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Cuando los angelitos se van

Siempre quise ser como ella, tener esos 10 cm. más de talla y esos ojos bonitos o su boca pequeña. Las fotografías en las que siempre sale fotogénica, su ropa, las cosas que ha vivido. Su familia, lo que ha logrado. Yo siempre quise ser como ella, pienso cuando la veo entrar sonriente a casa.

Ella está contenta, ya le quitaron un peso de encima dice. A mi me agria el desayuno saberlo. Preferiría no haberme enterado nunca, pensar que hace solo unas semanas levanté el teléfono y ella estaba llorando desconsolada

-“estoy embarazada- dijo- ayúdame”

Yo me quedé fría, me imaginé todas las consecuencias de eso en su vida. De hecho le volvería la depresión, incluso la reactivación de sus otros males sicosomáticos. Lo único que le pude decir es que se calmara que lo que tenia en el vientre era un angelito creciendo, que tenía que ser fuerte, etc. de cosas que ya ni recuerdo. Ella se calmó un poco, me dijo “esta bien “y luego cortó.

Ella no buscaba mi ayuda como consejera. Imposible que una cría de 26 años le de consejos a alguien 10 años mayor que ha vivido todo lo que ella. Probablemente solo buscaba la salida médica “al problema”, pero yo no podía dársela. Ni aunque admitiera que todas sus razones eran lógicas y comprensibles. No podía admitir eso, en estos años había cambiado, no era la misma niñita de secundaria que cuando sus amigas le decían que estaban embarazadas se asustaba y pensaba “debe existir alguna solución”.
La medicina me había cambiado la visión del nacer y el morir. ¿Cómo explicárselo?

Cuando volví a hablar de eso con ella y me dijo a boca de jarro lo que pretendía hacer, no le hablé de eso. Solo argumenté que ella no lo resistiría. “Te conozco – le dije- no podrás vivir con ese sentimiento de culpa en la cabeza, te volverá la depresión, no es justo para ti, ni para tus otros niños”. Ella volvió a callar, yo me sentía mal por no poder ayudarla.
“solo dime el nombre de algún medicamento” esta vez había perdido la paciencia.
Yo me abstuve, tal vez por miedo. Tal vez porque conociéndola como la conozco, algún día le cambiaría el semblante y me culparía por lo mismo que ella quería hacer ahora. Ella es así, siempre necesita aprobación, siempre busca culpables. Eso hace que sea imposible ayudarla.

Cuando llamó para decir que le habían aplicado dos inyecciones que no sabia como se llamaban y que aun así “no se regularizaba” a mi me entró una especie de náusea.
“¿Qué hago? Ayúdame. Aquí esto es un delito”
Yo solo pedí que se calmara, mientras ese AQUÍ seguía dando vueltas por mi cabeza, rebotando contra las paredes de la conciencia y la ética. Aquí también es delito, solo que aquí, la gente que hace eso solo está unas semanas en prisión y luego la sueltan para seguir matando niños en algún hueco de la ciudad.

Cuando habló de utilizar esos medicamentos que hacen expulsar fetos muertos a las vacas, me asusté. Me parecía increíble que ella, la misma mujer que había rechazado usar la T de cobre o DIU como método anticonceptivo porque era microabortivo, ahora estuviera pensando en acabar con la vida creciente dentro suyo desde hace un par de semanas.

En ese momento solo se me ocurría culpar a la Iglesia, a eso que dicen que "cuidarse con métodos naturales o del ritmo es suficiente" sin saber cual es la realidad. Yo también buscaba culpables, porque no sabía que hacer para ayudarla. Verla desecha llorando, sin saber que haría ahora, sin dinero.
“Mi esposo se arrepintió, quiere tener al niño”.
Definitivamente era una maniobra manipuladora. El mismo había estado de acuerdo y la había convencido y ahora se arrepentía. Ahora la juzgaba, ahora peleaba. Cuando ya nos e podia hacer mucho.
“El doctor me ha dicho que no necesito cirugía, solo son medicamentos, porque solo son células” claro, es lo que dicen todos, para calmar a las mujeres y que lleven a cabo su cometido sin contratiempos. Para que paguen y se vayan contentas sin acusaciones tardías.

