viernes, julio 10, 2026

Las amigas

 A veces y por mucho que las quiera, no puedo evitar sentir que estoy rodeada de amigas con pensamientos e ideas chatas con las que no podría compartir jamás nada de lo que me estalla por ratos en las sienes y por ratos en el corazón. He intentado algunas veces, pero sus comentarios son sosos, apagan el rumbo de lo que podría ser una charla profunda acerca de sentimientos o ideas que sacudan en la noche el coco, pero nada. Quizá han aprendido a huir de evocar esas ideas complejas delante de los otros y a sumergirse solo en pensamientos planos. Quizá es que yo soy una energúmena llena de ego que creo que solo yo siento y pienso, porque nadie me comparte lo que en verdad siente y piensa. O me comparten tan poco cosas que yo valore interesantes. Por qué la gente suele guardarse esos momentos de elucubración que yo tengo que recibir como descargas eléctricas diarias, se lo reservan para dos momentos en su vida: La del enamoramiento o la del rompimiento?  Esos momentos magnánimos en que se permiten en ser honestos con la caterva de sentimientos pasionales que pululan en sus venas. Ahí se suceden las frases poéticas, ahí las canciones tienen sentido y los relatos se tornan extensos, ahí deviene la mente en las interrogantes eternas, por qué no logró amarme? Por qué tenia que portarse asi conmigo si le di todo? Y las elucubraciones y comparaciones, con la dureza del clima, con un pasado remoto, con un designio fatal.


El resto de la vida, puros relatos planos, sosos, totalmente rendidos a lo que tiene que dar de si la vida. Si la tendencia es tal color, lo toman y se lo ponen. Sin oponer resistencia. Si está de moda hablar de tal programa hablan de ello como si se les fuera la vida, en ello.  Hablar de lo cotidiano, lo pasajero. De lo que dijo tal o cual sin profundizar mas en los motivos. A veces quisiera saber en profundidad que es lo que piensan y sienten las personas, pero se lo reservan- si es que deciden compartirlo- para hablarlo con sus parejas en el fragor del amor o la batalla. 


Me pregunto ¿con quien compartiré yo, el cine que veo, los libros que me acongojan, las imágenes que me quitan el sueño? ¿Con quien debo compartir mi sorpresa ante la vida, mi indignación ante lo que pasa a diario, mis deseos y frustraciones de levantarme en armas contra lo que no tiene sentido? Debo aguardar siempre un hombre? Una  pareja para contarle estas cosas, tan íntimas mías? 


¿Por qué la conversación entre mujeres en cambio debe ser trivial, fácil, solo para descargar el estrés del dia? Una conversación que cae en los tópicos de quejarse de todo sin asumir responsabilidad alguna.  Somos gente medianamente inteligente, medianamente leída, es que acaso no pueden darme una conversación que me deje tres días pensando. Que saque lo mejor de mi. Que me enseñe finalmente algo que no sepa. No solo hacerme hablar del circo usual de las redes y los colores, como si fuera una muñeca que cuenta chistes. No quiero saber de tu bebé, tu perro ni tu vestido nuevo, quiero hablar de política, de historia, de la película que te rompió el alma y que me recomiendes que libro leer para entender el momento social que estamos pasando. No puedo ser la amiga feliz que te alegre el dia solo porque tengo la sonrisa linda que a ti te da vergüenza fotografiar de ti misma. No puedo ser tu. Soy alguien que se rompe. Pero no lo sabes, quizá ni lo quieres saber, porque pensarás que eso es estar triste. 

Y si soy una persona que me angustio, que me angustia la idea de que la vida nos trague a todos como estatuas de sal que no hemos logrado cambiar nada, ni tener personalidad propia en medio de un tumulto de caras parecidas con filtros parecidos y ropas semejantes? Si me agobia esa idea y no puedo compartirla en medio del cafecito y el chisme y en cambio debo fingir gracia y soltura o tener una amplia oreja para oír los problemas cotidianos de los otros. “Que el perro que se comió la zapatilla o el novio que parece que puso el cuerno, o la nueva serie en el canal de streaming” Fingir, vivir fingiendo. Y a veces en ese naufragio de buscar hablar de lo que en realidad me place y no ser un rebote de lo que ellas quieren hablar,  caigo en el engaño de hablar con un hombre que parece que escucha, que parece que comparte, que parece que se agobia como yo con los males de este mundo y que puede reír del humor negro que es sobrevivir a brazadas y codazos en medio de gente que ya ni lee, ni se educa si no es con fines pro monetarios. Pero es un auto engaño. No hay nadie. Busco alguien que escuche y que me enseñe mas y solo dura dos días la fantasia, del novio-amigo, del amigo- maestro, del confidente-héroe. Caigo en la cuenta que es mi narcisismo el que me hace sentir lejos de todos y todas. Que quizá sea mi ego enorme, o su estupidez inmensa, pero que es mejor andar sola. Andar sola que fingiendo y asintiendo y volviéndome quien no soy. Porque tener una pizca de esperanza en que alguien en medio de una conversación ofrezca algo que me sorprenda o llame mi atención lo mas mínimo para compartir mis propios pensamientos, es una lujosa quimera, de la que ya voy abandonando toda esperanza. 

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