sábado, diciembre 30, 2006

Los Fines y Los Medios

Últimamente escribo cada vez que me da la gana, trato de aprovechar el tiempo para poner en papel todo lo que tenía que decir. La gente dice que ser blogger es un trabajo que quita tiempo, una ocupación a veces de tiempo completo.
Yo entendía a medias esta expresión, dado que escribir un post, revisando ortografía y eligiendo formato e imagen para acompañar lo escrito, podía demorar en el peor de los casos 1 hora. Revisar los comentarios y responder algunos, podía tomar una hora más. Si tomábamos en cuenta que escribir un post costaba una hora en la mañana y revisar los comentarios, otra hora en la noche, el sacrificio y pérdida de tiempo no era tanto.
Lo que no entendía entonces, es que cuando alguien hablaba de su condición de blogger, tomaba todo lo que rodea a esa expresión. Ya que el ser blogger significaba para ellos, no sólo escribir lo que te viniera en gana, sino leer todo lo que se escribía en la esfera cibernética y pasarse horas, leyendo, comentado, escribiendo, a otros muchos bloggers y eso si que podía llegar a ser un trabajo de tiempo completo.

Comencé a pensar que en realidad el oficio de blogger era como el de una arañita que teje hilos invisibles de contribución para otros, hasta que en un momento determinado no puede ser identificable que hilo es de quien, si todos caminan sobre la misma red.
La individualidad de cada blogger sufre un desgaste para bien o para mal, con un modelamiento de su escritura a medida que pasa el tiempo y tiene contacto con más gente que escribe/bloggea.
Una hipótesis es que mientras menos contacto tengas con otros, la idea original prevalecerá y por tanto la autenticidad de cada persona prevalecerá…pero claro, el no comunicarse con los otros podría sonar a soberbia; el ignorar a muchos para seguir escribiendo podría parecer enfermizo, si finalmente se está escribiendo en una página pública, vamos, algo así como escribir en la calle y la gente que sale a la calle quiere ser vista ¿no? Nadie obliga a nadie.

Después de observar durante un año la blogósfera, llego a la conclusión que escribir lo que a uno se le venga en gana sería solo uno de los criterios de todo lo que significaría ser un blogger, también estaría el repentino interés en la vida ajena, que claro, está puesta al público por quien la escribe.

Un interés benévolo o no en la historia, como de quien sigue una telenovela capítulo a capítulo y se pone de parte o en contra de su protagonista. Así la persona que lee puede familiarizarse excesivamente con cada personaje que el blogger mencione, como parte del entorno de su historia. Y claro, el que escribe puede terminar en un afán exhibicionista, de querer mostrar mas detalles que hagan entendible la situación descrita, cualquiera que ésta fuera.

Lo que me queda claro es que lo que se muestra en un blog son solo los picos visibles de enormes iceberg, de los que el público “blogo leyente” está en completo desconocimiento. Un blog no llega a ser como una telenovela en que la trama, está planeada de antemano de principio a fin y por tanto cada capítulo trata de explicar el siguiente y al final de la novela, no queda ningún capítulo oscuro y todos los personajes son conocidos de forma absoluta, porque ese es el sentido de la telenovela.

En cambio, la mayoría de blogs vienen plagados de estados de ánimo, en donde el lector desconoce la secuencia o el hilo que guía a la madeja, ni las causas reales que los originan, lo cual JAMÁS le permitirá dar una apreciación adecuada, pecando por sobreestimación en la mayoría de los comentarios, buenos o malos que deja a quien escribe.

La actitud de la persona autodenominada blogger, va más allá de simplemente escribir porque siente que nació para eso. Para el blogger, escribir no es el fin último, lo será en cambio, hacer relaciones, buscar contacto humano, vislumbrar las vidas de otros a través de un medio tan promiscuo como éste, a través de la lectura de sus textos, a veces asimilada y otras simplemente tragada, en pro de un comentario rápido.

Y es que no es blogger cualquiera que escriba en público para una página de Internet, al parecer se requieren algunas condiciones específicas(*):

  • CRITERIOS MENORES:
    El blogger será aquél que dedique tres o mas horas de su diaria existencia leyendo las bitácoras de otros, comentándolas, trabando alguna conexión con sus protagonistas.
Leerá y seguirá mas de 10 blogs diarios en promedio(obviamente esas 3 horas diarias le comenzarán a quedar cortas)

Tendrá interés en seguir diariamente lo que sucede con por lo menos tres de ellos, familiarizándose con cada personaje que mencione el que escribe, persona, mascota, etc

(es conocido que la mayoría de blogs tienen la tónica de telenovela, así que después de algunas lecturas, se puede saber exactamente quien es hijo de quien y si la abuelita tuvo novio nuevo)

El interés se extenderá no sólo a lo escrito, sino a la propia persona y a su entorno, para lo cual se creará una comunicación mas allá del blog (Aquí viene el uso y abuso de la mensajería instantánea, correos electrónicos, números celulares y demás artificios para estar “en contacto”)
  • CRITERIOS MAYORES
    Formará círculos y comunidades dedicadas a bloggear (grupos de personas que puedan comentar sobre temas comunes, aunque nunca se hayan visto la cara)

    Habrá asistido por lo menos una vez a reuniones no cibernéticas para conocer a otros bloggers (es decir, a las personas de quienes leen diariamente sus anécdotas, chistes y demás información que linde en lo entretenido)

    Tener con el tiempo varios blogs, de los cuales por lo menos uno será un blog grupal
Definitivamente los criterios de mayores y menores no tienen ningún fundamento científico y solo pretenden ejemplificar en tono médico, lo que algunos nombran ligeramente como "patologías".

