JUNIO


La puerta esta junta y yo finjo dormir, oculta entre mil mantas, almohadas pequeñas y extrañas fragancias; allí estoy acostada respirando quedito, pero no duermo, en realidad lo espero. Es el año 2007 y me he acostumbrado a que a mitad de la noche, un cuerpo helado busque abrigo con el mío. Sigiloso como un gato, dulce cuando calla y brutal cuando pide que lo ame de piel para adentro.

El amor no se pide- me digo. Nace, tiene que nacer. Pero nuestro amor ha nacido casi muerto, con fallas múltiples; a lo mejor y nos une la esperanza de recomponerlo en el camino. Nos une la soledad, le he dicho, pero quién sabe si ha oído. A mitad de la madrugada el llega cansado y yo espero cansada también que su figura borrosa se amolde a la mía. Con suaves movimientos que estremecen la piel más tibia.

Junio ha llegado con miserias varias a llenar de frio esa ciudad. Junio es su nombre también y dormimos juntos, sin citas previas. Como dos personajes ocultos en un cuarto del tamaño de una caja de zapatos, con olor a moho de mitad de invierno. Me gusta. Hay algo transgresor en esa relación inhumana, nunca coincidimos de día, solo a mitad de la madrugada. El me pregunta cómo me fue en mi guardia y yo evito preguntar como le fue en el diario, si es que esta pasando algo nuevo en el pais me enterare manana.

El sexo surge sin contratiempos, sofocado por el silencio de la madrugada. Todos duermen, nosotros apenas estamos listos para estar suficientemente despiertos.

Hay una mínima esperanza de que esa relación resulte, nos aferramos con unas y dientes, a las sabanas, a las almohadas húmedas, a toda esa esponjosa ficción que hemos creado desde que nos conocimos. El me lee y yo a él, mientras poco a poco nos vamos perdiendo. Los dos como seres humanos reales a la luz del día apenas si nos reconoceríamos, pero mientras escribimos, vamos al mismo paso, sintiendonos, conociendonos...Perdiendonos.

Hoy he puesto esa música que sonaba cuando nos despedimos, no el 2007 sino dos años más tarde. Y me he puesto de pie en mi balcón altísimo, al que imagino como la proa de un barco, a ver la ciudad, las luces que titilan hasta desaparecer en la boca negra del mar. Hoy lo he recordado a mí pesar, porque las historias vuelven siempre durante la madrugada, reverberan las culpas y las razones a esa hora en donde como en un pasado no muy lejano, también nació muerta la esperanza.

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