sábado, septiembre 02, 2006

Pláticas intimistas

Free Image Hosting at allyoucanupload.com No ha sido fácil escribir estos días. Tampoco difícil, en verdad solo he preferido no hacerlo. Comenzaba a escribir y hablaba sobre mi, como si de pronto fuera una necesidad el hacerlo, el escribir sobre mi. Como si de pronto volviera al inicio.

Apenas he podido iniciar algunos e- mails y los he terminado dos párrafos después. Ya no las largas cartas de antaño, ya no hablar sobre mí. Necesitaba descansar de mi misma. No saber. Y he permanecido horas frente a un monitor, solo oyendo música, solo leyendo música, solo sintiendo música. Como si nada mas debiera incomodarme o importunarme.

Y las historias se han perdido. Todos los inicios de historia los he guardado, pero no he podido llegar al final. No es fatiga mental, a lo mejor solo es falta de amor. Amor por esos personajes que estos días han dejado de tocar a mi puerta y me han dejado dormir sin sueños. Solo me he quedado yo, rebrotando todas mis inquietudes a través de canciones. La música es la única medicina que no me engaña y que no me cuesta trabajo tomar.

Cada canción me ha recordado lo que era, en el momento en que lo fui. Sin alteraciones, sin el filtro que uno le pone a los recuerdos, haciéndolos mas bonitos, viéndose mas segura. La música ha sido el fluido corriendo en los intersticios de todos mis recuerdos. De todas las imágenes que llevo no en la cabeza, sino bajo la piel. Imposible mentirme, cuando oigo música, los sentimientos brotan sanos, incorruptos, prístinos. Siento que soy yo.

Todo lo que hago es para encontrarme de nuevo. Parece un trabajo fácil, pero no lo es. La parte mas difícil fue reconocer que ya no era yo. Ahora era una mujer que gustaba de pasteles de ciruela y escuchar zamba mientras se bañaba a solas. Ahora había dejado de ser la niña y era una mujer. Una mujer que por supuesto no me gustaba a mi misma, pero contra la que debía dejar de luchar, el resto del camino es difícil de contarlo. Aun sigo en él. Mi página en blanco es la baldosa olvidada en mi largo camino. Hoy la piso sin resbalar, mañana, probablemente solo repose en ella.

Una página en blanco, eso es cada día para mi. La voy escribiendo con lo que llevo dentro, a veces son demasiados recuerdos. Demasiados anhelos, solo soy yo y mis confesiones a mi misma. A veces solo quisiera ocultarme, pero no puedo. Debe ser ese el origen de esos sueños en que camino desnuda por delante de la gente y no tengo el valor para taparme, como si hacerlo fuera algo hipócrita. Como si dejando de mostrarme fuera igual que todos ellos, los que miran con curiosidad, con deseo, muchas veces fingiendo que no miran. En el sueño me lastima mostrarme, pero lo sigo haciendo. No es masoquismo, es mas bien orgullo. Como decir: Yo puedo.

Y vaya que puedo…

Este tiempo solo he ido probándome a mi misma, cuanto puedo resistir, cuanto mas. Buscando el preciado equilibrio, ser honesta conmigo misma. No mentirme, pero debo estar alerta. Los seres humanos siempre nos mentimos y cuando descubro que he caído en engaño rectifico camino, busco de nuevo el punto medio. Pero me es tan difícil. Soy una persona que vive naturalmente en los extremos, incluso dedicar mi vida a buscar el equilibrio es ya una medida extremista.
El verdadero punto medio sería olvidar eso, olvidarme de todo y seguir viviendo, pero no puedo. El camino me hace ver que mi mayor angustia es mentirme. Como si para ganarme el derecho de piso, debiera decir siempre la verdad. Mostrarme.

Y decir que me siento buena o mala, a veces peor. Bella o fea, a veces ni eso. Que me siento mas y menos y a veces nadie. Que debo decirlo, para buscar mi propia aceptación. Quererme, antes de que me quieran. Ese es el camino mas difícil. Cualquiera podría enamorarse de mi, al fin y al cabo soy mujer. No faltará alguien que piense que puede quererme. Ese no es el problema. Necesito Mostar todos los pétalos, aunque sea una labor imposible. Para no sentir que me miento, que estoy ocultando algo. Para poder darlo todo.

Eso es. Darlo todo.

