LLUVIA

Es que ha de ser como la lluvia, digo yo, que la extrañamos todo el año, pero como nos impide llevar la vida cotidiana luego. Ha de ser como la lluvia, digo, porque no puedo pensar en otro fenómeno atmosférico que me guste tanto y que me deje tan reflexiva luego. Pero yo no sé, porque no se pueden comparar los sentimientos con los fenómenos atmosféricos, como no se pueden comparar las personas con las precipitaciones pluviales, como no se puede calmar la sed con el agua que se derrama sobre el cuerpo.


Yo digo que ha de ser, porque supongo; pues paso la vida suponiendo y haciendo hipótesis sobre las tendencias que mueven la vida de las personas. Esas tendencias o pulsiones vitales- que yo llamo- y que los vuelven interesantes, seres sumamente atractivos a mi gusto y a mi pensamiento, al momento que deciden cambiar de carril o no hacerlo, al tomar un camino y luego otro, a pensar inocentes, que avanzan, mientras no hacen más que moverse en círculos.

Las personas se mueven como gotas de lluvia y resbalan ante mis ojos confluyendo en ríos, en vertientes, en enormes tormentas o simplemente para mi tristeza, desapareciendo. Yo no limpio mi parabrisas de esas gotas claras o algunas veces turbias, no, no lo hago ¿para qué voy a hacerlo? ¿Para qué privarme de la visión hacia delante así sea borrosa, de esos caminos torcidos que trazan esas pequeñas gotitas intentando mojarme, entrar en mí y quedarse?

Mientras, aquí adentro, en esta nave sin conductor ni destino, en esta nave que es mi cabeza tan loca se vaporizan ideas, sentimientos, pulsiones mías también. Porque yo también quisiera ser agua salada, agua que cae del cielo para refrescar a otros, agua sin rumbo rodando por la vida, llena de gotitas que fueron claras y se van mezclando de los tristes sabores de la ciudad, de los grises colores…De los inútiles sabores.

Ha de ser el amor como la lluvia entonces, que moja y atormenta en las espaldas, o que impide la clara visión, que da una sensación de fugaz refrescamiento y luego solo nos ahoga; primero en dudas, que inician como quizás y se vuelven nunca, y de un para siempre se vuelven jamás.

Ha de ser el amor, digo, porque yo no lo conozco. Yo busco gotitas que se mezclen con una lagrima y hagan parecer que mi tristeza es una alegría, o que mi alegría era solo una nostalgia. Porque yo no sé adónde va la lluvia y si es que realmente llega al océano o a alguna parte, si es que realmente reblandece el corazón de las personas, como el amor dicen que lo hace.

Yo no sé muchas cosas, ya ves, yo camino sin paraguas para que al mojarme y llegar empapada a casa, tenga la excusa de que quien tomó la decisión de mojarse fui solo yo y no la lluvia. Igual que en el amor te digo, y tú te ríes bajito de mis pretensiones ridículas.
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