viernes, abril 24, 2009

EL COME GENTE. Parte 1 Jurgen.




Las imágenes de la carretera se sucedían rápidas e imprecisas. Al este la montaña rezumaba todo ese aliento a vegetación fresca y a tierra mojada que a Jurgen le disgustaba tanto.
Como todo europeo que se respetara había pasado todo el viaje quejándose de la humedad, del calor y los mosquitos. Offi y yo dormíamos sin hacerle mucho caso, mientras él decía cosas en su idioma que solo Offi entendía y de las que se reía sibilante entre dientes amarillos.


No me había agradado la idea de que metieran al alemán en el asunto, pero sin él, no teníamos presupuesto y tanto a mí como a Offi -Ofidio para los amigos y Ovidio Rojas en su pasaporte-tener la primicia del caso nos interesaba mucho.


Hace 6 meses cuando el jefe nos dijo que teníamos que conseguir noticias que hicieran titulares, ni cortos ni perezosos nos metimos a investigar la vida de todo aquel que tuviera plata en la zona; hallamos cosas jugosas como amoríos, hijos no reconocidos y dinero lavado, pero implicaba meterse con mucha gente y hallar tantos secretos como pañuelo de mago, que la verdad no teníamos ni tiempo ni constancia para continuar investigando ni documentando.


Estábamos a punto de perder el trabajo y volver a la ciudad, cosa que tanto a Offi como a mí nos disgustaba. La ciudad significaba volver a tomar fotos y hacer entrevistas tontas a políticos del momento, también a ganar menos y a vivir mal. La sabana después de todo tenía mucho que ofrecer a dos tíos rebeldes como nosotros.



Así que cuando oímos los primeros rumores de un Comegente al norte de Madagaos, arreglamos las cosas y le avisamos al jefe para partir cuanto antes.


El problema, nos dijo, era la falta de plata para la comisión. ¿De dónde íbamos a sacar? Tendríamos que sobornar a un montón de gente para cruzar la frontera y pasar sin que la guerrilla nos haga nada. Pero valía la pena. No se había oído hablar de un caníbal en la zona desde inicios de siglo y esos arrebatos de la indiada de comerse algún genital o algún seso del enemigo después de una victoria, más que actos sangrientos para investigar el móvil del caso y hacer hipótesis, sólo correspondían a viejas tradiciones que llamaban la atención más que a los turistas de paso.


Pero un Comegente de verdad en la sabana, era una primicia exclusiva. Offi me había dicho esa noche que pongamos de nuestra propia plata porque con ese reportaje tendríamos siquiera para medio año, si lo enfocábamos bien. “Y con algo de suerte lo podemos vender a alguna cadena televisiva que pagara bien”- había agregado.


A mí no me gustaba la idea de pasar en medio de la guerrilla, después de todo era mujer y las historias de violaciones y otros raptos de odio en zona de frontera todavía me erizaban la piel.


-Hasta podemos hacer una película, Negra- Me decía Offi, ajeno a mis reflexiones sobre si valía la pena aceptar una verga o un tiro en la cabeza por buscar una historia exclusiva.


Los ojos de Offi brillaban en la noche llenos de codicia, detrás de fumarolas de tabaco barato, mientras hablaba. Desde que llegó aquí se había llenado de tantos vicios como deudas y la promesa de algo que pagara bien lo conmovía hasta los huesos.


Fue en ese momento que la idea de Jurgen se me cruzó en la mente. Lo admito, yo se lo propuse a Offi, pero es que jamás pensé que el desteñido del alemán aceptaría poner de su plata para esa empresa alocada que teníamos en mente.

Habíamos conocido a Jurgen en el Parque de la Reserva mientras hacíamos fotos de algunos monos que eran los últimos de su especie. Offi le había pedido al gringo un cigarrito y de allí habían comenzado a hablar de fotografías y luego de cine como era lo usual en el medio.

Nos enteramos de que Jurgen estaba en el país hace un mes buscando material para su próxima película. La verdad nunca nos dijo cuál era la primera, pero Jurgen nos daba buenas señales de que el dinero con él no era problema, por algo se había pasado ya 6 meses buscando en Latinoamérica algún tema truculento de esos que en Europa les gustaba tanto y que lo catapultara al éxito de las pantallas.


Para Jurgen nuestra existencia era tan interesante como la de esos monos en extinción que ahora Offi intentaba fotografiar en su mejor pose. Apenas unos animales exóticos que hacían ruido y tenían colores dignos de poner en imagen. Una mera excusa para brillar en los créditos de alguna producción millonaria.

Esa noche fuimos a hablar con él y Offi con su alemán a medias, lo convenció lo mejor que pudo para que invirtiera en el proyecto que a nosotros nos sacaría de pobres y a él del anonimato. El gringo se interesó de inmediato, pero quería estar presente durante la investigación. Le dijimos que era muy peligroso, que la guerrilla, que el calor, un millón de excusas que el desteñido ni escuchó; quería ir y garantizar que su dinero era bien ocupado, así que lo hizo.

