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Pequeños placeres

Siempre, en cualquier ciudad hay un lugar desde el cual el cielo parece cerca y la ciudad inmensa allá abajo. Siempre en cualquier ciudad hay una foto de nosotros cerca a ese infinito que marca el límite entre la metrópoli y el cielo y nos recuerda que estuvimos allí, que de cierta manera estuvimos vivos.

Me encanta viajar. No hallo placer mas perfecto que salir de mi espacio usual y vivir otra vida, con otra gente, otros olores otras comidas...Parece que mi espíritu se multiplicara en las miles de miradas a ese nuevo lugar, parece que creciera, madurara, envejeciera...Alcanzara la eternidad mientras viajo.

Casi como cuando leo. Y ese viaje interior a la mente y sentimientos de otras personas, muchas otras personas que han pensado, sentido y soñado, me hiciera vivir vidas ilimitadas que mi pobre organismo de escaso tiempo de vida se negara a disfrutar, en medio de su carrera en pos de cosas inútiles.

Amo el cine, en este siglo, casi tanto como con los libros.
Hay películas en las que no hallo símil en un libro, la imagen., el sonido, la perfección en cada una de las escenas. Sólo 2 horas y salgo de la sala de cine como si hubiera vivido una vida completa allá adentro, junto al ecram iluminado que acapara toda mi pupila. Paseado por Marruecos, dormido en París, tomado un café en Venezuela. Son sólo dos horas e igual que en un sueño, yo he vivido años y vuelvo feliz a casa.

A veces, vuelvo a casa, fría casa, desconocida casa, paredes claras, ventanales amplios, pisos sin manchar. Todo parecía tan pulcro hasta mi llegada. Y de pronto llego yo, toda mi parafernalia de colores vivos, los sombreritos, las chalinas, los zapatos, mi desorden habitual, incontenible en medio del invierno. Una tormenta de ropas sin usar o por usar agitándose en montones que ya parecen vivos , en las esquinas de la cama.
Y esas corrientes de aire que agitan toda la casa con su humedad, como corrientes marinas que me llevan del salón a mi habitación  que gira enorme alrededor de la lámpara blanca que cuelga como un planeta desde el techo. Esas corrientes frías que se cuelan con su olor a  velas aromáticas desde  los baños al resto de los cuartos vacíos, y yo allí, trasladándome fantasmalmente de uno a otro, ansiando una ventana lo suficientemente limpia para contemplar el mar y sentirme libre.

El mar...Soy libre y feliz viendo el mar.

Me agota cuando estoy en el centro de la ciudad y no puedo verlo. Me siento presa de esa angustia que encadena a la masa trabajadora, a vivir y sobrevivir en pos del dinero, cuentas sin pagar, gente muriéndose en el hospital, tanta soledad en el umbral de la muerte que me hacen evaluar querer morir en mi casa...en alguna casa; pero llego a ese departamento blanco por todas partes y está la música que deseo, los libros que quiero leer, el agua caliente que corre gracilmente hasta limpiarme de esa pátina gris que me da la ciudad allá afuera.

A veces, sólo a veces quisiera vivir acompañada y compartir a la luz de las velas un plato de pasta antes de irme a dormir. Y no hacer el amor, solo que me abracen para que en la madrugada haya cosas de que hablar mientras la indecisión va dando paso al deseo y el deseo abra fisuras que hagan preguntarse si en realidad existe el amor.

Quisiera irme de esta ciudad, pero también quedarme.

Quisiera tener la libertad de poder vivir en varios lugares y siempre tener amigos para que me hagan descubrir nueva música, no de la de ahora, sino de esa vieja que antecede a mi generación y me hace volar por los aires mientras suena. Quisiera tener siempre libros y el tiempo para leerlos; ir al cine, no me importa si sola pero ir y llorar y reir y sentir como en los viajes que la vida de los otros también forma parte de la mía, como los sueños de los otros alguna vez han construido escenas de los míos.

Y quisiera helados y el mar y que los inviernos no fueran tan fríos. Y tal vez, quisiera también un compañero, pero por el momento prefiero abrazar las otras cosas, todas las otras cosas que solo me hacen bien a mi, que no necesitan de mi contribución para existir. Pienso, a veces tristemente, que jamás encajaré con nadie, así que prefiero no soñar en algo así. Después de todo, no es el amor el regalo inesperado en un momento inesperado?

Quisiera empezar a pintar cosas ya  fotografiar cosas, ya no me basta sólo con escribir, quiero expresarlo todo tal como lo siento, a veces es demasiado y las palabras no alcanzan...Ahora al fin lo entiendo.

Parezco triste, a veces lo parezco, hoy quisiera una copa de helado y salir a caminar sencilla, sin cargas en la espalda; pero mi guardia aun no termina y bajo el disfraz del guardapolvo blanco y el cabello pulcramente atado me oculto de la vida, para que no me enamore de nuevo y me haga perder la cabeza como todas las veces anteriores.

Hoy quisiera ir a esa parte de la ciudad en que todo parece pequeño allá abajo y el cielo se siente tan cerca...Hoy quisiera simplemente, ser turista dentro de mi propia vida.
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