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Estoy de guardia. No debería mezclar el trabajo con el placer.
Pero quien dice que es escribir ya un placer?
No es acaso el ejercicio doloroso de darme cuenta que ya no escrino para nadie excepto para mí?
Que ya no hay historias en mi cabeza, ni cuentos, ni relatos, solo pocas líneas de lo que me pasa a diario. Una bitácora de días grises, nada mas que eso.

Quizás, Quizás, Quizás...

Pienso que tal vez me debería dar el recreo de algunas confesiones, dado que he perdido del amor toda esperanza. Para qué guardar disfraces? O buenas apariencias? Una imagen que cuidar? Ya todo da igual.

Confesión number one: Oigo boleros...a escondidas desde los 13...oigo full música vieja que mis viejos piensan que odio, me sé las letras y tengo algunas fantasías con coreografías a blanco y negro. Sueño que si algún día me caso, poner una de esas canciones dolorosamente bellas mientras la gente cena y yo me escapo a bailar sin zapatos en el jardín iluminado por faroles pequeñitos.

Number two: He olvidado el francés, hablarlo, oirlo y pensarlo. Me he resignado a que no conoceré París ni con aguacero ni sin él.
Tal vez deba olvidarme también de comer crepes con helado. De esos gustos que no son para mí.


Número 3: He pensado seriamente en fugarme. Fugarme de aquí, del trabajo, de la casa en donde vivo, de mi propia vida.
Mas lo pienso y mas factible me parece.
No tengo nada mas que esperar aquí que lo tipicamente predecible.
Me asusta lo predecible.
Me asusta ya no tener esperanza.


Número 4: Odio el número 4 ( es cierto, al 4 , al 7, al 11, al 19)
Número 5: He llegado a la conclusión que ningún hombre que haya amado ha reunido nunca lo de los restantes. Que no puedo aspirar a un solo hombre, porque no creo que uno solo pueda satisfacer mi falta de cariño. Que si bien Claudio ha sido el amor de mi vida, reconozco que él ya no me amará como esa vez ni yo a él, como en ese momento. Solo tengo el recuerdo de la perfección y con eso me debería bastar. Porque el amor no se volverá a dar en mi vida y con eso debo vivir para siempre.
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