miércoles, diciembre 02, 2009

Micro cuentos

La luz se filtró por la persiana entre abierta. El cuerpo inerte del profesor Higginson descansaba sobre varios papeles amarillos. La sangre se había coagulado junto a su cráneo abierto como un melón.

Cur- cu- bi- tá- cea, silabearía él de haber oído la extraña analogía que hacían los policías de su reciente muerte.

"No es un melón, Sr. Pinsky, de lo que Ud. habla es de una fruta cur- cu- bi- tá- cea".

En ese momento su lengua se aplastaría contra sus dientes amarillos llenos de antiguo tabaco y corregiría una vez más algo de lo que Lonard Pinsky pensaba.

Había sido su alumno en los primeros años de universidad, cuando aun algo de él quería dedicarse por completo solo al estudio. Había tomado sus clases porque le dijeron que el viejo Higginson acostumbraba dormirse a mitad de la clase y eso le permitiría escabullirse los fines de semana. Pero mas que eso, lo que mas le había atraído del anciano profesor sería su memoria de elefante y su exquisitez para elegir siempre la palabra correcta, la mas rara, la que en un sólo término podría sellar una expresión completa.

Llevaba unas horas muerto y en el pequeño departamento varios policías, buscaban pistas del asesinato. Leonard Pinsky buscaba a su vez sus propias pistas. Era el investigador mas joven de la escuadra y acostumbraban llevarlo a las pesquisas de la tarde cuando los demás descansaban, especialemnet aquellas que tuvieran que ver con la universidad.

Se había graduado de la escuela hace un par de años y una maestría en numismática lo había vuelto popular hace 6 meses al hallar las pistas del asesino de las monedas, como llamarían al captor del profesor Rubiano, en los periódicos luego.

Este era el segundo profesor muerto en lo que iba del año y la cúpula universitaria se veía remecida por titulares en los periódicos y escándalos que no se repetían desde 1996 cuando uno de sus docentes mas recordado se suicidara lanzándose de lo alto del auditorio.

Esta vez Pinsky tenía razones para pensar que ambos casos estaban articulados. Si bien ambos profesores pertenecían a ramas distintas de la enseñanza, su violenta muerte daba señales que parecía mas un acto de algún sicario que una venganza solamente.

El Profesor Rubiano, por ejemplo, había enseñado la cátedra de física por mas de 20 años y de pronto es hallado ahorcado junto a su armario, sin mas pistas que una moneda herrumbrosa. A partir de allí iniciaría toda la investigación que ahora se estancaba en rumas de burocracia.

Leonard sentía que esta era la oportunidad para hacerse notar, había algo mas detrás de esos crímenes aparentemente inconexos.

Se acercó a la persiana que era golpeda por el viento. El campus universitario se extendía hasta el horizonte, una preciosa vista sin duda. Los campos de hortalizas aparentaban un mar verde que se movía lentamente al compás de la brisa. Habría sido esa la última visíón del profesor Higginson, el sol cayendo sobre el horizonte, mientras alguien le apuntaba desde atrás con un arma que le partría en dos los sesos.

Leonard, tragó saliva. Acababa de hallar su primera pista.

lunes, noviembre 30, 2009

Diciembre

Hoy me siento mal. No sé por qué. Espero saberlo al terminar de escribir esto.

Debe ser que inicia Diciembre y algo de melancolía se cuela en mi casa sin remedio.

Los días entonces pasan a una cuenta regresiva que oprime el pecho, asfixia y envilece.

Diciembre...

Se rompe el cielo en aguaceros que retrasan un verano que no llega, mientras camino por una ciudad que no es mía ni yo soy de ella.

Diciembre...vamos, no es nada, pero ultimamente cada Diciembre en mi vida inicia lacrimógeno, terrenal y sin ninguna esperanza. Así que por qué hacer una excepción este año? Si se me retrasan los ciclos anovulatorios y resulta que estoy en un día 14 que me hace sentir mal sin causa.

