me quiere escuchar, entonces hablaré solo de los temas superficiales con ella, que podría hablar con todo el mundo.


Parece que te hubieras dado un sentanazo de realidad, replica mi hermana por el hilo telefónico sabiendo antes que yo de lo que va mi queja. Ya intentaste guiar si no se ha dado cuenta entonces no estaba tan despierta, quien no chapa lo que le dan de gratis, Simplemente lo pierde. 


- Felizmente no fui madre, le suelto haciendo pucheros. No habría soportado tener un adolescente que se negara a leer a los clásicos 

  • Ni ella es una adolescente ni es el fin del mundo no haber leído un libro serio.
  • Pero tu me hacías leer a Dumas a los 12 años !!!
  • Pero porque tu tenias una sensibilidad diferente…
  • MIra lo que ha hecho de mi esta sensibilidad de mierda
  • Al menos no tuve hijos, si salían brutos seguro que buscaba algún Taijeto
  • Seguro que no lo hacías
  • Bueno, pero seguro hubiera sufrido mucho y suficiente con mis pacientes. Oye
  • Qué?
  • Al salir del cine pensé en mi papá, hace diez años hubiera disfrutado mucho de esa película. 
  • Asi ?
  • Me gustaba mucho hablar con el y sus puntos de vista, me hacía repensar todo.
  • Mira qué bueno, con nosotros nunca tuvo tiempo de eso. Eran muy jovenes. 
  • Yo ya lo agarré jubilado y filosófico. 
  • Quizás 


Por la noche mi sueño es superficial y de sueños confusos, me despierto cuando aun la casa huele a brisa de mar, la bruma empaña todas las ventanas y los pájaros llevan despertando apenas minutos. Es de noche en el mundo aun y yo extraño a mi padre. Al hombre que era, al que no veré mas, con el que no volveré hablar de forma lúcida y dilatada, quien no me volverá a enseñar todo lo que me faltaba por aprender. Me siento tan ignorante, tenía tantas cosas por enseñarme y cogí tan pocas, que quizá no las supe entender del todo. Era adolescente y aunque tenía su misma curiosidad quizá me faltaba su ingenio para hacer todas las cosas que hizo. He recorrido a pie los territorios de los que el me habló y que conocía solo a través de los libros, con reparos geográficos, montañas y ríos. He tratado de seguirle el rastro en la propia historia del hombre en el mundo. Me he quedado tan lejos. Y ahora está ahi con los ojos mas claros que como lo recuerdo, caminando, comiendo, sonriendo, pero ya no es el. Ya no es el de las grandes charlas ni las bromas ingeniosas. Lo estamos perdiendo cada quien a su forma. Y cuando reparo en ello, me doy cuenta que también se muere un poco del tiempo, de lo que fuimos con el. De la niña que caminaba a su lado y oía sus largos relatos o lo ayudaba haciendo esos enormes crucigramas de palabras que desconocía. No sé, si como dice mi hermana estuve tan dormida, que no fui de las personas que “chapa” que aprisiona todo el conocimiento de mi padre que pude, solo tengo rastros de él, que se que viven en mi para siempre. Su melancolia por ejemplo, este amargo dolor por el mundo, por las cosas que no podemos cambiar, por la gente a quien no podemos cambiar y por tener miles de historias y estar atrapados sin tener a quien contárselas, porque no hay quien quiera oír de esas historias tristes. De esas historias serias y de libros aburridos. Miles de datos e historias se perderá con el como conmigo. Parados ante el abismo de una generación dispuesta solo a ver el bucle del horror y el entretenimiento, lentamente, desaparecemos.

sábado, marzo 07, 2026

Que me conozcas, dices

 A veces quiero que me conozcan. Quiero acercarme, lanzar una cuerda y decir aquí estoy, esta soy yo. Esto es lo que soy. Lo que he aprendido de mi, luego me da pereza. Hay cuerpos tibios que duermen a mi lado en mis recuerdos y callan secretos como yo sobre sus vidas previas, sobre lo que sueñan. Uno me ha dicho: “Temo que nunca halle la compañera de mis sueños” y he sentido pena por el, es solo un niño en una tremenda  envoltura de hombre que envejece solo.  Lo he dejado allí con sus cavilaciones y su colección de vinilos, esperando la princesa que lo rescate de su tedio. Todos en la vida estamos tan solos y no sabemos como acercarnos con cuidado a los otros.