En los artículos que se escriben sobre los bloggers, todos coinciden en afirmar que quien escribe en un blog lo hace para beneficio de su ego, para ser aceptado, para figurar un poco. Un afán meramente narcicista después de todo.
Es entonces que la comunidad que bloggea se levanta para negar el "insulto" y se genera la polémica.

Personalmente creo que aquellos considerados bloggers no lo hacen tanto por figurar, como por relacionarse con otros. El blog sería el medio para cultivar relaciones difícilmente posibles, sin el auxilio de un texto como carta de presentación.

Cualquiera puede tener un blog, es tan fácil como tener una cuenta de correo electrónico. Si en un tiempo, el chat y la mensajería instantánea revolucionaron el uso de internet, ahora es el turnod e los blogs. Espacios utilizados por cualquier persona sepa o no sepa escribir, sea frívolo o no en lo que escribe, lo importante sería mezclarse con los otros, llegar a conocerse, entablar relaciones en un mundo de continua soledad. Una especie de Hi5 con mensajes largos, o de una sala de Chat con moderador incluído. Obviamente, con el mismo riesgo de descalabro de cualquier comunicación cibernética.

Si la premisa es que la condición máxima para autodenominarse blogger es relacionarse y tener contacto con otros, el fin último de un blogger no será ya el escribir un post, sino el dejar una respuesta, un comentario.

Para el blogger escribir deja entonces de ser un fin en sí mismo y se transforma sólamente en un medio.
Yo escribo como una necesidad, un deseo, un placer, más cuando escribo como blogger y recibir comentarios, esa condición cambia hasta sentir a las letras como un instrumento de pago y cambio. Como si de pronto fuera mercader de algo que no debe tener precio.

Últimamente escribo cada vez que me da la gana, incluso cuando parece que no escribo.
Y pones ramitas de chocolate sobre tus labios ansiosos,
Mientras juegas a que eres niña, mujer,
un hada de carne y hueso.
Me cuentas en viejas cartas, que te hizo feliz
Y lo que planeas hacer pronto.
Me cuentas tu vida, tus viajes, me lo cuentas todo,
Pero yo callo, para no decirte
Que mientras hablas,
Yo solo logro ver esa boca
masticando ramitas de chocolate,
a la que imagino dulce y amarga,
imposible de acercar a la mía.


Luego agitas alitas de colores, mueves tu cabeza a los lados,
Cantas y saltas mientras me hablas,
Y mi silencio choca contra tu felicidad mas reciente,
Porque yo sólo puedo imaginarte dormida,
Hecha de sueños de durazno y mazapán,
Guardando en tu pecho suave, el secreto
De las cartas que aún no terminas.


Pones ramitas de chocolate en tus labios dulces,
Y las masticas lentamente
Mientras escribes cartas larguísimas
Que no llega a recibir nadie.
Y te describes de todas las formas posibles,
Pero yo sólo puedo imaginarte así,
Entre amarga y dulce,
Como el sabor que jamás se va de los labios,
Un sabor a ramitas de chocolate crujiente,
Que se derriten con el primer beso de verano.

Cartas al anochecer

Estaba pensando que haría las siguientes madrugadas, si solo dormiría o me dedicaría a leer un libro.
Últimamente son las 11 :30 de la noche, la hora a la que necesito hablar. Por estos día hablo con mi hermana, pero cuando ella ya no esté, ya no sabré con quien hablar.

El blog es una buena salida cuando no tienes sueño y tienes muchas ideas en la mente que no hallas como desanudar, pero la verdad éstos días ando pensando más en mi vida que en ideas para escribir.

No podría poner en el blog que necesito comprar esto o aquello en tal tienda, ni que debo hacer esto o lo otro, tal día. El blog no me sirve para eso, pero puede ayudar a que me relaje.

Hace una semana que intento dar forma a un cuento cortísimo y no puedo. Debe ser que mi cerebro está en mantenimiento técnico, pero no termino de escribir el cuento que era el regalo de navidad para Carlos, mi primer amigo por aquí. El Náufrago lleno de cuentos entre las ropas.

La amistad...que extraña palabra, en la que se escudan tantos.

Estaba pensando que si bien la amistad es un bien preciado, puedo decir que no la conozco realmente. Al menos no la amistad como yo la veo; no esa en la que sales un rato a compartir alguna comida y a chismear de la gente en común. Tampoco la amistad de yo te ayudo si tu me ayudas o esa de "que bien nos vemos juntos". Mucho menos la amistad de quien no te conoce y te hace amiga del alma sólo por la idea sesgada de la lectura de 3 o 4 páginas escritas en una página cibernética.

Ahora que lo pienso, hay pocos amigos a los que recurriría en caso de realmente necesitarlos y lo peor, no están. Son amigos que viven demasiado lejos como para hacer una llamada telefónica o acompañarme a caminar en silencio, cuando me sienta triste.

La primera persona que me envió un e- mail, fue un blogger que con el tiempo se tornaría en mi mejor amigo. Probablemente el único que me conoce personalmente y que me ha visto en mi ambiente natural, con mi nombre real y haciendo cosas simples. Es decir, valoro su amistad, porque creo que llego a apreciarme no como Laura la que escribe, sino como la chica que vive, siente y frecuenta lugares comunes.
Antonino Paraggi, es mi gran ganancia en este año de amistades truncadas. Aunque él me haya ganado la frase en su saludo de cumpleaños.

Ha sido un buen año, no puedo quejarme. Dicen que de los errores se aprende y que el enemigo es sólo la mano de Dios guiándote. Si lo tomo así, creo que en este año conocí a varias de las personas con las que no querría toparme el resto de mi vida, esas que ya sé como evitar, o aquellas de las que sé no debo esperar nada.