El proceso sigue en marcha, a veces solo quisiera tener 32 años y haber logrado todo lo material y espiritual que espero. Tener el conocimiento y al experiencia suficiente para iniciar la otra etapa. Crecer todo lo que pueda como mujer para poder dedicarme a ser la esposa, madre y ser humano que espero. Ubicarme en 5 años mas y no tener que andar el camino. Ubicarme en el primer día del próximo año y sonreír porque acabó este periodo de aprendizaje interior. Que resistí todo los eventos y estoy de nuevo en pie sobre mis guerras perdidas, lista para hacerle frente a la vida. Dormirme hoy y despertar en el primer día de mi nueva vida.

Pero no se puede disfrutar del viento que sopla en la cima, si no se ha perdido el aire en el ascenso; y a mi ¡aun me falta tanto por subir! Cada día es un nuevo reto a mi misma. Buscar el equilibrio, ser honesta, educarme, ejercitarme. Amarme. Esa es la parte complicada, amarme aun sin estar lista, solo como un boceto de la mujer que quiero. Amarme con todos lo errores que cometo, las líneas fuera de cuadro, los borrones. Amarme y dejar que me amen. Esa es la parte complicada.

Es sábado, un poco más de música y lista para salir a caminar.

jueves, agosto 31, 2006

Mis Líneas Privadas

Agosto, 30- 6:03 p.m
*****
Hoy estoy tonta. Hecha una boba. Podría caer al piso de tanta risa, necesitaba escribirlo. ¡Qué tontería! escribir que ando hecha una boba, escribir rápidamente, que me gusta estar viva.

Ay! La vida es tan graciosa, las coincidencias, las frases. Parece que la gente dejara palabras a la mitad del camino para que las cojan otros y hagan en sus líneas laberintos enormes, enormes canciones. Hoy descubrí que no solo es “supongo” mi palabra de manía, sino también “enorme”, siempre digo enorme cuando escribo, cuando hablo. Todo es enorme cuando lo pienso. Cualquiera diría que soy una pequeña hormiguita, una pequeña Laurita, tan, tan shiquitita. Que se esconde en un sombrero y a a veces en un cajón, en las costillas de alguien, ocultándome siempre…como un juego para que me encuentren y al fin me encuentren! Por eso me quedo en silencio, calladita…Mas no puedo contener la risa cuando me imagino encontrada...Dios! Me muero de risa!

Si, he estado risueña. En estos días he escuchado que me decían, esos piropos tontos que reciclan los hombres, de: “Me gustan tus labios, pero me agrada mas tu sonrisa” Y yo no he podido contenerme, ante la frase tan cursi, tan tonta e inesperada. Es que estos días no he podido parar de reír y cada evento se ha concatenado con el otro para que yo esté riendo como una loca. Loquita me ha dicho alguien, mientras jugábamos a hablar de nada y eso me inspiró mas risa, es una risa tierna, no como la que uso cuando me burlo de la gente. No esa mueca de cuando digo algo y espero el contragolpe. La de hoy ha sido risa tonta. Mi ánimo es tonto hoy.

Ay! Cualquiera diría que ando feliz, a lo mejor si. No sé. Estoy en mi semana de estar en celo. Es una joda, me da risa pasar por estas etapas, estar tan eufóricamente sexual que todo me parece digno de ser amado, contemplado, lamido y experimentado. A veces, si lo reflexiono mucho me siento una bitch por pensar esas cosas, pero no pues! No es justo sentirme mal por ser brutalmente estrogénica! Hoy solo me da risa estar nuevamente húmeda sin razón aparente y desear ser devorada, arrasada, mordida, tomada.

Es casi como un juego tonto. El sexo es a veces un juego tonto e inútil, que no está hecho para dar placer a la penetración, sino placer por ese devaneo de los músculos laxos, de la boca abierta, de los dedos crispados arañando la burbuja invisible que nos separa del mundo. Hacer el amor…que bueno, es demasiado bueno…Extraño hacer el amor, me hallo a una dieta obligada de lectura y escritura, sin hombres ni amor de por medio… para volver a hallar el equilibrio nuevamente. Como si me tuviera que cuidar de enamorarme, de sentir, de hacer el amor a gritos cuando necesito hacerlo. Entregarme! Como si no hacerlo me salvara de mi misma...

Pero yo estoy en abstinencia, por eso no salgo a la calle. Cuando estoy así, me guardo en casa, no quiero ver a nadie. Prefiero estar así, inspirada escribiendo. Mas ¡pobre de aquel que se cruce! cuando mi cera se derrite, mi miel se hace líquida, mis fluidos brotan cálidos y diáfanos del centro de mi alma. Pobre de aquel que se cruce. Porque pensara que yo estoy enamorada, que hablo con amor saliendo los poros. Que cuando digo Te deseo es para siempre…Y a lo mejor es cierto. ¡A lo mejor es cierto!