Para el amanecer del uno de marzo estábamos Jurgen, Offi y yo embarcados en un camión que nos haría cruzar la montaña hasta Puente alto y de allí cruzando el oriente de Madagaoz hasta la misma frontera donde se habían oído los primeros reportes de víctimas del Comegente.


Entre la emoción de un proyecto nuevo y el sopor de otro viaje por tierra algo en mí me punzaba como mal presentimiento. ¿Estábamos haciendo lo correcto? ¿Era confiable el tal Jurgen? ¿Offi me defendería si es que llegaba a atraparnos la guerrilla?

Muchas preguntas y una sola respuesta: Ya estábamos en camino y no valía echarse para atrás.








Mi piel se ha quedado muda,
poro a poro ha gritado en su agonía
el fervor de sentirme tuya.

Mi piel se ha quedado muda
y en el sudor de los anhelos
se ha deslizado no solo la imagen nuestra
sino tambien los mil reflejos de la persona que era

Ese silencio que es el bálsamo
al grito de mi soledad reciente
me ha encontrado rendida
en un cruce de camino
esperando que la muerte pase
y me ignore como el propio destino.

Mi piel se ha quedado muda
de gritar tu nombre, de clamar verdades
que no escucharé nunca,
soy una visión mas
de las muchas que has tenido
un sueño lejano apenas
de esa mujer que fui
de la noche que no tuvimos

Descubrimientos de fin de semana


Podría escribir millones de palabras porque mi pupila se ha mojado esta tarde de sueños y me he dormido pensando que no habría un día siguiente.

Puedo escribir millones de palabras porque esta semana se dieron en mi cabeza millones de inicios para millones de historias, para millones de cuetos, para millones de amigos que podrían recibir en lugar de mis cartas tristes, algún cuento mío que sepa a obsequio, a algún agradecimiento extraño, por estos meses paganos, por estos años, por todos estos años de escribir y leer barbaridades y media.

Si este es el único medio para querernos así entrañablemente, que sea este para contarte como me ha ido.

Sabes? He descubierto que mi mejor tarde es cuando salgo a caminar y decenas de loros gritan en las palmeras del hospital, entonces elevo los ojos y el cielo me recuerda a algún lugar que aun no visito, a algunas vacaciones postergadas, algun sueño que he tenido y lo he vivido como real. A una quimera. A eso suenan los loros las palmeras y la tarde difuminándose en colores imprecisos de zian y magenta. A eso me sabe la vida ahora a colores fríos y a retratos a lápiz, a mi misma retratada y desdibujada.

He descubierto que mis mejores películas son aquellas de mucha acción, persecuciones y rostro trasnochados. He descubierto que la mejor hora para ir al cine es cuando empieza la tarde y las salas están vacías, entonces puedes encararte al actor principal en una mirada sin pestañeo que abarque toda la película. Y allí sentir que vives de forma prestada esas cosas que el tiempo y el dinero no te dejan vivir ahora. Olvidarte que eres prisionera de un mundo ficticio de agua destilada y ambientes asépticos.

He descubierto que el amor me da miedo. Porque ya no le se reconocer la cara aunque me mire defrente. Que extraño terriblemente a una persona a la que solo he visto una vez en mi vida, hablado un par de horas, escuchado un par de minutos. Qué extraño de forma indescriptible esa promesa de destino. Esa coincidencia de hallarnos y no volvernos a ver más. Por qué? Porque creo en el maldito destino y en esa frase tan lúcida de hallar el destino justamente en el camino que tomamos para escapar de él.

He descubierto que mi mejor siesta es en la que no duermo y me dejo llevar por esa música de guitarra flamenca como si esa fuera la música que me hubiera acunado siempre, mientras la persiana cocoa golpea la ventana en esa mezcla de brisa y frío de invierno.

Que es mi mejor siesta cuando espero entre sueños a que la noche llegue y abrir los ojos para entregarme a alguna guardia asesina, mientras sueño despierta que estoy en algún lugar lejos de aquí y el mar me espera a lo lejos mientras la brisa golpea mi ventana.

He descubierto que me gusta ser médico y que me horroriza dejar de ser quien soy, dejar de escribir, dejar de ser nadie, un elemento al margen y convertirme en cambio en un guardapolvo blanco que vocaliza bien las palabras mientras su nombre brilla en una plaquita que no dice nada.

He descubierto esta semana que podría estar en cualquier parte y por una razón extraña de mi destino me quedo aquí unos años más a buscar quien sabe qué. Quien sabe quién mientras te añoro como si fueras real y me siento la persona más cruel del mundo por no poder ya amarte como la mujer que fui, sino solo como la amiga que quiero ser.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...