sábado, noviembre 08, 2008

Boca Rota

Llevo la boca rota, no, no es un intento de poesía,
simplemente, que se me rompió la boca
y por la mañana amaneció sangrando, cuando pensé que ya se había curado.
Cuando pensé que ya no se me notaba.

Mi boca, pobre boca, lleva una semana sangrando. Lleva una semana que todos ven mi boca con esa herida en medio justo de su corazón, que me preguntan y se burlan sobre quien me muerde tan fuerte. Sobre quien me hace daño ahora.

Mi boca, pobre boca. Me enseña que hay heridas que para curar necesitan seguir sangrando, hasta pasar por muchas capas de resistencia y de pronto un día despiertas y voilá! ya no sangra más.

Mi corazón es como mi boca, se hace resistente, pero no forma un callo suficientemente duro nunca. Mi esperanza es así, como mi boca. Un fruto suave, que jamás logra marchitarse del todo, volverse duro, siempre hay algo aunque pequeño que la terminará lastimando.

Yo...hoy no estoy triste, es solo éste estado de ser y no ser.

Será que hoy leí ese discurso de GGM y lo envidé por levantarse temprano desde los 17 hasta el resto de la vida solo para escribir historias que harían felices a otros.

Es solo que a veces me entra la duda, sobre si habré tomado las decisiones correctas.

Tal vez haya una misión y un fin en todo, como argumenta el Gurú. Tal vez tenga que terminar este ciclo y logre hacer mas bien que mal en la medicina. Logre hacer sonreir gente, aunque eso- qué pena admitirlo- ya no me haga sonreir.

Una verdadera pena.
......

Mi boca, mi pobre boca, hoy me vi al espejo y recordé cuando alguien me despertaba en la mañana y aun con la peor cara de trasnochada, me llamaba bella. Yo lo oía entre sueños y no le creía, aunque esa frase siempre lograba hacerme sonreir.

¿Qué tendrán las personas? Que dentro de toda su maldad te hacen tanto bien.
¿Qué tendrá la gente, no? Que cuando menos debería quedarse en este mundo, tu terminas luchando porque sobrevivan.

¿Quién soy yo? Yo, para decidir quien se queda y quien se va. Mis decisiones se basan en números, estadísticas, hipótesis, sondeos. Se basan en esa regla de que el que mas sabe siempre debe decidir por el resto. De creer que se tiene la razón, porque alguien debe asumir el mando.

Pensaba en eso. En Comme tout le monde, la película que vi hoy.

En eso y en que los films franceses por mas malos que sean, siempre me dejan pensando.

Que extraño hablar en otro idioma y reconocer frases que pensé estaban olvidadas.
En que la palabra marrocain, siempre sonará perfecta.
En mi manía por deglutir y degustar las palabras, por encontrarles ese sonido y esa cadencia dentro de si mismas.

Las palabras son mis bailarinas y yo soy la coreógrafa, cada vez que escribo un post. Cada vez que enlazo unas con otras para formar una idea. Por eso suena bien lo que diga, aunque a veces no tenga sentido.
Yo sueno bien, ja...casi siempre.


Hoy, creo, escribiré toda la noche, tengo demasiado en mi cabeza y no tengo amigos con quien hablar.

Desperté de mi larga siesta, extrañando con ansiedad el sabor de la Postobón manzana, de su color rosado en el vaso transparente. De su sabor suave y dulzón en la boca. Extrañé estar en otro país, extrañé irme.
Y deseé irme entonces, como lo deseo ahora, a otra parte, a otro lado, a algún lado en donde las cosas si funcionen, o al menos haya un periodo de adapatación en el que si parerezca que funcionan. Extrañé y deseé zafarme de todo esto. De mi misma.

Cada viaje, cada relación es lo mismo. Solo deseo creer y olvidarme de lo que yo pienso, estar allá afuera viendo curiosa la vida del resto y así, olvidarme un poco de mí, de mis dudas, de mis expectativas, de mis temores, odios, de todo lo que sangra.