Obviamente la experiencia valió la pena, hubo gente que leyó hasta la última línea de lo que yo escribí y que siempre estuvo dejando frases para que no me rindiera y siguiera escribiendo por placer. Recibí ofertas de algunas páginas, revistas e incluso halagos inesperados. No gocé mucho de la presencia de los nada apreciables comentaristas anónimos y aquellos que se filtraron, se cansaron muy pronto de teclear con un dedo. En el balance final, hubo más aceptación que rechazo y mucho más halagos que insultos.

Pero bien dicen que es mejor no creerse los halagos, menos cuando son dados sin una pizca de objetividad. Tampoco aceptar los presentes, si son dados esperando algo a cambio. Y claro, en un medio como este los presentes eran siempre material escrito, que podía variar desde poemas, cuentos, hasta intentona de novela corta.

Después de casi 500 post he conocido a las más diversas personas - o debería decir , personalidades- que abundan por el mundo. No entiendo, ni llego a comprender porque tanta atención en alguien tan minúsculo como yo. Aunque luego reflexiono, que la gente solo desea expresar afecto, soñar con algo, formarse un ideal de alguien, aun siendo inútil todo acercamiento real al personaje de su agrado.

Pero así como hay gente que desea expresar carino sin ningún motivo aparente, hay otros que desean expresar su rabia. Rabia ante cualquier cosa que pueda representar su aflicción, frustración, mala leche. Así, pasas a ser por un momento quien personifique toda su joda contra el mundo, dedicándote las más variadas líneas de reproche, hasta que aparezca alguien más que ocupe tu puesto y comience la historia nuevamente.

Definitivamente, en ambos extremos es solo gente que necesita un poco de atención.

Estaba pensando, que para ésta noche de año nuevo, ya he rechazado todas las invitaciones para salir de fiesta, porque quiero pasarla durmiendo- o mejor dicho, soñando- en lugar de hacer lo de todos los años.
Pensaba que durante bastante tiempo, mi preocupación principal, había sido sobre quién me acompañaría en la salida de esa noche, o qué vestido me pondría, o a qué lugar iríamos. Y ahora, en lo único que pensaba, era en cuál pijama sería el más cómodo y qué almohada la más blanda para soñar con mi futuro.

Desde que volví solo he tenido sueños bonitos y hasta resulta una afición querer pasarla entre sábanas. Ayer soñé que tenía un vestido blanco y pomposo de hombros descubiertos y paseaba por un prado repleto de flores. Las imágenes eran confusas, pero solo puedo recordar la sensación de felicidad que sentía y que me duró hasta que desperté.

hablando de sueños, recordé a Nacho. Por un minuto creí entender un poquito de lo que a veces no entiendo sobre la filosofía de soñar/dormir/ estar entre siestas.

Ahora, procuro cansarme para tener sueños bonitos.

Hace poco recordé a Ana y su gata Chirimoya, en el primer comentario que dejó en el blog y qué me puso una sonrisa de oreja de oreja; y a Maik Pimienta, el joven ceuta con los mejores enlaces de toda la red.
No sé por qué se me vino a la mente que jamás llegué a enlazar a Nam, el médico que escribe desde Osaka, mientras se quesea con textos médicos; ni a Eulalia , la mujer que escribe desde Quinta del 44 con una soltura y manejo de texto que ya quisieran muchos.
Pensé que es una pena no tener noticias de Ray Kawabata o de las pequeñas historias que hacía K. en Mi tiempo libro.
Me dí cuenta entonces, de mucha gente con la que había dejado de frecuentar y ya había desaparecido; gente a la que sin darme cuenta me había sentido unida, por esa admiración a sus letras y a su forma de expresar ideas propias de una forma clara y directa.

Pensé que habría gente a la que extrañaría. Que habían escritos en la red realmente inspiradores y de una belleza extraña y genuina.

Que así como hay gente que es feliz siendo blogger y entamblando relaciones amicales, hay otra que solo es feliz escribiendo y lo puedes notar desde la primera línea. Notar eso es una sensación feliz, una sensación de libertad, al leer un pensamiento libre.

Estaba pensando que haría las siguientes madrugadas, si solo dormiría o me dedicaría a leer un libro. Ahora sé que no podría dejar de escribir, aunque esas líneas sean, solo cartas para los amigos, mientras ellos aún estén durmiendo.

viernes, diciembre 29, 2006

El Café con Aroma de mujer

Es Viernes, antes los viernes eran para mis Charlas de Café; y es que hubo un punto durante la escritura del blog, que los posts no eran tanto sobre mi propia vida,sinosobre mas bien las experiencias que le podrían ocurrir a cualquiera durante su crecimiento, acerca del racismo, la apariencia física, el sexo, los amigos o lo que sea que ya no fuera exclusivamente mío, sino algo que le podía ocurrir a cualquiera. En esos viernes me gustaba leer las opiniones de los otros, sus comentarios sean cuales fueran.
Los viernes de café eran como un termostáto de lo que la gente pensaba o sobre lo que le interesaba hablar.

Siempre me gustó el café, pero no el del Starbucks tan de moda últimamente, no por la pose de tomar un café y que me vean hacerlo en un lugar "nice". No por el pequeño placer de elegirse un cafecito de nombre raro y contarlo luego a los amigos, como la anécdota de quien piensa a solas sentada ante una pequeña taza de café humeante y garabatea ideas en un cuaderno para poetas. A mí me gustaba ese café pasadito que hacían en casa en una cafetera vieja. Ese café que mis viejos tomaban como si fuera refresco y que se quedaba siempre sobre la mesa para que lo tomara quien quisiera, frío y a cualquier hora del día.

