Ir al contenido principal

Olor a hembra

Hoy recordé a qué huele una mujer...Me refiero a una mujer normal...sin perfume, sin artefactos, sin nada. Que perturbador. Millones de recuerdos vinieron a mi, allí desnuda bajo la frazada tibia, la sábana enrrollada en los pies, inmóvil con las manos en el vientre, esperando como un capullo. Como alguien muerto.

¿De dónde sale ese olor? Me pregunté. ¿Emana de su cuerpo, su pecho, su piel? ¿No lo calman el jabón, el perfume ni las cremas? ¿Puede ser tan imperceptible como intenso? Algo a lo que te acercas y te marea, te tumba de la impresión de no ser ningún olor conocido.

Trato a diario de cubrir mi olor, me avergüenza, pues me identifica. No creo que hieda, es más alguno que otro hombre ha comentado que mi olor natural es rico..delicioso según el más poético. Un olor que aguarda aquí cerca del cuello, en la nuca, por los hombros. Un aroma de mujer que me va cubriendo como un disfraz invisible, mientras aguardo al acecho. Un perfume tuyo, exquisito- dicen con ensayada destreza.

Yo entonces me burlo, culpo al shampoo, al reacondicionador, a los productos Dove que se meten en mi hasta el periostio. Pero no, los hombres dicen que es mi olor y eso me asusta. Me asusta mas que si me vieran calata, sin maquillaje, con el cabello enredado. Es una identidad que no se oculta ni se disfraza. Ese olor, maldito olor de mujer.

De mi infancia recuerdo pocas cosas perturbadoras y recuerdo ese olor, de cuando las empleadas te abrazaban, vestían y acurrucaban en sus camas. ¿Es un recuerdo o una pesadilla? Recuerdo el olor de la humedad alquitranada en los maderos del cuarto trasero, de su frazada que olía a guardada...de ese silencio, de esa sensación de ahogo, de miedo entre sus brazos.

Despierto.

Me pregunto si se siente ese olor a mujer cuando me acerco. O si lo cubro demasiado bien. Ese olor a hembra como me dijo aquel profesor degenerado en un viaje escolar. Ese olor que delata que eres diferente. Que tu piel es diferente, tu cabello lo es, toda tu emanas ese olor incluso antes de la marea hormonal que identificara tu sexualidad como diferente, pues ese olor ya estaba allí.

Entonces me quedo perpleja olfateando mas y mas ese olor suave que surge entre mis pechos y me hace sentir como aquellas mujeres a las que su solo recuerdo me hace fruncir la nariz.

Mujeres sin perfume, sin maquillaje, con ropas holgadas, trabajando mientras se rien a hurtadillas contando cosas que en su jerga de medio castellano apenas puedo entender. Tengo 5 años, tal vez menos. Me agrada que juguemos a esos juegos, pero me atemoriza estar a solas con una de ellas. Estar en ese cuarto oscuro aun a medio día, sentir su calor mientras me dice juguemos.

El recuerdo de nuevo, es domoledor, casi extenuante evocar ese olor. Despierto.

Hoy recordé a que huele una mujer. En mí. Sin sexo, sin el olor de la masturbación de por medio, sin perfumes, ni adornos. Solo ese olor que se queda impregnado en las frazadas como una huella, que a los hombres agrada y a mi enfurece.

Un olor que delata, que te hace niña, víctima, alguien incapaz de defenderse.

Cierro los ojos pero algo de mí se queda percibiendo aun esa marea sutil que no había identificado en mí antes. Un olor de la hembra de especie. Sin romanticismos. Solo un olor que permanecerá aquí inluso después de haberme quedado dormida.
2 comentarios

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…