........

Ay! mi pobre boca.

Intenté sonreir esta mañana y sangro más. Me mojó los dos labios, chorreó un hilillo hasta los azulejos del baño, pero ya no dolió.

Porque así pasa siempre con estos procesos de olvido.
Siempre sangro un poco, pero en algún momento las heridas dejan de doler.

Acepto ese beso asexuado, con la mayor humildad.

Acepto la ayuda de alguien. Hoy acepto la ayuda de quien sea que me ayude a dejar de pensar.
No escribo cosas en tercera persona, porque al parecer mi drama personal tiene mas sintonía.

No, tampoco es por eso. Solo que quiero sacar los cangrejos de mi ropero, los muertos de mi placar, quiero limpiarlo todo hace tiempo, pero no dejo de empezar...por eso jamas termino creo.

Estoy en estado pos migraña, asi que no me juzgue nadie. Estoy en ese estado de no sentir nada y sentir todo a la vez, de querer llorar y sin embargo sentirme de pl{astico, incapaz de expresar nada lo suficientemente claro. Como en una dimensi{on desconocida, triste, gris, pat{etica.

(acabo de darme cuenta que no tengo tildes y que no puedo ir a officce porq la porqueria no funciona en mi lap)

Decia que...que decia? Ah si, que estoy escribiendo para no morirme, que me caigo de sueño, que quisiera llorar pero no me sale nada, que me ahoga una sensacion de inutilidad, de vacuidad tremenda, que parece ser un estado depresivo del que jamas me curo, que soy yo, cayendo otra vez por espirales internos hasta el centro mismo de la nada, que quiero algo y no se que es, que mejore esto, esta maldita sensacion conocida, de vida inminente (ojo , no muerte inminente como en el dolor dle infarto) sino de vida...si, hablo de la vida. La vida que me asusta, que hiere, que oprime mi corazon contra la pared, mi mejilla contra el asfalto, que me patea duro, pero la muy puta vida, nunca acaba conmigo, siempre quiere mas.

.....

Estoy escribiendo asi, porque me da miedo quedarme dormida, porque me da miedo soñar, porque, si, porque me da miedo romper a llorar. Estoy escribiendo aqui, porque es una forma de pedir ayuda sin hacerlo. Es una forma de soltar las amarras y entregarme a ese mar oscuro, amplio, inmutable de la depresion. Me suelto a ella y viajo por ella, hasta que en un momento cuando ya estoy al centro de ese oceano color acero, cuando no hay ninguna costa cerca, ninguna voz conocida que quiera oir, cuando estoy completamente sola, en el centro de todas mis mierdas, en ese preciso momento, emprendo el camino de retorno y vuelvo a la vida, casi contenta, casi feliz.

Es un ejercicio, doloroso, fatigante, cronico como un mal o un vicio, es mi unica forma de curarme, dolor con mas dolor, hasta sentirme la ultima migaja de un universo enorme de sabores mezclados. Hasta sentir que desaparezco. Esa es mi forma.


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Cuando inicie esta relacion, pense que mis domingos ya no serian a solas. Me equivoque otra vez. Hace tiempo empece a vivir con alguien, para sentirme acompañada, protegida al menos, que idea mas ridicula, jamas me senti mas sola, mas abandonada, mas rechazada, ams a la intemperie.

Y ahora, otra relacion, similar...una mierda de relacion. Sigo pasando los fines de semana sola, sigo sin poder hablar. Sigo sintiendome sola. Esta cosa, ya debe ser cuestion mia. Porque tan mal no puede estar el mundo. Debe haber gente feliz en la calle, debe haber relaciones que si funcionan, debe haber personas que si se sienten completas con otra persona al lado. Debe haber algo que funcione mas de un par de semanas. Debe existir algun roto para mi corazon descosido.

