sábado, octubre 21, 2006

Nada de nada

Ja! Debería estar descansando, me duele la cabeza, me duele el cuerpo, cada maldito músculo. Es extraño, el dolor solo se acaba dándole más dolor. Pero prefiero el dolor físico al dolor espiritual. Vaya! Que mala comunista sería...siempre pienso que hay algo más allá de todo y que siempre, pero siempre hay otra oportunidad, no me puedo imaginar a la vida materialista y de un final específico como intentan hacérmela ver. Solo veo la vida y es una tuerca que giro y aprieto, para llegar a un nuevo nivel, a un nuevo dolor, a una nueva emoción.
Me imagino que la gente que me quiere para este punto ha se haber pensado que estoy triste, deprimida, abolida...Bah! Una joda escribir en público y que unas cuantas personas creen que te conocen más que tu misma. Una joda no poder volver a escribir en privado, por sentir que estás ocultando algo...algo más...Ya no sé que más podría ocultar, ¿mi cara? ¿mi cuerpo? ¿mi nombre?....Oculto tantas cosas, que a veces la gente que dice quererme, suele decir que está seducida por esa aura de misterio que me rodea siempre.
Ja! No tengo misterios, soy mas simple que un pan con miga y a veces un poco sensible, pero jamás romántica...jamás tan dulce como para creerme las baladas que oyen todos, o la trova extraña con la que se enarbolan algunos, o para leer poemas...No...no podría resistir a alguien que lo hiciera, siempre voy buscando algo mas fuerte, más y más...pero no demasiado. No me interesan los punk, ni yo a ellos, ni la gente full metal, ni la gente que se dice dura. Me enferman, me enferma esa pose de íconos que me causa náusea. Todo lo salvaje, todo lo duro, todo lo que promete autodestruirse, con lo que se ponga a la mano. Será por eso también, que odio los espejos.
Estoy cansada, físicamente agotada, pero mi mente se niega a irse a la cama: Demasiadas ideas. Demasiada música, demasiadas imágenes de películas a blanco y negro. Podría haber sido fotógrafa o si tuviera el suficiente dinero, incluso cineasta. Podría haber sido cualquier persona que intente retratar su realidad bajo su propia óptica, con su propia música y con las imágenes correctas. Podría ser cualquiera, pero yo solo se escribir...y esa es mi vía de escape, para un mundo que intento devolverlo con mi propio ámbito de visión, escarchado con mi propio aliento.
Extraño a Cienfuegos, te extraño necio, aunque dude si estás vivo o muerto o aun peor, olvidado.
Extraño a la gente diferente, antisocial, incomprendida. Que no hallan un hueco en el mundo donde encajar el suficiente tiempo. Ayer le hablaba de la música que oigo a mi hermana, un verdadero arroz con mango! cada vez que alguien me pregunta que música oigo, prefiero decir "fusiones" y ahí va todo, va el rock argentino que nadie publicita, van las fusiones de rock español, va Jamiroquai, bossa nova, chill out, Morrison, van demasiados y nada tiene que ver con lo anterior. Asi como yo no tengo nada que ver con lo que puedan pensar de mi, de mi apariencia, de lo que la gente que dice quererme quiere creer de mi.
A veces soy la musa de alguien, a veces su demonio...que mas da! Una joda nacer mujer y escribir como hombre, una joda sentir como mujere y ser entendida como hombre...una joda... en fin! me siento tan cansada. Podría estar bebiendo en algun lugar y contándole a alguien lo que se me pasa por la mente, pero no me agotaré intentandolo. Imposible. ¿quién ha leido todos los textos? Nadie. ¿quién me ha visto de carne y hueso? Nadie. ¿quién me odia lo suficiente? Nadie. le soy indiferente al mundo, como yo le soy a él. Así que no importa.
Me siento fatigada, hoy será una larga noche y bailaré y beberé y reiré como nunca, porque eso he estado esperando... Pero ahora me siento cansada, cada músculo, cada tendón, cada idea.
Pienso en esa canción La Bestia Pop, sonaba tan trsite a pesar de lo que quisiera demostrar, de ese tono salvaje de esa voz roca y entonces me parece oir esa frase "vamos a brillar mi amor- esta noche- vamos a brillar mi amor" y Mariano diciéndome que se refiere a drogas, que esa frase dice que esa noche ambos van a brillar porque van a estar drogados y entonces, se me caen las lágrimas, porque yo la siento triste a pesar de que la música haga parecer lo contrario, haga parecer que es solo otra canción salvaje y estúpida...como yo.
Yo siento esa letra tan triste y vacía como en un recuerdo pero no alcanzo a deprimirme , porque él me saca de allí y evita que piense demasiado.
El mundo está en movimiento, los que se quedan sentados a meditar sobre él, solo pueden derramar lágrimas, me dice. Y yo le creo y lo pongo en práctica, es entonces que comenzamos a vivir cada segundo sabiendo que será el último...Porque yo se que hay caballos que se mueren potros sin galopar.

viernes, octubre 20, 2006

Ser o No ser Gorda!!