Me agradaba el olor que inundaba la cocina entonces, ese olor penetrante que te hacía sentir profundamente inspirada y luego ya de mayor, un olor que como mujer te hacía sentir profundamente sexy. He tomado café en lugares caros y baratos, en sitios de mozos elegantes que te llenan la taza antes que digas nada y en casonas trsites en donde solo es café lo que pueden invitarte. Más no he vuelto a tomar el café casero que sale de las tiendas pequeñitas, ese olor a grano de café molido que inunda las calles viejas haciéndolas más románticas que nunca.

Hace poco recibí un correo sobre el grano de café y lo comparaban con la vida misma. De como ante la misma condición adeversa del agua hirviendo, los demás alimentos se hacen duros o blandos según su estructura intrínseca. Solo el café podía cambiar a una condición adversa como el agua en plena ebullición y cambiarla de simple agua a delicioso café. Era el café quien cambiaba al agua y no viceversa.

La moraleja era que solo algunas personas pueden cambiar el problema y volverlo a su favor, la mayoría prefiere que el problema los cambie a ellos. Les cambie la estructura, volviéndolos duros de corazón o blandos de voluntad.

Hoy pensé en el grano de café, e irremediablemente en Colombia y esa historia que no comencé a escribir, pero que no me deja dormir tranquila.

Ya habrá tiempo para cambiar el mundo, tal vez desde ahora mismo. Mientras tanto es viernes y el olor de café inunda ya, la ciudad de mujeres sin nombre.

jueves, diciembre 28, 2006

Diciembre, 28

Ya es 28 de Diciembre, el tiempo pasa rápido, todas las cosas que pensaba hacer se han quedado a medias. Pienso que los cuentos que aun no he escrito y las cosas que aun no he guardado en letras, tienen su razón de ser. Cada cosa, evento y persona busca su propio tiempo para salir a la luz. Tal vez las condiciones no sean las mas adecuadas, entonces, será tiempo de guardar los libros, las notas de prensa, los cuentos a medias y dejarlos dormir, hasta que hallen su momento de salir a la luz.

Pensé que no terminaría el blog, sin antes contar una pequeña historia de viaje, que tomaría varios capítulos. Hoy ya es 28 y no hay tiempo para poner sobre la hoja en blanco los símbolos que narran ese viaje y las aventuras que aun cargo entre los dedos.

Cuando volví pensé mucho en la niña Lorena y su historia de infantiles infortunios. Pensé en como una niña tan contenta y de visión tan ingenua había cambiado hasta que finalemente creció y se olvidó de sí misma.
La historia mas que contar solo eso, trataba de explicar, a mi principalmente, los hechos que en su momento son casi intrascendentes y que terminan formando la personalidad de alguien para sus años poteriores.
Así, le cambiarán el gusto de figurar y aparecer en público, al darse cuenta que mas que beneficios, el ser conocida solo le traerá desgracias y malos ratos. Al terminar la secundaria y entrar a la universidad es obvio que ella no volverá a figurar públicamente y todo lo contrario, buscará desaparecer entre el gris de las paredes, para no volver a los problemas de siempre con la gente que busca ver siempre la manchita en la ventana cerrada, en lugar de dedicarse a contemplar todo el paisaje.

La historia de la niña Lorena era en buena cuenta mi historia y la de todas las personas de mi infancia y posterior adolescencia, pero rememorar cada hecho del pasado traería a mi corazón un diciembre entre triste y melancólico, de historias sin terminar y viejas rencillas contra molinos de viento, así que preferí olvidar la historia y dejar que Diciembre se llenará solo del olor a brisa de verano y de la fragancia de las frutas frescas. Supongo que habrá un momento para la historia de Lorena, la colegiala; mientras tanto yo seguiré escribiendo sin mirar mucho a ese pasado que no tiene solución.

Ya es 28 de Diciembre y tenía tantas cosas por escribir, que ahora solo pienso en que haré con ellas luego. Si volverán al viejo diario, si permanecerán en el olvido, si desaparecerán para siempre.

A mi me gusta escribir pero no me agrada ser blogger. Cuando escribes para material impreso, nadie pone sus comentarios diciendo lo que opina. La gente lee, observa, lo saborea, lo ignora, pero nadie viene a querer modificar lo que escribiste ni a sugerirte el final de una historia, ni el cambio de nombre a un personaje, ni una impresión personal que no contribuye en nada. A lo mucho deja un comentario objetivo al correo, para mejorar la estructura del texto o las faltas ortográficas. Eso ayuda mucho a quien escribe, no busca figuración alguna.

Es como cuando ves un cuadro surrealista. No vas y le pides explicaciones al pintor de que quiere decir tal o cual figura, por qué le puso determinados colores, porqué no le cambió tal o cual imagen. Uno observa el cuadro, lo interpreta a su modo y se calla. Sería poco ético sugerir cambios a algo que pertenece absolutamente a su autor; a lo mucho puedes decir que no entiendes un carajo de lo que significó la pintura y no volver a la galería nunca más.

A mi me gusta escribir y cuando escribo en tono de artículo de revista, recibir los comentarios y leerlos. Las veces que soy mas intimista, prefiero anular la opción u obviar los comentarios que dejan, pero a la gente se le queda la costumbre de escribirte al correo cuales fueron sus impresiones y la relación que tien tu post con su propia vida, aunque a una no le interese saberlo.

Un diario intimista, suele confundirse con una revistilla, tanto para el lector como para quien escribe, ese es un riesgo grande cuando se hace un blog. Te quedas sin intimidad, pues la gente empieza a opinar a partir de hechos tan pequeños, que ya es inútil explicar nada. Obviamente, si se atreven a opinar acerca de lo que no saben, como si fuera su propia vida, ya toda explicación es inútil. Bien dicen que la ignorancia es atrevida.

