martes, agosto 30, 2022

Filosofía de Masas


Lo supe apenas pisé el asfalto y me dispuse a caminar de nuevo, me sentía mejor. Por la mañana mi ánimo apesadumbrado de la mujer que se agitaba con solo bajar escalones se había ido disipando poco a poco. Doce horas en el hospital, pensando cosas, compartiendo charlas anodinas, sobre pacientes, sobre estudios, sobre anécdotas, sobre películas con mis compañeros me habían dejado media gris. A veces en el hospital el tiempo no pasa lo suficientemente rápido y solo me da hambre y ansiedad todo el tiempo. Varias veces hoy me lamenté por el exceso de apetito, por el hecho de que ya no pueda ir a entrenar, por no saber porque mis exámenes de sangre siguen saliendo alterados. Por momentos finjo ante los otros que no me importa, por momentos me frustra no poder solucionarlo todo ya y rápido. A veces me da serenidad tener una excusa para dejarlo todo, sino fuera esta cuerpo que está fallando seguiría cargando mi máquina corporal de obligaciones y deberes y postergando los sueños que ni sabía que estaban esperando en el escritorio. Por el momento me interesa estar bien, ni si quiera me interesa el amor de un hombre, con la psicoterapeuta he aprendido que primero tengo que amarme a mi y eso parece que me está faltando hace varios años, así que como no me hagan una regresión o una sesión de ayahuasca no sé como lo solucionaremos. Han sido doce horas de turno en el hospital postergándome, la mayor parte del tiempo tirada en el sofá del cuarto de reuniones para no agitarme mucho caminando por los pasillos, pero al llegar a casa, he pensado, es suficiente, mi cerebro está demasiado activo, he comido demasiado, necesito caminar un poco y olvidarme de todo. Así que he salido, me he calzado las zapatillas de deporte, me he puesto el poleron mas grande que tengo, ese abrigo verde oliva que mi familia odia, encima y he salido a la calle. Por supuesto las calles estaban vacías, como cuando estábamos en cuarentena. Yo amaba esos días en que la gente estaba metida en sus casas y solo los que teníamos pase podíamos deambular tranquilos, no había ruidos de autos, solo un par de fantasmas saliendo a pasear a los perros, los pasos en el asfalto sonaban con mas eco del acostumbrado, en ese momento yo corría, trotaba, sentía que debía estar fuerte, bajar de peso, los médicos estábamos viviendo una guerra y yo debía estar en forma para luchar hasta el final de esa guerra.

Muchas veces he pensado porque me tardé tanto en incorporarme al equipo del hospital, nos sentíamos héroes, con miedo, pero valientes, con pena, pero fuertes, con historias trágicas a cuestas, pero con valor. Yo no revisaba mi tarjeta para saber cuanto ganaba, lo que me infundía valor era saber que si algún momento mi familia se enfermaba habría una cama para ellos, una cama en un momento de la crisis sanitaria en que no había cama hospitalaria para casi nadie. Ahora ya no siento eso, siento que somos vulnerables otra vez, que nos pueden echar en cualquier momento, que nos hacen problema por cualquier papel, que hasta la mas nueva secretaria te manda al desvío o te maltrata con papeleos inútiles. De nuevo eres nadie, porque en este país, ser médico en el sector público es como si fueras nadie, a menos que andes pavoneándose por todos lados o tratando mal a la gente y yo nunca fui así, ni lo seré. No veo la hora de volver a casa. No digo que el sector privado me trate mejor, vomito de solo pensarlo, pero al menos me dará menos pena cuando me toque dejarlo. Mi máxima aspiración es dejarlo todo y vivir de nada. Se que alguien se debe estar riendo de mis ambiciones, alguien como yo que viaja cada mes, que se la pasa en fotos de hoteles cinco estrellas, planeando viajes a Europa como si fuera alguien de mucho dinero, que se mofa de tener una colección de zapatos que ocupa toda una pared ahora quiere vivir del aire. Pues si, quiero vivir del aire, quiero dejar de vivir de lo material, de las posesiones, quiero dejar de estar preocupada por las cosas que me quitan o que se consumen con el solo paso del tiempo. Debe haber algo mas importante que eso. Amarme dicen, amarme, pero por el momento debo admitir que me pone mas contenta saber que mi chico del café lee los libros de filosofía que le recomendé aunque quizá sea solo que pone los títulos para conquistar a cualquier otra, es tan fácil vivir de frases prestadas! Pero  al menos le dejé algo, al menos aunque olvide mi cara, recordará que yo le recomendé ese autor que no conocía antes de mí. ¿Quién sabe? Ojalá se hubiera enamorado de mi, ojalá hubiéramos hecho mas el amor antes de terminar sin hablarnos, que estupidez el orgullo! Vivir en una misma ciudad y estar apartados por la seguridad de vivir así, sin querer arruinar lo que no debe ser, lo que no pudo ser, lo que mejor no es. Porque las gente adulta no se enamora, se cuida de no dañarse con demasiada cercanía. 