Si hay una frase de la que ninguna
mujer está a salvo de decir es “Estoy gorda”.
Sea que se lo dice a si misma, a su familia, a sus amigos, o en la inmensa mayoría de casos a un hombre, la frase suena igual de categórica y no hay nadie que pueda convencerla de lo contrario.
El eterno martirio de una mujer es sentirse gorda, ya sea por los prototipos de mujer bella que se muestran en la Tv. de delgadas féminas sin un gramo de grasa sobre un cuerpo esbelto en donde cualquier ropa quedaría bien o porque desde niña le metieron la idea de que solo se es bonita teniendo el cuerpo de muñeca Barbie.
Pero si una decidiera obviar a la caja boba con publicidad apabullante llena de chicas en bikini acompañando cualquier producto de consumo masivo; no tardarán en recordarnos lo GORDAS que andamos, en los escaparates de cualquier tienda que se jacte de vender ropa a la moda.

A mi me ha pasado que cualquier ropa que me agrade existe, pero en una talla que es muy inferior a la mía y que está diseñada para pubertas sin senos ni trasero desarrollados
Claro, pienso rápidamente, es que esta
moda es para jovencitas de 16 que ignoran cualquier sobrecarga adiposa en su
cuerpo.


Entonces avanzo por los corredores del mall en busca de algo moderno que no me haga ver tan apretujada como un chorizo. Acudo al otro sector y ahí está la ropa que “Si es adecuada para mí”, léase ropa de tía de poca libido, que se viste con blusas holgadas, pantalones sueltos y etc. de indumentarias que tienen una “caída” genial sobre un cuerpo medianamente esbelto, o tan seco que no evidencia una mínima curva, pero que a mí me dan la apariencia avejentada propia de las mujeres con exceso de pechos que ya están en vías de engordar el trasero.

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Pienso que mi cuerpo no va con mi cara, que debieron darle mis tetas a alguien que supiera ganar dinero por ellas. Son una joda, cualquier suéter o blusa se abre o se ve apretada cuando se tiene que amoldar a las malditas bubbies. Lo único que puedo agradecer a la genética es que no me haya dado un trasero equiparable al par de susodichas, porque ya estaría yo, con un cuerpo rollizo digno de tía que atiende en pollada de barrio.

  • MALDITOS ESPEJOS

Pero la ropa de tallas pequeñas, no es el único problema. Están también los espejos. En las grandes tiendas tienen la costumbre de poner esos espejos de cuerpo entero en los vestidores, con una iluminación exagerada que resalte los dones de la prenda en cuestión. De lo que se olvidan los encargados de markéting, es que con ese tipo de iluminación una mujer puede caer en la cuenta de que su cuerpo está volviéndose un desastre.
Ante el espejo iluminadísimo de un mall, una toma
conciencia de que el tiempo y la vida sedentaria están jugando en
contra.

Me ha pasado que frente a ese tipo de espejos, me he quedado solo en ropa interior por varios minutos preguntándome ¿de dónde diablos salió esa estría? ¿Por qué mis piernas no se ven tan firmes como en el espejo de mi casa? O ¿por qué mi guata está más grande de lo que yo pensaba? Ese estado de shock en que uno descubre celulitis donde no había y se da cuenta que la Ley de la Gravedad cobra su cuota de víctimas en las mujeres que rondan los 30, me deja sin ganas de comprar nada más.

Pero me recupero y decido probarme la ropa que he llevado y ¡claro! Ahí empieza la segunda parte de la tortura. Que si el pantalón no cierra, que si la falda corta te da el aspecto de secretaria buscona, que si esa polera de cuello en V te hace ver los pechos como una madre que amamanta a trillizos…¡En fin! una joda total. En ese momento extraño las ferias de ropa en donde te desvistes detrás de una cortinita vieja sujetada por la vendedora y te alcanzan un espejo diminuto en donde solo se advierte una pequeña parte de ese cuerpo que va en vías de volverse voluminoso, pero a la que todas nos negamos siempre.

Por supuesto, eso también tiene sus bemoles. Me ha pasado que llegada a casa, con mi nueva ropa, de la cual la vendedora argumentaba “que me quedaba preciosa”, “que estaba hecha a mi medida” y etc de otras alabanzas al ego; resultaba que no era del color que vi en la tienda, que está mas chiquita, que es medio transparente, que se me rebalsan las chichis por el escote, que es demasiado corta en los muslos…en resumen, que con ese vestido mejor salgo a ganar plata a partir de las 12 de la noche en alguna calle concurrida.