Creo que fue Borges el que dijo que Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído, me pregunto ¿a quien leerán los señores anónimos?
Hay gente que se la pasa leyendo blogs, otros que se pasan la vida escribiéndolos ¿quién puede sugerir tenre mas vida al otro? ¿El que hace bilis con escritos ajenos o quien se dedica a vivir para poder escribirlo luego?


Es 28 de Diciembre y el tiempo se acorta irremediablemente, me faltan algunas cartas y cumplidos antes que comience el nuevo año, luego, ya veremos que ocurre.

EL Lugarteniente

Hace mucho que no sé nada de Rafa. Suele pasarnos, desde que nos conocemos, ambos desaparecemos por largas temporadas sin muchas preguntas. Al principio yo me desesperaba por no tener noticias de mi amigo, pensaba que podría haber sufrido un atentado, morir en un accidente. Pensaba que sería de mí si él desaparecía y yo no llegaba a despedirme, en otras ocasiones pensaba que tal vez se hubiera molestado conmigo por alguna razón y hubiera decidido desaparecer del mapa.

Rafa es uno de los pocos amigos que logran entenderme, escucharme y escribirme, sin que me sienta asfixiada. No sé si nos parecemos un poco, al principio quería pensar que sí. Cualquiera hubiera querido parecerse a Rafa, pero eso es imposible. Si fuéramos iguales nos aburriríamos en menos de dos minutos. Creo que solo tenemos afortunadas coincidencias y por eso nos soportamos bien.

Son afortunadas las coincidencias de escribir con pasión y aburrirse rapidamente con lo que antes nos gustaba. Yo le llamaba inconstancia, Rafa dice que no es eso, es solo que cuando nos gusta algo lo exploramos hasta el mínimo mecanismo y cuando ya no hay misterios, lo dejamos en el acto. Que son gajes de pensar mucho... Que la depresión que a veces nos abruma es el precio por tener algo de materia gris para no pasar la vida como simples animales.
Yo me río, pensando que sus frases son consideradas soberbias, propias de español que se cree dueño del mundo. Lo peor es que a él no le importa ni le incomoda, "Me encanta levantar murmuraciones en los puritanos"- suele decir. Sus cartas suelen ser de un humor tan corrosivo, como inteligente.

A mi me encanta Rafa, nos conocemos hace tiempo y no nos hemos aburrido nunca. Comencé a escribirle a él toda mi historia, cuando estuve deprimida y el hacerlo pudo hacerme respirar de nuevo. Cuando terminé de hacerlo, él no opinó ni me puso curitas, nada. Me envió una carta igual de larga, que me daba fuerzas para seguir adelante, sin hacerme sentir víctima, sino vencedora.

Cuando ya estuve mejor, seguí con las costumbre de escribirle, aunque con menos frecuencia. Rafa siempre tenía la palabra exacta para mejorarme el ánimo, incluso una buena grosería. pero yo ya no me sentía bien escribiéndole de cosas mas generales como mi casa, lo que sentí en tal o cual caminata o lo que me inspiró a escribir de nuevo, esas ya parecerían cartas de enamorados y no de compañeros de batalla ( la batalla diaria ppor no deprimirse muy rápido).

Empecé el blog como una manera de escribir lo que sentía sin que sonara a carta que espera respuesta. Rafa me podría leer siempre que él quisera, pero yo podría escribir de cosas más íntimas y menos trascendentales de los temas que usualmente compartíamos.

Creo que la comunicación con Rafa, fue en buena cuenta un ensayo de blog. Lástima que el término blog entrañaba muchos aspectos que yo aun desconocía y de los cuales no terminé de adaptarme.

Espero que al reaparecer Rafa, podamos reestablecer la comunicación epistolar que nos unió tanto, de todos modos la manía de compartir lo que se escribe no es exclusiva de ser o no ser blogger y escribir cartas para los amigos, suele ser siempre una experiencia gratificante.

Pequeños Secretos

Escribiré para sosegarme, para dejar las últimas palabras, hasta que el ritmo de la canción descienda sobre todos nosotros y nos deje inmóviles y mudos, a la espera de un nuevo sonido que despierte el corazón y la mente al mundo.

Los días son bastante claros, pero aun no hace el calor suficiente como para salir a caminar de la mañana a la noche con la misma ropa. Yo camino, a veces no me ven, p0orque camino mientras estoy en el teclado, camino por calles que ya sé de memoria, cerca de pastelerías con olores exquisitos y de escaparates con ropa para pequeñas princesas. Yo camino, aun cuando me quede sentada. Es entonces que lo urbano sabe a poesía y la marcha se hace canción, porque yo escribo mientras camino y voy caminando cuando solo escribo.

Me gustan los olores a fruta fresca y a flores adormecidas por el caer de la tarde. Me gusta armar sueños con las cosas que no están a mi alcance, con los seres que ya se han marchado. Tejer de ilusiones los hechos simples y grises, poner luces a lo que permanece oscuro. Me gusta caminar sin hablar, para poder soñar a gusto.

Antes viajaba y por la ventanilla veía el cambio de paisajes de plateados arenales a costas azules, de verdes brillantes a cielos magentas. Yo veía el cambio de paisajes y solo podía pensar en el día que te los mostraría todos, mientras, no podía hacer más que observarlos y guardar cada detalle en palabras que trataban de ser exactas. En palabras que luego se las llevaba el viento.

Mis sueños color mantequilla y mi visión de las cosas simples, son hechos en los que dejé de pensar hace tiempo. Las caminatas mientras permanezco ante el frío teclado y los sueños que tejo mientras voy en movimiento, son placeres guardados en mi diario personal, placeres que voy desenterrando de entre hojas amarillas y flores secas. Placeres pequeños.
Pequeños secretos.

miércoles, diciembre 27, 2006

Y te vi, cuando la noche caía
Me acerqué a tu cuerpo dormido,
De hada recién parida,
De luz que nace al mundo,
Mi mundo.

