Hey!

Dieron las 11 en punto y el se fue. Yo me quedé como siempre, mareada pensando que lo había soñado.

No todos los días son iguales, hay días que pienso que el teléfono sonará antes que yo lo revise. Que al abrir las cortinas, el día será milagrosamente soleado y que habrá pan caliente esperándome para el desayuno. Pero vivir sola no es así. La mayoría son días de sobrevivencia, bailar sola con las ventanas abiertas, querer mostrarle al resto que bien lo haces. Sonreír al espejo y querer que alguien te vea bonita como te ves tu cuando estas despeinada y que alguien sepa qué comes, cómo duermes y en qué sueñas. Levantarse sin zapatos en la madrugada cuando la guitarra se ha caído de la cama y en lugar de enojarte pensar que es un ser vivo que pide que lo acaricies, que le rasques la espalda, que lo rasgues hasta que salga una canción.

Y ahora pienso que el problema de ciertos días no es que extrañe a alguien en especial, sino que me doy cuenta que no me basto yo sola. Que quisiera a alguien mas para mirarme, para quererme o pelearme. Alguien para hablar o ignorar, tener un nombre encima de la lengua para las veces que quiero repetir te quiero. Y tener el recuerdo de una cara encima mío para cuando me toco y toco y  quiero llegar al orgasmo.

Hay una canción que me atrapó hoy, no es por la letra. Es fuerte y sensual a la vez y tiene mucho de la voz de desidia que se tiene cuando le dices a alguien: Hey, estoy intentando conocerte. Hey, a dónde vas? Sabes que muero si te vas.

Con todo este asunto de la modernidad y que nadie se quiere sentir dueño de nadie, porque no es elegante decirlo ni pensarlo. En este tiempo en que nadie quiere ser poseído por nadie, porque quiere seguir en ruta, buscando una manzana mas roja, la mas jugosa, la que sea perfecta. En que no quieres realmente a nadie, porque vives en la eterna ruta hacia el final del arco iris, siento que ya nadie ama con pasión. Que el miedo nos invade incluso a la hora de decir Me gustas, te quiero, te deseo. Es mas fácil lo aséptico de la informalidad, la mediocridad del amigos con derechos. Esa cosa mohosa de Mejor sin compromisos y a corto plazo. Porque así no duele y no hay líos ni problemas posteriores y en eso...

Uh!

Te quedas a la mitad. A la mitad de todo. Pierdes. En esa carretera polvorienta que te conduciría a la playa azul prometida y de la que ya no sabes como salir ni a donde llegar. No tienes contigo lo que te daba miedo querer. Quieres con doloroso capricho lo que te da demasiado miedo obtener. Y en esa mazamorra de sentimientos, llega Junio con sus lluvias constantes y oscuras. Con sus mañanas grises que parecen indicar desde temprano el final del día y aquí me sigo preguntando, Qué demonio habita entre nosotros? Que me siento atraída y frustrada de querer y no querer-te?

Uh!

Estaba intentando conocerte...pero no puedo con Junio, con la mitad del año por delante esperando engullirme con fauces poderosas. No tengo tiempo para llorar mis malas decisiones o para echarme a dormir la siesta que mi cuerpo desea. Me tengo que ir y olvidarme de todas estas mierdas existenciales, de hablar en tercera persona. De escribir, de maltratar el pincel y la guitarra por igual. De sentir que no hay nada suficientemente grande para tapar todas esta grietas, estos miedos, esta necesidad de sentirme en equilibrio para al minuto siguiente perderlo.


Hey, quizá si. Quizá si hayamos estado encadenados.






Suena: Hey- Pixies

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