sábado, septiembre 16, 2006

Vamos a Escribir!

¡Vamos a escribir! Vamos!

Que se deshojen los pétalos de los dedos, que se desarme el alma en piezas diferentes, que salgan los sentimiento en símbolos letrados!

¡Vamos a escribir! ¡Vamos!

Que yo te invito el café mientras lo hacemos. Que yo comparto la música, que yo te doy mi silencio.

¡Vamos a escribir! ¿Qué cuesta?

Mostrar un poco el corazón reblandecido, como un flan azucarado de olor de vainilla, para cuando haga falta. Como un puñado de luces de bengala! Que nos ilumine el alma!

Si es tan fácil mostrar lo que siento y a mi escribir no me cuesta nada. Multiplico mi tiempo cuando lo hago y el día se vuelve mas largo. Los segmentos de vida son enriquecidos con tus ojos en los míos. Con tu boca entreabierta leyendo lo que escribo.

¡Y te leo! ¡Me hace feliz leerte!

Saber de ti…de alguna forma. Ese puente tendido entre dos seres que sienten. Entre mas seres que quieren…entre un millón de gente…y perderme en la multitud de rostros que muestran timidez cuando les doy la mano. Que ocultan su violencia cuando opongo mis manos. Multitud de rostros escribiendo de si mismos. Escribiendo de todos.

¡Vamos a Escribir! ¡Vamos!

Que cuando la pasión llama a la puerta, yo puedo escribir la tarde entera. Que cuando el cielo es como hoy, mi corazón salta de mí y deja pintados los muros de la ciudad con el graffiti de mis sueños.

viernes, septiembre 15, 2006

Desnuda y con Martillo

***Sept/03


Dolor, dolor, por donde quiera que camine. Es una mala idea buscar por la suavidad de las flores, caminando por un bosque de espinos.

A veces el dolor cesa, pero de nuevo inicia. Volver a confiar en la gente, volver a dar de una misma, pero todo es demasiado. Lo que doy siempre es regurgitado, pienso que doy suficiente, pero es demasiado.

Mala decisión mostrar lo que será desdeñado. Mala decisión mostrar lo que será deseado. Debería estar como lo hace ella, la que se oculta tras mi nombre. Bajando el rostro con una mirada tímida, tapándose hasta que no se le vean sino el cuello o algún par de nudillos pálidos. Debería ocultarme como ella, alzar la voz tan bajita, que nadie puede escucharla y pedir permiso o pedir disculpas siempre. Porque así es mas cómodo ir por la vida, sin sacar los pies del disco giratorio, sin quitarse jamás la ropa.

El descaro en una mujer es intentar ser honesta, todas las verdades parecen siempre medias verdades. Todo acto de libertad es una ofensa. Habrá que ser como ella, que escribe en una página como anónima y no sale con desconocidos. Habrá que ser como ella que terminó la carrera con felicitaciones y todo y es querida por quien la vea. Habrá que ser como ella, como ella…

Pero la pobre niña se cansa de tener siempre a cuestas la burla del mundo que camina con caretas, tener que andar con disfraz, si puede desnudarse entera. La pobre niña siente que miente, que se va mintiéndose siempre. Y sufre por no mostrarse, por ocultar lo que es, parte de lo que siempre ha sido.

Pero hay dolor, dolor afuera. Cuando la niña sale de casa, siempre hay alguien al acecho, cuando escribe, siempre hay alguien al acecho, debe tener cuidado, hay quien hace daño sin darse cuenta y los que buscan hacer daño. ¿Cómo detectar a la oveja del lobo, si en este baile todos van disfrazados? Habrá que quitarse la ropa, arañarse frente a todos, sacarse la ropa a trozos, hasta que puedan al fin verme.

Pero jamás es suficiente.

En este baile de máscaras a la niña que llevo dentro le da vergüenza exponerse, tiene tanto pánico a mostrar de si cada detalle y que no sea recibido. Teme que exploren sus rincones, no con la suavidad que entrega ella, sino con ese don asesino. Esos dedos mecánicos, ese pensamiento fálico, que intenta violarla cada vez que se abre, que intenta hacerle daño con esas palabras violentas, con ese ser que hace daño.