Me acerqué tanto a tu cuello,
Que podía oír el murmullo de tu sangre fresca
Bajo los pétalos de tu piel desnuda.

Me acosté pequeño e indefenso
A la sombra de tu pelo,
Al fuego de tu piel,
Esperando a que despertarás
A ese mundo que te veía nacer.

Y te vi, cuando tus ojos se abrían
Al cielo del que habías caído,
Suplicantes, confusos,
Como los de un ángel que pide respuestas,

Desde mi refugio tibio
Vi tus ojos abrirse bellos,
Tan cerca mío,
Pero con una mirada tan larga,
Que supe de una vez y para siempre,
Que tu, hada de azúcar,
Precisamente por tenerme tan cerca,
No me mirarías nunca.

Día Cinco




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Los muchos Yo

Nos hallamos el día que dejé de buscar y me senté en la vereda a admirar el paisaje. Densas nubes acababan de pasar por el cielo gris y la ciudad aun húmeda por la transpiración de miles de árboles.
Digo nos hallamos, no pensando en alguien en especial (o quizás si) Cuando hablo de hallarnos, hablo de esas dos mitades de uno misma que normalmente andan separadas por el mundo, caminando en aceras diferentes y haciendo cosas diametralmente opuestas, aunque en el fondo sean ambas la misma persona.

A veces pienso que todos nosotros, somos el fruto de muchos Yo enraizados en tierras que jamás nos pertenecen, pero de las que nos hacemos una suerte de patriotas. Varios yo, luchando unos contra otros, bajo cielos distintos, que a veces parecen ser uno solo, alumbrando a todos esos Yo desperdigados y huérfanos.

Cuando yo escribo, hallo varios yo que no sabía que tenía. A veces llego a pensar que soy promiscua por escribir en un tono y luego en otro; que le soy infiel a algun yo que en ese momento es el predominante y que a la primera pestañeada es invadido, incluso ultrajado, por el nuevo yo, que desee hablar en ese preciso momento.

A veces siento que mi yo es hombre. Ese yo me agrada, escribe los poemas, que a mi me gustaría me sean escritos y habla con dolor y dulzura de la mujer idealizada que jamás llega, porque siempre se está yendo. Ese yo, que yo juzgo masculino, a veces se vuelve bueno, doliente, melancólico...otras, simplemente es un asesino. Alguien que quisiera matar, para hallar debajo de la carne, el alma prístina de aquella virgen que no puede ser suya.
A veces siento que quiero a ese Yo, aunque sea el mas triste de todos. El que siempre anda sin solución. Supongo que amo a ese yo, por ser el hombre en el harem de mujeres tristes que abundan mi mente. Supongo que amo a ese yo, porque cuando posee mis dedos, habla claro y no le importa decir que ama hasta el delirio, queriendo llegar hasta la muerte por el amor correspondiso, pues simplemente este Yo: Ama.

Los otros yo, son mujeres, varias...muchísimas. Adoptan actitudes extremistas al no poder hallar su equilibrio. Una es demasiado carnal, la otra demasiado espiritual, una de ellas demasiado cerebral...creo que esa no está casi nunca, pues predomina la frívola que se larga de compras para no pensar en nada ni en nadie.

No sé cual me agrada más. Lo que sé es que no puedo controlar a la deslenguada y carnal, que es la primera. A veces ella me da miedo, me doy miedo, pues se que soy Yo explorando los linderos de mi voluntad y mis pasiones. Ese Yo se ha presentado mas veces este año, que lo que apareció en toda mi vida. Ese YO, indómito, aventurero, carnal e incontrolable, me da miedo, pues una vez que se lanza a volar, no le importa si cae, se lastima, muere, o hace daño a otros. Ese yo, no mide consecuencias ni peligros, pero cuando als cosas se ponen feas, se larga y me quedo con el otro Yo, miedoso, tímido, paranoíco, pendiente de las consecuencias de sus actos y del mínimo detalle que causó tanto desmadre; ese YO que no quiere mover un dedo, pues teme dañar a alguien mas que si mismo.
Finalmente, para arreglar la situaciónproblemática aparece el Yo cerebral, mucho mas calculador, carente de toda piedad al resto, un Yo que piensa solo en como solucionar el asunto, de la forma mas rápida e incruenta`posible, sin buscar causas ni culpables, ni hechos aislados, abocándose en la solución solamente e ignorando cualquier llamado de auxilio espiritual. Por supuesto, solucionado el problema, e i gnorados todos los implicados en el asunto, aparecerá el último Yo, que es el culpabilizador, el que juzga, atormenta, hace daño, no deja vivir en paz, pues solo recuerda una y otra vez las circunstancias que llevaron al hecho desastrozo del apasionamiento ilimitado y busca culpar a cualquier otro yo que se parezca en el camino.
Ese Yo, parece salido de la Santa Inquisición y castiga mas que cualuier testigo cercano a los hechos, aun en tiempos de paz y tranquilidad.

Lo que parece un expediente de psiquiatría, NO es tan severo como suena, ni tan gracioso como se lee, pero es algo real y que me sucede varias veces al día, desde que pude identificar las causas de mis cambios anímicos, relacionados con la predominancia de uno u otro Yo. Desde ese entonces me volví conciente de que las personas actuamos de una u otra forma, según la personalidad esté desfragmentada o trabaje en unidad. Supongo que los varios Yo, ya existían desde mucho antes, fruto de un crecimiento solitario y de continua introspección, pero vivíamos todo en armonía y sin pleitos, dado que había predominancia de un Yo que equilibraba al resto.

