He dejado de escribir. No por falta de tiempo. No por falta de una desgracia a la cual aferrar mis palabras como un vaporetto de dolor que me lleve a paisajes bucólicos, que usualmente no veo cuando trato solo de bracear contra corriente y Sobrevivir como todos. Así como existe la gente que agradece la lluvia, yo suelo agradecer mis rachas de dolor o de pequeños fracasos porque entonces hay una mente mas fértil para decirme todo lo que suelo callar.
No me enamoro hace dos años, asi que no hay desgracias de ese estilo para nublarme los ojos. Pero ha estado la enfermedad rondando sobre mi como una muñeca que patina oscura e indolente sobre el hielo, dejando leves cortes en la superficie otrora perfecta y reluciente que suele parecer mi vida adulta. He tratado de obviarla, de olvidarla. Solo de estremecerme ante el dolor y los efectos secundarios de las medicinas como si fueran caras separadas de una misma moneda. Y sobrevivir a ello como eventos pasajeros. He tratado de olvidar de que estoy hecha. Estos meses he sido solo cuerpo, organismo ocupado por células pudriéndose, muriendo y volviendo a renacer. A eso he condenado mis pensamientos, a un tejido que se esfacela de mi constantemente y no me da paz, en su continua obstinación por reorganizarse y acabar conmigo. El cuerpo en su dolor pulsatil y recurrente ha vencido a la consciencia.
Hace dos semanas todo ha terminado. He estado en un quirófano iluminado con la mente en blanco y simplemente todo ha terminado. Al subir al ascensor que me separaba de mi hermana rumbo a ese recinto de luces frías, donde la gente no sabe si volverá o no igual, he sentido su mano en mi hombro y su voz quebrarse levemente al despedirse y desearme suerte. Quisiera haberle dicho que ya no tengo miedo. Que el miedo terminó cuando vinieron a buscarme disfrazada con la bata verde de paciente y me llevaron en esa silla de ruedas al 8th piso. No tenia nada mas que esa bata y el gorrito quirurigico. Nada mío a lo que asirme.
Ya no Había mas que hacer ni en qué dudar. Debía entregarme a las manos de los otros y simplemente confiar en su experticia. Dejaba de ser médico y me volvía paciente.
Ahora, dos semanas después, me siento algo mas mal que los primeros días de recupración, cuando todos me visitaban con sonrisas alentadoras. Aun siento dolor, pero es un dolor diferente y soportable, mantengo la esperanza de volver a caminar bien y hacer ejercicio o cosas que antes me resultaban ya imposibles. Mientras eso ocurre, intento paliar mis ganas de escribir haciendo videos de viajes, editando fotos de meses atrás y poniendo discursitos para describir cada ciudad que camino. ¿Será que nunca volveré a escribirme honestamente? ¿Será que nunca tardaré mas de dos minutos en mostrar algo mas? Me adapto a las redes y sus necesidades, mientras mi yo usual desearía escribir enormes cartas de sensaciones y penasamientos internos, aunque no lleguen a mas nada que a hablar y calmarme a mi misma.
Hoy amaneció con un gran sol que inundaba con su calor hasta la mitad del salón. Con algo de esfuerzo corrí la puerta de vidrio para que la brisa reavivara las plantas interiores, mientras me servía un mate en la casa vacía. Dos horas mas tarde, volví a salir de la cama y en el salón solo reinaba una mañana gris, sin el menor atisbo del verano que parecía anunciarse esta madrugada.
¿Adónde se ha ido el sol? ¿Es que el sol brilla en otra parte de la ciudad que no sea mi casa? Pienso en ese hombre que coqueteaba conmigo a diario pero que jamás concretó una cita, en su disfrutar sin cesar de la playa, surfeando con olas que ahora son azules y turquesas por el verano que no ha cesado nueve meses seguidos. Pienso en que pronto quizá, yo tambien vuelva al mar, a sentarme en la arena, aunque jamás vaya a lucir mi cuerpo como antes lo lucía, aunque ahora me de vergüenza los estragos que ha dejado el año sin hacer ningun tipo de ejercicio. ¿Quien diría que perder esa rutina sería tan importante para mi? Que me daría todo el equilibrio que necesitaba para no sobrepensar la vida. ¿Quien era yo sin correr ni caminar ? Solo la persona que se ocultaba en los libros hasta que llegara la noche igual que cuando era niña y el sofa y los libros eran los únicos que me amaban y esperaban.