La niña que llevo dentro quisiera vivir tapada, cubierta hasta los tobillos, no volver a ver a nadie. Nadie que le haga daño, quisiera mostrar lo mínimo de sí y seguir riéndose a solas de lo que no lograr ver nadie. Pero ya no puede con eso, porque cuando se va a la cama, piensa que está mintiendo, que se está mintiendo a diario, pues ella no es mojigata, ni buena niña.
Ni niña buena, sino todo a la mitad y a veces quizás menos.

La niña que llevo dentro quisiera que yo siempre calle, que deje de contar en público las vergüenzas que la hacen fea, quisiera que deje de hablar y actuar como si diera pena decir lo que yo llevo dentro.

Pero no puedo, no puedo.

Porque en este baile de máscaras no puedo mentirme a mi misma con el traje adecuado, Como lo he hecho siempre. No puedo ponerme el traje para ir a la oficina, o el uniforme para atender enfermos, no puedo vestirme circunspecta como cuando visito a mi ex suegro. No puedo ponerme nada, porque todo es lado izquierdo. Tampoco el traje brillante de las fiestas en que sonrío, ni el traje morado de cuando deseo que me deseen, En ésta fiesta de caretas no puedo ir más vestida de traje y de colores, que hagan perder de vista , a la niña que llevo dentro. Por eso debo desnudarme, como si hacerlo fuera un juego y a veces el juego duele.

¡Vaya que duele el juego!

La niña que llevo dentro, quisiera que deje yo, de jugar siempre con fuego. Que me detenga, que no hable, que deje de escribir izquierdo. Pero yo le digo que no puedo. Que aunque a veces quiero yo tampoco puedo.

Porque en éste baile de máscaras soy la única que puede ir desnuda y tener el valor de hacerlo; y decirlo todo como una afrenta a los que caminan derecho. Como una especie de vendetta a los que se visten correcto. Yo debo caminar desnuda como en todos mis sueños. Pero a veces olvido, a veces me olvido tanto, que en esta sociedad de mierda, una mujer desnuda o es una diosa o es una puta, y como yo no se caminar derecho, a veces puedo ser tomada por los lados incorrectos.

Y camino desnuda, que miedo que me da el hacerlo…

Y aun así no es suficiente, pues jamás llego a mostrar todo lo que tengo aquí dentro. Me rasgo las vestiduras, muestro todo mi cuerpo, me quito la piel que cubre a las mil niñas que llevo dentro. Y me quito fibra a fibra los músculos y algunos sueños, pero no es suficiente. Jamás hago lo correcto.

Me he quitado los huesos, cada órgano que no sirve, me he vuelto transparente, casi, casi invisible y es justo en ese momento que la niña que llevo dentro no ha podido ocultarse mas… pero nadie la ha visto.

Ha corrido con ese miedo que le han enseñado desde chica a confiar en las personas, de adorar a los santos muertos. La niña corre presurosa en la cárcel de mis costillas, hacia un laberinto interno de la que no la salvan las amigas.

Dolor, hay mucho dolor aquí. Justo cuando quiero ser transparente, la gente deja de verme.

La niña que llevo dentro, se sigue poniendo disfraces, cubriendo de toda la ropa que yo me quito de un zarpazo. Debajo de los vestidos se abraza a si misma, esperando que me calle, que ya no muestre más cuerpo, que ya no muestre mis sueños.

Pero la niña que llevo dentro se olvida de mi deseo, de que aun a pesar de mi dolor, alguien pueda verla a ella, lo único que queda diáfano después de todo este tiempo. Que alguien pueda acogerla y no hacerla parte de su deseo.

Por eso aguanto el dolor, mi niña. Por eso Laura sale a la calle desnuda y con Martillo.
Para que alguien en la multitud pueda verte, aunque todos hayan dicho que te han visto.
Aunque afuera no haya gente buena, aunque afuera siempre haga frío.



***Sep./15

El día es gris, tengo una bolsa de nísperos en la mano y pienso en el dolor, ese dolor que nunca se va, que vive siempre al acecho...pero que en días como éste hacen que sepa exactamente cuál es mi camino, aquel que tarde o temprano conduce a la Tierra de los sueños.

Violetas

Hay aroma de violetas en mis recuerdos sobre ti,
Hay canciones sin letra definida que brotan en mis oídos
Hay calor en mis poros, suavidad en mi vientre.

Cuando pienso en ti, todo es perfecto.
Cualquiera diría que existieras.
Pero tu presencia se ahoga
entre mi ombligo y mis sueños
Desaparece y vuelve solo

en ese tiempo vacío,
en las horas en que duermo.

