Fue esa tarde que decidí que no volvería a escribirte. En realidad, decidí que no volvería a escribirle a nadie. Cada minuto que había pasado frente al computador lo sentí inútil y sin objeto alguno que no fuera regocijarme con mi propia voz. Había perdido mucho tiempo escribiéndote, escribiéndome, mientras la vida palpitaba allá afuera.


Brasil estaba lleno de atardeceres coloridos, de calles mojadas, de gente hablando rápido y cantando. Las paredes estaban llenas de poesía sentida y la playa inundada por el espíritu del carnaval vecino. Había tanta vida allá afuera y yo estaba tan libre, con los ojos tan abiertos, con tantas ganas de conocer y conocerme.

No pensé que volvería a saber de ti, de este blog, de nada. A diario escribía millones de líneas narrando cada experiencia nueva, pero luego dejó de importar lo que yo contara, lo que yo quisiera guardar para el futuro como un recuerdo gráfico, sólo tenía el presente y para eso me dedicaría.

Planeaba contarte lo que aprendí, todo lo que aprendí de mí. Planeaba muchísimas cosas, pero el tiempo me ganó y heme aquí informándote que no estoy muerta, que no me fui, que estuve pensando en ti todo el tiempo, solo que aprendí a vivir.

Comentarios

LUZ dijo…
Hola, que gusto volver a leerte.
Es curioso, no pensé que tus escritos iban dirigidos a alguien en especial, tal ves te refieras a no todos ellos, ya que yo ni lo note, y si sugerías que le hablabas a alguien, me parecía la forma de como iniciabas el contar, tu estilo diría...
Espero no dejes de escribir que a mi me agrada leerte.
saludos.
nacho dijo…
Uf!!! ¡Que alivio!

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