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Asimetrias

Me veo frente al espejo tratando de olvidar la voz chirriante de la maquilladora.

-Tiene una ceja mas alta que la otra- dice, alcanzándome el espejo. Es parte de su forma de mirar,  digamos, de su huella facial.

Me hace recordar a mi padre revisando mis dibujos, diciéndome que estaba mal esto y aquello, que el sombreado, que las lineas, que siempre me salían los rostros chuecos, pero que eso ya era inevitable. Era parte de mi huella al dibujar.

Salgo caminando de allí en medio de un día húmedo y gris, quizá el primero de todo el invierno. Hasta ayer ha sido verano, piernas desnudas, escotes pronunciados, cabello suelto, una media sonrisa.  Me pregunto si lo primero que se ve en mi es tal como en el espejo mi ceja elevándose con duda o mis dientes asomando en la sonrisa infantil que del lado izquierdo parece tímida y del derecho invita a jugar un poco.

No hay nada derecho en este mundo, mucho menos el camino que elegimos. Ni mi pecho derecho ni mi pie izquierdo están contentos con su tamaño extra. Se amoldan a la ropa y al calzado ajustado igual que yo y mis principios se tratan de adaptar al trabajo, a socializar con la gente, a tratar de decir lo políticamente correcto, aunque no pueda. Ni en la vida diaria, ni en el sexo. Mi lengua también tiene la asimetría de lo normado con lo sentido, por eso los besos raspan o son suaves y duelen tan parecido ya sea por ser muy profundos o por ser muy superficiales.

Al pasar frente a los espejos mi imagen se repite cientos de veces, mi lado diestro trata de engañar a diario al zurdo. Andar comportado y con bozales, ablandarme para que el estar a diario tan tensa y tan sola no me vuelva alguien fácil de quebrar a la primera. Y vaya que  en mi trabajo tendría razones para quebrarme en mil pedazos! Vaya que conozco razones por las cuales los días pueden ser mas oscuros y mas lluviosos que los que dicta el hombre del clima.

Y en las relaciones...Ay las relaciones! Mi lado derecho cerebral comandándolo todo y el izquierdo dejándose estar. Mi mano derecha que estrecha firme la suya y la izquierda que intenta acariciar cuando no me está viendo. Contenida si, tratando de equilibrar lo deseado con lo debido, podría apostar a que nadie se da cuenta que soy como un dibujo doblado en dos, en tres, en mil que solo toma forma real cuando se echa al aire y como un papel libre vuela, vuela hasta perderse.

Me miro directo a los ojos en los espejos de la calle. Olvido la astucia de mi ceja derecha elevada, olvido que después de una tarde en el salón de belleza debo ser el Ecce Hommo de alguna aprendiz de maquillador, me miro directo hacia adentro y todas las asimetrías se acomodan, a lo mejor sea yo la única que pueda amarme tal cual.
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