Y es que una no se puede confiar de las vendedoras, mucho menos de aquellas jovencitas que tienen como máximo ideal ir vestidas por la calle como bailarinas reggaetoneras, con escotes gigantes y pantalones apretados que entran solo con ayuda de vaselina y mucha, pero mucha voluntad…Su buen gusto está en tela de juicio, dado que su lema es “Mientras mas carne muestres, mas sexy te ves” ...si claro, nos vemos en el camal de Yerbateros!

SIN CORDURA NI GORDURA

Durante el viaje me di cuenta que estaba engordando. Para alguien como yo que vivió toda su adolescencia con complejo de flaca y poto chico, el asumirse como fuera de línea en vías de engorde era un paso demasiado grande. Casi como aceptar “de acuerdo me volví blogger”. Sin embargo lo asumí. Ya no podía usar bikinis, ni vestir ropa pegada, sin sentir que mi estilo se acercaba más a bailarina de despedida de soltero que a lo que yo creía ser antes: Una flaca con buen cuerpo. Ja!

¡No pues! Si lo de flaca ya no me lo creía nadie. De pronto las vendedoras mencionaban frases como: “Estás llenita” "tienes mucha pierna" o “creo que te quedaría mejor una talla mas”, que es la manera más diplomática de decir:
“ya pues hijita, quítale papa al caldo si quieres usar esta ropa”.

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No faltaron las vendedoras sin una pizca de sensibilidad para mi nueva figura, como la vendedora de una tienda de trajes de baño haciendo gala de su floro más fecundo
“Flaca, se nota que en tu tiempo tuviste tu cuerpo, que estabas bien, tus pechos y tus piernas están bien, pero...YA FUISTE… ¡Engordaste pues!”; lo que en buen peruano quiere decir
“¡acepta la ropa que hay y no jodas!”

Vistas así las cosas, decidí volver al Tae bo. Después de dos años volvería a la rutina de ejercicios-dolor- dieta, para poder pasar un verano en la playa sin un pareo que me cubra del cuello a los pies. Necesitaba endurecer las piernas, rebajar el abdomen,
evitar ese primer signo que hace que las mujeres se vean casi
obesas: El espesor en los hombros
¡No! No llegaría a eso, acabaría con la guata y la cadera alta antes de que el resto del cuerpo siguiera ensanchándose.
Sería difícil, pero lo lograría. Esta vez no lo haría sola, acudiría donde la gente si sabe perder peso.

¡No! ¡No a un cirujano!
Hablaba de ir A un gimnasio.

Pero fue una Mala, malísima idea…

jueves, octubre 19, 2006

Los Almuerzos con mi viejo

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Almorzar a solas con mi padre es una de las cosas que en estos dos últimos años estoy aprendiendo a disfrutar. Hablar con él me llena de buen humor, además siempre salimos a algún lugar y él me deja pedir lo que desee y luego paga la cuenta. Cuando almorzamos juntos se porta muy bien y no reclama nada.

Antes no era así.

Antes odiaba quedarme a solas con mi padre y oírlo hablar tristemente, de sus recuerdos de sus sueños, de alguna que otra frustración. Oírlo hablar y no interrumpirlo para nada, sentir su depresión sobre mí, de vez en cuando algún sollozo que terminaba en lágrimas y yo allí, con esa incapacidad de decir algo adecuado. A veces solo lo abrazaba y esperaba que eso bastara, pero sabía que siempre era insuficiente. Estoy bien, me decía, es bueno llorar.
Es extraño, a veces digo esa misma frase ante mis amigos mas queridos, a veces me he abrazado a alguien y le he dicho “déjame llorar un poquito” y he comenzado a lagrimear sobre su camisa, hasta sosegarme. Luego todo volvía a estar bien. No había de que preocuparse. A veces pienso que mi viejo y yo somos iguales. No lo sé.

Elegimos la mesa de siempre en el jardín, casi junto a los músicos. Creo que si no quedara tan cerca, solo iríamos a ese restaurante en fechas festivas, pero a mi padre no le gusta ir demasiado lejos y a mí me gusta entrar en zapatillas y blue jean a un lugar al que la gente va intentando lucir formal y haciendo ver que no entran allí todos los días.

El pide algo simple, pero deja que yo pida un plato enorme, que ambos sabemos que no podré terminar. Deja que yo elija la bebida y ésta vez no se burla del mozo. Creo que sólo se burla de los mozos viejos, cuando son jóvenes y sonrientes se contiene de tomarles el pelo.

El viento agita las blancas sombrillas, levanta los manteles, hace volar las servilletas. “aquí es fácil comer”- le digo mientras empuño el tenedor. Y le cuento del viaje, de esa cena a la que me invitaron, en que había tantos cubiertos en la mesa que de solo verlos se me quitó el hambre. De la servilleta bordada que manché con la pintura de labios, de toda la ceremonia protocolar con que finge esa gente, para llevarse un poco de comida a la boca.

