sábado, mayo 27, 2006

De Alguien y Algunos

* Páez...Te vi
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Parece que en el mundo real, todos deseáramos solo CREER. Creer, no en algo supremo, que para eso ya somos suficientemente racionales, inteligentes, actuales. Ya tenemos televisión e Internet y nos creemos capaces de obviar esas explicaciones del mundo construido a partir de lo incomprensible. De un ser ubicuo y perfecto, famoso por proteger el misterio de su origen, cualquiera sea el nombre con el que lo conozcamos.

Necesitamos creer en ALGUIEN, una persona que de pronto cambie los colores usuales del universo y nos haga perder nuestra visión perruna de lo cotidiano, una visión siempre a blanco y negro y a medio metro de altura o tal vez menos. Necesitamos creer en ese ALGUIEN que tenga el valor suficiente para decir las cosas que queremos decir, de hacer las cosas que queremos hacer, de impulsarnos a volar aunque no tengamos alas. Alguien simplemente en quien CREER y que con eso sea suficiente.

¿Dónde está ese alguien? Ese héroe de ficción para algunos, que dirá siempre la frase adecuada y vivirá la historia perfecta que no podemos tener. O ¿dónde vive ese ser? Que pudiera complementarnos y hacer cada día menos ordinario, cambiarle el sabor al agua o darle una esencia nueva a cada día de hoy en adelante.

¿quién es? ¿Dónde está? ¿Dónde deberia buscarlo(a)? Preguntas cotidianas, que son respondidas en cada mirada nueva, en cada nuevo contacto con alguien que sea susceptible de ser querido, admirado, alguien con el poder sublime de hacernos simplemente CREER.

Y sin embargo, no es necesario que esa persona esté. Que sea visible, que conozcamos el timbre de su voz. Solo es necesario CREER, porque mientras podamos creer que existe, todo estará bien; y es allí donde reside el éxito de toda comunicación actual, en el hecho de poder creer, que la persona que escribe al otro lado de la pantalla es tan real como quisiéramos que fuera, que tiene todas esas cualidades y defectos en las dosis perfectas como para hacernos confiar que el mundo continua su órbita pero ahora con un ritmo de fondo diferente. Con una estela de color exclusiva para nuestros ojos y en matices que solo podamos comprender nosotros. Dándonos un nuevo aspecto del día a día.

Por eso existen los cantantes de conciertos multitudinarios; los artistas de exposiciones asombrosas; las mujeres bellísimas de sensualidad increíble; por eso los oradores; por eso incluso los políticos…porque solo necesitamos creer y con eso basta para seguir vivos. Y no importa si somos el millonésimo creyente, el millonésimo fan enamorado. CREER, el solo hecho de creer ya nos es suficiente.

En cuanta gente creo yo ciegamente , sin importar que yo sea una más del montón. En cuanta gente imperfecta, que dice no merecer. En cuantos seres reales en que yo baso mi ficción diaria, de vivir creyendo. Porque a veces, solo a veces, necesitamos creer, en que existe ésa persona adecuada, que ya llegó y que puede estar muy cerca incluso dentro nuestro, aunque no tengamos el valor de aceptarlo como cierto. Porque necesitamos Creer, que todo estará bien, que ese alguien es único mientras dure y como dure.

Yo soy ALGUIEN para algunos. Así como CREO en muchos otros que son ALGUIEN para mi. Somos el millonésimo ser que cree y mientras esa ficción se siga dando, todo, absolutamente todo, estará bien.
El resto, es vida real y no hay porque reflexionar al respecto.

jueves, mayo 25, 2006

Charlas de sexo y café


Ya me acostumbré a las migrañas y a los sueños pitonisos, a lo que no me acostumbraré nunca es a la angustia de los días de ovulación y ese periodo en celo que la acompaña, todo ese pico hormonal que me trastorna tanto y que me hace querer poner llave a la puerta! Ves que ya te estás riendo otra vez? Caray! Parece que cada vez que hablara de sexo en éste país, hay alguien que abriera bien los ojos y sonriera queriendo saber mas, mientras se pone erecto en la silla. Pero ya te dije, lo mío no solo es el sexo, es todo el complejo neuro bio psicológico que antecede a la etapa en celo de mitad de ciclo; que con mi organismo venido a menos, me dura a veces 40 días, igual que las mulas! Y es que todo es parte de un círculo vicioso y para viciosos. Mis neuronas que están hechas mierda y que por cualquier estímulo externo me causan esas migrañas que la gente remilgosa llama graciosamente “jaquecas” y mis colegas llaman “cefaleas”.

