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Hay días como estos en que no debiera llamarte ni esperar a que me llames. Ni escribirte o pensar en que me escribas, hay días como estos en que simplemente me dejo destronar por cualquier nostalgia pasajera y bajo al llano. Allí donde son realidad los más oscuros sueños, allí donde la noche es solo el alba de una pesadilla.

Mi querido Lugarteniente, ayer me enteré que ya no estabas, fue de pura casualidad, por una de esas cartas que le envío siempre y que ya no tienen respuesta. Me enteré que ya no estabas y se me anudó en el alma todo un arsenal de penas que no te había contado, de desilusiones mas solucionadas y de amores que ya no se si lo fueron. Se me pasó por la mente que me había quedado sin decirte tantas cosas, por el simple orgullo de no escribir yo primero. De solo enviar líneas que dijeran estoy bien, sigo viva, aquí todo como siempre. Ahora tal vez sea demasiado tarde para enviar líneas que sé, no leerás. Líneas que arrojo al viento tal como se arroja una pena, para ver si como en el pasado las tomas antes, las devoras, las asimilas por mí y me consuelas con eso. Líneas, malditas líneas que no sé si han de llegarte o será otra carta huérfana que no llegará jamás a destino.

Hace unas semanas pretendía escribirte, bajo la excusa que no solo somos amigos en las malas sino también en las buenas. Bajo la excusa de contarte, que han sido todos estos meses mas de dichas que de penas. Que todo iba bien, que de pronto el agua dejó de azotar mi barco y navegué horas de horas sin una lágrima asomando a mi cara. Iba a contarte acerca de mis más recientes amores, de mis kilos en menos, de mi cara que es otra. Iba a contarte, yo que sé, de que dejé la cafeína y me hice adicta a infusiones, que teñí mi cabello de negro y corté los últimos mechones entre rojos y púrpuras que asomaban de mi nuca. Que abandoné para siempre las gafas, que corté un poco mas mi vestido, que dejé de cortarme las uñas, que en fin! Decidí enterrar lo vivido.
Y mira Rafa, mi Lugarteniente, que no vas a creer lo que ocurrió, pero un día me vi al espejo y ya no sabía quien era. Porque no era la del ayer luminoso, que un día fui. Ni aquella oscura criatura que nació de la ciénaga de las mil culpas y que algún día creí ser. No. Ya no era ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario…Un híbrido entre lo que era y lo que creí ser, un híbrido de lo bueno y parte de lo malo. Puta madre, Rafa, me di cuenta que yo era una persona nueva y que ya no me conocía.

No te miento, en vez de horrorizarme ante lo que veía, la sensación fue genial. Verme al espejo toda buena, con el vestido floreado y el cabello suelto, mi mirada sin lágrimas, la boca sin muecas. Fue bacán verme así, hecha una mujercita, pero aun con la cara de niña, muerto el descaro de creerme mujer fatal, muerto el descaro de creerme mala, muerto todo egoísmo sobre mi persona, si finalmente había dejado volar las brujas que habitaron aquí por tanto tiempo.

Y te cuento Rafa, que todo fue fácil. Fue como romper la piel de un fauno con las propias uñas, rasgando tejidos y tendones y viendo sangrar a tajo abierto todo recuerdo pasado, para sentir por fin, a la criatura nueva que ahora palpitaba frente al espejo, libre de toda culpa, libre al fin de todo daño. !Rafa! !No sabes lo que fue Rafa! !Me estaba pariendo a mi misma, mientras el mundo me daba la espalda!

Me parí yo misma, ahí delante de ese espejo que se marchitaba ante mi más reciente belleza.
Y ojo que tu sabes que no soy bella, ojo que tu sabes que de bonita solo tengo el nombre, pero ahí estaba yo, sintiendo cada órgano dentro mío, nacer perfecto, mis córneas intactas, mi cabello nuevo. Ahí estaba yo Rafa! Nueva, perfecta... pero sin inocencia…Si pues, Rafa, porque la inocencia que ahora me queda es esa parte mía ilusa que sueña en que voy a ser feliz al final de la historia, pero de inocencia ya no tengo mucho. Tu sabes, todo lo he visto.
Y no es que te haya superado amigo mío. No creo haber superado a mi Lugarteniente en ver las patrañas de esta vida perra. Pero lo mío he visto, querido. Y vaya que me ha dolido! Porque tu dirás que duele ser hombre y aparentar ser macho homo sapiens, pero yo te digo que duele ser mas mujer y fingir que eres mucha hembra pero nada de sapiens. Joder, Rafa! Eso ha sido lo peor, tener que fingir que era una tarada como tantas que abundan, siguiéndole la cuerda al hombre de turno y cayendo en el corralito de yo soy menos que tu, claro, si yo soy mujer y no sabo nada.

