domingo, febrero 15, 2026

Los planes

 Era sencillo, planear el resto del fin de semana. Del resto de las vacaciones inesperadas. Lo había hecho cientas de veces. Planes en papel y en la pantalla, planes que a veces seguía o que dejaba a medias pero que la tranquilizaban por las noches. Esos planes eran como una hoja de ruta, similar a la que hacía antes de viajar, que lugares, cuantos dias, a que hora comer y a que hora moverse. Ahora en cama, casi paralizada de la cintura para abajo seguía trazando esos planes con el mismo entusiasmo de siempre, para que el día dure mas tiempo, para asirlo de alguna forma. Podía llamar a alguien para compartir el almuerzo o para el paseo de la tarde pero a menudo quitaba esas opciones del plan, no era aco mas satisfactorio ahogarse en pensamientos del pasado cuando recorría aquellas calles? Cada una escondía un secreto, una anécdota con alguien y una primera vez. Había hecho la ciudad suya tanto como le fue posible. Ahora vivía en lo alto de una torre desde la que se divisaba el mar cuando el cielo se despejaba. No era una mala vida, excepto que extrañaba, correr y a veces bailar. tener la libertad de su cuerpo ahora pegado parcialmente a esa silla que no le gustaba nada pero que a los demás les decía que era su córcel de aventuras.

Cuántas aventuras se habría perdido ya? Le daba a veces el antojo de ir a esa gran tienda de paneles verde claros y comprarse aquel anillo caro con los hermosos brillantes que la impresionaron la primera vez. Por qué había esperado tanto tiempo para que se lo regalara un hombre ? Para hacer el cuento perfecto y que sea tal como en las películas, ella podía haber sido su príncipe rescatador hace mucho tiempo, pero no se había dado cuenta. Andaba esperando, incluso mientras caminaba o corría seguía esperando, la sorpresa, la aventura, algo que la ilusionara hasta las lágrimas al doblar la esquina, algo que su mente no pudiera imaginar ni siquiera en los sueños cuando el subconsciente se desataba a hilar todas aquellas historias de locura que le consumían las noches.

Hay algo en todo esto que le resultaba dulce y a la vez triste, la vida se estaba pasando demasiado rápido y no podía detenerla. En su nueva condición debía depender de los demás en muchas cosas que antes ni se lo hubiera imaginado. No podía ni pensar en planear en viajes largo ni los safaris que esperaba hacer cuando tuviera mas tiempo. La vida se había encargado de jugarle sucio e inmovilizarla allí con sus lñibros y sus sueños de fuga. 

Pero basta de lamentarse, se dijo, lo importante era tener un plan bajo el brazo. Un día a la vez como le había dicho la doctora, no podía correr el riesgo de querer desaparecer otra vez de la vida de todos. Ay de ella si tuviera el valor de tirarme por aquella terraza tan llena de flores. Cuanto dolor innecesario a los demás, le habían hecho reflexionar. Solo por eso se habia quedado, para planear esos dias, la casa limpia, la ropa doblada, el piso perfumado, los álbumes acomodados en pila cerca al tocador. Todo su mundo al alcance y sin embargo era tan apremiante irse, volver a caminar y salir ya de todo eso. 


Han dado las diez, cuantos dias igual a estos ha vivido antes. Unos viajando, otros llorando y otros en cenas costosas con flores en el salón. Todos y cada uno han sido diferentes. Pero nunca hubo un anillo como el que ella esperaba, como el que ella deseaba y podía comprarse, justo al tamaño de sus caprichos de niña mimada. Justo como lo había soñado, solo réplicas tantas y pedidas de mano vacilantes y torpes. Cuantas vidas diferentes pudo haber vivido, quizá una familia la acompañaría o cuidaría de ella. O quizá simplemente sentiría el dolor del despojó y el abandono. Acaso no había visto eso cientos de veces en los corredores del hospital mientras buscaban su diagnóstico final? Pocos son los que se quedan contigo y no hay anillo ni sentimiento suficientemente grande que los retenga. El honor la lealtad, son de siglos pasados, donde nadie habita. Mira el océano desde la ventana con el alféizar adornado de flores. Es una mujer adulta viviendo inmóvil en una pequeña casa de muñecas. Vuelve a coger la agenda de anotar los planes, debajo del Lunes anota, salir a comprar el anillo que deseo. 