Pero hoy estoy risueña, ahora se que no se debe a nada externo. Debe ser una circunstancia especial que tiene a mis células alteradas, a mis órganos de fiesta, a mis sentidos alerta. Que me tiene completamente sonriente y pura. ¡Si, digo pura! ¿Por que la gente me mira raro? Ninguna mujer es tan pura como cuando quiere entregarse.

Cuando deja de ocultarse y hacer estrategia de conquista perfecta y en cambio solo ríe fácil, como se ríen las putas…no, no, como se ríen las niñas. Esa niñas que son brote de mujer y se ríen sin malicia. Contigo y de ti. Una risa que no es para provocar, es solo risa!

En cambio las putas se venden, tienen un precio para reírse y su mueca es triste.

Mi risa es ahora la de una niña. Con esos ojos brillantes y los labios enamorados de querer experimentar la pasión que brota en cada fibra del cuerpo, en cada hebra de cabello, que permite ser llevada de la mano, cargada a donde sea. Que me hace querer reír y amar sin resistencia. Debe ser la embriaguez del momento, de mi día completamente diáfano, de mi risa completamente pura. Y mi cuerpo totalmente laxo.

Hoy habría salido a tomar unas cervezas contigo, con las zapatillas en la mano, a caminar por al playa , a reírme y tomarme del abdomen, olvidar que la vida se me voltea, me tiene de cabeza, me hace trizas a cada instante. A reírme de mi suerte. De este año tan caótico, que empezó tan mal, joder! tan mal... haciendo el amor en la playa. Llorando para adentro. Huyendo de mi misma, llegando a casa temprano, para que no me pierda totalmente en esas espirales tan fáciles de tomar y tan difíciles de salir.
Encerrándome a escribir alucinada ante un monitor mudo. Para recuperar algo de lo que no ve la gente que me advierte solo como un par de muslos, un par de tetas, un par de ojos.

Este año que empezó tan disonante, enamorada de Cienfuegos, ilusionada, apasionada, creyendo de nuevo en el mundo. Hasta perpetrar ese crimen terrible que es para los depresivos, el querer aceptar la vida de nuevo. Bebértela entera, sentirla pasar por la garganta así sepa amarga. Tomármela entera como una medicina que me devuelva al mundo. Y luego esos meses de estudiar idiomas, de hacer deporte, de escribir a extraños, de estar en la playa, de crear historias que no termino nunca.
De creerme enamorada por segunda vez, pero ésta vez de un tipo sin rostro una imitación feliz de un Eduardo Glez que aun no nacía entero para el Cuento Sucio. Me enamoré del tipo, dos días y una noche. El resto es una mala historia.
Pero el sexo fue tan triste…tan de dos tristes tipos, que se masturban mutuamente para mitigar una soledad que no acaba del todo. Preferiria olvidar, borrar esa noche de mi mente. Pero eso no importa nada, si me regaló esa charla en silencio, mirando el océano iluminandose a medias. Ese dejarme ser y no preguntar como ahora, cada maldito detalle. Como si no entendiera nada. ¿Dónde se fue ese tipo, lo mató la blogósfera? ¿Estaba ya muerto cuando lo conocí? Probablemente ambos lo estábamos ya hace mucho. Y solo hablaron nuestrso espectros.

Solo por esa charla frente al mar a mitad de una noche sin estrellas le perdono todo el mal recuerdo. Todo lo que vino luego. Me quedo solo con esa punta de la caracola. Esa caracola que cuando acerco a mi oído, me dice que el mar está a la mitad del desierto si cierro los ojos y confió lo suficiente en los fantasmas marinos de seres inexistentes.

Y luego la depresión de nuevo, meses nadando para no ahogarme de nuevo en la maldita depresión de ser tan buena chica y ahora ya no ser nada. De ser una médico con futuro y de pronto ya no ser nada. ¡Nada! ¡Que depresión por Dios! Si no tuviera todos esos disfraces de cara bonita, de sonrisa ancha, mis viejos se hubieran dado cuenta. A lo mejor lo supieron, a lo mejor por eso no dijeron nada cuando dije que me iba a México con el Innombrable y ¡bah! una nueva recaída, en el amor que no es amor y sigue siendo. ¡Mierda! Como duele enamorarse!

Y luego toda esa gente enviando correos, poemas, promesas. Luego toda esa gente , una multitud en la que yo no reconocía a nadie y de pronto. Perdida otra vez. Perdida y llevada a rastras a quien sabe donde por esa multitud de gente que dice gustar de lo que escribo, gustar de lo que soy...gustar de lo que ven…¡como si supieran quien soy!