Mi padre se ríe, me comenta de los grandes fingidores, de la política, de las noticias. Me doy cuenta que me estoy riendo con cada uno de sus comentarios, antes tenía mas precaución de reír a carcajadas en público. Pero, estoy con mi padre ¿Qué importa?
Poco a poco me doy cuenta que voy devorando el plato que parecía enorme, que he tirado a la basura 3 días de sacrificada dieta hipocalórica. Mi viejo se ríe, para él yo siempre seré delgada, aunque se burle de mi guata en público.

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Le comienzo hablar de cosas médicas, Claudio dice que yo al hablar de medicina me transfiguro, que me cambia la voz que se me iluminan los ojos. Mi padre cree que no tengo vocación, que me equivoqué de carrera, que si él fuera yo, ya estaría trabajando gratis solo para ayudar al prójimo. Yo soy diferente, para mi ser médico es un sueño cumplido. Veo mis series favoritas E.R o “Grey´s Anatomy y me emociono mucho. Me siento como esos niños que al crecer lograron ser astronautas y que se enorgullecen de serlo, aunque aun no hayan salido en misión. Escucho atropina, sialidosis, dopamina y me siento feliz, de saber que está pasando. Me gusta la medicina, el problema es que en nuestro país, jamás se podrán pedir esos exámenes, ni actuar con la rapidez que aparece en la ficción de una serie televisiva.

El viento sigue soplando y de las palmeras caen algunas semillas. Le comento que en el viaje no pudimos almorzar al aire libre por el exceso de polen que caía sobre los manteles. Se queda callado y reflexiona luego, "Es que nosotros vivimos en un desierto"- me dice.

Le cuento sobre la cena con los tíos petulantes, que todo el mundo pedía carne de avestruz, pero yo pensé que en el Perú la podría probar en cualquier momento y que por eso me había inclinado por la carne de jabalí, porque pensé que tendría el sabor a cerdo, pero la habían aderezado tanto que igual podía ser de un vacuno cualquiera.

Mi viejo se ríe de mis anécdotas lidiando con los tenedores, con los platos raros, con el clima. Y se termina comiendo el resto del plato que no pude terminar.
¿Quieres postre? Me dice en son de burla, pero yo estoy explotando, pienso en todo el ejercicio que tendré que hacer si quiero ir a la playa este verano, sin necesidad de una burka que me cubra el exceso adiposo.

El cielo se ha nublado, “son los vientos del este”- menciona él cuando ve que me muero de frío. ¿A dónde vamos?- pregunto yo al salir. “A caminar, por supuesto”- me dice mientras me abraza.

miércoles, octubre 18, 2006

Miércoles entre Susurros

Yo despierto y escucho esa canción. Recién ahora tengo ánimo como para volver a oí­r canciones que hablen de amor, pero esta es diferente, la guitarra suena, una baterí­a de fondo, de pronto despierto y algo me hace creer que el mundo está en equilibrio. Es miércoles, el peor de los días, pero yo despierto y siento que todo estará bien. Tengo un sentimiento, una idea, algo rondando en mi cabeza, ya no me siento tan vací­a como ayer. Esa ansiedad que se apoderaba de mi pecho, que no me dejaba terminar de leer, de escribir, de caminar.
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Son las hormonas, me repito, la dieta hipocalórica, el exceso de café. Parece que fuera hambre, pero simplemente es ansiedad. Salgo a caminar, me pregunto a quien podrí­a comentarle esa pel­ícula de humor negro que vi hace unos dí­as, de una mujer que se enamora de un sepulturero y finge su propia muerte para fugarse con él. Seguramente solo le interesará oír la trama completa a algún freak como yo, me rí­o de eso y sigo caminando.

El dí­a tiene un sol precioso, se advierte el viento azotando los árboles y las canciones en los oídos, me siento tranquila, hablando en susurros. Hoy ando mas tranquila que ayer, en que solo pensaba en sexo, sexo por todos lados, en esas ocasiones preferirí­a dormirme, pero decido hacer ejercicio.
Avanzo aceleradamente en la máquina como un hámster loco, luego abdominales, después patadas. Es una rutina estúpida, pero me deja la mente en blanco, hasta quedarme tirada en el suelo de madera soñando con flores cayendo del techo, con una cascada transparente, con sonidos naturales, las paredes caen, las ventanas se abren, estoy en medio de un bosque...

