domingo, mayo 16, 2021

La carta

 De todas las veces que inicie una carta par alguien termine siendo yo misma el destinatario. No hay buen lector si no te intuye y a veces los que te intuyen ya no están mas. El tiempo se lo ha llevado todo con vulgar tiranía, sabes? Personas, sueños, objetos que enmohecen oscuros en sus esquinas, recuerdos de un pasado mejor. Quedan los lugares a donde huir cuando haga falta recordar de que estamos hechos y de cuando en cuando, esos lugares y casas también van cambiando, a pesar de cuanto intentemos no mover objeto alguno. 
Muevo mi dedo en el mapa intentando fijar la nueva ubicación de mi deseo. Cuan lejos puede estar una persona de ti! Cuantos tentáculos invisibles habrá que tender para acercarla un poco a nosotros. Y el espacio cercano se va poblando de esas futuras conversaciones, de alguna broma privada de la cual solo los dos conozcan el significado; de alguna añoranza a un lugar geográfico común, de acentos extraños que van  acostumbrando tu oído a ese nuevo universo de palabras y expresiones a medio camino entre su idioma natal y el tuyo.

He empezado esa carta y me he preguntado cuantas veces antes estuve en la misma situación, si  al recoger mis pasos de vuelta al pasado no serán estas las que tracen el sendero a quien fui realmente en esta vida. O aun mas importante: Quien creí ser.

Porque como debes haber intuido, no somos lo que refleja el espejo sino quienes creemos ser en esta vida. Con esa imagen nos acostamos un dia en el seno de la tierra para no volver mas. Pero vamos, esta es la visión solo de alguien solitaria, probablemente argumentes que somos lo que se ve reflejado en los ojos de quienes nos aman. Que hermosa alegoría! Podríamos debatir sobre el ser y el estar durante horas sin estar de acuerdo y eso lo hace grandioso. Que puedas hablar sobre eso en una carta y no se vuelvan la vida -y las cartas- solo un largo listado de lo que se hizo y lo que no se hizo.

Mis dedos se mueven en el teclado ahora, ágiles y expertos, recuerdo la primera vez que pude escribir algo que fuera solo mío. Que poder daba el teclado a mi melodía interna ! poco a poco fueron saliendo relatos, cuentos y poemas. No tenían porque ser buenos, lo importante es que fueran míos. De vez en cuando alguien leía y me animaba a seguir. Entonces yo hacía flotar los dedos encima del teclado, olvidando las tildes y las comas. Fluía mi boca a través de las letras, volviendo las ideas concretas a través de las palabras. Lejano había quedado el dia en que aprendí a mecanografiar. Llevar la pesada maquina de escribir de la abuela, una vez por semana a clases de mecanografía, en donde un profesor de dientes podridos, arrancaba las hojas del rodillo y las rompía en tu cara a la menor falta. Que ruido hacia entonces el escribir cualquier idea! Que ruido en todo la casa!

Ahora en cambio hay silencio. Un dia mi boca comenzó a hablar solo para si misma, dejándose ver mi alma solo a través de unas pocas cartas. Mis dedos no escribieron mas relatos, sino recetas y casos médicos. Pensé que había muerto y no me pareció mal el hacerlo. Había tenido mucho miedo de salir a la luz, durante diez años había cargado un nombre falso para escribir lo que me diera en gana y un dia ya no hubo mas que escribir, excepto cartas para mi misma, que me recordaran que pensaba o como pensaba. Mi extraña legión de seguidores también desapareció, todos habíamos crecido y nos habíamos hecho viejos y llenos de responsabilidades . Yo no tenia una familia propia y seguía escribiendo. Aunque sonara repetitiva y triste, escribiría esas cartas porque fijaban momentos de mi existencia en donde solo estuve yo y mis millones de dudas. Se habían acabado los cuentos, los relatos, los poemas. No era esta une generación de lectura, sino de imágenes, de recuentos rápidos de sucesos, las letras tenían que ser vestidas de música y fanfarria. Me vino a la cabeza todo el ruido de maquinas machacando textos sin sentido en esas clases de mecanografía. Éramos ahora eso? Solo ruido, rápido y sin sentido? Donde habían quedado las cartas con destinatario y destino? 

Hubo un sueño una vez en mi,  pero me resulta más difícil cada vez, adivinar cual era.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...