Mierda, deberia haber pues.


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Me permitire hablar de Claudio, el innombrable de este blog, ese que ya fue. me permitire hablar de el, porque el otro dia senti claramente en el pecho que en algun lugar del mundo el habia muerto. Asi que ya difunto, puedo permitirme hablar de el y de sus mil cualidades porque no sirve recordar a la gente solo por sus actos malos.

Recordare por ejemplo, que el si me quiso siempre. Que podia sentir esa entrega que no he vuelto a sentir, que podia sentir incluso en la calle su mano que no me dejaba, en la cama su pecho seguro, en la tina su abrazo protector. No recuerdo un momento de esa relacion que no me sintiera segura y dispuesta a entregarlo todo.

La gente piensa que fue el dinero, que fue el fuckin dinero ese adorno que lo hacia especial y capaz de todo. Yo se que no. Fue ese proyeccion de una vida juntos, lo que me dio confianza. Fue saber que el queria cosas a largo tiempo y no solo el " a ver que pasa". Esa es la seguridad que no da nadie que ame poco.

No funcion{o claro. ¿Qu{e funciona en esta vida? pero el corto (largo?) periodo de nuestra vida juntos fue unico, porque fue pleno y de entrega total. Esa es la diferencia con todo lo que vino luego.

Ya nadie se entrega, ya nadie cree, ya nadie espera nada. Y claro, una se pone techos, limites, tiempos, plazos y entonces en la puerta del horno, el pan siempre se nos quema.

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No puedo seguir, tengo la paranoia, de que leere un horrendo y cursi comentario acerca de esto. Entre el señor anonimo y el señor no me callo nunca, este blog se ha vuelto una buena mierda.

viernes, noviembre 07, 2008

Quisiera ser dueña de mis palabras, de las frases, del tiempo. Controlar por un momento algo, algo d eloq ue me pasa y sin embargo no. La vida discurre como agua clara entre peñascos enormes, se golpea o se acaricia con ellos, no importa. La vida sigue y en su correr sin rumbo abre y separa territorios, une otros, costas de distancias eternas.

La vida continua.

Y en cada tumbo, se va haciendo blanca, chispeante. Agua clara simplemente. Moja mi piel, los pequeños detalles, el entorno brillante que se opaca si me siento triste, si bajo la cabeza, si me rindo.

Maldita vida, pienso. Bendita vida, medito. A veces quisiera dormir para siempre, otras tener mas tiempo para hacer realidad los sueños, las metas, el encuentro de mi misma. A veces quisiera poder comprender...pero mi cabeza es tan complicada y mi corazón tan pequeño, los detalles del universo no caben en ella, no se acomodan a mi forma y yo no acepto acomodarme a ellos.

La vida continua y yo me quedo en al orilla, contemplando su corriente eterna, me zambullo en ella antes que barra conmigo, como un pequeño sedimento más, inútil, corteza de tierra lejana. Un granito insignificante de un universo en olvido.

domingo, noviembre 02, 2008

Coloquios del Mundo Externo

"Yo dejaría que me hicieras daño. Porque yo sé que te aburrirrías de mí, pero
aun así, estaría dispuesto a que me hagas sufrir"

En una semana llena de estrógenos, bajas cantidades de serotonina, incienso en las calles, fe y ganas de milagros rebalsando de todos los ojos, un cardiólogo sería la persona indicada para arreglarme el corazón con una frase como esa.

Yo me dejo llevar por las frases y con 3 copas de vino encima y muchas ganas de creer que alguien se podría arriesgar por mi, esa frase corona mi semana. Me levanta el ánimo. Esa frase me hizo sentir que no era una persona inadecuada. Logró que soñara.