Y de nuevo el sexo.
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Pienso en Ruffalo y esa escena de sexo a oscuras "In the cut", me encantó ver como se trasladaba la cámara en esa película, hasta volverte cómplice. De pronto me doy cuenta que desde los 13 años no me sentí­a atraí­da sexualmente por ningún actor de cara bonita. Este tipo no tiene cara bonita, solo tiene un atractivo animal.
Probablemente eso sea lo que necesito, pienso y la imagen de Mariano se me viene a la cabeza. El bosque, la fuente con el arco iris al caer la tarde, la forma que tiene de pronunciar Rioja arrastrando la R hasta hacer silbar las palabras.
Podrí­a hacer una pelí­cula de ese tipo, moverí­a la cámara rápidamente, con planos secundarios y mostrando solo la mitad del rostro.
¿Por qué nunca muestras el rostro en las fotos? Es la pregunta que me han hecho. Me gusta jugar- respondo rápidamente, luego me doy cuenta que es la verdad. Me gusta jugar a mostrar solo fragmentos del cuerpo, a fotografiar mis pies.
A quitarme la ropa.
¡Vaya! Me siento en el piso y pienso en ir a comer algo, mi comida saludable, ha estado sabrosa, pero me deja con hambre. Solo puedo pensar en sexo y una torta de chocolate. Camino un rato mas por la casa antes de bañarme, me veo en el espejo cuadriculado, que cubre la mitad de la pared y me desvisto lentamente.
No deberí­a estar sola, pienso. Es un desperdicio. Luego me rí­o de mi propia petulancia, ¡Que puedo hacer? A veces me gusto a mi misma. De niña pensaba que un hombre vivía dentro mí­o, me gustaba verme, tocarme, mi cuerpo era un regalo- pero me hacía sentir mal. Complejo de culpa- me parece oí­r de la boca de cualquier psiquiatra.
Durante el viaje comencé a buscar ropa árabe, pañoletas, turbantes, me fascina la idea de vivir como en Las Mil y una Noches. Entramos encorvadas a esa tienda donde habí­a incienso y música hindú, con toda esa ropa extraña colgando desde el techo y dificultando la visión del turco que atendí­a al fondo, vestido de blanco y con un alto turbante como algún personaje de historieta.
Mi hermana y yo reí­mos, pues nos sentimos en casa, todos allá­ son ojerosos y con la nariz que caracteriza a la familia. El cabello rizado, la sonrisa constante, igual que en casa. Las mujeres nos muestran los velos, todo es demasiado brillante, hasta que lo veo. Ahí­ esta. Es esa indumentaria bordada con monedas pequeñas para que suenen cuando se baila moviendo la cadera. La compro sin preguntar el precio. Mi hermana se rí­e de mí­, no puede creerlo.
Ahora frente al espejo me amarro ese trapo- que no sé ni como pronunciarle el nombre- a la cintura y me pongo el velo. Solo con la ropa interior y el velo, bailo hasta que me duelen los muslos. Es mejor terapia que las patadas al aire o los abdominales, bailar siempre ha sido mi mejor terapia para olvidarlo todo.
De nuevo pienso en sexo, pero ya es hora de bañarse.
Entro a la ducha y dejo que se lave cualquier recuerdo de mi mente y de mi piel, solo queda en mí­ la canción que me despertó en la mañana y una idea difusa de que todo estará bien. Es un miércoles cualquiera y yo trato de vencer mis mareas hormonales, la ansiedad, los recuerdos del viaje, cualquier demonio que no me deje caminar en paz.

martes, octubre 17, 2006

" EN 5 MINUTOS"

El asfalto cruje bajo los pies de Urbano cuando sale de casa y decide no tomar el tren al trabajo, ésta vez irá caminando. Sorprende a la madrugada cuando las flores apenas se están desperezando, cuando la escarcha aun no se ha derretido en los cristales de las ventanas.

Urbano camina con el rostro inmutable de camino al trabajo, no se resiente ante el frío, ante la gente que mendiga, ante los perros famélicos que pasean por las calles a esa hora. Urbano se desplaza en su propia atmósfera de pensamientos tristes, tratando de dilucidar los recuerdos de los sueños, la gente que conoce, de aquella que nunca ha visto.

Urbano camina solamente y el mundo se abre paso ante su indiferencia, como una flor gris carente de toda belleza. La gente lo saluda al pasar, él saluda a su vez y el resto es silencio. Se vuelven silenciosos los pasillos, los trenes, los restaurantes. Urbano no escucha ni intenta escuchar lo que dice la gente. Ellos están ahí como letras sobrantes de ese poema triste que se escribe a diario. Nadie vale la pena lo suficiente como para volver la cabeza, para ofrecerle ayuda, para dirigirle una palabra que no sea la de siempre. Ese cortés “Buenos días”, ese educado “Buenas tardes”, que Urbano arroja como insulto bien planeado de indiferencia cotidiana.

