miércoles, julio 20, 2011

Bonita

Si me miraras hoy, pensarías que soy bonita. No porque algo haya cambiado en mi aspecto, son las 7 de la noche y acabo de despertar algo cansada. Lo digo porque al mirarme al espejo sentí que era exactamente el ser que deseaba ser hace algún tiempo mientras crecíamos.


Por eso no me peiné, ni me maquillé, ni intenté arreglarme. Por eso no salí a la calle a buscar algún café perfumado de canela que me devuelva el gusto por volver a la civilización. No, no quería romper el hechizo, salir a la calle y sentir que debo sujetarme el pelo, aclarar las ojeras, ponerle carmín a los labios o quitarme la ropa holgada para que alguien me aprecie un poco. No salgo a la calle porque a lo mejor reconozco al caminar por la vereda que soy igual a un montón de muchachas sin nombre de por aquí, con el pelo y la piel oscura, la mirada indiferente o los labios gruesos.

He pensado que me verías bonita no por esa belleza subjetiva que surge de cuando alguien se siente feliz o despierta enamorado. Pienso que ha llegado el momento entre nosotros que buscaba; ese en que los hombres dejan de ver bonitas a las mujeres por la apariencia física que presenten en la primera cita. Pienso sin asidero real que nosotros ya hemos tenido muchas; que después de tantas y de todo lo que has leído sobre mí, o lo que has visto ya no quedan muchas interrogantes por resolver, cualquier dilema está resuelto y sin embargo, después de tanta hojarasca aun quedaría una persona bonita por contemplar.

¿Qué es lo que hace a una mujer bonita para ti? ¿Su determinación, su falta de miedo, su desenfado? Me lo he preguntado tantas veces. Cuando al despertar del amor una mujer tiene la frente perlada, los labios y los ojos entreabiertos, la cabellera despeinada ¿no es acaso su mejor momento? O tal vez sea el único, en que una mujer se siente bella o puede creer cuando se lo dicen. Nace su belleza real, no la estética. Esa mujer acaba de dominar al mundo rindiendo el suyo. Eso es perfección.

Me veo al espejo y me quiero como podrías quererme tú. Deberías mirarme ahora, antes que sucumba al malévolo hechizo de mirar para adentro y surja la mirada esquiva, la boca de sonrisa rota y el desaparecer de mis colores tiernos.

Hay un momento antes de que la oscuridad llegue, en que por unos minutos todo parece brillante y perfecto, el cielo se llena de nubes incandescentes de un rosa sobrenatural y el aire se torna fresco. Es ese momento el que siento ahora frente al espejo. Luego vendrá mi momento gris, de cielos borroneados y nubes negras surcando la mirada; mi rostro feo, monstruoso en su agonía, pero eso ya lo sabes, lo has visto tantas veces, que no necesito describírtelo.

La noche es de un negro aterciopelado y con olor a lluvia en los caminos. Deja que descanse tu mano en mi mano mientras dure frágil mi belleza.

lunes, julio 18, 2011

El adiós de todos los adioses

Mi querido lector, en la soledad de mi cama escribo estas líneas esperando que no hayas olvidado las tardes de café ni mis pataletas en la búsqueda del amor. Espero que al terminar la tarde aun haya un rayo de luz filtrándose por la persiana entreabierta y recuerdes algún poema mío hace mil años escrito o que en esas tardes ociosas te enseñé sin quererlo una canción que aun no conocías. Han pasado años desde nuestra pérdida, desde nuestro olvido y peleas a millar. Aun sigo esperando tener el valor para escribirte el adiós de todos los adioses, pero mientras espero hacerlo, me arrullo en la música vieja, en la esperanza y en la extraña felicidad que aparece por solo minutos cuando camino por algodones rosas en la espera de que suceda algo mejor.
¡Qué droga más sobresaliente es la esperanza, que vicio más despiadado el renacer de una ilusión!
Mi querido lector, te invito a que soñemos juntos porque tengo miedo de no despertar y el morir en soledad no es algo que me apetezca, al menos por ahora, cuando se suceden días tibios, azules y con olor a fruta por doquier.
Para hacer un poco las paces en las próximas líneas te contaré un poco de mi y tu de ti. Es un ejercicio fastidioso, pero debemos retornar a esa confianza de los lectores y los leídos, a esa intimidad de los amantes que se buscan a escondidas, de los chicos incomprendidos que ya no somos, pues ahora solo somos parte de ese montón de adultos que por momentos desengañados, cínicos, con miedo a volver a empezar se refugian en alguna entretención pasajera que logre hacer olvidar que el tiempo es inexorable con los cobardes que no nos atrevemos a volver a estar vivos.
Mi querido desconocido- anónimo o como desees llamarte- te invito a mi casa, a que compartas un poco de mi vida, de mi desgracia diaria, de mi felicidad más inocente. Como todos, yo deseo comunicarme y estar en contacto, como muchos, también deseo odiar con la intensidad de los vengadores que nunca olvidan o simplemente arrinconarme y estar sola renegando si me tienden la mano para salir de mi exquisita infelicidad. Como todos, soy una contradicción entre lo que quiero y lo que hago. Entre lo que espero y lo que rechazo. Como todos, a veces simplemente tengo miedo de volver a soñar.

Te saludo con una sonrisa, mientras suena I’d do it all again desde mi computador…Dime ¿te suena a algo eso? Es mi carta reconciliatoria, no mi última carta, pero tal vez la más sincera. ¿Me ayudarías a caminar hoy? A veces simplemente no sé cómo empezar.

Besos, desde la Tierra del Olvido.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...