Este último Yo que era el predominante, fue el que recuperé hace algunas semanas. Un Yo que se escabullía de mi situación actual, pues no tenía valor para mirarse al espejo. Un Yo que ahora parecía fingido y abandonado, pues era el mas inocente, ingenuo, sonriente y bueno de todos. Era el Yo infantil, del que cree en el amor, en als buenas personas, en la esperanza y que espera lo mejor del futuro. Ese yo que perdemos en el camino, pues no nos sirve de nada tener a un Yo "tonto" como copiloto de nuestras acciones mas arriesgadas, si solo servirá de freno y será castigado y convertido en hazmereir de todos si aplica su lógica de Hacer el Bien sin mirar a quien.

El recuperar ese Yo ha costado, trabajo, sudor y lágrimas. Aceptarse fue lo más difícil, luego que te aceptas cmo eres y en lo que te convertiste con el tiempo, el resto del camino es una pendiente para caminar de ligero. Una pendiente en que te puedes recuperar y disfrutar aun de als pequeñas cositas, como si fueran vistas por primera vez, dado que ese Yo, no espera mucho y siempre recibe a manos llenas. Un Yo, que evidentemente cree en todos para poder creer en si mismo y viceversa.

Con ese Yo nos hallamos hace algunas semanas.

Pudo haber sido cualquier lugar el del hallazgo, pero Buenos Aires parecía ser un buen sitio. Neutro y sin fantasmas. Sin testigos, sin nadie cerca. Era como volver a nacer, eso sentí los días que me fui. Volver a nacer, con la misma piel de hacía siglos, pero con la experiencia a cuesta de als cosas pasadas, mucho mas tolerante con situaciones que antes me sacaban de sitio y mucho mas serena con respecto a todo y a todos.

Cuando nos hallamos, Mi Yo y yo, era una tarde media nublada de Diciembre, y aun el clima era bastante húmedo, pero el calor del verano permitía caminar con ropa ligera y sandalias bajas.
Estábamos en una banca del Parque San Martín y las luces caían sobre la ciudad tornando als calles de color rosado, mientras los árboles se confundían en tenues esmeraldas, como los mudos testigos de algun extraño pasado.
Yo me senté y contemplé el reloj inglés a lo lejos, rodeada por los edificios de múltiples ventanas y techos de corte europeo. La pista negra humedecida ante el rocío de la tarde y el horizonte naranja con las grúas abandonadas de Puerto Madero, vigilando la ciudad desde lo lejos.

Era mi primer día allí y yo sentí que tenía toda la vida por delante, no para remendar errores y vivir del pasado, sino para vivir con un futuro real y tangible entre las manos. Un futuro que podía comenzar a pintar desde ya o desde el momento que me diera la gana. Tenía entre mis manos la carta blanca de aquellos que ya terminaron su penitencia y están listos para reintegrarse a la vida, a la gente, al futuro, esta vez como dueños de él y no como simples inquilinos asustados por el riesgo de ser arrojados a la primera falta.

Era Diciembre, era verano, era Buenos Aires, era el mundo girando a mi ritmo, era la vida con una centésima oportunidad para caminar descalza, sonriente, sin culpas, niña, mujer, todo junto. Era YO con toda la nada en los bolsillossintiendo que por primera vez en largos meses, esa nada, era suficiente para caminar de ligero y sin prisas por el mundo. Mi mundo, el que finalmente me pertenecía.

martes, diciembre 26, 2006

La Buena de La película

Mi ex era medio extraño. Jamás se acercaba a ver los montones de ropa que estaban en oferta en las tiendas, no tuteaba a nadie que fuera subalterno, así fuera menor que nosotros y no comía el pescado que nos daban a todos, pues decía no haber comido jamás pescado con espinas.

Yo me quedaba idiota, a veces no decía nada, otras me burlaba de él con mis amigos. Es que tenía actitudes extrañas que rayaban en lo ridículo, como no querer comer nada que fuera hecho en la cafetería del hospital así se estuviera muriendo de hambre, o declinar cualquier invitación navideña a chocolatadas o repartición de biscochos, si es que eran gratis. A veces le molestaba mi efusividad o que me alegrara demasiado por tonterías…Mi ex era un buen tipo, pero tenía tantas actitudes raras, que la gente se preguntaba como podía soportarlo…

Una vez saliendo del cine, luego de darles monedas a unos niños que vendían dulces, yo me quedé hablando con ellos y haciéndoles bromas muy a mi estilo. Él me jaló del brazo y puso su cara de molesto por hacer eso. Yo me enojé por supuesto y dejé de hablarle todo el camino a casa. Él luego me explicó que no podía quedarme hablando con esos niños que vendían dulces afuera del cine, porque sus madres les pegarían si se quedaban sin vender, o podían venir y hacerme el lío a mi, asi que no anduviera con actitudes de payasita, para sentirme feliz, si a las finales les hacía un daño a ellos.

Era una forma bonita de decirme: No seas tan egoísta, con esas actitudes de hacerte La buena de la película, si no beneficio a nadie.

El día 24 de Diciembre, mi familia y yo salimos en el auto a regalar algunas cosas por navidad. Eran algunos juguetes, zapatos y ropa para niños. El problema es que no había muchos niños necesitados por las calles, así que fuimos a uno de los pueblos jóvenes que abundan por aquí, pensando que sería cosa fácil.

Ya en uno de los cerros, divisamos a un niño pequeñito que jugaba con su perro. Llamamos a su madre y al preguntarle si tenía otros hijos y decir que sí, procedimos a entregarle parte de los regalos que habíamos llevado. Desde las otras casas, que quedaban en zonas mas altos, comenzaron a salir niños, madres, perros, gente corriendo…En definitiva tendríamos para unos 6 niños mas , peor no para todos.
La peor parte era que los niñitos mas pequeños solo pedían juguetes y ya solo quedaba ropa y zapatos.