Y perder a Cienfuegos, otra vez y para siempre, cuando pensé que jamás nos dejaríamos del todo, sin saber a donde fue, dejándome con la impresión que solo fue un hechizo de mi mente devastada. ¡Que dolor! Horrible dolor, perderlo nuevamente. Ese Adiós lacónico, ese orgullo marchito. Lo dejé ir y me quedé sola. Porque esta vez ya no tenía la fuerza para insistir en lo que no existe. Una delusión solamente.

Y llegó Julio, fiestas patrias y de nuevo ilusionarme, de nuevo creer, enamorarme sin amor, pero enamorarme. Leer mientras él toma fotos, dormir mientras el se bañaba, soñar mientras él se dormía y verlo convertirse en mejor persona. Verlo sonreír, dejarlo libre. Que buen tipo es él. Si se le hubiera ocurrido enamorarse de alguien como yo, a lo mejor hubiera resultado. Estaba en un momento en que quería dar todo de mi, cambiar, dejar de estar sola. Pero ¡la maldita química! Eso hizo que no funcionara, ya parece mi vida una broma de humor negro.
Estoy que me muero de risa, porque ya me he cansado de escuchar que soy la mujer ideal, que soy un cosmos, un TODO…pero en el momento menos pensado a los hombres les falla la química y a mi la paciencia… Porque, cielo, tu sabes ¡ya no estoy para buscar amor! ¡Es imposible hallarlo cuando se le busca! Yo solo quiero dar y dar …como en esta canción la Nº 53, que suena ahora. Amo ese piano. Fuck! Debí nacer pianista y no cirujano. Debí saber de música y no de letras.
¡Una joda nacer con lo que no nos hará felices nunca!

Oh! My Cat! voy casi dos páginas y escribo embriagada de la honestidad brutal que me echa en cara Diego y El clavo y toda la gente blogger que de pronto y trato mal por solamente ese humor martillo que tengo yo. Ese humor de vendetta que uso a veces.

Ay! Debería ser siempre dulce como cuando ronroneo en la cama. Pero él, mi bufaloso amigo ahora, sabe que yo NO soy tan dura, ni tan ácida, ni tan loca. El sabe que yo no soy Hammer, solo soy YO.
¡Soy un fraude Srta. Martillo! golpeo donde no debo y ronroneo con quien no debo… Una boba la Srta. Martillo, que mala chica es esa, a veces la detesto por escribir mejor que yo y ser mas honesta, mas cara limpia, mas audaz cuando sueña… Debería poner mi nombre real, ese nombre gitanito con tantas letras que cansa escribir en el teclado, ese nombre que ya no le queda a mi cara.

Llevo mil líneas!!! Dios!!!! Que importa! Se que nadie lo leerá , porque es taaaaaan largo, tan estúpido, tan carente de belleza, de ritmo, de métrica, que es insulto para la gente que busca en mi algo de poesía. Y a la vez tan falto de cochinadita, de sexo, de frivolidad, que es un fraude para la gente que viene aquí buscando leer solo cosas Light, cortitas y fáciles de comentar.

Seguro el único que llegó a esta línea es Junio, ¡el insoportable y adorable Junio! que no me deja comentar en venganza. Tan parecido a mi, como diferente. Un día le cambio mi vida de descalabro por la suya. Cambiamos papeles y hago que me paguen por escribir, en vez de pagar esta cuota de felicidad a blogger por poder hacerlo. Por eso un día le acepto esas cervezas que dice trajo de Berlín y nos vamos a reírnos a alguna playa inexistente, de esta proeza que es seguir viva y reír a mitad de toda desgracia.

Reír y hacer el amor con el teclado, creer que cada palabra me humedece, me limpia, me aferra a ese amor por la gente sin rostro, esos seres que ni conozco. Mis otros demonios. Mi yo paseando en las calles vacías de Lima la ciudad caótica y de todas las demás. Todas las que camino y en donde siempre soy foránea. Siempre Laura La Extraña.
¡Que risa el solo pensarlo! Gracias C.M contribuiste a esto hoy.

Voilá. Terminé.
¡Un orgasmo perfecto el poder escribir a solas hoy!


miércoles, agosto 30, 2006

Despertar en un barco

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El día es diáfano y brillante, pero me ha costado trabajo despertar. Me encanta el contacto de las sábanas y dormir llena de almohadas en la cama. Antes mi habitación olía bien, ahora he vuelto a sentirme una huésped en la casa de mis padres.