Hay aroma de violetas,
Agitando mis sueños.
Siempre hay perfumes de recuerdos,
Cuando pienso en mis anhelos.

Hoy no escribiré mi carta larga,
Esperaré a que me escribas,
Tal vez haya entonces un nexo
Entre los recuerdos y los sueños.

jueves, septiembre 14, 2006

Charlas con mi padre

Hace algunos días mi padre estuvo por casa. Viene cada vez que se aburre de compartir la vida con mi madre y mi hermana. Cuando ellas me avisan, yo cambio de cara. Lo primero que pienso es en su cigarro desde las 6 de la tarde llenando de humo todos los rincones del departamento. La estación de noticias a alto volumen por la mañana. Su desaparición por horas cuando va a visitar a mis tías. Sus charlas largas con los taxistas. Su crucigrama de dos pliegos en la mesa del comedor... A veces preferiría que no viniera.

Por suerte, cada vez que salgo a almorzar con mi padre, descubro que es una caja de sorpresas.

Hay veces que viene y en lugar de irse a almorzar con sus hermanos o amigos, me invita a mi a almorzar fuera. Entonces me arreglo y nos encontramos en algún restaurante bonito. Allí empieza esa parte suya que me avergüenza un poco y me hace reír. Les toma el pelo a los mozos, los bromea y los hace sentir tontos. Yo me río con la cabeza agachada, juntando las manos en la frente. No se como mi madre con ese carácter tan callado pudo pasar tantos años con este hombre!

Luego, caminamos. Es bonito caminar con mi padre después del almuerzo cuando el sol cae de forma oblicua sobre la ciudad. Yo lo dejo hablar, sin interrumpir. Mi padre puede hablar por horas de sus anécdotas de niñez y adolescencia. De esa vida fantástica que todos quisiéramos tener. Yo me conozco de memoria a los personajes, pero igual me río. Mi padre tiene la magia de hacerte reír con él, aunque no quieras.

Y caminamos de brazo lentamente, cruzando parques y puentes. Porque nadie nos espera, así que podemos perdernos y hablar de todo. Entonces, no se en que momento, pero yo me abro con él y le cuento mis miedos, mis sueños, las pequeñas cosas que he hecho. Sobre mis nuevos amigos, las cosas que me hacen reír. Los programas de televisión. De todo un poco y él me escucha. A veces siento que en realidad me escucha.

Y caminamos por las calles viendo como dos niños los escaparates. Le pido que me acompañe a comprar carteras y zapatos. Y él no se niega, a veces él me tiene una paciencia increíble. Luego vamos por las joyerías buscando algún dije para mi madre “esa vieja engreída” como le dice él. A veces no compramos nada, lo mas divertido es ir hablando y llegar a algún sitio a tomar un jugo de tumbo o a comer un postre.

Mi padre se compra empanadas que come con fruición como un colegial. Yo me río al verlo, debería cuidar su peso, debería dejar de fumar…pero se ve tan feliz, que yo no puedo ser médico con él. Por ese día yo solo soy su hija pequeña, diciéndole que me agrada salir con él, escucharlo hablar.

Si, no he podido evitarlo. Le he confesado que me agrada hablar con él, cuando está así de bueno. Y es que mi viejo te habla de todo, de historia y de política, te arenga para la vida y te dan ganas de saltar de la silla e irte a vivir la aventura. El puede arengar a ejércitos, podría convencer a cualquier persona que el destino está en nuestras manos y que Dios está en todas partes pero no se parará a ayudarte. Que quien debe ayudarse es uno, salir a hacerse fuerte sin culpar a nadie. Que si debes creer en algo, es en uno mismo.
“En ese resorte interno que hace que puedas salir a pelear por tu destino”.

- “Recuerdo un hecho que hizo sentir tan feliz por ti…”-Al terminar de decir esto, se detiene dubitativo.

Se que no debe reconocer que estuvo de acuerdo cuando me fui de casa a ese fin de semana con el Innombrable, olvidando mi carrera, mi familia. Todo.

“Yo tengo mis propios plazos”- fue la única frase que dije a mi familia que me trataba de convencer de que no viajara.
Y mi viejo la repetiría siempre. “Dejen vivir a mi hija, ella ya tiene sus propios plazos”.
Nadie sabía si volvería. Pero me dejó ir en busca de mis plazos y mi destino.