Lo que más me provoca las dichosas crisis migrañosas son esos días a mitad de ciclo, o mejor dicho durante lo que yo llamo “mi periodo de estro” y con ésta palabrita ya me estoy comparando a las hembras de las que habla mi hermana la veterinaria. Pero es que lo mío ¡ya es casi animal! Si vieras en el estado de ansiedad que me pongo! Sin embargo, eso recién lo noté después de que ya no tenía pareja estable. Creo que debe ser la soledad y tener las manos desocupadas,( que a las finales y terminan bien ocupadas) porque ya sabes, con el SIDA y esas vainas, pues ya no confío en nadie, mas que en mí y mis técnicas de dígito presión…

Ves que te ríes de nuevo? No confío en los preservativos pues! Si ya dos veces que se me rompen y paso las de Caín calmando al otro y luego calmándome a mí, que para estos brincos ya no me da la vida. Un día voy a denunciar a esas fábricas de preservativos, porque el látex está cada vez peor. Habráse visto! Ya ni el sexo “per se” relaja, si estás pensando en los micro filamentos y en a qué hora se les rompe la porquería de condón barato.

Por eso que ahora estoy postergada aquí en la casa de mis padres, bien lejos de cualquier contacto humano o por lo menos masculino. Y es que ya te lo dije, la soledad te logra ilusiones ópticas y entonces tomas por amor al puro impulso de preservar la especie. Que no te sonrojes! que voy a dar la razón a mi querido Lugarteniente cuando dice que todos mis problemas de frustración vienen por vivir en un país como el nuestro, en donde los hombres copulan sin restricciones y las mujeres tienen que callar esos impulsos, para no parecer la aceituna en el pastel de fresas. Y es que por estos lares si una mujer dice que se acostó solo por impulso orgánico, la llaman fácil y ahí se le acaba el respeto.

No pues, pero si a eso no va la cosa. Que en esas vainas entre los sexos y las percepciones de lo socialmente aceptable, no me quiero meter. Lo que te cuento es sobre esas temporadas mías con picos hormonales, con migrañas de madrugada, con insomnio y ansiedad por nada y las noches llenas de sueños pitonisos. Yo los llamo así, porque hasta vergüenza me da el confesar que muchos de mis sueños sintonizan con hechos futuros estilo Pitonisa. ¿Ves que a mi me ruboriza más, el hablar de que tengo sueños que predicen el futuro que de mis noches “de encame”? Y es que creo que la carrera te hace un poco cruda al hablar de ciertos temas, que para los demás aún deben seguir con el velito del misterio encima, no vaya a ser que piensen que estás hablando en doble sentido y te estés insinuando sin darte cuenta. Y sin embargo si alguien como yo, criada entre los parámetros de la ciencia y en que todo hecho debe ser comprobado para ser aceptado, habla que un día a los 8 años se soñó viendo un secuestro alienígena a dos tíos desconocidos, que luego fue denunciado hasta por la radio, mínimo me amarran y me meten al manicomio más barato y de por vida!

Volviendo a lo del sexo, hace algunos días quería averiguar sobre bibliografía y diferencias entre el orgasmo vaginal y el clitorídeo, para hacer un artículo que no suene a cachondeo, sino a algo más científico, para desasnar gente retro, pero ¿Crees que pude? Apenas comenzaba a hablar de eso, mi interlocutor se movía en la silla, abría las piernas, carraspeaba y se llevaba la mano a la nariz, estilo García cuando va a decir alguna de sus mentiras doradas. A las finales abandoné la idea de explicar que el orgasmo clitorídeo es mucho más intenso que el vaginal producto de la penetración y que el primero, te puede llevar al calambre muscular y a la pérdida momentánea de conciencia, si lo haces o te lo hacen bien. Lo que me recuerda a un artículo de Marco Aurelio Denegri hablando sobre el sexo con bufeos (delfines de río) que tenían los hombres en la temporada del caucho y que los llevaban a tremendos desvanecimientos y pérdida de conciencia, porque ese orgasmo supera de lejos al experimentado con una mujer.