Pero mi hermana insistía en medirles los zapatos a cada uno de los niños tratando de hacer justicia con los juguetes, cuando todo se estaba volviendo un desmadre de críos llorando y mamás diciendo que no importaba, que ya le crecerían los pies a sus niños.
Por fin, mi padre se animó a encender el auto y salir de allí…Todos felices por haber hecho la buena obra navideña, mientras yo me hundía cada vez mas en el asiento trasero, pensando que se alegraban por haber contentando a menos de 10 niños, mientras de todos los cerros, bajaban como cincuenta, gritando por un juguete.

Creo que mas que sentirme alegre, yo me sentía peor. No era la gran cosa irse a casa con esa sensación. Mas parecía un alarde de “Que buenos somos nosotros por dar una limosna a un par de niños pobres”. Una especie de penitencia por la buena navidad que pasaríamos luego.

Mi hermana me llamó injusta por pensar así, si lo habíamos hecho con la mejor de las intenciones. Yo solo creo que la intención no es suficiente para hacer bien las cosas.

Mi familia dice que razono mal, que le veo el lado malo a todas las cosas, no entienden porque tengo que echar a perder los buenos momentos familiares.
Mi ex era medio extraño. Mi familia suele decir lo mismo de mí. Tal vez segúnb ellos yo sea ahora, La Mala de la Película.

Al Día Siguiente

Al día siguiente de la navidad, el sentimiento es casi el mismo, en todas las personas que conozco: ¡Que abusos he cometido! ¡Cómo pude comer tanto! ¡Parece la panza de Santa Claus!
Dos días después de la Noche Buena, las pesadillas fruto de la maratón de comida continúan, además de darse cuenta de que “Todos los regalos malos de este año me los dieron a mí…"

Realmente los padres y amigos, aciertan muy pocas veces en estas fechas. Parece que la mezcla de prisa y poco dinero, trajeran a casa siempre los regalos menos deseados.

Las cosas que uno menos desea, nos son obsequiadas en las envolturas mas vistosas, para lograrnos una sonrisa plástica, de “qué lindo…gracias” aunque no sepamos bien ¿para qué demonios puede servir eso?

Siempre pensé que yo era buena recibiendo y dando regalos, pues generalmente doy tantas indirectas antes de las fechas cruciales, como cumpleaños, aniversarios y navidad, que juzgo que solo alguien muy ciego, sordo y terco (como mis padres) podrían equivocarse a la hora de comprarme algo. Incluso hago listas de regalos por precios y lugares donde se pueden comprar, pero nada…Todo mi trabajo estratégico, cae en saco roto con mis padres.

Pero no solamente ocurre con mi familia.Creo que lo testarudos al momento de regalar, ya es un mal extendido a todas las esferas...

Para mi cumpleaños, recuerdo que lo único que pedí fue un perfume y unas flores… (un ramito de flores, vale solo un peso!) El problema es que los hombres jamás aceptan sugerencias de poco valor económico, pues lo toman como que “ya no será sorpresa” o "Date cuenta que yo sólo regalo cosas espectaculares".

Yo me pongo a pensar que se echaría a perder la sorpresa, si yo dijera el nombre del perfume o eligiera el tipo de flor, pero si solo menciono el género del obsequio deseado...¿Cuál es el problema?

¿¿Acaso no es espectacular regalar lo que la mujer desea aunque solo valga dos pesos??

Ese día por primera ( y supongo que única vez en la vida) me llevaron a comprar ropa como si fuera una escena de Mujer Bonita…lo cual debo decir, por experiencia propia, no es tan divertido…Es decir, cualquiera podría pensar( incluso yo misma) que pedir lo que se te antoje, mientras las vendedoras se vuelven locas por atenderte será una experiencia de ensueño…pero, no equivocarse, cuando te llevan a esas tiendas en que un calzón vale lo mismo que unos pantalones en cualquier almacén normal, la actitud de “winner”, cambia por una de “Dumber” pensando en “¿por qué demonios no fuimos a Falabella, donde podría comprarme 3 prendas por el mismo precio de esta polerita rala de diseñador con nombre andrógino, que ni siquiera podré usar?

Es que hay cosas que no van con una, los delirios de grandeza tienen su límite dependiendo de cada mujer y ese día yo conocí el mío. Las cosas pueden narrarse y verse como en las películas, pero la sensación no es la misma, delante y detrás de la pantalla.

Para ésta navidad, yo estaba podrida pensando en las razones filosóficas que habrían llevado a mis padres a regalarme un reloj…si era la única cosa en la que había insistido no necesitar. Luego miraba la ropa nueva y me daba cuenta que con tanto engorde navideño, necesitaría una dieta rigurosa de agua y verduras feas, para poder estrenarlos sin parecer un tamal.

Mi hermana me comentaba que a ella le habían regalado ropa dos tallas menor ...Por un momento llegamos a pensar que habían confundido los regalos para ella con los míos, pues lo que yo pedí se lo regalaron a mi hermana y viceversa.

Entonces reflexionamos, en que tal vez fuera una estrategia de mis padres, para obligarnos a comer menos y hacer mas ejercicio…aunque luego de mirarnos, nos dimos cuenta que Naaaaaah, mis viejos se habían vuelto a equivocar por su terquedad en comprar cosas que nadie pidió, en las tallas que teníamos hace 5 años.

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Al día siguiente de navidad, cuando todo lo bebido parece demasiado. Cuando todo lo comido parece un abuso pantagruélico y cuando cada regalo, parece ser el obsequio no solo equivocado sino comprado con segunda e irónica intención, la única satisfacción que queda es haber podido estar en familia y regalar aquello que pensábamos haría feliz a los otros, aunque eso haya sido solo otra ilusión de navidad.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...