M, el dueño de esa frase ha pasado conmigo las últimas semanas, compartiendo mis pequeñas desgracias. El trabajo te vuelve compañera de viaje y yo puedo decir que he pasado 14 días de viaje a mi mundo interno junto a M. Me he atrevido a contarle que-Dios que vergüenza!-que estaba dispuesta a dejar la carrera por escribir. Que he comido sola todo el último año, porque estar en el hospital me hizo retornar a mis días de colegio y sentir de nuevo el rechazo de la gente normalilla y feliz. Que no soy fashion como él se burla siempre, solo me gusta la estética en los colores y las formas, que es algo que ya viene de familia, no tiene nada que ver con la moda.

A M. le he contado varias cosas, varios odios y cuentas pendientes que tengo aun con el mundo y claro, él me ha contado a su vez un poco de sus odios, de sus enemigos ocultos, de sus torpezas en el periodo de crecimiento y me he sentido tan cerca de él, que no he podido sino, sentir una pena amarga por no conocerlo antes, tal vez un año antes.

Me despercudo de esa idea, tan pronto como me acaba la resaca y vuelve la coherencia a mis ideas. Entonces pongo en claro las cosas y me doy cuenta que él- mi él, ahora- está allá afuera haciendo el mundo sonreir a su paso. Recolocando el universo y mis penas en su lugar, con esa manía de gurú que tiene. Ese día lo pienso mucho y vuelvo a sus brazos. Quiero intentarlo, intentar en lo que sea que termine esta historia, quiero esa paz que él me da, incluso si viene con un plus de cáncer al pulmón.

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Apenas vuelvo a él, le confieso esa frase preciosa de M, esa frase que me ha retornado a la confianza en mi misma, entonces él, que en este momento no es ni gurú, ni positivo, ni pretende la paz del mundo, lanza un cuchillo de frase: "El hombre promete y promete y promete hasta que..."

- Amorcito, cualquier frase es una buena arma para un hombre, dice con una risita, mientras apaga su cigarrillo.

En ese momento yo me siento mas ingenua que nunca, pienso en M y su intentona de besarme a mitad de un tropezón con 3 copas de vino encima. Pienso en M y me pregunto si él será como todos los hombres, si tal vez detrás de su torpeza, de esa infancia de nerd igual que la mía, de ese carácter que lo lleva a enemistarse con medio mundo -igual que yo toda la vida-haya otro predador igual que todos los que he conocido, buscando ensalivarme la boca antes de romperme el corazón...entre otros tejidos menos nobles.

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Cuando llegamos a viernes, apenas si me he enterado de la fecha, me debo haber quedado en algun punto entre lunes y martes viendo toda esa gente retrocediendo con velas y cánticos en un fervor casi poseso.

Yo me he ocultado en la biblioteca, me ha dado miedo ver tanta gente caminar rezando. El olor a inicenso había entrado horas antes a todos los rincones de mi mundillo diario y la música de iglesia sonaba tan fuerte que hacía saltar los clavos de las paredes de mi ateo corazón.

Recordé entonces mi niñez mas lejana, los ataudes pasando por mi puerta rumbo al cementerio y el espectáculo diario de la muerte en mi ventana, una mezcla rara de dolor y regocijo, con toda esa gente caminando veloz, llevando a hombros a un muerto que no tiene prisa por llegar al cementerio. ¡Tan curiosos los entierros, en mi Tierra del Olvido! Nada que ver con los féretros brillantes, con las flores, con la limosina de ley que veo ahora en los entierros.