Cuando decidí volver a irme, quité todas las bolsitas de popurrís que ponía alrededor de la cama y me llevé mis frascos de perfume. Aquí solo dejé la ropa de verano y algunos de los pantalones que solo uso para la casa. Mi habitación ya no huele tan bien, pero al menos se que estoy en casa. Es otra sensación abrir la puerta y sentir el sol cayendo en el balcón, quedarme en la puerta desperezándome hasta que se me ocurra ir al baño.

Cuando me levanto, tengo la sensación de que acabo de salir a la cubierta de un barco. El ala de la casa donde vivo, está separada del resto por un largo balcón donde el sol calienta hasta el mediodía. Antes allí había geranios rojos, que se secaron cuando todas las hijas nos fuimos a vivir lejos y mis abuelos murieron. Creo que mi madre descuidó esa parte de la casa, donde solo comenzaron a habitabar fantasmas. Debió ser triste ver esas habitaciones vacías y soportar los inviernos en que nadie iba a verlos.

Yo a veces volvía y hallaba mi habitación cada vez mas extraña y vacía. Estaban mis muñecas, alguna ropa, zapatos, mi cómoda con ese espejo mágico que podía doblarse en tres partes y al ponerme a la mitad me hacia reproducir en varias otras yo. Pero a esa habitación le seguía faltando yo y mi desorden. Yo ocultándome en el ropero a leer para que pensaran que me había ido de casa. Yo y mis botines nuevos. Yo y todo eso que dejé sin darme cuenta cuando terminé el colegio.

Pero hoy no deseo hablar de recuerdos, algunos son demasiado tristes. Quiero hablar de mi casa con varios balcones como cubierta de barco dando al jardín artificial del primer piso y que hoy amaneció tan soleado, que olvidé que era invierno y que debía cubrirme con ropa gruesa, que debía protegerme del mundo. Esta casa llena de escaleras a un mismo sitio con puertas que se abren a ninguna parte y ventanas a espacios escondidos.

Una casa como laberinto, como decian mis amiguitas. Mi casa, mi única isla a salvo de todos.

Hoy me paré en la puerta de mi habitación con el pijama melón y la cabeza despeinada, e imaginé que si abría los ojos estaría todo el océano frente a mí. Toda esa brisa, esa libertad extraña, que a veces me vuelve presa aquí y sin ganas de volver a irme. Abriría los ojos y estaría navegando en un mar infinito de azul y verdes brillantes en medio de ese silencio ensordecedor que da el mar

Hammer in the island, suele decir A. cuando le digo que volví a casa de mis padres. Sin embargo hoy no me siento en una isla. Sino en un barco, en un hermoso barco de cubiertas vacías para que yo pasee a solas imaginando que el mar está tan cerca como tu recuerdo.

lunes, agosto 28, 2006

Mierd@ Existencialista?

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- Deberías conseguirte una amiga...- me decía alguien
- No deberías contármelo todo...- dijo otro
- Piensas demasiado...- dice mi hermana.

A veces olvido los motivos por los cuales me siento más cómoda escribiendo que hablando con las personas. Es que escribir para mi no solo es ese placer de contar un determinada historia, de inventar un relato, de hacer ironía de algunos momentos comunes, que le ocurre a la gente común.
Escribir es mi forma de escape, para no seguir perdiendo amigos cuando decido contar que es lo que pienso o como es que realmente me siento.
- Tus crisis de existencialismo- las llaman algunos
-Tus fases de persona bipolar-dice otro
-Tus días de premenopausia- comenta mi hermana

Yo pienso demasiado. Vuelvo mil veces sobre los mismo círculos. Repaso la idea original hasta exprimirla de todas sus esquinas y saber el por qué, intentar conocer el por qué de todo.
Esa es mi verdadera vocación, llegar hasta el fin del asunto. Dejar de suponer que la respuesta inicial es la verdadera. Dudar de todo hasta encontrarle el sentido, para poder dormir tranquila y hallar otro problema para resolver. Esa es la única explicación para que haya elegido la medicina como carrera y no las otras. Jamás entendí biología y las teorías sobre doble membrana celular. Mi profesor era demasiado bestia, yo demasiado tonta. El método de enseñanza tan obsoleto, que decidí que a pesar de todo mi asco por la sangre y otros fluidos, yo sería médico, para poder explicar en parte el misterio de la vida, que nadie me podía hacer entender por completo.
-Tu hija debería ser investigadora. mejor si es abogada- decían mis profesores.
-Tu verdadera vocación es el derecho, no la medicina- dice mi viejo.
-Si sigues jugando a la filosofía vas a terminar loca como el tío I.- sentencia mi hermana.