Seguimos caminando por la calle casi vacía. “Tu y tu hermana tienen esa fuerza para tomar la vida”- dice luego de un rato meditabundo.

Y en medio de la tarde de colores naranjas reflejándose en cada ventana, yo prefiero creer que tengo la fuerza de mi propio padre para confiar en las decisiones de sus hijas.


miércoles, septiembre 13, 2006

Canela (4)

- No tengo zapatos que combinen con estas panties- le digo, algo apenada, mientras camino por la estancia de puntitas y descalza.

Esas medias a rayitas y con encaje en el medio muslo son muy bonitas para cualquiera de mis zapatos comunes.

- No, importa- me dice-
Igual te quedan bien.

Empezamos, entonces. Me siento en el sofá donde cae el sol de las dos de la tarde y el me acomoda el cabello y limpia las plantas de mis pies con la cámara en la mano.
Ese gesto me paree el mas tierno de los últimos días. Sentir sus dedos limpiando mis pies, como a una niña pequeñita.

- Tómate el pelo- dice más serio.


Yo lo hago, obediente. Es fascinante como adopta esa expresión y esa voz sin altibajos, cuando hace su trabajo. Se le nota muy profesional. Casi no me toca. Solo pide que me ponga mas a la luz, que me quede quieta.
En la sala silenciosa, solo hay luz natural filtrándose por las ventanas y el sonido de la cámara al hacer las tomas. Ese sonidito que me permite respirar, terminada la foto.

- No te rías, Martillito, ya terminamos- me dice con gesto benevolente

Yo no puedo evitarlo, ha de ser la vergüenza. Me da miedo que cuando vea las fotos me vea como realmente soy. Mi piel, mis manchitas, las ojeras cuando no uso los lentes. La verdad tengo miedo, por eso me río sin parar.



- Esa soy yo?- le digo con los ojos súper abiertos, cuando días después me muestra las fotos
- Claro, que eres tu- sonríe-
Te dije que eras una mujer guapa.

Yo no puedo creerlo. Pienso que me está tomando el pelo, pero me agrada que me diga guapa. Suena bien, parece una caricia en su voz. Pero me sigo mirando. Algunas fotos son a blanco y negro y hay otras, que son en tonos canelas. Es gracioso como la luz de la tarde hace ver todo totalmente canela. Mi piel, las medias marrones con el encaje alto, mi cabello, mis manos. Todo es un hermoso fondo canela de diferentes matices según la luz.

-
Te gustan?
- Si- le digo lacónica. El resto es silencio.

La verdad es que me encantan. Parece que él hiciera magia con esa cámara y volviera una chica oruga en una colorida mariposa que sobresale en un manto canela.


Él tiene magia, pienso. Tiene la magia de hacerme creer en mi, por fuera y por dentro.

martes, septiembre 12, 2006

Laura No Está

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...No me siento bien…hoy perdí la fe…la suerte juega con cartas sin marcar…no se puede cambiar...

(Calamaro)

No dejo de oír esta música, ando dispersa. Lo único que me encausa es poder oír música y escribir sin voltear a ver a nadie, ni levantar la cabeza. Me siento tan bien…ayer hablé casi seis horas por teléfono y dije todo lo que tenía por decir. Ayer tenía el corazón tan lleno y el cerebro explotando, que necesitaba hablar. Hubo un descanso para mis dedos, pero mi boca y mi lengua no cesaron de confesarse, entre risas y sabor de plátano.

He pensado en cerrar el blog para Diciembre, asumo que habrá crecido todo lo que debe y es momento de matar a Laura Hammer, o como quieran llamarla. Antes que comience a escribir pensando en los otros. Pensando en escribir divertido.

Yo no puedo ser divertida cuando escribo, no tengo historias optimistas para contar. Y aun cuando lo hago, el tinte de mi voz suele ser algo melancólico. “sexualmente melancólico” como me dijo alguien.

No podría escribir sobre lo que la gente desea leer. Al menos no todos los días. No tengo lo que la gente quiere, o necesita. Y soy feliz de saberlo. Escribo solo para mi y para quien le de la gana el leerlo. Pero odiaría volverme divertida, masticable y fácilmente digerible. Odiaría leer lo que escribo como si fuera un bagazo que a nadie le sirve mas que para reirse. Yo no hago campañas de autoayuda, ni busco rebelarte contra el mundo, mas...

¿Quién sabe?

A lo mejor es el proceso de autodestrucción de todo blog, unos inician así, otros lo hacen al final.