Esa forma de despedir a la gente que se muere se me queda en la memoria grabada. Debo tener apenas 5 años y me oculto en el balcón de casa a ver pasar a los muertos, rumbo al campo santo. Gente doliente, gente de oscuro y con velos, es mejor ignorarlos dice mi madre, pero en casa la curiosidad de ver pasar la muerte se apodera de ancianos y niños.
Veo a mi abuela oculta tras las cortinas del segundo piso, husmeando sobre de quien se trata ahora. Se apaga la música en la casa, se cierran todas las ventanas, hay que tenerle respeto al señor muerto que pasa horizontal, sobre los hombros de una docena de familiares, tan a prisa que ni siquiera se lee el nombre en la cruz de madera, cayéndose las flores frescas que llevan los nietos del difunto en la mano, sin que nadie las recoja. Se pisotean flores y se reza en voz baja, yo me quedo viendo desde mi escondite las lágrimas de los niños empujados por el paso a galope de la gente grande rumbo al cementerio. En la calle se ha quedado ese olor a inicenso, a flores marchitas, a muerte. A lo lejos se oye esa canción de todas las tardes de mi infancia: La marcha al Infierno y mi recuerdo se opaca.


Veo a mi abuela abrir las cortinas de nuevo, el silencio en la casa se marcha, se enciende el ruido embrutecedor del televisor de nuevo. La muerte acaba de pasar y no nos ha llevado, suspiro aliviada.

Años mas tarde mis abuelos harán aquel viaje triste en horizontal, sobre los hombros de mucha gente. Yo seré la niña que derrame lágrimas empujada por la multitud, sin lograr recoger las flores que caen. El cortejo pasará de nuevo por nuestra calle y se detendrá en un último adiós a la que fue su casa. Yo levanto la mirada y me veo pequeña y asustada en la esquina del balcón polvoriento, sin entender del todo, porque morirse resulta una fiesta tan ruidosa para todos.


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El sábado me levanto después del medio día, quisiera hacer muchas cosas pero me siento muy cansada. Llamo a mis padres, se han comprado una camioneta nueva. Me enteré el día anterior- cuando estaba de guardia- pero apenas si pude alegrarme.



"Usted es la única que nos dio esperanzas de que viviría, gracias"

Esa frase me desazona por completo. En un trabajo como el mío, no puedo permitirme dar esperanzas a la gente que llega a la Unidad, porque eso siempre trae problemas. Debo decirles a todos, asi lleguen caminando, me dice el jefe, que se van a morir. Así la familia ya está preparada y no sufre luego, si algo pasa.

A veces se me olvida esa parte de mi trabajo. A veces hago empatía con la gente y sin querer doy esperanzas. Pero a veces como el viernes, no sirve de nada. La gente siempre se muere, caprichosamente se muere. Me enferman. Una hace de todo, los equipos están ahí, tenemos de todo y simplemente los muy tontos deciden dejarse morir. Carajo! Hay gente que llega a hablar conmigo, que no entra tan grave, pero igual se dejan morir. Es algo mas que Dios, simplemente se dejan ir y una no puede hacer nada. Tan inútil.

Para qué mierda nos hacen estudiar tanto, si al final la muerte hace lo que se le viene en gana?


Al salir tengo que explicar a los familiares, me preparo para lo peor, para el reclamo, para el golpe, oigo los gritos desesperados cuando se enteran de la mala nolticia, de hecho querrán golpearme. Pero nada, hasta me agradecen, están furiosos con todos, pero educadamente me agradecen y entonces me siento una mierda. Porque preferiría que no fueran tan condenadamente amables, que no hubiera ninguna empatía con ellos, así no me dolería que se me haya muerto otro paciente.

Sí, a mi, no al Hospital, no a Dios, no al destino, sino a mí, al maldito instrumento que hace el trabajo sucio de llenar el certificado de defunción.

Salgo a tomar un poco de aire al final del turno, para olvidarme de todo. Suena el celular y es mi hermana avisándome las buenas nuevas, su voz es tan alegre que hace que sonría siempre, hablamos de todo y me olvido por un rato de que soy la Dra. Fulana y paso a ser solo la hermanita menor de una familia cómica, que bueno es serlo.

Estoy fatigada, se acaba el turno y cometo el error de volver a la unidad por el resto de mis cosas y ahí está la familia de mi paciente, para ellos no ha terminado nada, apenas si la noche comienza, a mitad de mi risa, debo apagar el celular porque me doy cuenta que ellos me miran, dolientes aun, acaban de volverse huérfanos de un ser querido y yo sigo aquí. Respirando, robando el aire que antes le pertenecía.