He pasado dos semanas en cama moviéndome apenas para ir al baño. Con mucho miedo de comer y con el sueño que acompaña a este tipo de dolencias largas. He dormido sin apenas poder terminar de ver una película completa o leer mas de 2 paginas sin adormitarme. ¿Algún dia volveré a ser la misma de antes ? Creo que no, pero quizá logre ser una persona bastante parecida con 9 mil años encima. Porque es asi como me siento, de pronto vieja y acabada pero no sabia. Con canas en las sienes y piel flácida en los brazos. ¿Dónde se habrá marchado la chica del bikini amarillo que saltaba en las olas en Mexico ? Solo hace algunos meses crucé con mi equipaje a cuestas los Balcanes, sin esperanza alguna de meterme a ese mar Adriatico del que no sabía nada. No había llevado ni bañador ni ganas de mostrar la piel a nadie. Escogí subir desde Bulgaria porque sabía que allí aun era invierno y no tendría que quitarme jamás la ropa. Semanas después en Dubrovnik ya no aguantaba el calor invadiendo mi cuerpo. Me compré tanta ropa de verano allí mismo, que superaron las escasas prendas combinables de azul, rosa y blanco que habia llevado para aquel clima otoñal, en la maleta de mano.
Dice que la gente compra, para evitar pensar en que ya no ama. Entonces ama la ropa, las compras, la utilería adquirida para esa vida que no se tiene y se podría tener. Jugar el cosplay de viajero feliz que tiene mil prendas para cada ocasión o para el momento ilusorio de compartir esas cenas junto al mar al lado de un amante atento que si supiera escuchar aunque hablara poco. ¿Dónde hallaría alguien así ? Ahora disfrutaba los viajes sola, pero en las fotos que repaso de amores pasados veo mi sonrisa feliz de quien se cree absolutamente enamorada y palidezco de envidia, por la vida que no fue o que simplemente dejé pasar.
He comprado una maleta entera mas de ropa para un verano que llegada a Sudamérica no podré disfrutar. tengo desde vestidos a finos zapatos de tacón. A quien se los mostraré ? ¿Con quien jugaré a la princesa que quiere enamorarlo y no puede ? Al llegar a Lima solo prendas negras y holgadas. Pantalones de tela burda que raspa en los muslos. Solo zapatos bajos y ningun adorno ni mis amados sombreros de viaje. Estoy de luto por la vida que se me escapa cada tanto entre los dedos. La decisión de operarme ha durado mas de lo que cualquier colega mío esperaría. No he decidido como médica, ni como ente racional, he esperado a que desapareciera el dolor sin intervención alguna, como lo haría cualquier creyente, cualquier persona ignorante de cosas médicas. He esperado como un humano ignorante y frágil, con miedo, con ansiedad y muchísima vergüenza para que nadie sepa nunca que necesitaba ayuda o que el dolor me doblaba.
Son dos semanas desde que ya estoy curada. Curada en un sentido amplio de la palabra. Como a quien sacan parte de ella y la tiran a la basura para que se sienta mas liviana. Un cúmulo de células aberrantes se han ido de mi. ¿No debería estar mas feliz ahora ? ¿Saltar porque empiezo una nueva vida? ¿Porque nadie verá en mi semblante lo que ya no tengo ? Porque no me volveré a doblar en algun pasillo por el dolor o las nauseas.
Ahora que me han compuesto y que nada malo ha pasado, podría entregarme con felicidad a reconstruir la vida que dejé a la mitad. Quizá vuelva a vestirme de blanco, quizá pueda bajar de peso, o simplemente vuelva a nadar. No quiero enfocarme con demasiada esperanza en el futuro porque paralelamente la salud de mis Padres ha empezado a fallar, como si fuera el anuncio de un largo camino de duelo harto conocido. El fracaso y el dolor son ineludibles. El éxito de esta cirugía es solo una alegría momentánea que no me debe nublar la mente hasta hacerme comprar un pasaje e irme lejos para siempre como una viajera anónima. No me causa tanta melancolía como para escribir mas sobre eso, ni crear cuentos desgarrados como cuando se me rompe el corazón por alguien a quien no volveré a ver. El amor y la ilusión son joyas que ya no busco, porque sé lo difícil de su conquista. Pero tampoco quiero hablar mas de la salud y la enfermedad. Soy mas que ese montón de tejidos perdidos. Sigo aquí a pesar de ellos.
Al menos he dejado de tener miedo. A la indecision y a lo que pasaría si decidía operarme. Tantos supuestos. Tantos universos negros que imaginaba y ya no están. El conocimiento es un gran poder pero tambien un gran enemigo. Solo el ignorante puede lanzarse a correr por campos de flores y espinas sin ninguna contemplación por lo que pueda traerle el futuro ni sus locas decisiones. Quisiera saber menos, tener fe en que se menos que nadie de lo que está por venir y así no caminar de forma vacilante. El miedo atenaza los pies, congela la mente. Petrifica el corazón y te hace un extraño incluso para ti mismo.
En mi pared hay un papelito pegado y dice: Que el miedo no me paralice. Lo tengo que leer muchas veces para poder levantarme de la cama y volver a ser quien creo que soy.
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