Mierda el ser mujer y ser gobernada por mareas hormonales que hacen que una semana sea solo para pensar en sexo y la siguiente solo para deprimirse por cosas sin causa. Preferiría ser hombre y que no me dolieran las cosas mas fútiles. Que no me deprima sentir que viene Diciembre y que no haya ningun regalo por llegar, solo una inacabable deuda de la vida con uno mismo. Esa deuda que en Diciembre sólo se hace mas evidente.


Los aviones siguen partiendo sin retorno y yo no llego a despedirme ni a decir lo correcto.

Tal vez me duele Diciembre porque soy de las pocas personas que esperaba este mes todo el año y con ello la llegada de Navidad y el cumpleaños.

No sé cual con mas ansias.

El cumpleaños, que fecha antes tan esperada y ahora tan fatídica!
Antes era para sentirse la persona mas especial del mundo, el centro del universo de mucha gente y de un tiempo a esta parte, solo para pensar en la gente que ya no está contigo.
Aun peor la gente que de verdad no te quiere suficiente.

¿Qué es suficiente?
Nunca es suficiente para mí.
Sigo esperando esos regalos que deberían de llegar.
Esperando quién sabe qué, que no me haga sentir miserable un día y feliz al siguiente.
Esperando que cesen esos cambios de presión que me oprimen el pecho cuando siento mi pequeño avión caer.

Caer...

Viajo en un avioncito de papel
surca tu mundo, frágil, inocente,
movido por la brisa de una palabra,
derrumbado en la humedad de un sólo beso.

Luego cae...

en espirales grandes,
pequeñas,
simplemente cae.

No sé lo que escribo. Tal vez debería hacer una lista de las cosas que no me agradan depositarla en un ánfora y quemarla.
Hacer listas me hace bien. Escribir también. Pero no hoy.
Hoy no sé lo que siento
y la música no ayuda.
Paso del reggae al rock setentero sin decirdirme en que quedarme
y así voy escribiendo sin ritmo,
sin decirdirme a escribir lo que siento,
tal vez porque ya no siento seguro ningun papel en el que escribo
ni siento secreto ningun sentimiento que me colme el pecho.
He pasado a este estado en donde se todo de todos sin ni siquiera verlos.
Maldita tecnología que separa a las personas, mas de lo usual.

Sigo pensando que la culpa la tiene Diciembre y con ello, todo lo que vendrá luego.
Ser algo lista es un problema...casi siempre sé lo que pasará luego.
No hay sorpresas. Sólo debo estar lista para recibir el golpe. Siempre lista.

Escribo sin ritmo, porque no me agrada la música que oigo.
Ni me agrada despedir a mis amigos.
Ni perder a aquellos que pudieron haberlo sido.
Ni hacer planes con gente a la que no considero como amigos.

Tal vez debería soltarme más. Confiar en la gente.
De qué me serviría?

Mi avioncito de papel es ahora un origami
que se destruye bajo lluvias que no cesan de caer.

No me agrada escribir así, pero supongo que en algún momento encontraré la respuesta a todas mis preguntas. Habrá una línea que luego de ser escrita iluminará la oscuridad en la que me detengo a pensar porqué me siento así. Ingenua. Torpe. De pronto tan inocente como estúpida.


Es Diciembre, vamos es sólo eso. Nada podría ser peor que el anterior Diciembre. Tal vez tengo miedo que eso suceda, otro cumpleños al lado de gente que no me quiere, otra navidad llorando por el cariño de gente que no me quiso.

Mierda, Diciembre. Ni siquiera tienes lágrimas para arrancar pues creo que al llegar a los casi 30 las he perdido todas.

Sigo sin respuestas. Tal vez sea el momento de escribirle a Rafa, para que él entienda por mí, las cosas que yo no puedo resolver.

Tal vez sea el momento de dejar todo y seguir sola lo que queda del camino.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...