Mierda! quedarse viva a veces apesta mas que morirse.


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Es domingo y no dejo de pensar en los ojos del Gurú mientras me toca, parece que brillaran como dos soles negros y redondos en el centro de su cara. Es lo único que veo antes de abandonarme. Sus iris inundados del café que hemos bebido, como dos pozos oscuros en donde es imposible leer que nos depara el futuro.

"Mow can you mend a broken heart"

suena ahora en mis oídos.

Es una lástima que al Gurú no le agrade la buena música, ni leer lo que yo leo, ni ir a los sitios que a mi me gustan. Una lástima, que no tengamos una pizca en común, a veces me pregunto de qué diablos hablamos? De qué nos reímos? De qué se ríe él conmigo?

El día que volvimos, me vestí como pordiosera, pues ya no quería dar buenas impresiones. Ni maquillaje me puse. Alisté mi cara de mala, por si debía decirle todas sus verdades antes de romper-porque de hecho él rompería conmigo después de escribir esa carta- y llegué tarde para no tener que esperarlo como las últimas veces.

Y ahí estaba el Gurú, en medio de la gente con esa sonrisita tan suya. Como de que no pasara nada, de que el mundo es bueno, que es bacán estar vivos. Y yo quería odiarlo, por ser tan imbécil de no darse cuenta que lo nuestro no tenía futuro, de que una sola palabra suya movería mi mundo al lugar correcto, pero que bah! jamás la diría.
Pero ahí estaba él mirándome y la vereda se llenó de bultos sin rostro. La gente había desaparecido mientras llegaba a su encuentro y en mi cara usualmente seria, una maldita sonrisa asomó involuntaria, como el levantarse de un telón antes de la gran película.

Mierda! El Gurú había desplegado todas las energías del universo sobre mí de nuevo y yo volvía a sonreír, a creer. No en él, sino en el fuckin sentimiento, en ese dichoso sentimiento de creer que todo, absolutamente todo estará bien, si una se entrega de corazón.


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Antes de acabar mi domingo hablo con mi primer ex, en una llamada a larga distancia que me costó dos almuerzos. Nos contamos todo y hablo nerviosa como si tuviera cafeína en vez de sangre. Le cuento sobre M, le confienso que por un momento he sentido...ya sabes, he sentido que se parecían tanto- M y mi ex-que he caído en un estado de ternura involuntaria, en una mezcla de querer protegerlo y detestarlo a la vez.

Mi primer ex-El Lado Oscuro de mi Fuerza-se muere de risa porque conoce a M y está de acuerdo conmigo, ya que cuando conoció a M, también sintió que eran similares (M anda peleado con medio hospital y siempre está demasiado seguro de lo que sabe, un atorrante completo) me dice que aproveche el pico de mis estrógenos, porque me lo meresco.

La verdad él, mi DarK S¡de se muere de risa, pues sabe de mi disyuntivas sentimentales, sabe que mi fuerza ha fluctuado cuando he tratado mas a M, igual que pasó cuando él y yo nos conocimos. Sabe de que hay alta probabilidad de que la historia se repita, porque a mi siempre me han gustado los nerds malhumorados, los malos de la historia, esos imbéciles a los que odia todo el mundo, pero que yo sé, merecen tenerse cerca.

Sin ambargo el Dark Side se equivoca, a diferencia de lo que fue él, M, se autodefine como una placa inestable- en términos cardiológicos esa definición es risible- por tanto, ni él sabe lo que quiere. Me di cuenta, cuando caminábamos por el hospital y puso los ojos a media asta al ver a su ex novia (Gracias J.L Guerra por prestarme esa frase) se puso mas torpe que de costumbre y si no se enreda con los pies, es porque estaba apoyado a una columna.

