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Miguel

Volver a Miguel lleno de esa belleza que hería los ojos, la trastornó entera. ¿Cómo podía una sóla persona irradiar tanta seguridad? Se imagino sentada en su regazo viéndolo de cerca, a esos ojos pardos ocultos tras los espejuelos. Se imagino cerca a él bebiendo de su boca cada palabra como si cada idea suya pudiera entenderla al 100 % y por completo.

Entonces recordó que ella era una boba. Que no entendería nada, que jamás se sentaría en el regazo de Miguel y jamás sabría si su aliento era de menta o de granadilla, porque simplemente Miguel jamás voltearía a mirarla. Saber eso la sumió en una miseria instánea y desoladora. Era el puñal de las cosas que vivimos negando, de todas sus mentiras y sueños. Él representaba su negación a la realidad pero también era el vengador de ésta.

Al otro lado de la calle estaba él tomando un café ignorante de todo su dolor. Perfecto, despreocupado, leyendo un libro que tal vez fuera interesante o sólo para colorear, no le importaba. Ella lo siguió mirando porque era incapaz de quitar sus ojos de él, imaginó uno que otro diálogo de saludo, una que otra anécdota. Imaginó tantas cosas que la acera se fue llenando de flores, de palabras, de líneas y párrafos enteros, que seguramente él consideraría desbocados. El cielo era llameante de un atardecer que no se animaba a instalarse y en su rostro los últimos colores de la tarde, apenas si perfilaban algo de su barba a medio crecer y el pelo algo desordenado.

Miguel, era perfecto pensó ella. Su corazón de galleta se quebró en dos al pensar que jamás la amaría, ni sabría de sus existencia en el mundo. Una lágrima cedió a su parpadeo, antes de coger la mochila de regreso a casa.
Si sólo tuviera más edad  las cosas serían diferentes- pensó. Ella se volvería mujer y él seguiría siendo hombre...tal vez podría mirarla, tal vez.

Antes de doblar la esquina una mirada lánguida lo retuvo para siempre en su memoria, ella pedaleó fuerte rumbo a sus 16 años y el cerró el libro antes de pagar el café y dirigirse ignorante de todo ese amor a los 40 solitarios años que áun le esperaban.
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