Amanece y es una aquarela azul que se derrama sobre lso árboles dle parque cercano. Brasil se ve perfecto, al comenzar la manhana, luego la caminata de 20 minutos por las calles empedradas de subidas y bajadas y por la tarde la lluvia.
Qué lluvia! Es un diluvio, una cortina blanca que en un minuto te empapa completamente haciendote comprender que en esta ciudad es un pecado slair con un vestido blanco en pleno febrero!
La comida exquisita, un pecado dejarla, lo nutritivo no se escribió en este país, pero si lo sustancioso, almuerzos para que te sostengan el día entero. Y los fines de semana, la pizza y la cerveza en alguna calle, con la lluvia sobre la cara.
Ir al Mercado Municipal fue una de las cosas mas aosmbrosas que he hecho, yo que temo ese tipo de lugaes quedé encantada. Tan vibrante, tan vivo, inútil abstraerse en su propia burbuja, el show adentro, las luces, la música típica dentro de la cafeteria al estilo de antiguo teatro, mientars la gente almuerza en el segundo piso, sabores de todas las especies y frutas de todos los colores. El humo tapa los ascensores de cristal y als escaleras que tiemblan cuando la gente desde los pisos superiores baila. Todo como un suenho, mientras afuera el peligro aguarda.
São Paulo se pinta asombroso y salvaje, cada día con una cara diferente, nunca te cansas de descubrirlo...Y yo solo un pasante...una hormiguita en mitad de su camino!
De Paranoia, Soledad, Amor y otras cosas que perfuman a la mujer hasta hacerla apetecible, abominable y unica....por suerte.
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