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3 semanas

Me agrada ir sola al cine, sentarme en una butaca aparte, elegir yo la película. Generalmente elijo bien. Generalmente.
Y me agrada el olor al café aunque tomarlo me destroce el estómago, los capuccinos especialmente.



Tomarlos sola es algo a lo que aun no me acostumbro.


Pero es peor tomarlos con mala compañía, con esa gente que habla todo el tiempo, o con la que no dice nada. A decir verdad, son pocas las personas con las que se puede compartir un café y que este no pierda el sabor.


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Hoy me paré junto a la ventana, en el estacionamiento las ambulancias iban y venían. La emergencia paraecía un escaparate de gente en espera. La mayoría no eran emergencias. Solo fracturas, anginas, hematomas cerebrales. En medicina con elt iempo aprendes a diferenciar que es una verdadera emergencia, que dolencia en realidad si necesita que corras, que no pidas ningún examen solo que actues.


De la medicina me agrada saber cosas que antes no sabía. Entender las cosas que
los médicos no explican cuando eres paciente.

Desde la ventana la máquina de café se erige perfecta pintada de color azul y verde. La veo y pienso en café, en Colombia, en un lugar perdido entre cafetales y cielos azules. La publicidad lo consigue.

Consigue que yo sueñe con café y un lugar perfecto al mismo tiempo.


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He vuelto al gimnasio. Luego de 3 semanas y un millón de excusas. Me agrada estar ahí, no pensar en nada, abstraerme en dar el mayor esfuerzo, sudor, dolor, resistencia. No pienso en nada, a pesar de todos esos cuerpos perfectos no pienso en sexo. Eso me hace bien.
Hace 3 semanas había recaído. Cuando no hago nada recaigo, pienso en eso, como eso, sueño con eso, como el drogadicto piensa y se irrita queriendo su droga. Como el bebedor inventa artimañas para obetener su bebida; así me vuelvo.


Sexo, sexo, solo eso. Se vuelve una necesidad como comer o dormir, no puedo pensar en otra osa. Es tan triste.

A a veces quisiera encerrarme en casa. Destruir el celular, el internet la tv. Golpearme la cabeza como un adicto. Y así no buscar sexo por el medio que sea, incluso llamando al ex, para decirle que necesito eso, solo eso. Y soportar una negativa, una excusa. Lo de siempre.

Olvido en esos momentos que me prometí no volver a hacerlo, ahorrarme el mal rato. Elucubrar una posibilidad que no existe.

Debí destruir su número, pero igual como los alcohólicos que ocultan botellas en el closet, yo aun guardo números telefónicos de reserva, para esos momentos de intensa necesidad de compañía.

Volví al gimnasio, ahora es más fácil. Soportarlo, vivir así. Necesito tener todo el tiempo ocupado, es una de las razones de haber elegido esta carrera. NO quiero pensar, en mí, en mis necesidades.

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Cancelo mi salida de hoy y elijo una película. Helen Hunt, perfecto. Su rostro en la pàntalla se ve mas viejo con cada película, pero cada papel que elige es mejor, mas intenso. Se ve ideal en ese papel. Disfruto la música, los diálogos, la fotografía. Me encanta estar ahí, sentada con ese sabor a café diluyéndose aun en mi boca. No compro pop corn. Hoy no. Prefiero disfrutar sin hacer ruido ese tipo de películas de cuando dos personas se encuentran.

Me conmueve el nacimiento del amor. El hecho de que algo funcione.


He sido rechazada mas veces de lo que he sido aceptada, me agrada recordar
en el cine las veces que las cosas si funcionaron.

La mirada, el roce de manos, la palabra perfecta. Mi corazón salta del pecho, hasta duele. Han sido menos los momentos felices, pero aquellos que fueron, fueron realmente perfectos. Que duda cabe.

Ahora comprendo que aun conservo el miedo al rechazo. Rezagos de la adolescencia que tardarán una vida en curar.

Hacia el final de la película, la escena es perfecta y el sollozo de Helen Hunt su voz entrecortada, hacen que se me cuajen las lágrimas en el portal de la mirada.

Es agradable llorar en la oscuridad del cine, mas no lo hago. Después de todo acabo de ver una comedia.


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Al salir veo varias mujeres con sandalias. Pedicure con este frío? Que envidia, pienso. Mientras me decido en si comprar un nuevo perfume o ahorrar. Brasil está cerca, tal vez yo también debería hacerme un pedicure...o aprender portugués.

Antes de abordar las escaleras veo una mujer que me parece sexy, volteo a mirar.
Es un espejo. Veo la imagen rápido, si me fijo mucho puede que veo todos los
defectos.
Me conformo solo con ver como se me ha alborotado el pelo, como estoy adelgazando.Si yo fuera hombre me gustaría. Me gusto ahora, me gusta quererme un poco más ahora que hace 5 años.

Claudio estaría feliz. Cuanto llevamos sin vernos! Yo era una mata de pelo cuando nos conocimos. Supongo que por fuera no he cambiado mucho. Mientras, aquí adentro han pasado estaciones completas.

Sé sin embargo que en sus ojos, volvería a reconocerme. Lo creo. Solo él me ha visto así como soy: Completamente feliz. Nunca lo he sido con nadie más. Por eso no creo que nadie me conozca realmente. Me llevará uan vida darle las gracias por haberme descubierto a mi misma.

No me hubiera atrevido sola.

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No debí elegir esa música hoy, no me permite escribir, pero hace tiempo que no salgo a comprar CDs, tampoco libros. La última canción me lo recuerda. Pienso en él y que ya no deberíamos hablar, es mejor vivir en un mundo sin señales ni destinos, ni coincidencias. Sin embargo, el solo enterarme de que ha podido morir hace 3 semanas, me eriza la piel cuando lo oigo por el hilo telefónico. La posibilidad de no volver a verlo, me saca de cuadro, me vuelve una persona común, sin sueños, ni esperanzas, un ente solitario.


Lo que deba suceder sucederá, es mejor no continuar algo solo por miedo a
que no ocurra.


Hoy iba a escribir que pensé ayer en el taxi camino a casa, cuando iba callada sin tratar de hablar de nada. Viendo la lluvia caer sin decidirse a mojar del todo. Iba a escribir eso, pero tal vez ya no debería escribir sobre personajes basados en mí. Debería escribir sobre la gente.

Gente real con historias reales, eso rompería el círculo y podría refrescar las cosas que tengo agazapadas en medio de la cabeza.

El día que deje de escribir de mí o sobre mí, o camuflarme en medio de la vida de otra gente, habré madurado.

Mientras tanto, aquí vamos. Subiendo escalones y cayendo cada vez que se pueda.

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