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Fantasías y Besos de Moza

-Desea un beso señorita?

La propuesta del vendedor me deja estática. Luego comprendo que se trata de ese bombón de chocolate delgado cubriendo un interior níveo de merengue sobra una galleta de vainilla.
Esa golosina que se vende con el nombre de Beso de Moza. Acepto el chocolate y me voy caminando a casa. Son tan efímeros los pequeños placeres.

Pongo el beso en la boca y siento como si me hubiera puesto un chupón gigante, decido no romper su delgada envoltura de chocolate, solo lamerla, como si de verdad fuera un beso.
Me llena de sensualidad saborear ese bombón, comienzo a pensar en el origen de su nombre. Casi como besar unos labios de chocolate y una lengua dulce y pura. Eso debe significar lo de Beso de Moza.

Y sigo caminando calle abajo con el día nublado y no me da ganas de volver al departamento, recuerdo el otro en el que vivía de alquiler, en el último piso del edificio, con su azotea propia. Recuerdo esa otra vida que tenía, cuando aun era estudiante y yo también era una moza.
Era un bonito departamento de piso de madera con ventanas por todo lado y un patiecito central para tomar el sol. Lo más chistoso era el enorme ventanal en la pared del baño, era interesante sentarse allí y sentir el sol en la espalda, era casi como estar a la intemperie. Es el primer baño donde no me he sentido prisionera.

Y luego la azotea y su jardín oculto. El propietario del departamento tenia allí sus toneles con tierra traída de no se que valle, en donde sembraba árboles de manzano. Subir a la azotea era internarse en un jardín de árboles frutales y flores varias. Mi única obligación aparte de estudiar era regar el jardín y cuidar los manzanos. A mi me encantaba hacerlo.
Me gustaba pasar horas junto a la azotea viendo los autos pasar pequeños abajo y de vez en cuando soltar chorritos de agua sobre las personas que pasaban.

Pero lo que mas me agradaba de esa casa no era el jardín, era su ducha. Arriba había una habitación de madera construida para la sirvienta inexistente y una ducha con puerta de vidrio. A mi me agradaba bañarme allí, al inicio lo hice porque me agradaba sentir el sol del atardecer sobre mi, pero luego fue por un placer mas íntimo. Yo me bañaba con la puerta abierta.

La azotea era compartida y con un pequeño muro que dividía la mía de los otros inquilinos. Un muro suficientemente alto para que nadie pase, pero también de una altura suficiente como para espiar por allí. Obviamente no había ningún vecino cerca y por eso me permitía esos placeres. Al inicio con vergüenza y timidez. Luego con una antelación y placer contenidos.

Llegaba de la universidad temprano y subía a bañarme allí. A veces a medio día, esa fantasía de ser observada, esa fantasía de exponerse. ¿Quien sabe? A lo mejor era solo que siempre me agradaron los lugares abiertos. Salía sin ropa y me sentaba en la silla de madera a tomar el sol. Era agradable sentir los rayos de sol acariciando cada rincón del cuerpo, entibiando los muslos y el vientre. Cerrar los ojos y abandonarse a ese pequeño placer de tomar el sol sin ropa.

El viento movía las hojas de los árboles de manzano y yo cerraba los ojos sintiéndome tan feliz, allí desnuda, explorándome por primera vez en la azotea desierta, imaginando cientos de ojos y fantasías varias con vecinos enamorados de mi cuerpo aun no tocado por nadie. Lavando el jabón que se escurría lentamente desde los hombors hasta el ombligo, pantorrillas y tobillos.

De vez en cuando pasaba algún helicóptero y yo no abría los ojos, me preguntaba si desde esa altura alguien puede advertir a una moza desnuda en una azotea repleta de árboles de manzano. Yo apenas tenia 20 años y fantaseaba con besos robados y vecinos voyeuristas.

Dejé de hacerlo el día en que regaba las plantas y vi al nuevo vecino revisar la azotea con el contratista. Me llenó de temor que alguien haya tenido la llave del departamento de al lado y me hubiera acompañado en mis baños de sol, todos esos meses en que andaba enamorada de mi misma, tocándome sin tregua.

Me llenó de temor el saberlo, pero también de excitación el solo imaginar que las fantasías habían podido ser ciertas.

Ahora con mi beso de Moza en la mano, caminaba hacia mi casa, sin querer llegar allí con el invierno brumoso en las ventanas. Extraño las tardes soledas y los baños de jabón en la ducha de servicio. Extraño ese jardín oculto de cuando aun era una virgen soñadora.
Me preguntó que será de ese apartamento, que serán de los manzanos, del vecino imaginario de mis fantasías de chica. Entonces saboreo una vez mas el bombón de chocolate que tengo en la mano y decido darle un mordisco que rompa su delicada corteza café.

-Señorita, ¿desea un beso?- retumba aun en mi cabeza

Yo me imagino sin ropa en la azotea soleada, secando mi cuerpo mojado al atardecer, los cabellos sobre los hombros, los muslos juntos ocultando una timidez que tambien quiere ser desterrada con la ropa, imagino el sabor del chocolate suave entrando como un chupón dulce en mi boca y respondo que Si.

Si señor, yo si deseo ese beso.
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