En fin, que se me quitaron las ganas del famoso articulito, no vaya a ser que me tachen también de bloggera erótica, que con sobrenombres como Laura Tornillo o Dueña del Código Martillinchi, ya tengo suficiente por ahora. Te repito, cada vez que hablo de sexo alguien se tapa los ojos con los dedos bien abiertos y me dice que ya no siga “atrayendo onanistas”(…ejem…por llamar de alguna forma a los que arriman el heno) a mi página. Es cierto, ya no debería hacerlo, pero aquí entre nos y acércate un poquito más para que te lo cuente todo y no hagas falsas conclusiones, ésta página no pretende ser de poesía ni de literatura, ni un blog para depresiva en celo, como puede pensarse. Esta página es solo el diario de una mujer cualquiera, intentado no parecer del todo “una cualquiera”, así que si me piden que me modere no lo haré.
Y si ya sé, luego no me debo quejar, si alguno de los tíos esos me pide cámara por el MSN o venga con el viejo truco de que “le muestre mi collar” (que está ausente) para que “pueda ver lo alto de mis pechos”…No, ya he dejado de enojarme por eso, porque ahora tampoco contesto esos correos. Que mujer pública no soy, aunque se malentienda la frasecita.

Como te digo ya me acostumbré a las migrañas que antes me hacían pensar que podía morir en cualquier momento y que son la causa de que adoptara esa visión de la vida, de querer vivirla al tranco y todo de golpe y sin melindres: Amor, dolor y el resto.
Incluso me he acostumbrado a mis días de melancolía que rayan en la depresión, porque de vez en cuando escribo un cuento que está bueno o un poemilla con alguna frase que valga la pena, bajo ese clima de nostalgia.
De los sueños pitonisos, pues que te digo! Eso merece una charla aparte contando anécdotas, como que una vez tuvimos que cancelar nuestro fin de semana en Paine porque mi cuñado creyó ciegamente en ciertas pesadillas que yo tuve mi primera noche allí y tomó el auto para volvernos rapidito a Santiago. Entonces me curé la afición de contar mis sueños, porque te juro que esa casa con piscina rodeada de árboles de manzano y con campanario incluido, era mejor que cualquier sueño mío. Y es lo que mas recuerdo de aquel Chile lindo de las vacaciones con mi hermana.

Yo y las sempiternas migrañas, ahora también el estro y los sueños pitonisos, no te culpo si no quieres otra charla de café conmigo, a veces, hasta yo me tengo miedo.


miércoles, mayo 24, 2006

Mar Encrespado


Se ha nublado el cielo y el mar se ha encrespado, una mujer a la deriva contempla la venida de una balsa que pueda llevarla lejos. La playa está vacía, la arena ya fría, la mujer espera como si fuera a volverse real su inútil fantasia. A la orilla de la playa la mujer y su vestido delgado constriñen su pupila intentando captar la inmensidad de esa lejania y volverla suya, apresarla entre sus manos, hacerse esclava y señora del mismo ser que se avecina.

La mujer espera y la lluvia, va cubriendo su cuerpo delgado, pega el vestido claro a su figura oscura y hace que debajo de el refloten dos pezones un vientre y un monte púbico. A lo lejos la gente se aleja de la playa, viene un huracan gritan, " nadie sobrevivira"...ella no escucha, en el centro de la tierra segura, no hay nadie para que pueda hacerla suya, a nadie desea ella más que a la imagen del que viene en su balsa pequeña, aquel que la ha llamado en sueños, el que le ha dicho que seria suya.

La lluvia sigue cayendo y la costa va quedando vacia, las palmeras se azotan junto al mar, las olas se levantan majestuosas, Neptuno está colérico, el cielo ahora está oscurecido. En el caos del inicio y el fin ella sigue esperando con las palmas abiertas, esperando a que él le tatue en la piel su destino.