En todo caso, matar antes que dejar morir- eutanasia pura para el blog que llegue al año.

Me dicen que lo mío deprime y yo me río. No puedo escribir para solucionarte el día, para contarte algo que te haga reír en medio del trabajo de oficina, algún chiste para que les cuentes a tus amigos. Yo no se escribir para divertirte. Pero a veces me divierto contigo. ¿Quién sabe? A veces solo yo sé con lo que me río.

Pero yo escribo alucines y depresiones de lunes a miércoles, el resto de la semana depende del suicida en cuestión. Si amaneciste mal, yo no te solucionaré el día. Podría hacerlo, pero no me interesa. A mi me gusta sembrar semillas en ti y que si algún día quieres las vuelvas frutos maduros.

Quiero hacer lo que mis amigos hacen por mí: Inspirarme. Lo que mis amigos me dejan bajo la piel, ganas de seguir diciendo lo que pienso, como lo pienso. Sin palabras bonitas, sin una jerga especial para agradarte. Eso depende de ti. Yo hablo como pienso. Si te quieres suicidar después de leerme, anda toma el cuchillo. Yo no he venido a salvarte, ni a liberarte de las tristezas que lleves, de tu soledad guardada. No vengo a tratar de enamorarte, yo podría ser cualquiera. Tampoco vengo a hacer algo bueno por ti. Trato de hacer el menor daño posible y si lo que escribo te sirve: Bien por ambos, pero no me pidas que deje de escribir así, con las entrañas abiertas, solo para satisfacer a todos.

No me pidas que deje de ser. Solo déjame cuando quieras, yo sabré entender.

Yo hago historias truncas, dejo finales abiertos, para que sueñes el resto. Yo me culpo y lucho conmigo a diario. A veces gano, a veces pierdo. Dejo aquí cada fluido mío, a veces de besos, a veces de lágrimas. Un poco de sangre. ¿Quién sabe?

El día que vuelva quizás lo haga con otro nombre, si me reconoces, no hay premios. Escribo para mí y de vez en cuando para el resto. Pero no me pidas que sea divertida. Yo ando con libros desojados, con música en los oídos. A veces sin ropa, si eso te calienta, no es mi problema. Cada quien hace mitos de lo que desea. No está en mis manos portarme bien, para que solo me ames y nunca me odies. Ni en mi boca la palabra divertida que te solucionará el día.

Yo me voy y me vengo cuando quiero. Si quieres venirte conmigo, eso no es algo sobre lo que yo pueda aconsejarte. Simplemente, Ese ya no es mi problema.


Desempacar el Corazón

Es difícil, lo se. Desempacar el corazón, quitarlo de su envase aséptico. Sacarlo de la lata en donde late bajito para que nadie lo escuche. Es difícil, lo sé.

Tal vez fue el paso más difícil en el camino a volver a quererme. Desempaquetarlo y hacerlo latir de nuevo, aunque sangre al principio. Y sea terrible de ver. A la gente no le gusta ver músculos sangrantes, arterias cortadas, gente como yo, que pueda sentir por completo.

Pero el corazón busca su camino a libertarse como un pez que escapa en el agua, de quienes quieran acorralarlo. Mi corazón se lanza al mar, sale de los estanques mágicos en donde aguardaba hechizar a algún príncipe encantado y corre. Es un corazón que se choca con todo, que se revuelca en las zarzas, que pisotea las hojas secas, que duerme a veces en camas de espinos.

Le clavan arpones, a veces alfileres. Mi corazón sangra cuando ve a los niños experimentar con él. Cuando ve a la gente manipularlo para ver si en verdad sirve. Mi corazón resiste inquebrantable, Trata de no volverse duro. De no hacerse duro esta vez.

Es difícil, lo se. Amigo mío. Se que es difícil desempacar el corazón. Pero te aseguro que vale la pena, poder sentir de nuevo, aunque el 90% del camino sea dolor. Ese 10% de sentir sin bozales, es las mejor cosa del mundo. Y no hablo de amor, ésta vida no está solo hecha de amor, el mejor ingrediente es también tu corazón.

domingo, septiembre 10, 2006

Limón (3)

-¿Por qué me miras así?
- Nada, solo me gusta hacerlo
.

Yo estoy ahora casi a su altura. Me he subido en uno de los bancos de arena, que ha dejado el mar al retirarse. El clima es demasiado frío, pienso que fue una mala idea salir a la playa tan tarde.