Entonces me di cuenta, M. quiere y cree en esa frase que puse al inicio de este post, cree locamente en que hay que amar hasta que duela -como yo- pero ese dolor suyo ya es de otra. Aunque me ofreciera sus 2 ventrículos para exclusividad de mis tontos caprichos, ese corazón suyo, ya está infartado, dañado, ya ha dejado de funcionar cabalmente, hay alguien que le ha causado ya ese dolor intenso que pretende ofrecerme.

Mi querido M. sufre por una niña aun mas inestable que él mismo. Un embrión de bruja, ella.

Entonces me surge de nuevo en el pecho, ese sentimiento de enorme ternura y de ganas de patearlo a la vez. Porque veo en él a mi Dark Side en sus inicios, cuando aun era bueno, éramos buenos. Y experimentamos todo ese amor de estudiantes, toda esa aventura linda de besarnos con el guardapolvo puesto, enredándose los estetoscopios.

Veo en él, ese amor limpio hacia la primera chica que le gustó en serio, como el que me profesaba mi ahora Dark Side.

Claro, en esta nueva versión de la historia, esa chica del guardapolvo blanco ya no soy yo.

Suena esa canción <<<<...Por cada hombre hay una como tu>>>> en mis oídos y yo le cambio el estribillo para mis adentros "como yo" como las mil tontas que pueblan el mundo sin saber realmente lo que quieren, excepto que alguien sufra por ellas y que un hombre se deje hacer daño por amor.

Flashes


Él es una de esas raras personas que siempre queremos tener de amigos. Con buen gusto para todo, dispuesto siempre a experimentar algo nuevo.

Me permito hablar de él porque se que ya no me lee, que incluso abandonó su blog hace un par de años igual que yo. Me permito hablar porque es domingo y hallé un Cd sin nombre que probabblemente me lo haya grabado él. Quién sino él podría ponerme todo ese jazz encantador, esos boleros lentos, esas versiones de Cold Play y Marroon 5 ejecutadas por B.V.S.C?
La gente se cuida de enviarme música, porque al ser yo tan tirada a lo down, podría ser que una mala canción desencadene todo un proceso de odio al mundo, de escritura lacrimógena, de ganas de morir. Yo en mi egocentrismo usual, pienso que es por eso que no me envían, aunque lo más probable es porque nadie se acuerde de hacerlo. Dado que yo como él, en estos meses llevamos el autoexilio y lo trabajólico como norte y bandera.

Yo suelo enviar música, si. Luego me arrepiento claro, porque yo escucho cosas muy lentas, música muy vieja, algunas demasiado acústicas, otras demasiado poéticas. Yo escucho música que los demás consideran triste, que no se amolda a mis personas favoritas de la piel para afuera. Por eso a veces- casi siempre- me frustro y digo: Nunca más. Nunca más enviaré música a nadie, que se queden con la radio, con la música pegajosa, del estribillo bobo. Que se queden pues, con la música bailable de las grandes masas, acá me quedaré yo mimando con lujo mis oídos y mi mente con esa música que solo pueden ser entendida de la piel para adentro, que fluye, se amolda a los vertederos de pasión y melancolía de este corazón frágil, de este cerebro quemado.

Me gusta el piano. En una canción el piano suele ser primordial para que me capture siempre. Debe ser algo relacionado con las teclas, porque cuando escribo y oigo un piano como ahora, comienzo a escribir, rápido, volando, sin tildes, sin buena ortografía - o sea como siempre- bailando sobre el teclado, soñando, amando al mundo. A esa gente anónima que compone para mí, para que al otro lado del mundo, a mil años luz de diferencia yo me pueda deleitar con esos pequeños placeres cotidianos.

Debe haber sido él, pues, quien me envió ese CD. Él que tiene ese buen gusto para elegir música, libros y personas...y ahí entro yo. Como es posible que yo pueda estar en su círculo de amigos? Yo que a la primera no hablo, que me vuelvo parca, que doy apariencia de petulante, aunque la verdad es sólo que me muero de miedo de decir una huevada. Hacer ruido, cuando lso demás están silencio.