Ahora me alegro haber elegido medicina, pues la visión del dolor y de la materia interna del ser humano la aprendí bien. Mas no el por qué de sus intersticios. Nadie me pudo explicar el misterio de la vida, de las relaciones, de esas cosas abstractas sobre las que yo me preguntaba tanto. Esas son cargas que me siguen pesando.
Cargas que intento descubrir, para hacerlas mas livianas. Y poder dormir en paz.
¿Por que hay gente que puede comer, domir y follar para ser feliz y eso para mi no es suficiente?

Hoy después de hablar de nuevo en círculos, me di cuenta que ya no le podía hacer eso a alguien más. Mis novios no me lo habían soportado, mis amigos habían huido, mi familia prefería ignorarme. Escribir era la única forma de que mi palabra no caiga al vacío, ni mi voz volviera a ser desechada. Ya no me agradan las charlas en vivo.
A diferencia de una charla en tiempo real, el hacer largos monólogos me permite explayarme sin peros, hasta culminar una idea y le permite a mi interlocutor, coger ese pedazo de vida y leerla cuando le plazca, en la madrugada, en la noche, a mitad del almuerzo. Yo no interrumpo a nadie con mis vainas, solo las dejo ahí , para que alguien las lea el momento que quiera sin sentirse importunado por mis reflexiones, a veces depresivas, muchas veces ilógicas.
Solo que me tome cuando desee y me rechace mientras yo no estoy viendo. Como a una mujer normal.

Me agradaban los monólogos, yo me extiendo y hablo sin preocuparme si estoy pareciendo loca, rara, triste o cualquier adjetivo antojadizo de mi ocasional lector. Solo hablo y ya.

Hoy supe que ya no podía contar ni siquiera con los amigos. Ni esperar a tener una pareja para hablarle de todas las cosas que se me ocurren. De todas esas ideas a las que doy vueltas y trato de hallar un razón, relación, reacción… No carajo! Nadie me tendría suficiente paciencia. Porque en general las personas necesitan dar respuestas antes que les digas lo que estás preguntando. Necesitan callarte antes que termines de hablar.
Necesitan decir ¿Cómo estas? Pero como una frase de cortesía,
A nadie le interesa realmente como estoy…ni todo lo que pensé hoy. Empezar a hablarlo sería idiota. A lo mejor solo necesito un psicólogo para decirle todo y ¿quién sabe? a lo mejor también se aburriría. y me miraría como el que ahora me lee con cara ladeada y mueca de no entender una mierda.


Hoy salí a caminar, necesitaba hablar con alguien, pero sabría que nadie me escucharía y que yo ya no podría hacerle eso a nadie. Decirle quiero hablar y abrir la boca para empezar un monólogo que no acaba nunca. Hoy salí a caminar y me sentí tan solita en el mundo, como hace miles de años en que no culpaba al amor o a esos sentimientos tontos, de mi soledad. Solo detectaba mi soledad como esa sensación de tener que hablar para adentro pues nadie resistiría escucharme el tiempo suficiente. De que si abría la boca, parecería la lunática que lee mas de loq ue debería y piensa esas vainas bque todos desean olvidar pra dormir tranquilos.

Salí a caminar, llegué a la iglesia y estaba cerrada. No sabia que cerraran las iglesias. Me dolió el saberlo. Porque en este tiempo en que son tan caros los psiquiatras, deberían dejarle al ser humano común, sentarse en una banca en completo silencio y creer que le puede confesar sus secretos a alguien a quien no interrumpirá demasiado. A un Dios invisible que puede estar en todos lados menos en un templo cerrado con llave y adornado como para un faraón.
La iglesia estaba cerrada y yo, una atea confesa necesitaba hablar y me quedé afuera. Solo estaban abiertos los bares. Seguramente es mejor y socialmente aceptable que un ser humano hable todo lo que piensa cuando está con el cuerpo adormecido, la lengua tiesa y la cara desencajada por el alcohol. Seguramente es mejor decir que tienes por vicio el alcohol, a decir que estás tan sola que necesitas un psicólogo para hablarle de lo que pensaste hoy.


Estoy algo tonta. He caminado varias calles para hallar un ciber/cabina abierta y poder escribir lo que deseo. A lo mejor mañana me lea alguno de mis amigos y me diga que puedo contar con él, pero yo se que no es cierto. Tengo demasiada filosofía en mi cabeza para compartirla con alguien más. Demasiadas idioteces existenciales como diría alguien mas listo, para aburrir a algún amigo de carne y hueso y a todo color durante una charla en tiempo real.