- Pareces una pequeñita…cuando me miras con esos ojos. Me gusta.
- ¿Así? ¿Y como te veo?
- Con esa mirada tuya, pues. Medio tierna… medio pícara.

Yo detesto la palabra pícara. Me suena a mujer regalada, a mujer que coquetea con descaro. Pero tampoco me gusta que siempre me vean como una niña. A lo mejor esa mezcla es lo que les gusta a los tipos, aunque a mi me desagrade como suena. Esas deben ser las señales que doy y que debo evitar para dejar de salir con necios.

- No me mires así- le digo y vuelvo a caminar de vuelta a casa.

Los silencios con él son incómodos. No me agrada que vea y que se quede callado mientras me ve. Quisiera haber salido a la playa sola, aunque estuviera casi anocheciendo. El interrumpe mis pensamientos. Su presencia es ruido. Su silencio me molesta.

De pronto, extraño al joven Nash. A lo que he rescatado de él en mi recuerdo. Era muy fácil hablar o guardar silencio, o dejar que me mire. No me sentía incómoda. El mar no era una cárcel, sino un lugar mutuo y conocido, muchos metros allá abajo. Entonces extraño el sabor a limón de los helados en verano y la música que hoy ya no suena.

Ahora camino sin decir nada. El me cuenta sus anécdotas de colegio. Yo me siento boba, nada de lo que diga es divertido, ni interesante. Yo solo tengo para decirle cosas que él no entendería.

- ¿Nos vamos?
- Si,
le respondo- Hace frío.

El mar frente a nosotros es tan gris como la arena, o el cielo que anochece en invierno.
Caminamos en una pecera gris, donde somos peces atrapados por un silencio incómodo. El balneario parece ahora un pueblo fantasma con luces encendiéndose a través de la niebla.

- ¿En quién piensas?- Me dice sonriendo, meintras me empuja con el codo
- En nadie…

Me doy cuenta que muy a pesar mío llego a extrañar a alguien que compartía mis silencios y hacía parecer al mar un cuadro libre, de límites infinitos. Entonces me rio de pensar que extraño a alguien que solo existe en mis recuerdos maquillados de aroma a limones frescos.




El Mar entre los Muslos

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Yo tengo el mar atrapado, entre las piernas...agitándose bajo las manos.

El océano paseándose por todo mi cuerpo.
A veces es el mar lo único que ofrezco.
Un pozo de agua salada, para el náufrago sediento.

Pero es mi libertad el mar. Las playas vacías, el viento, las caracolas dormidas.
Es mi pasión correr por la playa desierta, espantando a las gaviotas con mi grito.
Con mi risa de sirena liberada. Sin embrujos, ni hechizos.

Solo yo corriendo libre, a la orilla del océano.

Yo tengo el mar atrapado, detrás de mis cuencas vacías, el agua oscura brotando detrás de mis mismas pupilas. Agua salada que brota, cuando dices que te vas, que te has ido. Agua salada brotando cuando vuelves y me abrazas.
Cuando me das esos besos, que no duelen recibirlos.

Agua salada evaporándose y dejando sal en las heridas que nos unen.

Tu no sabes de donde vengo, a donde voy, que es lo que quiero. Solo te imaginas mis sueños, retazos de agua y cielo. Y me lo ofreces todo cuando yo ya no puedo.

Mi piel es la arena oscura y fina de las playas del sur. Playas que no tienen tu nombre, ni el mío, escritos. Enormes desiertos de rocas rosadas al atardecer.
De dunas perdiéndose entre mis muslos y mi deseo. De arena que resbala entre mis pechos y mi ombligo. Tengo el mar aquí atrapado, en las dos orillas de mi sueño. Esperando por el navío que pueda quedarse en mi puerto.

Yo tengo el mar atrapado, aquí en mi boca, entre mis labios. Por eso mi palabra es salada. Mi verbo no es el dulce que te imaginas. No te quito la sed ni te sacio. Pues llevo el océano aquí atrapado, entre mi piel y mi alma.

Besa mi cabellera de yuyos desparramados. Besa mi espalda de arena, lame de mi ombligo salado. Hazme el amor, como el océano, entrando con ímpetu a mi puerto. Empuja, humedad hacia mi. En una ola de deseos. Que choca y vuelve, sin querer detenerse. Eres el océano que vuelve y me hace suya. Parte de mi y de todo.