Hubo un tiempo- ese en el que trataba desesperadamente de enamorarme como emdio de cura- que yo intenté con él algo mas que amistad. Obviamente nos fue mal. El mundo no da muchas opciones a un par de solitarios, engreídos, que se hacen un mundito de naipes alrededor suyo para que nadie entre. No hablaré en plural. Tal vez yo sea así. Él tiene millones de amigos, gente que debe ser tan interesante como él, él se acopla a otros, o los acopla a sí mismo, no sé. Aun no sé cual es el truco, debe ser esa magia de cuando al gente se reune para disfrutar aceitunas, vinos y quesos. Yo a lo máximo que he llegado es a compartir un desayuno con pan viejo con alguien.

Antisocial por decisión propia, me voy quedando sola y me niego a compartir música y libros con quien no sepa apreciarlos, porque como en el amor, me da miedo amar si no saben reconocerlo.

Lo sé es muy fácil decirlo- Oh ! que belleza música flamenca! no digo que ese tipo es un genio para elegir la música que regala?- pero la verdad no puedo. De vez en cuando se me da el bichito de compartir mas que una charla frívola sobre el clima o el trabajo. De vez en cuando me encuentro con alguien y le cuento mas de lo que debería saber de mí. Le comparto alguna cosa que tenía en la repisa mas alta y polvorienta de mi memoria. A veces incluso un cuento. Y me sorprendo gratamente cuando no echen lo mio por el fregadero, sino que se atrevan a degustarlo hasta por uan segunda vez.

Él, tiro mi cariño por la tubería un día. Y pensé que debía odiarlo, no perdonarlo jamás, por la humillación de dejarme bailando sola, de negarse a recibir mis besos. Sin embargo, ya pasado el tiempo comprendo. Hay gente como él- como yo quisiera decir- que no se pueden atar con nadie, que buscan algo más, inexistente, que lleve al equilibrio perfecto, a la belleza irreal de sentirse vivos día a día. Casi nunca funciona, uno- una- lo intenta muchas veces, pero no ocurre. Y entonces nos volvemos solitarios, sibaritas de la melancolía y la soledad mas necia. Eternos y dolientes a los pequeños dramas de la vida diaria. Solitarios sin remedio.

Él es una de esas raras personas que todos queremos llevar de amigos. En quienes se cultiva una amistad y admiración indestructibles, esas raras personas con las que una quiere experimentar de todo. Ese es él, quien me regaló música que me hará escribir el resto de domingo.

Siempre que vuelvo a escucharlo me invade esa sensación de momentos perfectos, no puedo sino cerrar los ojos e imaginarme en una calle de brisa tibia y calzada empedrada. Su música entonces se me confunde con todas esas risas y esas miradas distraídas de la gente que camina sin ver. Yo soy invisible entonces, mi cuerpo flota en su música y deja rastros de si en als paredes de aquella ciudad perdida en mi memoria. Soy invisible, como ahora, en medio de la cama de sábanas color mantequilla y las almohadas de colores.

Hay tanta gente como él, imagino a gente genial componiendo música que solo oiré yo, de la que solo yo sabré el significado, el extraño poema que reunen dos o tres frases sueltas. Esa música que lo une todo como un hilo conductor de tiempo, espacio y persona. La armonía perfecta.

Yo...debería estar dormida...pero no sé a lo mejor es que recordé eso del valsecito de Tacuarembó y entonces la máquina inerte de mis sueños mas caros de pronto click! comenzó a funcionar de nuevo.

Regreso a San Juan y todos los por qué

Lo último que escuché antes de girar la cabeza, fueron las ruedas del auto acelerando en el asfalto y alejándose de mi a toda marcha. Me aca...