Miro el mar y siento que no he dejado de ser la misma niña que ocultaba sus piernas bajo la arena para que el sol no quemara tanto. A la que los pelos le quedaban secos del agua salada y los ojos enrojecidos de tanto bañarse en aquella agua helada de los mares del sur. No hay mar como ese, lo compruebo zambulléndome con mi hermana una ola tras otra, la piel queda electrizada, los hombros tan vivos y ardientes de esa agua tan fría y azulada que una apenas se da cuenta que seguimos aquí vivas y eternas. Por eso reímos. Saltamos otra ola y reímos. No hay nada mejor que eso.  He viajado por todas las playas del mundo, por el caribe y por Asia, los océanos mas bonitos y de mares mas calmos con aguas celestes  turquesa y aquellas de color esmeralda, tibias y calientes algunas, pero ninguna me ha dado ese sabor de infancia, ese dolor helado entre las escapulas  que te congela el rostro y los muslos, ese frío que te despierta al saltar sobre la ola y sumergirte bien al fondo. No he conocido ese despertar en ningún otro mar como en casa. Esa  fría electricidad que va desde la punta de los cabellos hasta la última uña y que te susurra al oído: Estás viva, estás viva!


Ninguna de las personas que he amado ha amado el mar tanto como yo, les gusta mirarlo si, pero no correr hacia el. Hay una libertad que no se entiende si no estás mirando en la orilla como muere el sol allí  o como va el ritmo de las olas. No te sientes sola. Te sientes suficiente. Al otro lado del mundo hay gente muriendo en este preciso instante y yo tengo el regalo de ver una ola naciendo por primera vez. Es surreal, se lo digo a mi padre aunque poco me entienda ya.  Pero el mar nos une en su silencioso vaivén. Hay un lenguaje que no necesita de palabras, veo los ojos de mi padre perderse en el horizonte, hay palabras que ya no puede decir pero se leen perfectamente. Hemos estado tantas veces en ese mismo lugar, que no se necesita decir nada para estar bien. 

 Quizá hay algo de misticismo en esa contemplación, quizás por eso me siento mejor cuando recorro pueblos pequeños y villas de gente sencilla que en grandes metrópolis. Esa gente que vive en los edificios altos y rodeados de concreto han perdido la conexión con todo lo que existe, miran el móvil, miran sus cuentas de ahorro, miran el reloj, abrazan el tiempo. Y me cuentan de sus logros y ambiciones y siento que quizás yo no tengo ninguna mas que aprender a hablar con la gente, saber reír en muchas lenguas y caminar sin dolor. Hay algo que ha cambiado en mi, poco a poco, o que siempre estuvo allí pero no le di importancia. Lo descubro cuando estoy en casa, en familia, cuando retozo a medianoche con mi hermana sin mosquitero disponible contándonos historias de los abuelos y vecinos que no conozco, riendo de nuestro pasado, mas enrevesado que cualquier casa de los espíritus. Entonces me descubro, soy del ADN de esas personas sencillas que se estremecen ante el relato de un duende, que tienen curiosidad por lo que dictan las estrellas y el tiempo de las cosechas. El resto es un disfraz, una ambición pasajera. Mi familia como muchas otras perecerá en el olvido pero yo me aferro a amarla mientras estemos juntos porque es lo único que conozco un poco mejor que el resto.


Qué habré significado yo en la vida de los otros? Para cada persona que se cruzó conmigo apenas habré sido una anécdota o una broma. A veces bonita y a veces fea. Me recuerdo a mi misma mucho antes de saber leer y escribir, aferrada a la reja de calle viendo a los niños pasar al colegio burlándose de mi cara o de lo que parecía un encierro. Yo viendo desde mi paraíso escondido el mundo exterior, todo lo que conocía estaba tras esas rejas y esas plantas.  No lograba entender porque yo les parecía algo feo, porque mi aspecto no era el de alguien con quien quisieran bromear o invitar a jugar? Que tenían mis ojos o mi boca? Por qué la gente maltrata a los que están del otro lado? He pasado años viajando y conociendo cientos de personas sin hacer vínculos fuertes, mi familia piensa que tengo un millón de amigos, pero me siento tan sola como siempre. Nadie me conoce realmente y yo no he llegado a conocer en profundidad a nadie, pero me dan curiosidad sus vidas, su contexto, sus por qués, la razón de la paz y la guerra. No me canso de caminar hacia los otros, aunque los otros no quieren quedarse o acercarse. Ese es el motivo de mi vida, quizá mi destino si era ser médico, pero no porque quisiera curar o sanarlos,  sino porque deseaba escucharlos. A todos. Aunque ellos jamás me preguntaran cual era mi verdadero sufrimiento. 

Caiqueos

 Lima, 18 de Marzo Me siento hoy enferma y débil, así que he acurrucado el cuerpo entre los almohadones soportando la tiritadera y el frío a...