viernes, febrero 06, 2026

Los Regalos

Me gustan de regalo los libros, las joyas y las flores. También los discos, cuando existían, los zapatos y aquellas cosas monas que no me atrevo a comprar. Me gustan de regalo las sorpresas y sin embargo jamás las he recibido. Tenía un novio que me daba ramos de rosas cada mes, a las cuales perdí el gusto porque me sentía como una dama casada. Me llevaba en el auto a la tienda donde debía comprarlas con un gesto serio diciendo, vamos por tus flores del mes. Y yo me sentía miserable, como si esa fuera una cuenta por pagar, otro ademán de los muchos que tenía que cumplir para que la relación funcionara, porque en el fondo no teníamos química alguna. Sus actitudes eran el fruto de un recetario de mamá, donde un paso en falso de mi parte me hacía sentir la puta de Babilonia. Rebasábamos muy bien los 35 años y sin embargo el actuar de la relación era de dos adolescentes que tenían que pedir permiso para todo. Por seguir esa farsa casi termino casada. Huí despavorida, buscando la pasión, la loca pasión que tatuaría en mi brazo al terminar la pandemia. Después de muchos meses a solas atendiendo gente que moría y pasando las horas sola en el apartamento que olía a desinfectante y alcohol gel lo único que resumía del mundo, de Mi mundo, era que no podría volver a vivir sin pasión.


Van Gogh ya lo había dicho, prefiero morir de pasión que de aburrimiento. Y claro ya sabemos su suerte. No ambiciono su fama, al morir apenas si me recordarán cinco personas y ellas morirán una o dos generaciones mas tarde. Es decir volveré a ser polvo de estrellas y no espero ver mi nombre en letras luminosas en ningún lado, pero lo que me lleve de este mundo, lo que atesore conmigo eso debería ser suficiente. Y sin embargo, y tristemente sin embargo, eso no depende enteramente de mi.

Dependemos de otras personas como islas unidas en lo subterráneo a otras miles de islas y continentes, activas e inactivas en su lejanía. No puedo decir quiero ser amada y ser amada de inmediato. Decretar como tan alegremente anuncia las coaching de vida hoy en día por las redes sociales, que mi vida sea feliz y que de pronto la vida se me vuelva feliz y placentera. Que el universo o algún ente superior conspirará para que me pase algo mas de lo que creo merecer. Tal vez mi visión pesimista de las cosas no ha contribuido a que salgan mejor mis planes. Pero es que en el fondo no dejo de ser aquella soñadora que cree que un día sin hacer nada se levantará y el caos por un segundo estará quieto y me dejará ver en su lejanía aquello que de verdad quiero y necesito.

El amor, a veces pienso si eso he buscado o es eso algo en lo que me han enseñado a fantasear. Si es de verdad el motor que mueve el mundo, o más allá de eso es la esperanza. La ilusión en por fin pertenecer a algo, que por un momento pueda ser un alguien y sentirse seguro, mas allá de si te regala los libros, las joyas o las flores. Podría esa persona leerte tanto como ambicionas que te lea? Yo he amado apasionadamente o me he ilusionado, a ver si puedo desentrañar ambos sentimientos. Y en esos momentos he sido feliz y claro, he regalado discos, ropa, libros, todo aquello que espontáneamente me nacía regalar. Lo encontraba tan natural como querer dar trozos de mi carne o de mi alma, porque no conocía el límite entre lo que sentía y lo que creía que sentía la otra persona. Abrumados o posiblemente regocijados pensando que merecían aun mas de alguien mas, esas personas se alejaban, sin dar demasiado. Quizás en su historia la que me alejaba antes era yo, al comprender que no recibía suficiente, al olfatear su duda, su renuencia al compromiso, a ser espontáneos, a querer viajar por el mundo o a querer retozar en completa depresión por humanidad a mi lado. Quien sabe? Ya no lo recuerdo, quizás solo elegí personas en su peor momento que necesitaban amarse antes de amarme. Quizás, quizás. 


Me agrada leer, viajar, perderme en la música horas enteras y caminar mucho. A veces pienso que podría vivir con muy poco y a veces pienso que necesito verme en todos los espejos para poder quererme. Y mi mente es salvaje, contradictoria, dolorosa. A veces quisiera callarla, buscarle una boca y asfixiarla para que no me de esas ideas tan oscuras sobre la gente. Sobre toda esa gente que es mejor que no me toque. Que no me vuelva a tocar nunca. No es acaso que ya he dado mucho ? Que es mejor refugiarse en la naturaleza y los libros y en dos o tres personas cercanas porque ni siquiera los amigos son verdaderos amigos cuando llega la fatalidad o la enfermedad a nuestras vidas ? Quisiera ver la vida de color de rosa siempre, pero no puedo evitar ver la miseria humana en todos los ojos, lo poco humanos que son los humanos, lo precarios que somos todos, lo poco que damos, lo mucho que deseamos. Y me hundo en esas cavilaciones, pensando si no debería decretarme una vida menos pensante y con mas torpeza moral que me permita gozar de todo sin pensar en nada. Sin esperar nada, de nadie ni de todos aquellos que conocí un día. 

Caiqueos

 Lima, 18 de Marzo Me siento hoy enferma y débil, así que he acurrucado el cuerpo entre los almohadones soportando la tiritadera y el frío a...