Acantilados

Cuando era niña, mi padre nos llevaba a pasear a playas lejanas. Recuerdo pasar mis veranos en playas sin gente, alejados del ruido, para oír solamente el mar si nos quedábamos a dormir la siesta. Pero recuerdo también los paseos a esas costas reservas de aves guaneras, y caminar por la orilla de los acantilados viendo la costa blanca llena de sal.
Yo era pequeña y caminaba de la mano de mi mamá, mientras mis hermanos saltaban entre las rocas agrietadas detrás de mi padre. Yo temía a las alturas, al vacío, a los barrancos. Mi madre temía al mar.

Y la voz del océano golpeaba la costa rocosa adentrándose a sus túneles ocultos, llenos de tesoros escondidos por piratas que nadie logró jamás ver. Golpeaba el murallón de rocas bajo nuestro, y el agua era empujada desde los laberintos submarinos hasta la superficie, pulverizada en chorros de blancura salada. En cientos de gotas de una lluvia violenta que interrumpía nuestro paso, en estelas de agua fría que no llegaba a herir los poros. “Como un geiser” gritaba yo, viendo el agua salir disparada hasta el cielo por las grietas rocosas.

Y veo otra vez a mi padre desapareciendo en esa persiana de agua blanca y quisiera correr yo también a la orilla de los acantilados y no temer a la muerte, creyendo ingenuamente que si corro de prisa un día podré volar como una gaviota que no hace daño a nadie, con su chillido de soledad llenando el paisaje lejano de ese mar distante.

Y vuelvo a ver a los lobos de mar ocultándose entre las olas allá abajo, el arco iris a la entrada de los túneles rocosos, vuelvo a creer que esa playa se ha inventado solo para nosotros y que solo mis padres conocen el camino a ese lugar de sueños. Que solo en la inocencia de mi niñez he podido ver ese millar de aves en el perfil de la costa y ese océano mojando un atardecer carmesí.

Y ahora te cuento este recuerdo de infancia y quisiera dejar de hacerlo, quisiera dejar de pintarte cuadros que tu cuelgas en la pared de tu memoria. Dejar de escribirte cosas que deseo que veas con tus propios ojos, paraísos perdidos para que andes con tu propia huella.

Quisiera…¿sabes que quisiera? Dar un largo paseo por esa playa que a la distancia ya hasta me parece inexistente. Quisiera dejar de pintar recuerdos y comenzar a hacerlos contigo, a construir cada huella en la arena, cada muro rocoso, nadar en cada ola perdida, volver a cantar lo que he callado y danzar sin miedo a nada a más nada.

Yo quisiera esta noche, que dejes de leerme silencioso y te vengas a soñar conmigo, porque he vivido tanto tiempo temiendo las caídas al vacío que ahora solo se me ocurre comenzar a volar contigo.


****Aprópiatelo.
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