Agua que orada la roca, desde muchas tormentas pasadas.
Entra por fin a mi embarcadero y suelta mi corazón de sus amarras.

...Yo tengo el mar atrapado, entre las piernas y mis manos.
Agitando mi corazón como una barca liviana.
Que tu ola vuelva a mi océano y la sal sea compartida
porque ya nos conocemos...

...Por esta vida de lágrimas... Que así sea.

Escribiendo para los Amigos

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Deseo hablarte, contarte que es lo que me ha pasado por la cabeza. No estás. Lo sé. Por eso uso de nuevo esta página en blanco para contarte que fue de mí. Es curioso, aunque lo parezca, no tengo muchos amigos por la red. Hacer amigos por aquí, es como la búsqueda del Santo Grial. Todos son amigos potenciales, todos se esfuman como un espejismo.
Podrías pasarte la vida buscándolos...Todos lo hacen.

Pero es igual que allá afuera, a los amigos se los cuenta con los dedos de la mano... De una mano de carpintero.

Cuando le trato de hallar la lógica, encuentro que es más fácil preservar una amistad vía misiva que vía mensajeros. Tengo un amigo, es cierto. Ya hemos cumplido el record de cartas por la red sin hablar de sexo, ni intentar seducirnos mutuamente. Mucho menos hablar de amor. No hay tensión sexual en nuestros correos. Solo esa complicidad de dos personas que van solas por el camino, caminando en paralelo. Cuando él camina de noche, yo lo hago de día y viceversa. Para nosotros, el día nunca termina.Si a alguien puedo llamar amigo es a él.

Tengo otros amigos, pero a veces siento que se evaporaran con el primer rayo de sol, después de la tormenta. Ya me ha ocurrido con varios, no es una novedad dolorosa. Aunque de todos modos lastime un poco ir perdiendo a la gente en quien confías.


Yo confío mucho, a veces duele.

A veces la culpa de que una amistad por vía cibernética no dure, es la soledad. Las personas solas vamos ansiosas por el mundo deseando compartirle nuestra soledad a alguien. A veces ese alguien simplemente no lo recibe. O están los buscadores de amor. Gente que busca mas que una amistad, una palabra amorosa, que suene a cariño, a deseo, a pasión contenida.


A veces no tengo esas palabras para dar. Lo mío es solo amistad.

Antes pensaba que se podría perder un amigo si llegas a intimar con él. He comprobado que no es cierto. Cuando hay la suficiente confianza y respeto, pasada la tormenta, puedes ser amiga y compañera de nuevo. Un día de sexo no debería echar a perder una amistad que es genuina. Pero si uno de ellos iba buscando amor... Bueno, ahí las cosas cambian. Es entonces, cuando alguno de los dos termina dolido.

¿ Cómo saber que no te enamorarás de tu amigo genial?


Siempre pasa, siempre hay una atracción contenida. No es solo algo físico. A veces va mas allá. Y eso se multiplica mil veces por este medio. En que un par de ojos pueden ser los más hermosos y un par de palabras bien dichas, podrían hacer pasar a un tonto por inteligente. Lo único que te preserva de no enamorarte de alguien, es estar bien a solas.

Alguien a gusto con su soledad no buscará amor. El amor lo encontrará a él.

¿Pero quien está a gusto?

Es un campo de almas solas, la red. Una telaraña de gente que quiere abrir el corazón, así no se lo aceptes. ¿Quién eres tú para decirle que su soledad es peor que la tuya?
Solo queda aceptar una parte de ese corazón y tratar de no dañarlo.


Hacer el menor daño posible...igual que en medicina.

Tengo amigos por este medio, algunos. A veces se vuelven bastantes. Solo el tiempo dirá quien dejará de estar cuando se sienta a gusto con su vida y ya no te necesite. O aquel amigo que ha de evaporarse el momento en que necesites su abrazo.

Si yo pudiera estar en todos los lugares en que tengo un amigo, tomaría mi mochila y viajaría hasta su casa. Habrá que ver entonces, si es solo amistad lo que se busca. O solo soy una persona que sirva como tapón para una soledad que se les desborda por la mirada.

Al cabo, creo que eso tampoco importa. Yo ofrezco mi abrazo a quien quiera compartir conmigo, mis discos, mis libros y aquello bueno que tenga para darles. Lo demás lo dejo ir cuando escribo.
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Imagen: Gilda Mora.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...