sábado, junio 23, 2018

Arpeggio

Me he hecho de un palacio en casa, con el capricho y paciencia con el que se construye  un refugio del que no quiere volver a salir. Está en lo alto de un edificio que observa impávido el bullicio del mundo real. A merced del viento salobre que se cuela por las rendijas recordándome que afuera siempre duele y hace frío.

Desde mi cueva de ficción trato de encontrarme una vez mas, sin saber si este auto exilio dará resultados. Cuánto tiempo debo permanecer encerrada en mi torre? o en cuánto tiempo debo salir y sentir que la vida real y la ficticia ya no chocan tan estrepitosamente, es algo que resolveré en el camino.
Cuando estoy en este encierro me dejo llevar por la música. Eso me anestesia y me vuelve otra, ahora sin embargo, he preferido el silencio. Ese silencio interrumpido solo por el ruido del trafico del exterior o las sirenas de ambulancias a lo lejos. En medio de este silencio húmedo de Junio es que escribo y he vuelto a leer. Leer me recupera, porque hace que me encuentre tal cual sin necesidad de complacer a nadie. Y vaya que soy una persona que sé complacer! Según mi interlocutor puedo transformarme en cualquiera. Puedo fusionarme con la conversación que desee sin decir realmente lo que pienso. Aunque cuando lo digo, me siento tan simple, tan loca y descarada que me arrepiento que la mujer que vive silenciosa dentro mío haya tomado por fin la palabra y dicho lo que siente.

Durante esta semana me he dedicado como posesa al ejercicio de arpeggiar, esperando dar a mis dedos la agilidad que mis palabras y mi discurso ya no tienen. Pienso, ilusa y cándidamente que lo lograré hacer de tal forma que pueda interpretar al fin la canción de él que mas me ha conmovido. Al hacerlo podré dar final a ese trecho de mi vida, olvidarme de él, de sus  historias, de sus cicatrices y cerrar por fin ese capítulo para seguir adelante, sin evocarlo cada vez que me sienta abandonada.
Es una canción difícil para una principiante, pero tengo tiempo de sobra. Mientras toco no pienso y eso es bueno ahora.

Es una canción que habla de él… o mas bien de ellos. De su relación. De lo difícil que es mantenerse juntos sin hacerse daño. No sé por qué volví intima esa canción si nada tiene que ver conmigo. Si es una canción de dos en que cualquiera sale sobrando. Quizá fue esa insistencia de niño grande que puso él para que al fin la escuchara,  ese “por favor escucha”  como para que comprendiera de que iba todo esto,el  por que de su ánimo y desesperanza aquella noche. Esta bien, la escuché a regañadientes en la carretera rumbo a casa, mientras el me mandaba fotos nocturnas de la playa con las mil piedras que había salido a tirar para no sentirse tan solo. Fue ahí que me di cuenta que estábamos lejísimos, casi en dos mundos diferentes pero aun así, él necesitaba de mi. Por unos segundos, aunque sea para no sentirse tan solo con sus propias heridas.  Aunque sea para que yo guardara silencio a su lado como prometía que haría. Hombro con hombro, como a alguien a quien le importas. Y esa necesidad de mi, aunque fugaz, ha sido el único regalo que me estaban dado en mucho tiempo.

Ahora, paso las noches recapitulando las veces que pudimos estar juntos y ser nosotros mismos, pero tal vez fue solo la imaginación. Somos tantas personas a la vez que es una suerte y un milagro el momento en que dos almas coinciden. Utilizo la palabra alma aunque me suene cursi, porque es el termino que usaba él para referirse a nosotros. Tan pendiente de las cosas místicas y creyente del destino como era. “Cada quien se aparece en nuestras vidas por una razón”  me solía repetir. “Esto no es coincidencia”
No lo es?
Yo no sé para que se ha cruzado el en mi vida, excepto para deshacerme de la idea del Paco y yo. Un año con esa idea en la cabeza, enfermando, esperando, preguntándome. Por qué? Por qué? Se tardó mas de un año en que me sucediera eso de que “un clavo saca otro clavo”. Para el verano todo mi foco de atención se había concentrado en él y en como estar para él cada vez que se necesitara. Todo mi pasado, Paco incluído  ya no interesaba mucho,  era un cuento viejo de final conocido. El cliché de las relaciones.  Ahora  en cambio, ayudaba a alguien, no importa si lo hacía mediante trechos de conversación, fotos o encuentros furtivos. “Estamos aquí para eso, tu me levantas a mi y yo a ti y así andamos” . No era necesario ni ponerlo por escrito, eso lo sabíamos ambos, porque muy dentro éramos ambos caras de la misma moneda. El mundo se ponía en calma cuando estábamos juntos. Todo funcionaba como un reloj. Como si siempre hubiera sido así incluso antes de conocernos. Y eso daba luego miedo, mucho miedo.

