viernes, junio 19, 2009

El Comegente Parte 2

En el monte parece que fuera la tierra la que pariera al sol, decía Offi. Hasta ese día no me había dado cuenta lo cierto que era. De pronto al abrir los ojos, los rayos débiles del día que empezaba comenzaron a aflorar en el perfil de la tierra, como si de sus entrañas se levantara un sol demasiado perezoso.

El alemán seguía durmiendo, habíamos pasado la noche en la estación fronteriza y mientras Offi y yo intercambiábamos anécdotas del trabajo, él se había lanzado a fumar de esa forma compulsiva y llena de nervios en que lo hacía siempre. Sus fumarolas se elevaban en la noche, en medio de ese silencio incómodo salpicado de gruñidos que tenía él.

Nuestro viaje se había alargado un poco, salir del país a los puestos fronterizos había sido una tarea algo difícil llevando a tremendo desteñido patilargo a nuestro lado. A cada rato nos preguntaban a dónde íbamos y por qué íbamos. La explicación de la entrevista al Comegente no era una historia que quisiéramos repetir siempre, así que inventábamos lo de ser fotógrafos de mariposas, estudiantes de la naturaleza, biólogos, o una tontera por el estilo.

No creo que a Offi le cayera muy bien el oficio de observador de mariposas con su cara de reptil y ojos vivaces, pero con un poco de plata íbamos pasando de a poquitos cada puesto en que nos hicieran problemas.
Yo mientras tanto iba haciendo pequeños bocetos de lo que podría ser la historia del Comegente, una historia negra para que se leyera en varios capítulos, con bastante sangre y descripción de caras asustadas, antes del zarpazo del caníbal de valle alto como lo apodaban otros.

El día que lo conocimos sin embargo, El Comegente no aparentaba tener mas de 45 años, sonriente y colorado como si la sangre de todos sus muertos se le agolpara en las mejillas. Sus dientes separados sin embargo daban la impresión de un infinito placer al destruir tejidos ajenos.

El gringo había logrado que nos dejaran pasar al puesto de policía donde lo tenían preso hace 2 meses no porque creyeran que fuera del todo peligroso, sino porque no había nadie suficientemente letrado en el pueblo para que lo pudiera procesar.

Al conocerlo sabíamos solo algunos detalles de las matanzas de los últimos 2 años. Una historia de que se había comido a su compañero de pedir limosnas y otra en la que enterraba las carnes de sus muchas víctimas cerca al botadero del pueblo. Todos detalles muy vagos acerca de su verdadera voracidad, el móvil de su comportamiento o el inicio de éste.

Nosotros habíamos llegado para enterarnos de todo, pero entre la ambición de Offi por sacar detalles más escabrosos y la del gringo por filmar cualquier resto humano que él hubiera dejado por el camino, con una fijación placentera por el dolor ajeno, el viaje comenzaba a ser asfixiante.
Ahí estábamos él y yo frente a frente en la pequeña celda que rezumaba humedad y olvido en medio de la selva. Offi con la cámara de fotos, el gringo en una esquina filmándolo todo con una cámara de mano. Yo intentando que no se me sienta el miedo que afloraba desde mis axilas.

El Comegente tiró la silla de un zarpazo y mirándonos fijo como un animal que juega con su presa antes de devorarla, se sentó sobre sus cuartos traseros en el piso y dijo con una risita:
Que desean los señores?

miércoles, junio 17, 2009

Me siento a ver los aviones pasar

No voy hablar del amor ni de los eventos cataclísmicos que por el suceden. Por mi salud mental ya no debería hablar de nada y solo quedarme aquí a ver los aviones pasar,

al pie de mi ventana como esperando pintarse algún cuadro inédito de la historia humana,

de mi propia historia.



Me voy rompiendo como si de papel mojado se tratara, de a poquitos, sin que los demás hagan mucho esfuerzo. Rompìéndome y dando paso a una forma decolada de dolor e ira. La personificación de la frustración en un solo rostro.

Una Olivia Sánchez mejorada.



Mi vida corre a ciclos, huyendo de las relaciones asfixiantes, de todo aquello que me prometa confort a cambio de ser eternamente la chica frágil que solicita ayuda.