En la tierra segura ya no queda nadie a quien ella desee. La mujer anhela el mar y volver a su cardumen de sirenas coloridas; la mujer busca la libertad aunque ésta la lastime. La mujer se desnuda, ya no hay mucha piel que mostrar...la costa está vacia, ya no se oyen los gritos de nadie. A lo lejos un hombre se acerca con su pequeña balsa en la cresta de una ola y ella lo ve venir, mientras una el mar inmenso la engulle y la vuelve nada.

(Febrero 2006)


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martes, mayo 23, 2006

Mi edad en maletas


La edad de una mujer se mide en diversos aspectos, en cómo se viste, en como habla, en los amigos y lugares que frecuenta y en mi caso, en el tamaño de mi equipaje.
De pequeña, entre 5 y 8 años cada vez que salíamos de paseo llevaba mi loncherita naranja del Chavo del Ocho repleta de cosas para comer. Panes con manjar, refrescos y fruta eran mis aliados contra el aburrimiento de esos viajes de mis padres por cerros y pampas en busca de lo extinguido en el tiempo. Yo solo iba en el auto mirando el paisaje costero y cómo de pronto los postes de luz iban desapareciendo, dando paso a dunas amarillas y cielos color vainilla. Lo que recuerdo de esas épocas es que siempre se acababa la gasolina o mis viejos se perdían. Que a fuerza de pasar hambre hasta que llegáramos al destino de viaje, tenía que ingeniármelas con el pan y la chicha morada, que debía ocultar de mis hermanos mayores.
A los 11 años, ya tenía mi propia mochila en la que metía ropa para cambiarme, unas chanclas y una toalla, porque aprendí que a lugar a donde fuéramos, inevitablemente hacía tanto calor que nos terminábamos bañando y ya tenía ese pudor tonto de no querer bañarme solo con truzita o bvd en el río en donde parara el auto. Mis hermanos estaban en la universidad y mis padres hacían los viajes solo conmigo, fue por entonces que caí en la cuenta que casi era hija única en esa casa abandonada.
Para los 15 años viajaba poco, mi círculo social se había reducido a un par de inadaptadas igual que yo, asi que no compartíamos viajes grupales como las otras chicas del colegio para ir a ver a los cantantes de moda en concierto. Yo, si tenía que hacerlo, viajaba sola o de vez en cuando con mis padres. Mi mochila empezó a cargar cambios de sostén, jeanes apretados,un labial color rosa pálido y el libro que estuviera leyendo esa semana. Viajaba con la cabeza dentro del libro, sin ver el paisaje, con algo de temor a que me hablaran durante el tiempo que demoraba el bus en llegar a otra ciudad. De ésa época no recuerdo nada mas que las Minas del Rey Salomón o entrar a Macondo de la mano de GGM.
Cuando estuve en la universidad, mis viajes se redujeron solo a las vacaciones. Recuerdo la emoción de mi primer viaje en avión sola, llegar a otro país y que pensaran que era una señorita independiente, hablar con el pasajero de al lado y decirle que estudiaba medicina, como si fuera la gran cosa. Cargar un bolso de viaje con cosméticos y mis primeras pastillas antimigraña. Mi super mochila viajera en la bodega del avión con todo tipo de ropa que pensara estaba de moda, con zapatos para baile y otros para camino. Ya no cargaba libros famosos, ahora llevaba alguna revista que me ayudara a soportar los viajes largos.