Los días para Urbano son siempre los mismos, las calles de su ciudad natal, llenos de gente que no entendería lo que piensa, por eso él ya no intenta hablar con nadie de lo que ocurre en su cabeza, de sus ideas que son locas, de sus recuerdos que son sueños, de su futuro que es incierto. Ve gotear cada segundo en el reloj esférico, esperando que se haga hora de salir, de irse a alguna parte, de desaparecer de esa ciudad asfíctica donde él ya no oye ni habla... ni espera.

El día es igual de inanimado las 24 horas, su existencia se mueve sobre ese segundero implacable, incluso terminado el trabajo. Cruza cada una de las calles pequeñas, con paso calculado sin pararse ante nada, hasta llegar al malecón desde donde el mar se ve igual de gris que el resto de la ciudad. El reloj marca las 5:05 y entonces el mundo se detiene. El cielo gris florece a un color naranja que se derrama por los techos de la ciudad, por sus cristales opacos, por los jardines muertos y por las veredas rotas. En ese momento Urbano deja su expresión de muñeco laqueado y su mirada gris se ilumina con la presencia de la mujer que camina por el malecón, en dirección a él, sin bajar la mirada.

La ve avanzar entre la gente y la vida florece a su paso, por cinco minutos solamente, él la vuelve a ver con el cabello suelto, la sonrisa perfecta y esa piel tersa de la primera vez. Su vestido blanco es un lirio delicado, su cuerpo un frágil pecíolo. Y Urbano la mira desde sus recuerdos, mas luminosa y pura que siempre. Casi perfecta, en medio de la ciudad que se tiñe de naranja durante solo 5 minutos.
Ella se acerca tanto que casi puede sentir su aliento frutado cuando pronuncia su nombre. Urbano en ese momento tiene toda la poesía del mundo atrapada en su boca, palpita en todos sus rincones el poder de la frase que no alcanza a decir, que se queda atrapada por la amalgama de su saliva otra vez. Atrapada por esa emoción de volver a verla solo por 5 minutos.

Ella se acerca en actitud de besarlo, pero pasa de largo hasta dejar su risa musical sobre su oído izquierdo, dejándolo inmóvil, sin palabras para decir. Completamente tonto, con ella tan cerca y sin tener nada que la convenza a quedarse, excepto ese abrazo silente que sueña darle desde que la conoció. Ella se va y su abrazo se pierde en la nada, cuando su cuerpo desaparece entre las manos de Urbano y la ciudad se vuelve a teñir de gris antes que alcance a decir una palabra que lo haga sentir humano.

Atardece poco a poco en la mirada de Urbano, hasta hacerse gris y oscura como todos los días. La ciudad vuelve a ser de concreto, los jardines se marchitan, el asfalto vuelve a crujir bajo sus pies cuando él se dirige a casa. El reloj vuelve a correr y él siente su correr implacable en el oído en donde hasta hace poco su risa tintineaba feliz y serena.

El reloj vuelve a correr, la ciudad vuelve a su movimiento habitual de indolencia diaria, pero la vida de Urbano en cambio, se queda inmóvil hasta el siguiente día cuando el reloj vuelva marcar la hora exacta en que la ciudad se tiñe de naranja y aparece una mujer vestida de lirio, para decirle desde algun sueño: Despierta, Urbano, despierta...

lunes, octubre 16, 2006

Yo y los Perseguidores

Ayer domingo, un hombre comenzó a seguirme. Fue una sensación rara, porque sentía que alguien me seguía pero al volver la cabeza solo estaba mi cabello obstaculizando mi visión y nadie atrás mío. Pensé que era alguna de mis paranoias, hasta que el tipo me empujó. Probablemente había estado caminando tan cerca mío que cuando volteaba no lograba verlo.
Pasó delante de mí, se dio la vuelta, me sonrió con cara de demente y caminó en dirección contraria. Era a todas luces un esquizoide, con la cara desencajada, los brazos cruzados en actitud mahometana y unas sandalias sucias. Yo volteé a mirarlo y él también lo hizo. Tenía una cara de expresión fea, los ojos ocultos por una gorra verde. Parecía uno de esos locos callejeros.
Yo lo olvidé prontamente y seguí caminando.

Al volver la cabeza el hombre me seguía por la misma vereda. A media cuadra de distancia el hombre cruzaba la calle si yo cruzaba y se detenía si yo lo hacía. Me comenzó a dar miedo y me detuve en un paradero. Era domingo, ningún policía cerca, la tarde soleada, la gente escasa. El hombre me miró desde la vereda de enfrente y cruzó la avenida hasta posicionarse a algunos pasos cerca mío. Pensé en subir a cualquier bus dado que no había taxis cerca, pero me detuvo la idea de que el tipo se subiera a mi lado. De solo pensar estar a tan poca distancia del demente, me daba escalofríos y asco.
Apenas se distrajo, seguí caminando, pero esta vez más rápido, solo me faltaban algunas cuadras para llegar a casa y aquel hombre parecía distraído en otra persona. Detendría el primer taxi que pasara y me alejaría de allí.