Necesito un maldita lobotomía y dejar de pensar. Necesito ser como cualquiera. Necesito aprender a beber.
- Deberías tomártelo easy- dice alguien.
- Deberías fumarte un batecito hoy- dice otro más.
- Deberías dejar de buscar y dejar que te encuentren- dice otro.
Yo creo que debería dejar de esperar.

La Diseñadora para Muñecas

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Nunca aprendí a usar dedales, a pesar de todo lo que cosía de niña. Me pasé la niñez cosiendo vestidos de muñeca y pinchándome los dedos que poco a poco fueron sangrando menos. Lo que mas me dolía eran los pinchazos por debajo de las uñas, que me dejaban con dolor por varios minutos. Y me hacían probar el dedal, que al final me causaba tal incomodidad que lo terminaba botando.

No sé como empezó mi fanatismo por diseñar vestidos de muñeca. Mis hermanas creen que fue a raíz de tener esa muñeca larguirucha llamada Barbie, a la que le quedaba bien cualquier cosa. Pero yo sigo creyendo que fue desde antes, cuando antes de aprender a dibujar bien ya pintaba vestidos de colores, sombreros y botas. Mis dibujos entonces serían niñas cuadradas con caras de mejillas rosadas y boca roja. Todo el gusto de pintar así, era combinar los colores en el atuendo e imaginar que alguien podría llegar a vestir en la vida real, lo que yo solo imaginaba.

Fue ese el tiempo en que mis padres pensaron que yo sería diseñadora. Al verme cargar para todo lado, mi colección de muñecas y sus vestiditos cosidos a mano, en una maleta roja especial para el caso. Poco a poco los vestidos y accesorios fueron aumentando hasta que la maleta ya no fue suficiente, de pronto, necesité una caja. Una enorme caja de la que debía elegir los atuendos que usarían las muñecas según cada salida.

Vivía tan intensamente en e ese mundo de muñecas, que no escatimaba recursos para hacer todo mas vívido, mas real. Recuerdo que mi madre tenia que ir por las casas de las costureras pidiendo retazos de telas vistosas, para que su hija menor pudiera seguir cosiendo. Las tías sonreían sorprendidas y me regalaban botones pequeños, cierres diminutos, broches, grecas, telas doradas y todo lo que hiciera falta para continuar en mi fantasía de diseñar vestidos de muñeca.

Era la Lauricienta de mi grupo de amigas. Algunas me pedían por favor que cosiera vestidos para sus muñecas, otras eran mas avezadas y me ofrecían dinero, chocolates, etc. Yo solo aceptaba el pago en tela. Les hacia un vestido simplón y me quedaba con el resto de la tela para hacerle un vestido vistoso a mi muñeca, con vuelos, encajes, aplicaciones. Y le agregaba algún sombrero bordado, un par de guantes largos.

Ahora se que vestía a mis virginales muñecas como a hadas de cuento o como cortesanas sin reino. Siempre tan acicaladas, tan perfectamente vestidas como a lo mejor soñaba estar yo cuando creciera. Por supuesto también llegaba a diseñar mi ropa, pero las costureras eran tan tontas que lo hacían todo mal. Solo mi madre sabía exactamente como esperaba que salga el vestido, la blusa o los pantalones cortos, que luego mis amigas preguntaban con curiosidad donde lo había comprado.

Jamás aprendí a coser a máquina. Igual que con la escritura, me sentía mas a gusto con lo que hicieran directamente mis manos, que aquello en lo que interviniera una máquina. Y un día sin pensarlo. Dejé de coser. De diseñar. De creer en los universos de muñecas. Creo que un día simplemente crecí.

Había dejado de coleccionar cosas pequeñas para mi enorme casa de muñecas y había dejado de creer en los diálogos que inventaba para darle vida a mis viejas Barbies. Un día mi cajón de 150 vestidos de Barbie, aparte de zapatos y accesorios, comenzó a mermar. Y lo peor, a mi no me importó. Todo despareció. A veces encontraba en el patio, uno que otro vestido tirado y pisoteado. Mi padre los levantaba y decidía guardarlos. Para cuando tuviera que demostrarles a mis nietos, que un día fui niña y creí en todo eso inanimado en lo que dejamos de creer cuando nos creemos adultos. Que un día tuviera que demostrar que yo soñé y crecí como cualquier mujer.

