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Día Once

Sigo enferma y peor aun, con dosis extra hormonal que me hace lagrimear cada 15 min. Llevo 2 dias llegando a casa para sentirme miserable. Las cosas buenas duran tan poco que a veces ni nos damos cuenta.

A veces cuando el carro desvia la ruta y paso cerca por donde su antigua casa, esa que apestaba a humedad y persianas rotas, miro largamente esa calle, como si algo de mi quisiera irracionalmente volver. Algo salvaje en mi, extraña el momento de llegar a prisa, cerrar la puerta y hacernos el amor contra la pared o encima de la cama llena de periódicos viejos, como si estuvieramos huyendo de algo, tal vez de nosotro mismos.

Pienso en lo satisfecha que me hallaba sobre ese colchón en el suelo, viendolo lavarse la cara con jabón en el bañito vecino, en ese momento solia planear, no sin algo de miedo, como cambiaría yo esa pieza, poniendo una planta por aqui, una mesa por alla, trayendo mis cosas, comprando pequeños utensilios de cocina, para cuando tuvieramos que alimentarnos, a ver, si el sexo daba tiempo.

Nadie imagino entonces, que hacer planes es mejor que la realidad. O que todo sabe mejor cuando aun es intangible. Todas esas noches que le abri la puerta a escondidas mas alla de la medianocjhe, proicurando no hacer ruido para que no despierten mis vecinas solo me hacia desear el momento de poder vivir juntos, de como seria hacer el amor a diario y despertar juntos a diarios como ya casi lo haciamos. Mi ilusión era la de uan colegiala, con planes poco congruentes, en donde no tallaban sus hijas, ni mi orgullo.

Hacer el amor con él, era fácil y casi casi sin culpas. Me llegaba a entregar totalmente, tal vez porque confiaba en que el conocia tanto mi cuerpo, que sabria exactamente donde tocar o como hacerlo, para hacerme sentir bien. Mujer completa.

El resto de la relación fue difícil, a pesar que por momento pude creer que me entendía, no llegamos a ser cómplices, ni compañeros de vida, mucho menos amigos. El con sus prioridades familiares y yo con las mias. Puedo decir sin lugar a duda que quise intentarlo y en algun momento hasta crei que podia enamorarme, claro, con miedo, pero enamorarme, de esa situacion cómoda de dormir juntos aunque no nos vieramos el resto del día.

No se cuando cambió todo, o tal vez si. El momento como siempre tuvo lugar y hora para mi. Pero el no estuvo, no estaria ninguna de las veces siguientes que lo necesité y tuve que recurrir a la ayuda de otros. Jamá sun rastro de apoyo, ni una palabra agradable, peor aun, cada vez que podía me hacía sentir la quinta rueda en un coche que no iba a ninguna parte. Si lo intenté, es poque muy en el fondo no queria tirar la toalla tal como lo hice con Claudio, no queria aceptar que un hombre podia desplazarme siempre por las prioridades mas triviales de alguna de sus hijas. Simplemente quewria pensar que alguien podia valorar que yo valia mas que un intento.

La realidad es otra, sin embargo. La realidad no puedo cambiarla. La vida debería ser como en las películas y los hombres que dicen amarte, deberian madurar un poquito para poder equilibrar la vida de padre con al de pareja, para no quedarse eternamente solos.

Los hombres que he conocido, siempre han priorizado la vida de sus hijos sobre la vida propia y a los hombre sque he conocido siempre les ha parecido que es mas facil que yo una mujer soltera, sacrifique toda su vida por ellos. Un poco de respeto no vendria mal de vez en cuando. El respeto ya que no viene gratis, tendré que darmelo yo primero, dejando de intentar querer a personas que no me merecen. El respeto debería darmelo yo, no buscando ayuda para salir de lios en que yo sola me he metido. Todo eso lo se y he de hacerlo, pero no sabes que dolorosas son mis noches, sin abrazar a nadie.

Extraño tanto a mi madre. Quisiera abrazarla y decirle que tiene razón, que su hija menor puede tener éxito en todo pero no en el amor. Que me da dolor llegara casa y no tener a quien abrazar, peor aun, que estops meses a pesar de haber estado acompañada me he sentido mas sola que nunca, pues mis conversaciones han chocado contra un muro. Que eso de querer un compañero mas que algo imaginario se va volviendo un dolor fisico que está acabando conmigo.

Extraño mas que nunca mi casa, mi plato caliente en la mesa, poder abrazar sin sentir que el abrazo es mesquino, sin sentir que me dan la mitad de lo que pido.

Me he sentido trsite, esa ya no es una novedad. Me estoy acostumbrando a serlo, pero de vez en cuando, es bueno aceptar que he mordido el polvo, otra vez y otra vez y no hay manera de arreglarlo.
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