Cuando terminé la universidad fue mi primer viaje como profesional y por tanto me importaba un pito lo que los demás dijeran. Ya viajábamos en grupo mis compañeros y yo, ya dormíamos en algún hotel barato y decente, ya bebíamos cerveza en el cuarto y ya a alguna chica hot se le ocurría poner el canal porno, a ver si le ligaba algo con alguno delos chicos. Yo iba de novia y bien acompanhada, así que a mi no me tocaba nadie; pero mi equipaje había variado, pijamas mas ligeros, ropa interior pequeña, mas maquillaje, algun gel para el cabello, sandalias de tacón, por si las dudas, un preservativo.
Graduada y convertida en médico, fue mi primer viaje de escape. Cuatro noches en un 5 estrellas, ni vi que había en la ciudad, entre la tina, el desayuno y la cama se me pasó la vida. Pero fue la primera vez que alguien me hizo notar lo terrible que se veía mi mochila en un lugar como esos. Yo había metido toda mi ropa de verano, apiñada y como pude. Apenas si puse un pijama que no llegué a usar. Y claro, el maquillaje y el gel para el cabello. La colonia y las pastillas antimigraña, un par de antiácidos, algún relajante muscular para esas maniobras fuera de contexto y dinero doblado en cuatro dentro del pantalón, por si acaso me pasaba algo no planeado.
Ya trabajando, los viajes interprovinciales con todos mis pacientes al lado hicieron que mi mochila cambiara a un sobrio maletín negro que me desarticulaba el hombro cada vez que lo cargaba. Allí solo llevaba mi ropa sucia de la semana y un par de vinos, frutas y dulces que las señoras del valle me hubieran obsequiado durante la semana. Aún mi sobrino, sigue pensando que yo trabajaba solo para que me pagaran con lúcumas. Las migrañas se hicieron más frecuentes y a veces tenía que llevar un inyectable por si acaso mis padres descubrieran que cada vez estaba peor con mi cabeza y se diluyera la felicidad por su hija "la doctorita".
Los viajes de reencuentro con mi nuevo novio durante ese año, eran un abrazo desesperado. Mi maletín negro comenzó a cargar negligeés y medias nylon. Más zapatos, menos ropa. Mas cosméticos, menos libros. Más pastillas y menos dulces. El bolso de mano comenzó a cargar hilo dental, pastillas de menta, pañuelos para el llanto de la despedida, joyitas y bisutería. Gorro de baño para no estroperame mas el cabello, burbujas para la tina. Un día me di cuenta que hasta lubricante vaginal había empezado a cargar. Algo estaba cambiando.
Los últimos viajes los hago con una maleta azul de rueditas, ahí va mi agenda llena de números telefónicos de personas que me ofrecen el oro y el moro. Ropa para el día y para la noche, un abrigo por sí tengo que salir con vestido y de madrugada. Pijama de dos piezas y pantuflas. Toalla para salir de la ducha.Tapones para los oídos y antifaz para la luz, por si tengo que quedarme tirada en algun terminal. Un botiquín de pastillas antimigraña, antigastritis y algun antidepresivo. Ampollas analgésicas para dolor intenso. Maquillaje, bloqueador solar, un par de lentes de repuesto. Chucherías varias según el tono de la ropa. Cosas inútiles que regresan a veces intactas.
Mi vida ha cambiado, ansío volver a mi mochila negra y a cargar solo una muda de repuesto, un bikiny y un poco de humectante. A dejar de cargar mauillaje como si tuviera que impresionar a alguien, a dejar de llevar zapatos para el dia y la noche, dejar de pensar en un pijama y volver a dormir sin ropa. Dejar las pepas y el botiquín de mano. Solo quiero tener un vestido y un libro para el viaje. Y que a donde llegue siempre sea un sitio de gente extraña, donde yo parezca una mujer nueva y pasee mi felicidad de turista por una calle que ya no será mi calle, sino un camino a algo diferente que siempre será mejor.

