Ir al contenido principal

Los Regalos

Free Image Hosting at allyoucanupload.com


Yo he vivido corriendo por las escaleras en busca de regalos que no eran míos. Me he parado frente a vitrinas con cajas que no tenían mi nombre, llenos de listones rojos, de papeles brillantes, dentro de bolsas de papel llenas con popurrí de flores secas.

Yo he corrido tras obsequios que eran para otros y que por un breve momento he pensado eran para mi. Todos ellos, cada uno, cada fecha en la que había algo por regalar he creído que esos regalos llevaban mi nombre.

Y he visto canciones, poemas, dibujos. Fotos a color y blanco y negro; pinturas, desnudos y óleos; he visto todo eso que se regala cuando se ama pero nada era para mi, nada llevaba mi nombre.

He tenido que robarlos algunas veces y devolverlos de inmediato al comprender que eran para otra, para alguna otra, de las tantas que viven en la mente de los hombres.

De esas que navegan desnudas y evanescentes en las tardes soporosas; de esas que escriben veloces con la cabeza enmarañada ante pantallas luminosas; de esas mujeres que no son pero alguna vez han sido y se quedan como un recuerdo intangible al que es imposible desterrar del todo.

He tocado esos obsequios con dedos temblorosos, con tímidos ojos. Huyendo si alguien me veía envidiarlos. Ocultando mi rostro para que nadie notara que he deseado los regalos que eran para otras.

Y me he inventado un universo lúdico en donde una escoba puede ser voladora y un dragón echar fuego. Donde los peces pueden hablarme arameo y yo llegar a entenderlos. He inventado de los trozos astillados de la cruz de algún otro, carros de madera con ruedas hechas con chapas de gaseosa.
Y he construido cometas gigantescas creyendo que podía volar en ellas.
Doblando mis propios poemas como barquitos de papel para alejarme remando, soñando con soldaditos de plomo y regalos que nadie mas podría quitarme.

Porque yo he vivido haciendo obsequios míos con las sobras de los otros.

Y yo he vivido soñando, sin embargo, que algún regalo que fuera de amor era al fin para mi, sin equivocaciones. Y he corrido por las escaleras, pero jamás ningún cartero llamó a mi puerta para dejar algo que tuviera mi nombre, así como jamás algo de lo que quise fue mío. Ni nada se me entregó sin previa lucha.

Pero hace varios días que me siento serena y que he dejado de correr por las escaleras, esperando carteros que no llegan ni postales de otra parte. Yo he dejado de caminar presurosa y he cerrado los ojos… para tropezar con él.

Con ese obsequio que aun no se ni como abrirlo, ni como romper el papel que lo cubre o atreverme a sacar la cinta que lo envuelve. Yo no se, que hacer ahora que por fin el obsequio es mío y ese “te quiero” lleva mi nombre.
Porque yo no se hacer nada mas que sonreír y sonreír, esperando que alguien venga y me despierte.
*
*
*
“Y yo me recosté en sus piernas , me arropé con un te quiero y en esa ida y venida de la realidad al sueño, supe que por fin era cierto”
*
*
*
***Oleo/Robles
27 comentarios

Entradas más populares de este blog

"El VIAJE"

Muriel subió al bus con la ropa suelta para viaje, con la almohada pequeña para apoyar el cuello el resto de la noche y con el antifaz oscuro, por si encendían las luces del pasillo durante su sueño. Sería un viaje largo y cansado, aunque no era el primero de ese largo año viajando por el país; si tuviera dinero, me ahorraría 15 horas de viaje con un boleto de avión- pensaba ella con su pesimismo habitual.

Subió última al bus y todos se la quedaron viendo, por su indumentaria rara de polera suelta y pantalones de pijama, la almohada, la botella de agua mineral y el bolso que se desparramó con discos y hojas sueltas por el pasillo, al subir. La terramoza vestida con minifalda y pañuelo al pecho, la ayudó a comodarse en su asiento al lado de un tipo obeso de labios pequeños. La reprendió con una fría amabilidad por su retraso en subir.

El hombre del asiento vecino apenas si la saludó cuando ella se sentó a su lado, entretenido como estaba mirando por la ventana a la gente que se despedía …

Poniendo el Pecho

Lo peor que me pasó llegada la pubertad no fue la menstruación, fue tener que usar sostén. Eso acabó con la libertad de mi cuerpo, fue el primer símbolo de que yo era una mujercita que debía ocultar su crecimiento.
Las demás niñas hablaban de que usaban "formador" y yo no entendía la palabra, que la relacionaba con algún aparato de ortodoncia. Creía que a mi jamás me pasaría eso; pero un día mis pechos empezaron a crecer y dos botones asomaron tímidos bajo la blusa escolar, sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Quise usar camisetas, frotarlos para que los pezones no estuvieran puntiagudos, pero nada daba resultado; del tamaño de dos chapas de coca cola, mis pechos empujaban por ver la luz. Yo me mantuve terca en no usar nada debajo de la blusa, pero los muy canallas seguían creciendo. Lo peor de todo: Dolían.

Si, recuerdo ese roce doloroso contra la camiseta escolar y mojarme con agua fría en las noches, para que dejaran de doler por el roce contra la ropa. Finalmente ten…

Olor a hembra

Hoy recordé a qué huele una mujer...Me refiero a una mujer normal...sin perfume, sin artefactos, sin nada. Que perturbador. Millones de recuerdos vinieron a mi, allí desnuda bajo la frazada tibia, la sábana enrrollada en los pies, inmóvil con las manos en el vientre, esperando como un capullo. Como alguien muerto.

¿De dónde sale ese olor? Me pregunté. ¿Emana de su cuerpo, su pecho, su piel? ¿No lo calman el jabón, el perfume ni las cremas? ¿Puede ser tan imperceptible como intenso? Algo a lo que te acercas y te marea, te tumba de la impresión de no ser ningún olor conocido.

Trato a diario de cubrir mi olor, me avergüenza, pues me identifica. No creo que hieda, es más alguno que otro hombre ha comentado que mi olor natural es rico..delicioso según el más poético. Un olor que aguarda aquí cerca del cuello, en la nuca, por los hombros. Un aroma de mujer que me va cubriendo como un disfraz invisible, mientras aguardo al acecho. Un perfume tuyo, exquisito- dicen con ensayada destreza.

Yo ento…