Pero eso es asunto pasado Rafa, así era yo y me dolió bastante, peor cuando jugué a ser matrona, a la que nada le duele y nada le afecta, tu ya sabes como fue aquello, mucha juerga, mucho salvajismo pero al final nada.
Hasta eso me aburrió Rafa, porque no hay misterios, apenas comienzas a buscarlos prontito se acaban y te aburres de nuevo y yo me aburrí. Me aburrí desde el minuto mismo que volví de la Argentina y me di cuenta, que yo no servía para aventurera ni para mochilera, que yo extrañaba mi casa y quería mi colchón cálido y mi ropa limpia, que el bosque estaba bien bonito, pero no para vivir allí todos los días, que no me iba a casar con nadie que tuviera piojos en las axilas por muy parecido a Eduardo Glez que fuera, no señor, yo descubrí mis límites y me regresé prontito y sin pena, nada de mirar atrás nada de compadecer a Mariano, que suficiente daño me había hecho en esta vida, me regresé en bus y hasta ahora me duelen las posaderas…

Pero sabes, Rafa? La verdad regresé hecha mierda, no sé como sobreviví a ese octubre sin milagros, no sé como no me morí de miedo, no sé como volví intacta (hasta lo que yo recuerdo) y pensé que la había regado, que me había jodido esta vez y para siempre, que ahora si me olvidaba de mi carrera, del libro, de mi familia y de mis amigos, que había pisado fondo, o al menos lo había visto demasiado cerca. Porque cuando me zafé de Mariano, ya ni sabía quien era, jamás estuve peor y nadie sabía, nadie podía saber que había pasado.

Estaba allí yo solita, yo y mi maldita conciencia, que es el lastre que nos pone Dios para vivir en culpa. Estaba hecha mierda y tú por ningún lado y olvídate que le iba a contar a alguien la verdad de los hechos, olvídate que a los mojigatos de mis confesores les iba a contar la verdad palmo por palmo. No. Yo solo podía contártela a ti, Rafa y ni sombra de que aparecieras, carajo! No te volviste a aparecer nunca y ahí fue cuando volví a Lima. Mierda ciudad de Lima, que hasta ahora no sé si la odio o la amo.

No creas que lo de Argentina me dejó traumatizada, volví, claro que volví, pero lo hice para mi cumpleaños y con Hotel 5 estrellas de por medio, a conocer ahora las cosas como las debí conocer siempre, sin bultos que cargar y encontrándome a mi misma.
Y mira que me encontré Rafa…mas de lo que imaginas, regresé hecha de luz, de amor al prójimo, creyendo que todo iría bien…Y casi lo fue, o sea, si no fuera tan quejosa y con mi maldita visión fatalista de las cosas te diría que estos últimos meses han sido los mas provechosos y tranquilos de mi vida, pero…Tu sabes como somos nosotros, compañero y bueno, ayer después de mas de tres meses de haberme parido a mi misma, me volvió a dar la garrotera, me tomó el miedo por sorpresa, me tiré a la cama a llorar para desaguar los ojos después de 4 meses sin hacerlo y la verdad Rafa, no tenia una puta idea de por qué estaba llorando, pero quería hacerlo.

Creo que bendije a mis estrógenos de haberme puesto lábil y predispuesta al drama, pero a medida que lloraba con el mismo esfuerzo y pujo que si no lo hubiera hecho nunca (como dicen ustedes, con mas esfuerzo que cagar sin haber comido) me di cuenta que te extrañaba, que carajo! extrañaba contarte mis vainas aunque sea para sentirme mejor por un par de horas.

Que tenía la agenda llena de teléfonos de personas a quienes llamar y no me apetecía ninguna, no porque fueran malos, o porque no fueran suficientemente amigos, sino todo lo contrario, porque eran demasiado buenos. Y caray! cuando una quiere llorar no necesita personas buenas que le estén diciendo palabras al oído, yo quería llorar a moco tendido y si me preguntaban no iba a saber que decir, porque, en realidad mi llanto no tenía motivo y era como un ejercicio para lubricar los ojos, enrojecer la cara y hacer chorrear la ñata. No pues, Rafa, en ese momento nadie me hubiera comprendido, excepto tu, que sabes el por qué de darnos esas vainas, el por qué de explotar ese derecho a sentirnos por unas horas aunque sea, completamente infelices, desdichados e incomprendidos.

Solo tú, podías saber, por ejemplo, que no necesitaba que me dijeran nada, para mejorar mi estado. Solo había que dejar derramar el vaso hasta que se inunde el piso y así me verían al día siguiente, fresquita y lozana como lo estoy ahora, a mitad de toda jornada, sintiendo que ayer no pasó nada y que esos bajones bien calculados en medio de la regla, nos agarran a cualquier mujer con los ovarios bien puestos. Si, señor, con los ovarios bien puestos...


Ya ves que este e- mail no tenía nada de particular, que no era el motivo mandarte a la mierda por no escribirme o desear que te folle un pez por no estar cuando mas necesitaba. Solo quería escribirte carajo, ¿tan malo es eso? Escribirte con la lejana esperanza que un día buscaras por el maldito google, laura martillo y encontraras una carta toda para ti, ahora que me he desaparecido. Con la maldita esperanza de que llegaras a escribirme de nuevo, ahora que eres tu el mas completo desaparecido. Qué pasó contigo, Rafa? Me lo contarás algun día al menos?

Pues nada, Lugarteniente, que acá sigue lloviendo pero cada vez mas bajito y que el frío no llega a ser tanto como lo fue en un inicio, que si me ves por la calle ya ni me reconoces, que sigo soltera pero sin esperar hombre y que la vida me está tratando bien, aunque no sé si luego me la cobre.

Pero ando bien, compañero y eso ya es bastante, solo desearía una vez tan solo, saber si es que de Valencia a aquí hay tantas horas, que no te da la gana de venir a verme. Que ya acaba el invierno, Rafa, que ya es momento de tomarnos el cafecito que quieras, o la infusión que se me antoje, con un cigarrillo de por medio. Pero que ya es momento de hablar de nuevo, aunque sienta que he superado todos los males, pero que ya es momento amigo, de vernos las caras aunque sea para mandarnos al infierno.

Besos, Hombre y que el destino nos ampare en ésta o en la otra.

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