lunes, mayo 22, 2006

La noche era de otoño




La noche era de otoño, veredas de mantequilla, noches de estrellas confitadas, la vida transcurría blanda y con olor a felicidad. Ella se sentía a salvo, caminaba sorteando flores secas, fotografías a blanco y negro y de color, saltando sus propias nostalgias, su tendencia a la insatisfacción y a la tristeza guardada.
Ella quería estar a salvo y daba pequeños saltos alrededor de él, dejaba que el cabello le acariciara los hombros, para luego poder mostrárselos, así media desnuda, así también, media cubierta. Se ocultaba a su espalda y le tapaba los ojos, respiraba en su cuello, abrazaba su abdomen y le decía no me dejes, aún no me dejes. Porque ella sentía miedo a que un día el la abandonara, por eso caminaba entre mariposas y se pintaba en las escápulas los colores de de las flores y los símbolos de los sueños.
Usaba tinta china y en retazos de poemas colocaba, aquello que solo él pudiera leer, frase sueltas, poesía, poesía de frases truncas; luego un origami de hojuelas de piel desnuda y de huellas invisibles de su mano acariciándola se elevaba como nube de color en la noche blanca y le formaba alas para seguir volando, para seguir también, creyendo.
Un día el la dejó esperando fuera de su taller. Ella agitó sus alitas contra el cristal de la ventana y rondó la casa a oscuras, esperando con su sonrisa enorme que el saliera a su encuentro y la quisiera de nuevo. Danzó bajo la luz blanca fluorescente y vio algo que ya intuía pero que por primera vez le dolió en el alma, pues sabía era la visión de su propio futuro. Vio al coleccionista de mariposas acariciando las alas de miles de otras “ellas” desojadas como pétalos sobre la mesa de trabajo. Vio mariposas amarillas, rojas, moteadas y de todos los colores, azules de ribetes negros, mariposas de la fortuna y de la desgracia. Cada frágil mariposa atravesada por un alfiler de cabeza roja. Cada una de ellas sobre un viejo pergamino.
Entonces su rostro entristeció sin proponérselo, y un dolor grande e indefinible se apoderó de su garganta; no le dolía por las que estuvieron antes que ella, sino por todas las que vendrían. Se supo ordinaria y común, de esas mujeres mariposa a la que se las deja espreando de la ventana para afuera. Y se las deja entrar un día, pero solo para ponerles un alfiler en el cuerpo y volverlas un recuerdo sobre la página amarilla. La duda la recorrió entera, gruesas lágrimas mojaron su tez, sintió que se iba muriendo.
Cuando el estuvo de vuelta , ella ya no era la misma, algo en su voz había cambiado, ella ya no era feliz, sus alas cambiaron de color y se hicieron pálidas y fúnebres, pero él no podía saberlo, él sonreía por su nueva mariposa, por saber que la tenía. Cuando apenas hace un rato ella ya había muerto. Ella no pudo entender como él no veía que se estaba despidiendo, que debía volar de nuevo, para que no la dejen antes, que ya no había ninguna sonrisa en su cara, que él hablaba ahora solo con un fantasma. El fantasma al que él creía querer.
Ella se despojó de su traje de mariposa, de su epidermis tatuada, de lo que había esperado para darle. Salió corriendo de allí, con los pies y el alma desnuda, esperando que él fuera detrás suyo, que la detuviera a tiempo. Pero él no sabía que ya estaba lejos, la joven en el umbral de su puerta no era ya ella, el acariciaba ahora los pétalos de un recuerdo. Entonces ella, la mujer real, se alejó sollozando, sin poder llorar para desahogarse, solo sollozando con ese dolor en la garganta como de grito de becerro herido, sintiendo el latido en la garganta. Recordó que es por la aorta, por donde los indios dicen que el animal grita cuando muere y ella supo que era cierto.

Que ese grito venía de su propia aorta, de lo profundo de su corazón herido, un grito mezclado en latidos fuertes como de doblar de campanas a mitad de la noche silente.

La calle quedó vacía y sin ruidos, el acariciando en su puerta, el fantasma de la mujer mariposa iluminada por la luz blanca de sus dedos tiernos. Y ella, la mujer real, doblando la esquina, en su carrera por salvarse de ser sólo un recuerdo marchito, en el gran libro abierto del Coleccionista de Mariposas.