Mala decisión. El hombre no se había distraído ahora me seguía calle abajo.
Las tardes son soleadas, mas que primavera parece verano y las calles son angostas y sin árboles. Los domingos puedes advertir cuan abandonada está la ciudad, con todas las puertas cerradas y ninguna persona cerca.

Ahora era demasiado tarde para buscar un taxi, esa calle está cerrada al tránsito. Casi habíamos empezado a trotar, de lo rápido que yo caminaba y el tipo me seguía con el caminar corvado y los brazos cruzados como si estuviera nevando.
La calle vacía, nadie alrededor, sin darme cuenta me estaba comenzando a agitar. Pensé en detenerme, en gritarlo. Mi padre lo hubiera hecho, pero yo no soy mi padre y tampoco tengo su fuerza.
¡maldita manía de salir a caminar un domingo!

Cuando ya no quedaba otra opción, entre a un ciber que estaba abierto por allí. El único abierto en esa calle fantasma que une la plaza con la zona donde vivo. Entré rápido y me oculté en la cabina del fondo.
El hombre pasó 5 minutos después y se puso a vigilar la entrada, pero sin ingresar. Ahora solo quedaba permanecer allí hasta que se canse. Examinar todas las posibilidades de salida, si el tipo permanecía allí y yo salía iba a saber donde vivía. Tendría que caminar una cuadra más hasta mi casa, porque por allí no transitan vehículos, menos, un domingo. El solo hecho de tener que caminar una calle más seguida por el demente, me asustaba. Después de tres cuadras había perdido el valor inicial de encararlo o ignorarlo.

En ese momento en el chat, la única persona era Diego y su fabulosa manera de calmarme:
No te muestres asustada- Llama a un amigo-Pide ayuda al tipo del ciber- Araña y patea si es necesario….
Para este punto se me ocurrió que la sutileza de mi amigo, no era uno de sus fuertes, por decir lo menos.

Afortunadamente, el tipo se cansó de esperar y desapareció. Ayudada por el chiquillo que atendía en el ciber café, salí de allí y caminé rápidamente hasta mi casa. Si el hombre me hubiera estado siguiendo, hubiera llegado hasta mi mismo departamento, dado que el portón está abierto los domingos y el vigilante se desaparece toda la tarde.
Ya estaba en casa, sana y salva.

Me quedé pensando en mis paranoias persecutorias, en las veces que me han seguido tipos, por cuadras enteras y he tenido que llamar a la policía. ¿Cuál era la causa? ¿Caminar sola? ¿Caminar distraída? ¿Cruzar por una plaza llena de gente un domingo?
¿Parecer asustada?
Mi cuñado bromea, diciendo que seguro es porque salí con mi faldita de “cabra chica” o seguramente con algún escote, "levanta locos"

¡Como si eso fuera necesario para que un orate decidiera perseguirte!
Aun en broma, la gente que me conocía me culpaba a mí por cualquier tipo que me acosara en el camino.

Llegada la noche comencé a pensar todos los maniáticos con los que me había cruzado desde que estaba en la universidad, a quienes les había restado importancia, hasta que las cosas se ponían feas. Si decidía escribir sobre eso, necesitaría otro blog.
Ya en mi cama, me di cuenta que una mujer caminando sola se presta a persecusión por cualquier idiota que quisiera asustarla.
Y lo peor, lo conseguía.

domingo, octubre 15, 2006

Sin una pizca de Amor

Hace unos días en un golpe de inspiración escribí EL AMOR ES UN MONSTRUO ACÉFALO, no pude continuar lo que seguía a ésta línea por cuestiones de tiempo. Ayer cuando volví a ver la página en blanco, me di cuenta, que a pesar de lo que hubiera escrito, el amor era un monstruo que había dejado de golpearme. De pronto me sentía cómoda y sabía perfectamente lo que quería.

Y es que después de tanto tiempo sola, ilusionándome con cualquier tipo que se cruzara en el camino y dijera dos palabras bonitas, me daba cuenta, que nada de eso ya me impresionaba. Ni era necesario. Había terminado el típico proceso después de una ruptura, en que añoras que alguien te diga las palabras correctas para tirarte a sus brazos y prometer que ésta vez lo intentarás con más ganas o que sencillamente Estás dispuesta a intentar.
Había conocido hombres de todos los tipos, pero nada funcionaba. Me sentía culpable y luego los culpaba a ellos. ¿Por qué carajo no podía iniciar una relación normal con un tipo común y corriente?

Por un momento pensé que era mi mal tino para escoger los grupos sociales, de estudio o cualquier cosa. Simplemente me seguía rodeando de la misma gente aburrida de la facultad, de hombres veinteañeros que seguían hablando como púberes, de treintones buscando el amor ideal o de cuarentones que usaban toda su labia poética para compensar lo que ya no les daba el físico ni la próstata.
- Claro, me dije, por acá no hay de donde escoger. El problema es éste medio.