Pero mi padre, ni mi madre pudieron guardarlos todos. Yo me dejé de ocupar de eso, que en secundaria lo miras como boberías. Dejé que mi casa de muñecas se destruyera, se esparciera entre los trastos del patio. No quise mirar atrás. En la adolescencia me dolían cosas mas intensas que las tragedias de muñecas rotas o de vestidos perdidos. Para la adolescencia me dolía saber que crecí y no llegué a convertirme en la muñeca perfecta en que recreas tu futuro cuando solo eres una niña de 8 años.

Nunca aprendí a usar dedales. A coser a máquina, a diseñar en serio. No llegué a guardar mis muñecas que fueron regaladas a las hijas de las empleadas. Ni a conservar esos vestidos que cosí con tanto afán perdiendo los ojos en lograr el doblez perfecto, el punto invisible, el encaje adecuado. Creo que simplemente no aprendí a proteger esa ingenuidad con la que uno espera y cree durante la infancia que se convertirá en alguien mejor de lo que ve en el espejo. Dejé que todo eso se perdiera, porque deseaba ya no tener como íconos los rostros de muñecas vacías. Quería ser yo. Hallarme. Olvidar los sueños de muñeca. Olvidarme de mí.

Olvidar, olvidar, como si hiciera falta eso para poder crecer.
Como si para vivir como mujer real debieras olvidar que un día soñaste como niña inocente.

domingo, agosto 27, 2006

Domingo en Unplugged


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Hoy me puse en unplugged, no debería decírtelo. Debería solo escribir hasta creer que me entiendes, pero la costumbre de explicarlo todo, va mas allá de mi, de ti, del resto. Debe ser que es domingo y puedo imaginar a las manzanas sangrando en cada tajo, las playas vacías, el cielo de algodón. Puedo imaginar todo eso que olvido cuando hablo solo para que me entiendan. Pero hoy no. Hoy estoy en unplugged. Con la música adecuada y el espíritu sin maleza que cubra lo bueno que hay en mi. Sin nada que me cubra, solo así, solo yo.

Extraño enviar cartas, extraño hablar así. Sin coherencia entre lo que pienso. Sin esperar que hallen una clave detrás de las líneas. Me extraño a mi misma, cuando escribía sin nadie cerca y esperaba conocer a alguien especial, solo para enviarle todas éstas cartas, estos retazos de vida, atemporales e ilógicos, que a veces ni yo entiendo.

Y la vida me sabe a limón como el primer día que nos vimos, cuando yo era una chica feliz con el corazón tan sano y libre como una recién nacida. Cuando yo llevaba el cabello atado en un moño pequeñito y solo salían del peinado algunos cabellos cortos de mi nuca rapada, haciendo parecer que yo era una mujer de cabellos muy cortos y mirada demasiado larga.

Todos estos días han sido recordar lo que ya he perdido. Recordar mis huellas en la arena, perdiéndose en la memoria del mar. Mi vida tragada por océanos opalescentes, por cielos color ladrillo. Por esos tiempos antes de la tormenta en que la noche parecía un día rojo y la luna era solo una herida a mitad del cielo por donde sangraban los sueños de todos. Incluso los míos.

Mi vida está así a la deriva en el mar del tiempo, como una canción escrita a medias y música en vivo. Solo yo a mitad de la nada, viendo los manzanos sangrar cuando muerdo un nuevo sueño. No me pidas que lo explique todo, es domingo. No quiero hablar mas de la cuenta. Solo esperaba sacar esto de mí, antes de empezar a escribir en serio. Como si eso importara. Como si de verdad importara escribir algo en serio, si lo tomarán a broma. Es mejor seguir escribiendo así, dando círculos en torno a ideas perdidas, hasta dejar una huella de caracol en mi plaza vacía. En esta arena sin sangre.

Ahora entiendes ¿por qué dejé de escribir cartas? Cualquiera se preocuparía al leer estas cosas. Cualquiera diría algo sin sentido, cualquiera…cualquiera la recibiría sin entender nada de nada. Ahora pongo estos escritos a mitad del camino, para que los recojas cuando avances, como guijarros blancos a mitad del bosque encantado, como mensajes dentro de una botella, para que los leas cuando sea necesario.

Y mi vida va en unplugged, totalmente desesperada y con ideas sin orden ni concierto.
Una sinfonía de lo que es y no es. Para que no me entienda nadie y soñar que alguien entre toda la multitud que ahora me escucha de espaldas, voltee y me mire a los ojos sin decir nada, porque hoy, solo por hoy entiende que lo estoy diciendo todo y que su silencio será la única respuesta a ésta, mi frágil esperanza.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...