Vainas Virtuales


La ventaja de la comunicación virtual es que facilita un clima de tolerancia cero. Suena chocante, pero déjenme continuar. Cuando hablo de tolerancia cero, es que en la comunicación virtual, puedes librarte de la diplomacia al momento de despedirte, así que puedes irte o simplemente “cortar”. Eso, claro está, depende de cada uno, pero es mucho más fácil el desaparecer del panorama virtual de la persona con la que no llegaste a un punto de acuerdo y nunca viste, que desaparecer de la vida de una persona con la que tuviste un altercado o un affaire “real”.
El Chat ofrece ventajas ilimitadas a aquellos que nos consideramos tímidos o reticentes a hablar abiertamente de lo que nos pasa. Yo soy así, o mas bien era. No me gustaba llegar a una reunión social o a un grupo de amigos y tener que saludar y hablar yo primero o comentar algo. Cada cosa que se me ocurriera decir, podía ser tomada a mal, a la gente le gusta la charla ligera y para alguien que está callada mucho tiempo como yo, de pronto le puede jugar malas pasadas el hecho de que la dejen hablar libremente en público.
Podría decir esas estupideces que decía en secundaria sobre los pasajes que había leído en las novelas de ficción y volver a sentir esas miradas extrañadas y esos codeos ocultos de quien descubre a alguien extraño, diferente o mas bien raro. De pronto y podría comentar que de niña, yo perseguía el rastro de las hormigas y que siempre me sentí odiada por los niños, porque mientras ellos jugaban en la calle yo veía detrás de la reja de mi casa y no me atrevía a salir nunca de mi paraíso casero de niña mimada.
La comunicación virtual permite abrir esas partes de nosotros que permanecen negadas, permite mostrar todos nuestros rostros, los que ocultamos a diario y aquellos que quisiéramos tener. De cierta manera nos mentimos un poquito, destacando solo las partes que queremos que sean conocidas, igual que en el mundo real, pero a gran escala; porque a medida que la otra persona se va formando una imagen de nosotros, inconscientemente tratamos de limar cada detalle del relato de nuestras vidas, que nos haga encajar en ese molde que la otra persona va creando de nosotros. Así vamos mutando sin darnos cuenta hacia alguien irreal que luego no reconocemos como de nuestra autoría. Culpamos al otro por habernos “inventado”, cuando a cada minuto dábamos mas ingredientes para que nos reinventen a su antojo.
A mi el Chat me ayudó en mi interacción con las personas; si en medicina había tenido que hablar con decenas de personas, para entrevistarlos por sus dolencias y antecedentes personales patológicos, esa comunicación era aquella de la que puedes prescindir. Yo los oía y trataba de saberlo todo, pero ellos no a mi, así que no era una comunicación bi direccional. Yo solo había callado mi yo y había estado como instrumento pasivo durante el relato de sus vidas y males.
Con la comunicación virtual, me topé con todo tipo de personas, que me llenaron de experiencias gratas e ingratas, pero la mayor ventaja que obtuve, fue perder el miedo al rechazo.
Con el Chat te das cuenta que la posibilidad de que dejes o seas dejado es factible desde que inicias la charla, algo que no es tan palpable o se da como un hecho inesperado e incluso frustrante en una comunicación real.
Uno sabe que la tolerancia es cero, que no habrá fingimientos al decir: no me agradas, me estoy aburriendo, tengo otra gente en línea. O un corto Chau, sin explicaciones. Por supuesto, eso me ha generado otras tantas desventajas en la comunicación real, puesto que abandono a las personas con la facilidad que me da el sentirme hastiada o molesta por algún comentario fuera de lugar. Pero, volvamos a lo de las ventajas. La gente necesita hablar, ser escuchada, desahogarse. Inútilmente la gente se queja de que no hay nadie con quien hablar, ya que solo buscan en el lugar equivocado. Una persona no puede desahogarse a gusto con alguien que sea juez y parte, alguien de su entorno personal. Por eso pagan terapeutas y gente que sea objetiva.
Yo hablo con desconocidos, me agrada hacerlo. La cara de un desconocido es como un nick que lo hace perfecto para hablar abiertamente de cualquier tema, incluso de política ( un tema que yo detesto ). Yo he hablado en buses y plazas, en pasajes y calles solitarias, he hablado tanto que ya he perdido el miedo. He hablado yo primero y no he temido ser dejada, ni me ha dolido que ese contacto fuera sólo momentáneo. Porque eso me enseñó la comunicación virtual, que la vida son momentos que deben ser aprovechados, sin temor al fracaso, que mientras dure seré genial y que a veces simplemente hay que dar el primer paso.

Me corté el cabello

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...