Las estaciones


Mi vida había sido marcada de cierta forma por las estaciones, así como por las fechas importantes. La publicidad influyó en mi crecimiento, de tal forma que cuando llegaba Setiembre, yo realmente esperaba ver nacer la primavera. Las temporadas lluviosas me recordaban que debía escapar a un lugar cálido en donde vacacionar, incluso de mentira, incluso si ese año no había trabajado nada. Y llegado Febrero me preguntaba si de verdad el amor debía festejarse  en público.

Rompí antes de cada catorce de Febrero, intencionalmente o no. Había pasado la secundaria con la presión social de que debía conseguir un novio y me había opuesto radicalmente a tener relaciones con cualquiera a quien no amara lo suficiente… pero vamos eran los noventas, ha pasado un siglo de eso y me sigo preguntando ¿qué saben las niñas del amor a los 15, a los 25…a los 30?

Con el tiempo, me di cuenta que me había pasado la vida sintiéndome mal por no hacer las cosas que debía hacer en el momento en que debía hacerlas. No salir de juerga un fin de semana por quedarme estudiando. No festejar fiestas patrias en casa, con la familia. No estar en una serenata el día de la ciudad. No postular a las maestrías que todos hacían, ni comprarme el auto en el momento que todos se lo compraron.

¡Vamos! Realmente ¿A quién le importaba si yo lo hacía o no? Pero en mi calendario mental se quedaban como tristes pendientes, deudas conmigo misma. Reproches por no hacer lo que todo el mundo hacia. Ahí va la  que no está en el rebano, sentía que me decían, ahí va la que caga las cosas siempre.
No tuve la fiesta de quince años ni los amigos populares que todos tenían. Tampoco pasé un verano en pareja, ni me regalaron joyitas de fantasía por el aniversario. Con mi cartel de anti cursilería me fui perdiendo todos los clichés en que cayeron los otros en su recorrido al amor. Y las fechas y los eventos que dan sentido a otras vidas.

Creo que me fui perdiendo de mi propia cronología … Porque ¿Como debía marcarla yo, entonces? ¿Cómo debía hacer para marcar mis propias estaciones? A veces en broma, mido el tiempo según la persona que me haya acompañado en ese periodo, más que por lo académico o laboral que me haya sucedido…Y he tenido años muy malos, pésimos…Años que debían ser borrados del mapa y otros buenos, claro…Un equinoccio…

“Siete años de vacas flacas”  he tenido, según mi hermana, Siete años de mierdas varias que se terminarían Oh! Casualidad! Este 2012…y claro, yo sigo esperando. Que la vida mejore, que la soledad no sea un lugar tan frio, que entablar relaciones con alguien no deje esa sensación desoladora luego…En fin, que alguien engorde a la vaca de mi corral antes que llegue la hambruna por hallar gente como yo con la que no me sienta rara, incomoda, en un papel demasiado soso;  una hambruna voraz que me ha acompañado ya casi una década.
¿Alguna vez has sentido frio en un día muy caluroso? Yo sí, yo siento una increíble miseria a medida que más me rodeo de gente, un indescifrable apetito a medida que más me ofrecen comida chatarra. Me consumo yo misma, como un órgano descompuesto que busca auto eliminarse, auto digerirse…A veces siento que necesito rabiosamente algo y no sé lo que es. El equilibrio dices,  claro! ya habíamos discutido sobre eso, el maldito punto de equilibrio que busca la humanidad entera como un Santo Grial;  mas yo sé que mi vida de hecho, no se ha manejado por las fechas ni estaciones de los otros; que mi centro de gravedad nunca ha sido lo que ha podido dar equilibrio a las demás personas. Yo siempre he estado al margen, excéntrica. 

Yo soy la persona que no invitarías a tu fiesta, es más, creo ser yo a la persona, que jamás asistiría a una. Soy la que ha querido moldearse, entrar a la estación a tiempo, seguir la tendencia, desaparecer con el cardumen y no ha podido…siempre hay un fleco que salta a la vista, algo que me hace agachar la cabeza

¿Quién eres tu- me dicen- Tu o tu alterego? ¿ Tú o la que escribe? ¿Tú o tu espejo? A veces no tengo una puta idea de cómo explicarles, de que mi día no amanece hasta que todos están completamente dormidos. De que mis estaciones son diferentes, de que mi cronología está hecha a golpes de suerte y mala suerte.

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