Charlas de Viernes

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Me alegro que ya sea viernes, tenia muchas ganas de tomarme el café contigo. De hablar un poco, ya sabes. Volví al departamento y me llene de una ansiedad tremenda al ver el espacio vacío y recordar esos meses solo yo y mi mente. Pensé que no volvería, pero ya ves. Incluso la casa de mis padres me ha resultado incomoda, viviendo como vivo. Allí me la paso escribiendo y tomando el sol, pero ya era tiempo que volviera aquí. Es extraño, antes me sentía cómoda con mi soledad, ahora solo me aterra todo este tiempo perdido, este tiempo que no se comparte, un tiempo absurdo en donde no hago mas que escribir y oír música. Una de las ventajas de haber vuelto es que puedo oír la música que quiero a todo volumen y sin nadie chillando. Y puedo bailar, no sabes cuanta falta me hacia poder bailar sin ropa. Claro, aquí hace frío. Pero necesitaba soltar un poco el cuerpo. La ropa vuelve hurañas a las personas, las vuelve silentes, tristes.

Detesto no disponer de una bañera en este departamento, además mis viejos se encargaron de quitar la terma eléctrica para cambiarla por una a gas... que no llega. Me pregunto si la tendré que pagar yo, si finalmente en papeles este departamento sigue siendo suyo. Hoy me tuve que bañar con una olla de agua caliente y una taza, igual que los inviernos en que trabajaba al fin del mundo. Me trajo muchos recuerdos, estar allí sentada en la ducha, dándome tazas de agua tibia sobre la piel enjabonada. Con la música a todo volumen. Me compre el disco de Global soul, te lo dije? Bueno, también está muy interesante. Da ganas de seducir a alguien. No te rías. Hace tiempo que no me arreglo para nadie. Que uso ropa holgada y casacas gruesas, que el maquillaje es mínimo y que el cabello esta siempre medio despeinado. Hace mucho que no uso ropa interior, porque toda la que tengo es para “esas ocasiones especiales” y creo que ya mejor les pongo naftalina, porque “esa ocasión” no llegara nunca. Si, ya se es mi culpa, por autoexiliarme igual que cuando trabajaba. Reducir mi existencia a dos habitaciones y un computador. En la casa de los viejos no era tan difícil, al fin y al cabo en el comedor siempre hallaba a alguien para hablar, incluso me sentaba a revisar matemáticas con mis sobrinos. Pero aquí, en este departamento la soledad es obvia.

Hoy después del baño rustico, me puse crema en todo el cuerpo igual que en eso días, pero en lugar de ponerme la ropa de casa, comencé a aprobarme toda esa ropa que ya no usaba. Incluso un vestido algo sugerente que utilizaría en la fiesta de Año nuevo y que preferí guardar para algún “momento especial”...creo que me tendrán que enterrar con ese vestido, porque como voy no creo que haya oportunidad de usarlo. Ya sé; sé que debería salir a circulación, debería socializar, tal vez sí. Hoy mientras me vestía, bailaba y tropezaba en la habitación desordenada, oyendo la música que me hacia bien; pensé si no debería organizar una fiesta en este departamento, para comer bien y bailar un poco. No sé, unas de esas reuniones que hacíamos antes. Pero, es inútil, todos mis amigos se han ido o están en otro país; otros andan casados y me siento algo tonta de llamar a mis amigas del French para invitarlas a una reunión de tragos y música. Parezco desanimada, no?

No pues, si hoy hasta me vestí bonito. Increíble, hasta me siento delgada. Camino aquí, varios tipos lanzaron sus típicos intentos de piropo y me hicieron sonreír. Pero tengo algo de temor de volver a socializar, esa es la verdad. Hace un año cuando volví a la civilización, tuve la misma necesidad de salir, de querer vestirme y arreglarme para alguien, de comprar esa ropa que intenta seducir y me fue bien. Vaya que me fue bien. Fue en ese tiempo que conocí a mi ex el italiano, el único tipo que tomo la iniciativa conmigo, igual que en comedia romántica. Recuerdo que en uno de las salidas del cine me pregunto si salía con alguien y al responderle que no, se quedo con la cara tiesa y esa mirada de lunático que tenia, para gritar luego “Pero, que ¿Vives en un barrio de puro maricon o que?”

Yo me reí al ver su reacción, era tan explosivo en todo. La pasábamos bien, no había amor de mi parte, es cierto. Pero si fue una relación bonita, oyéndolo cantarme Farfalina en el oído cuando aclaraba por las mañanas o haciéndome correr de la mano por las calles, siempre deprisa, como si el mundo se nos acabara. Me pregunto que hubiera pasado si me casaba con el cómo quería? Ja, ese tipo estaba lunático, creyendo que yo era la mujer de su vida. A lo mejor ahora luciría una “bella cornamenta en la mia testa”. Porque hombres apasionados como el, te dejan siempre por una pasión nueva. Y todas esas virtudes que él creía que yo tenia, podían ser superadas perfectamente, cuando en nuestra relación no había rastro de amor.

Yo no lo quería pues, ¿cómo voy a querer a alguien con quien solo comparto buen sexo? Yo buscaba mas, tal vez lo sigo buscando ahora. Pero con menos esperanzas, creo que finalmente los hombres se ilusionan mas que las mujeres y quieren hacer cosas inmensas, grandes hazañas como guerreros épicos, Viajes, sacrificios, vivir como en una película... una ilusión que se acaba en la cama. Y de la que una tiene que despertarlos, como se despierta a un niño, fingiendo que no importa, que así tiene que ser. Que todo sueño acaba.
El problema es que una también se ilusiona y duele como un clavo incendiado, el despertarse.

Mira, hoy, a pesar de todo lo que te he contado estoy de buen animo. Creo que iré a comprarme un par de prendas “matadoras” y a caminar por las calles de esta ciudad de invierno. A lo mejor ya es tiempo que vuelva a circulación y en una de esas, puede, que incluso me enamore. Otra vez caray! Otra vez enamorarse.

¿Un cafecito para llevar?
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