El verano ha terminado por aquí, supongo que él sigue yendo a la playa a hacer lo que sabe hacer y a mi me ha dado en cambio por encerrarme en esta torre desde la que ahora escribo. Me asusta que ya no me lea nadie, que a nadie le interese, pero supongo que hay que someter el ego. Nuestro mayor enemigo y dejarme ser.  No puedo dejar de escribir, porque es así como me hablo y ordeno mis ideas. Antes eran solo para mí ahora las arrojo en una botella al mar cibernético, a ver si a alguien que se sienta igual que yo en otro momento, le sirvan. Por que a veces es bueno no sentirse tan solo ni tan culpable por asumir los riegos de nuestras propias decisiones.


“ Yo escribo para que me quieran” es una frase que se me ha quedado en la cabeza. Pues yo también. No lo niego, escribo para que me quieran. Pero no basta solo con querer que me quieran, ya vimos todos en que termina el deseo sin esfuerzo, solo en una pompa de jabón, una ilusión que dura dos días, una decepción de principiantes. Yo seguiré desgranado mis recuerdos en arpeggios, a ver si así olvido. Por fin olvido.

lunes, junio 18, 2018

Hey!

Dieron las 11 en punto y el se fue. Yo me quedé como siempre, mareada pensando que lo había soñado.

No todos los días son iguales, hay días que pienso que el teléfono sonará antes que yo lo revise. Que al abrir las cortinas, el día será milagrosamente soleado y que habrá pan caliente esperándome para el desayuno. Pero vivir sola no es así. La mayoría son días de sobrevivencia, bailar sola con las ventanas abiertas, querer mostrarle al resto que bien lo haces. Sonreír al espejo y querer que alguien te vea bonita como te ves tu cuando estas despeinada y que alguien sepa qué comes, cómo duermes y en qué sueñas. Levantarse sin zapatos en la madrugada cuando la guitarra se ha caído de la cama y en lugar de enojarte pensar que es un ser vivo que pide que lo acaricies, que le rasques la espalda, que lo rasgues hasta que salga una canción.

Y ahora pienso que el problema de ciertos días no es que extrañe a alguien en especial, sino que me doy cuenta que no me basto yo sola. Que quisiera a alguien mas para mirarme, para quererme o pelearme. Alguien para hablar o ignorar, tener un nombre encima de la lengua para las veces que quiero repetir te quiero. Y tener el recuerdo de una cara encima mío para cuando me toco y toco y  quiero llegar al orgasmo.

Hay una canción que me atrapó hoy, no es por la letra. Es fuerte y sensual a la vez y tiene mucho de la voz de desidia que se tiene cuando le dices a alguien: Hey, estoy intentando conocerte. Hey, a dónde vas? Sabes que muero si te vas.

Con todo este asunto de la modernidad y que nadie se quiere sentir dueño de nadie, porque no es elegante decirlo ni pensarlo. En este tiempo en que nadie quiere ser poseído por nadie, porque quiere seguir en ruta, buscando una manzana mas roja, la mas jugosa, la que sea perfecta. En que no quieres realmente a nadie, porque vives en la eterna ruta hacia el final del arco iris, siento que ya nadie ama con pasión. Que el miedo nos invade incluso a la hora de decir Me gustas, te quiero, te deseo. Es mas fácil lo aséptico de la informalidad, la mediocridad del amigos con derechos. Esa cosa mohosa de Mejor sin compromisos y a corto plazo. Porque así no duele y no hay líos ni problemas posteriores y en eso...

Uh!

Te quedas a la mitad. A la mitad de todo. Pierdes. En esa carretera polvorienta que te conduciría a la playa azul prometida y de la que ya no sabes como salir ni a donde llegar. No tienes contigo lo que te daba miedo querer. Quieres con doloroso capricho lo que te da demasiado miedo obtener. Y en esa mazamorra de sentimientos, llega Junio con sus lluvias constantes y oscuras. Con sus mañanas grises que parecen indicar desde temprano el final del día y aquí me sigo preguntando, Qué demonio habita entre nosotros? Que me siento atraída y frustrada de querer y no querer-te?

Uh!

Estaba intentando conocerte...pero no puedo con Junio, con la mitad del año por delante esperando engullirme con fauces poderosas. No tengo tiempo para llorar mis malas decisiones o para echarme a dormir la siesta que mi cuerpo desea. Me tengo que ir y olvidarme de todas estas mierdas existenciales, de hablar en tercera persona. De escribir, de maltratar el pincel y la guitarra por igual. De sentir que no hay nada suficientemente grande para tapar todas esta grietas, estos miedos, esta necesidad de sentirme en equilibrio para al minuto siguiente perderlo.


Hey, quizá si. Quizá si hayamos estado encadenados.






Suena: Hey- Pixies

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...