domingo, agosto 28, 2022

Caminar de nuevo

 Blog terapia

Domingo

28 de agosto de 2022



Caminar de nuevo


Poco a poco comienzo a caminar de nuevo, aun me agito, eso me lo hace notar mi sobrina que se ha quedado el fin de semana en casa y me distrae de mis pensamientos grises. Caminamos por los parques cercanos y me hace dar cuenta que me agito al hablar y que a pesar de que la marcha no ha sido a gran velocidad al llegar a casa aun presenta disnea. Pensé que solo yo lo notaba, es decir, me doy la vuelta muy rápido en la cama o me agacho muy rápido y me palpitan las sienes o me agito demasiado, pero trato de olvidarlo, pero el hecho que mi debilidad comience a ser evidente para el resto me da cierta pena. El miércoles me haré nuevas pruebas, esta vez con la hematologa, me queda un mes para recuperar algo de mi performance antes del viaje. Al menos ahora me preocupo por el viaje y no por el trabajo, algo ha cambiado en mi animo. Mi inquietud ha dejado de ser el presente inmediato y ha pasado a ser el futuro prometedor, así sea de unas pocas semanas. Tengo un itinerario vago de lo que haré en Octubre, aun me da miedo confiar en las personas, a pesar que Marc es una persona que luce coherente y equilibrada, luego de mi ultima experiencia de viaje con L. Mi terapista me ha aconsejado no rendirme a ser tan confiada y no poner en riesgo mi integridad. 

Es raro decir mi terapista, ahora siento como si tuviera un guardaespaldas, alguien a quien acudir cuando no se si los juicios que hago sobre mi son demasiado duros o demasiado laxos. He acudido a ella por que no sabía a quien mas acudir, en un momento de mi vida en que sentía que tenía ya todas las de perder. Ni siquiera mi cuerpo ni mi salud me pertenecían. Estos días, me ha hecho bien quedarme en cama, caminar poco, no esforzarme en grandes tareas, lo máximo que he hecho es comprar algunas flores y llenar el jardín de macetas nuevas. Quizá me convierta en la señora de las plantas. Espero que si dejo de trabajar pueda por fin tener una mascota, aunque se que eso solo es un sueño. Con mi tipo de trabajo, un perro se moriría de depresión solo en casa. Siempre pensé que me convendría tener una pareja petlover para así tener una mascota partime…Mis amigos entonces se reían,  o sea que no quieres una pareja por el sexo sino por compartir un perro, por compartir los gastos y el tiempo que demanda tener un perro. Pues si, por que mas ? Y es que en un momento como este en que era tan fácil obtener sexo para una mujer a través de las aplicaciones o las redes sociales, lo realmente difícil me parecía tener una pareja que quisiera compartir un proyecto en común como tener un perro o una planta. Lo de hijos ni siquiera estaba en el menú. 

Hay horas del día en que no pienso en el sexo con tristeza, es decir que no lo evado. Incluso lo añoro, meto mi mano bajo mis anchos pantalones de pijama e intento jugar, pero no me dura mucho. debe ser la depresión. Antes de me tocaba varias, muchas veces al día, la ansiedad, la adrenalina, el cortisol, el estrés del trabajo, la excusa que sea, pero yo debía tocarme al menos dos veces al día para sentirme relajada. Luego cuando el chico del café me hizo un comentario de que seguro a mi no me gustaba el sexo tanto como a el, tuve que pararlo en seco para aclararle que mi libido era la de una adolescente de catorce años, que si no teníamos relaciones, no era por mis horarios de trabajo, sino básicamente porque el no ponía mas empeño en verme. No sé si eso será lo que ha herido su orgullo tanto, o quizá las otras cosas de las que hablamos, pero lo cierto es que nunca pudimos retomar alguna conversación que no fuera a la defensiva. Quien sabe, a veces la falta de sexo o el exceso de el lo arruina todo.

Ahora dedico al menos una hora del día a escribir, me está costando, concentrarme, estar en silencio, hilar mas de dos ideas, confesarme. Hacer una especie de diario, para que no se me olvide que estuve así, en el pozo, o qué hay un pozo antes del verdadero pozo. A veces no se ni para que escribo, creo que es para no ver tanta TV, para no revisar tanta pantalla de celular, para no esperar un mensaje de whassap que no llegara, para en fin, evadirme de la realidad que no llama a mi puerta. Así que me oculto detrás de esta pantalla luminosa, a ver que me dice mi yo más básico, el más tímido, o el mas descarnado. A veces me asalta la curiosidad de quien aparecerá esta noche, la que extraña los besos, la que reniega de la vida, la que se queja de todo. La que promete que hará mejor las cosas. No sé quien. Por el momento me siento débil y eso me protege, se que aun no puedo salir a la calle ni enfrentarme a nadie, conocerme con nadie, darle la mano a nadie. Se que por el momento no puedo hacer nada que me saque de este punto inmóvil en que llego a casa, leo y escribo. De que me serviría acostarme con alguien? O que alguien me diga que me encuentra linda o quien sabe que mas cosas? Yo amé a un hombre que me dejó en una isla sin nombre, en una calle vacía, frente a una puerta sin dueño. Puse mis maletas en la vereda y el auto había partido a toda velocidad, nunca mas volví a saber de él, lo ultimo que recuerdo es un grito una maldición, un cállate la boca. Ahora que lo pienso, la que vivió eso fue otra persona, alguien que ha muerto, se ha muerto hace mucho en alguna parte. Su fantasma deambula por otros rumbos queriendo dejar flores en esa tumba sin nombre, para poder perdonarse el haber amado tanto, pero por mas que vaga el mar la lleva a otra orilla  a seguir penando. Ahora yo soy otra, pero no se quien soy. Casi soy transparente, casi soy el aire, o el agua, o la tierra, los brillos del sol cuando amanece, la pelusa de la ropa, la nada. Soy nada. Y así es mejor que me recuerden.


Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...