Pero el problema no era ese, era mas simple que eso: Me ilusionaba fácilmente y me bajaba del caballo apenas comenzaba a trotar a un ritmo diferente del mío. Yo buscaba amor y los tipos sexo, yo buscaba una charla relajada, ellos impresionarme. Yo buscaba alguien con quien no sentirme tan sola y poderle compartir mi vida, ellos no estaban dispuestos a ser el peluche o el muñequito inflable de una infante que odiaba pasar tantas horas sola, escribiendo sobre la inmortalidad del mosquito. Era una cuestión de intereses y no todas las veces fui la víctima enamorada del hombre incorrecto,
creo que realmente yo no podía entender que era eso, en el estado de fragilidad en el que me hallaba.
Yo estaba ahogándome, la persona que se me acercara tenía que saber nadar o lo ahogaría conmigo.

Estaba cansada, comencé a pensar que ya no me interesaba buscar ternura ni amor por parte de un hombre, ese sentimiento ya lo conocía al revés y al derecho y NADIE, absolutamente nadie podría volverme hacer sentir esa locura magnífica que es despertarse y dormirse enamorada.
Dado que jamás volvería a tener eso, no perdería mi tiempo buscando alguien enamorado hasta los huesos, si era así me quedaría sola el resto de mi vida. El amor verdadero es una aguja en el pajar y yo no viviría en celibato hasta que me pinchara con ella o alguien me la clavara en el corazón. Necesitaba alguien con quien poder hablar relajada, alguien con quien compartir ternura y porque no, algo de sexo. Estaba dispuesta a tener esa clase de relación sin ningún problema, aunque sonara a propuesta cínica. Simplemente no esperaba amor, "ya no era tan tonta", como para relegarme a la soledad por la búsqueda de ese sentimiento escurridizo que nadie sabe donde está.

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Ha pasado el tiempo y he seguido conociendo gente interesante y otra que no tanto, maduré un poquito, de pronto podía discernir quien me interesaba y quien no. Con quien solo tendría una relación amical o con quien me interesaba en algún momento llegar a tener una relación física provechosa. ¿El amor? Salía sobrando. Eso no es algo que se planea o que podía forzar a que naciera. Fingir que siento algo, proponerme a sentirlo, no está en el menú. El amor, como lo conozco es de categoría mutuamente excluyente: O se da o No se da. El resto es simplemente: ternura, amistad, sexo, lo que sea de palabras y sentimientos que pueden unir a dos personas en mayor o menor forma.
Muchas veces es la amistad un sentimiento mucho mas tenaz que el amor, eso me agrada.
Me agrada tener amigos, pero ya no me enamoro de nadie y aunque suene contraproducente: Eso es una satisfacción.

Era angustiante conocer a alguien e ilusionarse por cualquier detalle tonto, una canción en común, una película rara que ambos conociéramos. Siempre quedaba en el aire la posibilidad del amor, de ¿Estará interesado en mi? Y luego darte cuenta que estuviera o no interesado, simplemente no se daba la química necesaria, para tornarse en una relación duradera.
Eso ya ha cambiado.No importa que tanto esté un tipo interesado en mí física o amicalmente, hay cosas que se dan o no se dan. No pretendo pasarme la noche entera pensado- como hacía antes- en si resultará o no, o si le intereso lo suficiente como para salir otra vez. Ahora puedo elegir, si yo quiero o no hacerlo.

No sé, pero ahora me siento mucho más tranquila. Antes andaba confundiéndolo todo, si alguien me impactaba a nivel mental, creía que también podría hacerlo a nivel de corazón o de mis gónadas. Si tenía atracción sexual por alguien, pretendía que también se diera la misma relación a nivel de conversaciones o de sentimientos. ¡Imposible!
Solo hay alguien que puede encender el switch que une el cerebro, al corazón y al sexo como si fueran uno, eso es lo que la gente llama amor. Todo lo demás, es un espejismo de la soledad, de una vida vacía que intenta llenarse con el primero que pase y diga o haga algo que pueda ser interpretado como especial. Del primero con una cara o figura lo suficientemente atractiva como para pensar que ésta vez podría resultar por lo menos a nivel hormoonal.

Si las relaciones entre un hombre y una mujer-llámense amistad o sexo-son tan buenas ¿Por qué echarlo a perder todo hablando de amor?

El amor es un monstruo acéfalo, lo sé. Nos golpea en donde mas nos duele, pero de vez en cuando también nos atrapa en su abrazo. No sirve de nada correr hacia él, aun a ciegas, él nos hallará antes... solo es cuestión de andar tranquilos.

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