Es cierto, aun no está formado, pero yo se que hay vida dentro de esas cientos de células que han ido creciendo este par de semanas. Yo lo se, ella lo sabe. Todo era tan sórdido e incomprensible y yo debo callar para mantenerla calmada, para que no se deprima, yo debo poner cara de que no la juzgo, porque para eso estamos los amigos “para sujetar la mano”

Hoy ella está sonriendo, “aquí” le arreglaron el problema. Toda su cara compungida ha cambiado de ayer a hoy. Ahora solo habla del consultorio de ese doctor del cual no sabe ni el nombre. De su departamento lujoso, de su living con tres alfombras y sus copas de cristal. De la pintura con marcos dorados que llena las paredes del recibidor. Ahora solo habla de eso, como si no hubiera hecho nada.

“la carrera del futuro es la ginecología”- dice muy suelta de huesos. Te harías millonaria- me dice. Me ha cobrado S/.150 por 6 pastillas ¿no es formidable?
Yo le pido que se calle. Me quedo pensando que tan poco cuesta deshacerse de una vida, el costo de un blue jean, de un par de zapatos. Eso vale que ella vuelva a estar contenta y que vuelva a su casa como si nada, a ser la madre perfecta. Me pregunto ¿cuanto vale que “la reparación del daño” sea instrumentada? y hasta que edad gestacional ese “doctor” es capaz de reparar el daño?

Cada uno de eso cuadros en su pared y su departamento con vista maravillosa, han sido construido con miles de ojitos que no vieron la luz, miles de cuerpitos de angelitos a quienes se les arrancó las alas antes de tiempo. Pienso en eso y me asqueo, no puedo terminar de comer el pan que se me queda en la garganta. Cada cimiento de esta ciudad está sobre la vida de inocentes que no pidieron venir al mundo.

“Necesito el nombre de esas pastillas- agrega- si las llevo allá me hago millonaria ¿sabes cuantas mujeres están desesperadas por no perder a su marido, a su trabajo, a su vida? Y yo tengo la solución aqui, son solo un par de pastillas, si lo hubiera sabido antes!"
Entonces estallo y le grito todo lo que tengo atracado en la garganta junto a la miga del pan y el café. He soportado demasiado, solo para que no se deprima, para que no se sienta culpable, para que todo esté normal. La miro, yo siempre quise ser como ella y ahora estoy aquí gritándole mi indignación sin que ella se inmute.
“Hace meses no querías usar una T de cobre y me juzgabas por aconsejarla a mis pacientes porque decía que era micro abortiva y ahora quieres conseguir pastillas? hablas de una vida como si solo fuera cuestión de dinero y decisión, no te das cuenta? ¿Es que acaso no piensas?

Ella se queda en el medio de la sala con una cara de burla ante mi reacción de niña tonta.

Ahora yo estoy deprimida y ella está contenta. Pienso en ese temor oculto que yo tengo de jamás convertirme en madre y ella en cambio tan fértil, tan linda y eso no le importa nada.
Prefiere “acabar con el problema” y seguir viviendo como si no pasara nada.

No me hace caso, se va murmurando al baño “tengo que hablar con Shila, ella me va a conseguir ese frasquito”
Shila es su prima farmacéutica, seguro se lo va a conseguir. A ese frasquito de pastillas hexagonales que pueden solucionar embarazos no deseados. Seguro va a seguir actuando como a ella le da la gana. ¿Quien carajo le hace caso a una mocosa de 26 años, que siendo médico no trabaja en lo que de verdad da plata?
Ella se burla de mis prejuicios tontos, de mi ética que no ayuda a vivir a nadie. Ella ahora está contenta y yo me quedo aquí, deprimida, impotente. Asqueada.

Un angelito acaba de volar al cielo, sin saber de que color es el mundo real. Y yo no he podido hacer nada. Porque "aquí" no se puede hacer absolutamente nada.


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