Llego a la casa del terror, con odio a mi misma por seguir viviendo allí y no poder iniciar una relación normal nunca.

Cómo explicaría a alguien que aun vivo en la casa de mi ex, que llega allí los fines de semana, que llama casi a diario, que siento por él alguna suerte de respeto y culpa.



A mujeres como yo, los hombres como él sulen poner un grillete de culpa alrededor del cuello, para que así cada relación nueva sea solo un estropajo del que hay que deshacerse pronto.



Mi primera relación en la vida era casi perfecta, tuvo que terminar para que me diera cuenta que estaba con el tipo mas obsesivo del mundo. Que definitivamente no era feliz, que salí huyendo no para enamorarme de un alguien, sino simplemente para saber que era enamorarse. Igual que ahora.



No importa cuantos mamotretos vengan luego, será la culpa la que me invada si sacudo mi felicidad delante de mis viudos. Si puede acaso asomar la sonrisa del nuevo intento en mi cara.



Debo cuidarme, porque mis viudos sienten dolor y me culpan por haber dejado de amarlos. Suelen decir que lo ams doloroso para un hombre es saber que su mujer ama a otro.



Y qué?

Acaso es mas fácil cuando terminas una relación sabiendo que no te quisieron nunca?

Que el tipo con el que soñabas de día y de noche, con el que esperabas hablar a diario, no siente ni la centésima parte de lo que tu estabas dispuesta a sentir, que no siente nada de lo que tu sientes de una forma intensa y dolorosa, como si cada separación fuera la extirpación de un órgano vital?



Duele menos de alguna forma? Una ruptura acaso no duele? No duele como si cada día tuvieras que hacer el ejercicio mental de tomar aire y respirar hondo para que el mundo no se te caiga encima? Para que las cosas te cuadren y puedas controlar al menos una de las áreas de tu vida que no se está yendo por un tubo?



Cómo querías que esto sucediera sin dolor? Hay alguna forma de decir No te amo con anestesia?



Si no doliera me terminaría convirtiendo en uno de los estropajos de turno, alegando que por el temor al dolor esperan no enamorarse nunca. Si no fuera a doler jamás intentariamos nada y cada relación sería el papel mojado donde escribimos promesas que no cumpliremos.



Por qué debo sentir culpa por todas las relaciones pasadas? Alguien en el mundo siente culpa por mí?

Me asfixia el recuerdo de mis viudos. Esa sensación de que yo DEBÍA amarlos, como si fuera una obligación amar eternamente.



Me siento aquí a ver los aviones pasar, recordando los desastres vividos en las últimas horas, lo emocionalemente agotador de un trabajo que no te compensa; lo asfixiante de una relación que terminó como tal hace un año; la melancolía por otra relación que fue vivida con tantas esperanzas que hasta me da vergüenza admitir que me enamoré solita de una ilusión. Pensando que jamás tendré una relación normal mientras siga viviendo aquí a la sombra de un muerto. Que incluso si alguien normal se apareciera no podría explicar tanto descalabro en mi vida.
Tanto ruido y tan pocas nueces.


Me siento y quisiera desesperadamente fumar, moverme, hacer algo que me quite las ideas de la cabeza, golpearme contra un muro y borrar de mi memoria todas aquellas cosas que me impiden volver a creer en un futuro que no sea patético y lleno de reproches acerca de lo que no pudo ser.

domingo, junio 14, 2009

El problema de ver peliculas por cable son los cortes comerciales, dejan demasiado tiempo para no hacer nada. Por eso me conecto y una que otra vez hallo a alguien aburrido diciendo cosas aburridas por ahí.

Extraño intercalar peliculas con sexo. No, mejor extraño al sexo. Es malo que una mujer lo diga?

Ya nada es extraño.

Es extraño que yo lo diga. La no blogger lo diga, en el mundo real? Si bastante.

Imaginate una charla en la que inicies diciendo, Oye extraño hacerlo.

Suena mal. Aquí suena mal. Debe haber un lugar que no. De hecho hay varios lugares en que no.

Extraño estar en otros lugares.

Aquí empezó mi película debo hacer una pausa. EL GURU DEL SEXO es un buen inicio para mi domingo.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...