Cosas que pasan después del Big Day

Cuando el Big Day llegó todo para mí había empezado con el pie izquierdo. El despertador sonó tarde, el pan estaba duro, mi chaqueta manchada.
Y él se iba.
Si, se iba y yo no podría despedirme porque la noche anterior había dormido por la migraña y por el cansancio de la posguardia y porque, que diablos necesitaba dormir. Pero aún así, mi corazón dolía.

Me estaba quedando sola y justo era el Big Day.

Me acompañó como niñita de colegio a mi primer día en el trabajo nuevo, llegamos tarde, cogimos el peor taxi de todo Lima, el mas lento, el mas viejo, al que lo pasas incluso caminando y cogió la peor ruta de todo Lima, la mas congestionada, la con más semaforos, la que tiene un millón de combis asesinas antes tuyo, en la que cruzan viejas con andador justo en luz verde. Esa vía cogió pues, la vía de mi estress máximo.


Y se iba y no había como abrazarlo y decirle, que gracias por la muñeca, que gracias por las empanadas, que gracias por la charla, que gracias por no irse del todo nunca. Pero en lugar de eso lo culpé por hacerme desayunar tarde, por coger el peor taxi de Lima, por hacerme la charla y descuidarme al ver que el taxista cogía la peor ruta de todo Lima.

No me despedí, me ensañé con él por reirse cada vez que yo estoy al borde del colapso.

Por poner esa cara de tonto, por hacerme sentir tan frágil llevándome al hospital como niñita de kinder, por verme con esa cara de adiós y sentir que se me frevolvían las tripas, que estaba a punto de vomitar, literalmente y con toda la bilis que eso significa.


Ese día no pasó nada de lo esperado, el Ogro de mi nuevo castillo no había ido, así que pasé desapercibida durante la visita y nadie me comió viva...bueno...en realidad fue como si nadie me hubiera visto y eso fue peor.

Ser mujer en un mundo hecho para hombres es demasiado solitario. Todo mi primer día aislada como maquinita nueva q nadie sabe usar.
Todo el mundo almorzando en grupos y dejándome al margen para q almuerce cuando ya no hay nada en la cafetería.
O todos yéndose a ver tv mientras yo me quedaba con los pacientes. O sus malditos partidos de fútbol, para que todos los hombres se desaparezcan por horas dejándome a mí a cargo de una pléyade de enfermeras que no me dirigían ni la mirada, trabajando y bromenado en lo suyo.

Un día de mierda pues.

Para la tarde del Big Day me di cuenta que apenas el trabajo empezaba. Ese lugar era un sauna y hacer procedimientos toda cubierta por ropa estéril y guantes de látex no mejora la sensación. Menos si tienes que poner tubos a una chica que ni siquiera puede adoptar el decúbito y te sorprendes a ti misma rezándole a Dios porque todo salga bien y no se complique la vaina, porque que pena la chica me cayó bien y tu sabes Diosito que cuando yo hago migas con mis pacientes se terminan muriendo, siempre es así, es un carma hacer amistad con ellos, siempre se complican y carajo Dios! haz que encuentre la maldita vena, porque ya va sangrando mucho y no quiero matar a nadie en mi primer día haciendo procedimientos sola.

Por fin, entró. Uffff, respiro aliviada y una bocanada de todos sus bacilos puebla mis bronquios, su cara de agradecimiento porque no le dolió mucho va acompañada de bocanadas de gérmenes y yo le agradezco a Dios y a mi sistema inmune el vivir un año más sin tener la TBC activa, aunque quien sabe porque como vamos de comer a deshoras tal vez lueguito se me active el Sr. Koch y me devore los pulmones como a la mayoría de mis colegas buena-gente.


Al volver a la unidad el siguiente acto de mi ópera chicha.

La aparición del Troll

Empieza jalándome a un lado para q vayamos a comprar a un sitio bien deprimente, mientras me va contando lo que mal que han hablado de mi, durante el partido de futbol.

El troll viste de azul y me llama para que haga su trabajo, yo le digo que no se pase de pendejo será mi primer día pero no vamos a empezar así. Menos si acabo de ver su cara de placer al contarme palabara a palabra todo lo que han dicho que harán conmigo para que renuncie pronto.

El Troll descompone su cara y se toma la segunda botella de agua que desaparece entre sus fauces. Inocentemente había pensado que esa botella la había comprado para mí, pero no, el Troll solo me saca de mi unidad para contarme el chisme y hacerme sentir miserable.

El chisme es largo, los hombres han rajado de mi como viejas, que si debo venir vestida así o asá, que mi ropa, que mis aretes, que eso no se permite, que eso pasa por aceptar mujeres para trabajar, mira que hasta han inventado que vine con las uñas largas.

Al terminar el turno el Troll y el resto se vestían para irse y me dejaban a mi. A mi!!! en mi primer día para que me quede con el hijueputa que dirigió el raje de la tarde, ese mamotreto de persona que se ha propuesto que renuncie o mejor, que llore delante de todos a la vieja usanza de la unidad, cuando hacían renunciar a las mujeres haciendoles mil preguntas horribles y humillándolas por no saber quien fue la abuelita de Einstein.

Todos se van a comer pizza y me dejan a mi allí sola, hecha mierda a las 9 de la noche.

Se van y estoy sola, solaaaaaaaaaaa...Un eco...y el olor a miedo por todo lado.


Supongo que a ultima hora algo les pasa y se arrepienten

porque el grupo de Trolls vuelven y hacen que el tio mamotreto se meta en su madriguera invnetándole un cuento sobre fútbol, mientras me ocultan para que no me vea y me haga quedar hasta las 2 de la mañana como es su plan original.

Luego salimos a la calle llena de ladrones, misios y putas y se niegan a jalarme en su taxi, porque ellos se van a comer pizza y ver futbol "acá cerca no más" y mejor vete sola que no pasa nada.


Llego a mi casa, quiero llorar, es horrible.

Quiero desesperadamente quejarme con alguien, escribirle a Rafa, llamar a Junio.
Pero solo atino al consejo de mi madre para cuando esté triste: Limpiar la casa.

Eso me consuela y me baja la angustia, el dolor, el miedo de otro día después de ese.

Quiero llorar, si.

No por trsite, sino por impotencia, por ser mujer, por ser la nueva, por tener esa apariencia cojuda de mujer hecha para sufrir. Por no tener a quien contarle nada. Por estar sola. Por llegar a casa y saber que no habrá nadie en casa esperándome ni ningun novio para llamarme y preguntarme como me fue en mi primer día.

Que no puedo contar con nadie.

Con nadie.


Me duermo.
Otra migraña.

Me niego a llorar para no amanecer con ojos de iguana delante de los tíos dementes esos.

Me niego y me duermo. Pensando que ya debería llegar el hombre que me quiera en serio, porque esto de extrañar fantasmas ya me está ahuevando la vida.

Otra vez una lágrima, otra vez me la seco. La migraña golpea mi sien hasta que me quedo dormida.


Al despertar hay mil llamadas perdidas y un mensaje que dice:

Gato querido, aun no me he ido y ya te estoy extrañando.

Pienso en su avión, en que rapido se nos va la vida. En ese te extraño carente de toda pasión, de toda conveniencia, de todo segundo motivo que no sea el extrañar porque si a tu mejor amigo.

Yo también, pienso para mis adentros y entro a la ducha dispuesta a lanzarme contra la vorágine de otras 24 horas en el hospital.

Esperando resistir bajo el agua,
como el agua.
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